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Portada de la novela Unidos por un bebé

Unidos por un bebé

Madison Chapman es una médica de 25 años que llega a Londres para trabajar en un hospital de élite. Sin dinero para una vivienda, se ve forzada a convivir con Carter Rogers, el prepotente magnate inmobiliario de 26 años. A pesar de que la hostilidad define su relación, el hallazgo de un niño de dos años llamado Steve, abandonado en su entrada, transforma su realidad. Este imprevisto los unirá para cuidar del pequeño y superar sus conflictos personales.
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Capítulo 3

Andrew se encontraba delante del rascacielos donde se situaba la empresa. 

Se quedó observándola unos minutos, apreciando su estructura moderna. Sabía que su hermano se iba a hacer el duro en cuanto le propusiera la promesa que le había hecho a Madison, pero caería, de eso estaba seguro. 

Tenía otros planes para conseguirlo… 

En ese momento alguien colocó una mano en su hombro, y se dio la vuelta. Vio a un chico rubio, de grandes ojos azules, vestido con traje de chaqueta y con un maletín en la mano.

Sonreía alegre.

—¡Andrew! ¡Qué alegría verte por aquí, amigo! —dijo contento.

—¡Chris! ¡Cuánto tiempo! —dijo dándole un abrazo. 

Chris era de la edad de su hermano y se conocían desde que eran unos enanos de 4 años. Andrew les llevaba 3 años pero aún así él era el hermano mayor de los dos. 

Ahora Carter y Chris siguen juntos, trabajando hombro con hombro en la empresa: Carter como presidente de la empresa y Chris como vicepresidente. 

—¿Vas a ver a Carter? —dijo curioso.

—¡Claro! Vengo de ver a mis padres y he decidido venir a visitarlo antes de la hora de comer, ¿y tú? —preguntó Andrew. 

—Pues vengo de arreglar unos asuntillos con una inmobiliaria y vengo a reportárselo al “presidente” —dijo divertido.

—Pues vamos. Él no sabe que iba a venir así que será una sorpresa —dijo guiñandole un ojo a Chris, mientras entraban en la recepción de la empresa.

Vieron que no había nadie en la recepción y tuvieron que preguntarle a uno de los empleados que salía de una habitación que si el presidente se encontraba en su despacho.

—Sí, claro. La secretaria fue llamada hace un rato por el presidente —dijo revisando unos papeles que llevaba en la mano. 

Andrew y Chris se miraron y pusieron los ojos en blanco. Le dieron las gracias al empleado y se dirigieron al ascensor.

—No me digas que todavía tiene por secretaria a Susan —dijo Andrew a Chris con voz cansina.

—Pues por desgracia, sí —dijo este, mirando molesto su reloj.

Llegaron al último piso del enorme rascacielos , en el momento en el que se abrieron las puertas, pudieron ver cómo Susan salía del despacho de Carter, muy acalorada. Iba abrochándose los botones de su camisa blanca y cuando se cruzó con Andrew y Chris, les dedicó una sonrisa zalamera. 

Los dos la miraron con desagrado, mientras que las puertas del ascensor se cerraban con la “secretaria” dentro.

—No me puedo creer que mi hermano se siga tirando a esa puta —dijo Andrew con asco.

—Pues es por eso que sigue con ella, porque a esa mujer le da igual y le gusta. Si cambiara de secretaria, se quedaría sin su “manera de desahogarse” —dijo Chris con una media sonrisa, mientras que se dirigía a la puerta del despacho.

Susan había seguido a Carter desde el instituto y éste, al ver lo que podía conseguir, la dejó junto a él. Tanto siguió aquel juego, que Carter le permitió ser su secretaria, además de que ella no tenía cabeza suficiente como para desempeñar otro trabajo que no fuera ese.

Chris dio dos golpes suaves en la puerta y esperó a la respuesta de Carter.

—Adelante —llegó una voz grave desde el interior de la habitación. 

En vez de entrar primero Chris, Andrew empujó el pomo de la puerta y entró.

—Buenas, hermanito —dijo altanero.

Carter, quién estaba de vuelta a la puerta, se dio la vuelta al escuchar la voz de su hermano mayor.

—¿Andrew? ¿Qué haces tú aquí? —preguntó con una ceja alzada, mientras que sacaba las manos de los bolsillos. 

