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Portada de la novela Unidos por una pasión

Unidos por una pasión

La música fue el lazo inseparable que unió sus vidas desde la niñez, forjando un vínculo basado en melodías y sueños compartidos. A pesar de los giros del destino y las dificultades que alteraron sus rumbos, esa conexión inicial se transformó en una amistad inquebrantable. Este sentimiento profundo actúa como el nexo entre sus realidades opuestas, donde el amor surge como la fuerza vital que sostiene su firme promesa de permanecer unidos para siempre.
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Capítulo 3

Capítulo 4

Irrumpiendo en “el galpón”, donde los chicos estaban reunidos, Esmeralda al verlos tan opacados preparo una rica merienda para levantarles el ánimo.

— Chicos les traje algo delicioso para endulzar la tarde.

— Gracias mamá— le dijo Carla acercándose a ella.

— ¿Qué sucede chicos?, no me digan que nada porque sus caritas lo dicen todo— Pregunto Esmeralda dejando la bandeja sobre una mesa.

— Estamos medios perdidos por la propuesta que nos dio Alex— dijo Pedro algo triste.

— ¿Es algo ilegal?— preguntó horrorizada Esmeralda.

— No mamá— contestó Alejandro tratando de tranquilizar a su exagerada madre— solo quiere modificar el grupo.

— ¿De qué forma?— siguió instigando Esmeralda.

— Quiere que agreguemos dos integrantes más— contestó Carla con una mueca de disgusto.

Esmeralda pronta para reanimar a los chicos con una larga oratoria de madre experta en sanar heridas del corazón, se vio interrumpida por la llegada de Héctor y Sonia.

Héctor es el mayor de los varones Margas, tiene 22 años es morocho, muy atractivo, es dueño de unos ojos cafés que enamoran. Sonia Kant es la mayor de dos hijas, ella es el capricho personificado, 20 años, rubia con unos ojos azules que si te quedas mirándola fijamente te pierdes en ellos. Juntos y enamorados hace dos años decidieron fugarse y casarse secretamente, fue todo un escándalo pero así y todo el amor ganó y ambas familias lo tuvieron que aceptar. Ellos viven en una hermosa casa a dos horas de la ciudad.

— Hola familia— saludó Héctor con el humor que lo caracterizaba.

— Hola— contestaron en coro apagado.

— ¿Qué sucede?, hoy están todos desanimados.

Esmeralda sin demora los puso al corriente de los planes que el productor estrella tenia para ellos.

— ¿Qué piensan hacer al respecto?— preguntó con el ceño fruncido Héctor.

— No tenemos idea— le contestó Catherine con la mirada perdida.

— Ya veo, la oportunidad que tanto esperaban se les presenta a la puerta y ustedes se duermen en los detalles menores.

— No necesitamos de tu superioridad en lo que respecta a la filosofía de la vida, hermanito— le recriminó Alejandro.

— Nada de superior, solo quiero que vean, que esto es una piedra más en el camino que deben sortear de la mejor manera— le contestó Héctor.

— ¿Y cómo lo harías querido Héctor?— preguntó Valentina algo hastiada ya de la sicología callejera de su hermano.

— En realidad, Héctor tiene razón— dijo Pedro sorprendiendo a los demás— Si, no me miren así, en esta estoy con Héctor.

— Gracias primo— dijo haciendo una reverencia en tono de burla.

— Se más claro— le pidió Carla.

— Bueno al menos debemos ver que los nuevos integrantes los elegiremos nosotros, y a lo que a mí respecta Sebastián es una buena opción.

Todos sabían que Sebastián moría por entrar en la banda, el problema era que a Valentina su novia, no le atraía nada la idea hasta hoy.

— Está bien, hablare con él— contestó resignada Valentina.

— Listo, la voz masculina estaría confirmadísima, ahora falta la voz femenina— dijo Carla.

—Sonia, ¿Por qué no cantas vos?— le preguntó Héctor tomándola de la mano, miro a los demás y dijo— Sonia tiene una voz hermosa, además estudió canto desde pequeña.

Sonia sonrió sin decir una palabra, Carla al ver la incomodidad de ella le dijo— Sonia ¿qué tal si nos contestas mañana?

— Lo pensaré— dijo en voz casi inaudible.

— Bien chicos sabemos que esto es un paso difícil, así que mañana con todas las fuerzas recargadas.

Capítulo 5

Valentina una vez libre de las tareas del hogar, fue a casa de Sebastián su novio, para comunicarle la decisión que los chicos habían tomado. El viaje hasta allí le tomo apenas quince minutos, al llegar no pudo contener el aliento una vez más ante aquella hermosa casa, donde tantas veces había ido a buscar a su príncipe. La casa era de un estilo campestre casi como un castillo en medio de aquel gran bosque, en realidad Sebastián vivía en las afueras de la ciudad casi al límite y allí se podía observar grandes extensiones de campo.

Al pasar por el enorme portón, visualizó a lo lejos a su novio sentado a la sombra de aquel gran árbol que tantas veces le había robado besos.