—Qué buena bienvenida le das siempre a tu hermano, ¿eh, Carter? —dijo entrando Chris.

—Hmp —respondió con su famoso monosílabo.

—Sólo pasaba a hacerte una visita. Papá y mamá me dijeron que te podía encontrar todavía aquí —dijo sentándose en el sofá que había apoyado en la pared lateral a la puerta—. ¿No lo han utilizado tu secretaria y tú, no? —preguntó burlón, refiriéndose al sofá. 

Chris empezó a reírse y Carter los miró con molestia fingida. Después de todo, ellos dos sabían todo lo que ocurría. 

Carter seguía serio e imperturbable, como si los otros dos no hubieran abierto la boca en ningún momento. 

—¿Has traído el informe de la inmobiliaria? —preguntó a Chris. Este paró de reírse y le contestó sonriente:

—Sí, sí, aquí está —dijo abriendo el maletín que traía desde el principio y dándole un sobre. 

Carter lo abrió y sacó los papeles que había en su interior. Los leyó rápidamente y los volvió a meter en el sobre.

—Seguramente tendremos que agilizar el ritmo de construcción de los nuevos edificios —dijo serio, mientras se sentaba detrás de su enorme mesa de trabajo y firmaba unos papeles—. Andrew, ¿podrías hacer que nos mandaran más materiales desde EE.UU? —preguntó sin levantar la mirada de su trabajo.

—Acabo de llegar y ya me mandas trabajo, ¿no te parece un poco descortés de tu parte, hermanito? —dijo con una carcajada. 

Carter no respondió y Chris se sentó en uno de los sillones que había delante de la mesa de su mejor amigo.

Andrew suspiró.

—Después de todo, eres el mejor en tu trabajo… después de mí, claro está —dijo prepotente, mientras que miraba la reacción burlesca de su hermano menor. 

Carter se levantó y le entregó unos papeles a Andrew, quién les echó un vistazo.

—¿Te encargarás, verdad? No creo que hayas venido solamente para hacernos una visita, dejando a Keyla en casa sola —dijo sonriendo de medio lado y cruzándose de brazos. 

Andrew le miró sonriente. 

Lo había pillado, siempre lo hacía. Se levantó y se quedó frente a su hermano. Eran igual de altos y sus miradas se cruzaron directamente. 

Se miraban intensamente.

—Claro que no. Sabes que siempre vengo para ayudarte de vez en cuando —dijo abrazándolo. Carter puso los ojos en blanco y lo abrazó también. Andrew era el más mimoso y sentimental de los dos hermanos—. Hueles a la zorra de tu secretaria —le susurró al oído. 

Carter sólo rió. 

Aunque aquellos momentos le hacían sentir incómodo, era su hermano y siempre había estado junto a él. Era vergonzoso para él pensar esas cosas, pero quería a ese cabeza de chorlito. 

—¡Bien! Y ahora que los dos hermanos por fin se han saludado como Dios manda, ¿por qué no quedamos esta noche y nos vamos de copas por ahí? —preguntó Chris contento, mientras que se levantaba del sillón.

—Claro, hoy no tengo que quedarme hasta tarde así que, ¿por qué no? —dijo Carter mirando a su hermano y encogiéndose de hombros.

—¡Pues claro que sí! ¡Como en los viejos tiempos! —dijo alegre, pasando un brazo por los hombros de Carter—. Ven, Chris. Quiero hacernos una foto los tres juntos para mandársela a Keyla. Tiene muchas ganas de veros a los dos —dijo haciéndole señas a Chris para que se acercara, mientras que colocaba su celular encima de la mesa del escritorio. 

Después agarró a Carter del brazo, quién se estaba resistiendo un poco y lo dirigió delante de la cristalera que había detrás de la mesa. 

Los dos más pequeños, Carter y Chris, se colocaron a los dos costados de Andrew. Éste les pasó los brazos a los dos por los hombros y sonrió a la cámara. 

Chris sonrió e hizo el signo de la victoria y Andrew le puso los cuernos a Carter con los dedos, éste salió mirando a la cámara con gesto cansino y molesto.

Keyla sonrió al ver aquella foto llena de significados y sentimientos. Todos eran una familia, aunque no tuvieran la misma sangre. 

Estaba feliz de pertenecer a una familia tan unida.

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