Sebastián lucía algo casual, lejos de parecer un príncipe azul esa mañana vestía de una forma más roquera, amaba cantar y soñaba con tener una banda, sus amigos, Alejandro y Pedro lo habían invitado muchas veces a formar parte de la banda pero Valentina le había prohibido aceptar.

Sebastián al ver que su novia se acercaba se levantó rápidamente y fue alcanzarla.

— Hola mi vida— dijo abrazándola y dándole un dulce beso.

— Hola mi príncipe, tenemos que hablar— dijo ella escapando de sus cálidos brazos.

— No me gusta esa frase— contestó siguiéndola

— En realidad tengo una propuesta para ti— dijo dándose vuelta quedando cara a cara.

— Si venís a pedir mi mano en matrimonio desde ya te digo que mis padres brillan por su ausencia— Bromeó Sebastián.

— Eso quisieras ¿no?, — dijo mientras se sentaba debajo del gran sauce— los chicos quieren que cantes en la banda.

Sebastián no daba crédito a lo que acababa de escuchar, sentía que el corazón le iba a explotar pero debía ser inteligente con cada palabra.

— ¿Yo?, ¿Por qué? , ¿Enserio?

— Es que el productor del que te hable nos pide una voz masculina más, y los chicos pensaron en tí.

— ¿Qué les hizo pensar que aceptaría?— bromeó.

— Eso no es problema, sino aceptas yo tengo mil maneras para torturarte.

— No me negaré a probarlas— sonrió

— En serio Sebas ¿Qué me decís?

— Me encantaría, ¿pero qué pasaría con vos?, es decir vos sos la que decís que nos traería problemas.

— Ellos me prometieron que sería mágico, así que decídete— dijo poniendo su dedo índice en la mejilla de él como forma de amenaza.

— Por vos al fin del mundo.

CAPÍTULO 6

Sonia no había podido dormir en toda la noche, odiaba que Héctor metiera las narices donde nadie lo llamaba, decirle a los chicos que ella cantaba bien, había sido lo peor que él había hecho.

Mientras lo observaba dormir se preparaba para salir, debía desintoxicarse de todo el veneno que fluía por sus venas y que mejor que su madre y su hermana.

La casa de la madre de Sonia era exquisitamente moderna y ostentosa, cada rincón de esa casa hacia saber al que entrara que allí vivía una reina y sus dos princesas.

Paula Cardozo era una mujer bonita, con sus tan solo 40 años parecía una modelo de revistas, su pelo bien arreglado, su ropa de etiqueta y sus modales de reina al hablar hacían de ella, una mujer frívola, misteriosa. Poseía los ojos azules más hermosos de toda la tierra, los cuales Sonia había heredado.

Elisa tiene una apariencia de niña mal criada y ha dejado ver a todo el que la conoce que así es, pero en realidad no es más que una niña carente de afecto. Es muy bonita, su pelo es negro como el ébano y espectacularmente lacio, como recién salido de una sección de peluquería. Es la menor de las hijas de Paula.

Sonia entró a su casa sin tocar la puerta, atravesó la sala y llegando a la cocina sobresaltó a su hermana.

— ¿Mamá?— preguntó rápidamente.

— Hola hermanita tanto tiempo, yo bien, gracias por preguntar

— Lo siento— dijo acercándose a Elisa para depositar un dulce beso en su mejilla.

— Mamá salió hace una hora— contestó Elisa, mientras preparaba su desayuno.

— Qué raro ¿no?— dijo irritada

— ¿Qué pasa?— preguntó Elisa girando sobre sus talones, conocía a su hermana, y sabía cómo tratarla a la perfección.

— Estoy rabiosa— dijo apretando los dientes— me he casado con un metiche.

— ¿Metiche?— preguntó Elisa mientras se sentaba a la mesa con un tazón rojo en sus manos.

—Que digo metiche, es el rey de los metiches, no puedo entender como fue capaz de avergonzarme delante de todos así— continuo rabiosa.

— ¿Pero qué te hizo Héctor?

— Piensa que yo voy a cantar en un grupete, que equivocado esta no sabe que nací para ser una estrella— dijo sin atender a la pregunta de su hermana.

— ¿Te invitaron a cantar?— dijo con los ojos iluminados, es que Elisa amaba el canto, su madre no le permitió estudiarlo pero ella se las arreglaba para aprender a escondidas— ¿Los chicos te invitaron a cantar en la banda?

— No, en realidad ellos necesitan una voz femenina y…— su voz se perdió abruptamente, en cuanto se dio cuenta que su hermana seria la excusa perfecta para no cantar. — ¿Te morís por estar ahí?

— En realidad he escuchado que el productor estrella los va a representar y…— miró el contenido de su tazón y dijo— si muero por cantar, no importa si es un grupete o sola, quiero cantar.

Su hermana la miro a los ojos y le dijo— Elisa luego iremos juntas.

— ¿A dónde?— preguntó sin entender.

— Al estúpido galpón.

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