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Portada de la novela Inesperadamente tuyo: me enamoré de mi novio multimillonario

Inesperadamente tuyo: me enamoré de mi novio multimillonario

Lo que Scarlett imaginó como un matrimonio de conveniencia, carente de afecto e intimidad, da un giro drástico cuando el señor Dixon decide reclamar sus derechos como esposo. A pesar de sus intentos por mantener la distancia, la atracción se vuelve inevitable. Pronto, ella descubre que su marido no es el hombre común que aparentaba, sino un influyente multimillonario. Entre secretos y su éxito oculto como diseñadora, su vida se encamina hacia un destino brillante.
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Capítulo 3

La mirada de Ethan se posó en las manos de Scarlett, que sostenían un tazón de fideos con mariscos. Era una preparación sencilla, coronada por un huevo frito y algunos camarones jugosos. Los camarones, frescos y carnosos, reposaban sobre los fideos blancos y suaves. El plato, en su conjunto, resultaba muy apetitoso.

Tenía, sin duda, un aspecto delicioso.

Sorprendida por su mirada insistente, Scarlett se detuvo. Las palabras que estaba a punto de decir se le atascaron en la garganta y, vacilante, le ofreció el tazón. "¿Quiere probar?".

"¿Por qué no?".

Scarlett esperaba una negativa cortés, por lo que la aceptación de él la desconcertó.

Mientras Ethan probaba los fideos, reparó en algo. "¿Y usted no come?".

Scarlett había planeado cenar esos fideos, pero ahora era él quien se los estaba comiendo.

"No sabía que usted no había cenado. Solo preparé una porción, pero no se preocupe, puedo cocinar más".

"De acuerdo", respondió Ethan sin dejar de comer.

La respuesta de Ethan la dejó atónita.

En ese instante, comprendió que lidiar con su esposo no sería nada fácil.

Al principio lo había juzgado como un hombre distante, pero Ethan la sorprendía: cumplía su palabra y sus modales eran impecables.

Lo había catalogado como un caballero, pero su franqueza llegaba a ser exasperante.

Negando con la cabeza, Scarlett regresó a la cocina para prepararse algo de cenar.

A sus espaldas, la mirada de Ethan se ensombreció al ver su espalda airada.

Momentos después, Scarlett salió con un tazón de fideos recién hechos, solo para descubrir que Ethan ya había terminado el suyo. No quedaba ni una gota de caldo.

A regañadientes, Ethan tuvo que admitir que los fideos de Scarlett eran realmente exquisitos.

Su sencillez y el sabor de los mariscos habían conquistado su paladar.

"¿Quedó satisfecho?", preguntó Scarlett. "Si no, hay más en la cocina". Scarlett había cocinado de más a propósito.

"No coma en exceso antes de dormir", le advirtió Ethan mientras se levantaba y llevaba su tazón a la cocina.

Scarlett supuso que lo dejaría en el fregadero, pero, para su sorpresa, él regresó con otra abundante porción de fideos y se sentó frente a ella.

Se quedó de una pieza. ¿Qué se suponía que significaba eso?

¿Cómo podía advertirle que no comiera de más mientras él mismo se servía otra ración?

Para su total asombro, él comentó: "Coma a su ritmo. Nadie le va a robar la comida".

Scarlett se quedó sin palabras, completamente desconcertada.

¿Cómo se atrevía a decir algo así?

Un pesado silencio se instaló entre ellos, roto únicamente por el sonido de ambos al comer.

En silencio, Scarlett observó a Ethan con disimulo. Mantenía un porte elegante incluso al disfrutar de una comida tan sencilla.

Al llegar se había quitado el abrigo negro y ahora vestía un suéter de color claro y pantalones negros. Sus facciones bien definidas le daban un aire de elegancia natural, pero sus ojos revelaban una intensidad penetrante cuando se fijaban en algo.

Tenía su propio apartamento y un auto, ambos modestos, pero su imponente atractivo físico compensaba cualquier carencia material.

Y, sin embargo, hasta ahora, había estado soltero.

En ese momento, Scarlett sintió una profunda curiosidad por ese enigmático hombre que era su esposo.

Se atrevió a preguntar: "Señor Dixon… No, Ethan. ¿A qué se dedica? ¿Y sus padres? ¿No deberíamos informarles sobre nuestro matrimonio?".

Había cruzado una línea.

Ethan la miró con frialdad.

Su mirada, ahora más aguda, la hizo sentir incómoda.

Incluso comenzó a preguntarse si se había excedido con sus preguntas.

Nerviosa, se apresuró a retractarse. "Si prefiere no responder, lo entiendo".

Ella creía que, como matrimonio, debían conocer al menos los detalles básicos el uno del otro.

Pero Ethan no parecía dispuesto a compartirlos.

"No hay nada que no pueda decir", dijo Ethan, bajando la vista. "Trabajo en el departamento de marketing del Grupo Cosmos. Mi madre falleció cuando yo era niño. Y mi padre… falleció también. Tengo a mi abuela, pero por ahora prefiero que no sepa de mi estado civil".

Scarlett no percibió el sutil cambio en el semblante de Ethan al mencionar a sus padres. Invadida por la culpa, lamentó haber hurgado en su pasado.

No había imaginado que la historia de él pudiera ser más trágica que la suya.

Aunque ella era huérfana y había crecido sin el calor de una familia, Ethan había soportado un dolor aún mayor: el de perder a sus padres después de haberlos conocido.

"Lo siento, no tenía idea…", se disculpó ella.

Pero Ethan parecía impasible. Terminó sus fideos y se limpió los labios elegantemente con una servilleta.

"Ahora, necesito que aclaremos algunas cosas".

Su frialdad la hizo sentir culpable e incómoda.

Sin embargo, se recompuso al instante, consciente de que había tocado un tema delicado.

"Adelante". Scarlett dejó el tenedor a un lado, fingiendo interés.

"En primer lugar, propongo que por el momento mantengamos nuestro matrimonio en secreto. Cumpliré con mis obligaciones como su esposo, pero prefiero que no interfiera en mis asuntos personales".

Hizo una pausa. "En segundo lugar, nuestra relación no incluirá intimidad física. Confío en que lo entienda. Sin embargo, como hombre, no toleraré una infidelidad. ¿Queda claro?".

No era un libertino ni sentía deseo por una desconocida de intenciones dudosas, pero, como hombre, la sola idea de la traición le repugnaba.

Scarlett comprendió sus condiciones y asintió. Su mirada sincera se encontró con la de él. "¿Y el tercer punto?".

Ethan frunció el ceño, sorprendido por la calma de ella.

"En tercer lugar, si tiene alguna petición, siempre que sea razonable, me esforzaré por cumplirla".

Era la táctica de un hombre acostumbrado a tener el control: después de dos condiciones estrictas, ofrecía una concesión para asegurar la obediencia. Era una prueba para ella.

Sin embargo, Scarlett permaneció imperturbable, con una actitud de total aceptación.

"Las dos primeras condiciones coinciden con lo que yo misma pensaba. Estoy de acuerdo. Dada la poca confianza que hay entre nosotros, es prudente mantener esos límites. Apenas nos hemos visto dos veces… No, tres. Es lo mejor para ambos", dijo con una sonrisa de alivio.

Tras una pausa, añadió: "En cuanto a peticiones, no tengo ninguna. Sin embargo, si no es mucha molestia, ¿podría acompañarme a ver a alguien mañana?".

La expresión de Ethan, que se había relajado por un momento al ver que ella parecía aceptar la distancia, se endureció de nuevo. Se preguntó si la había juzgado mal.

Parecía más astuta de lo que había supuesto.

Fingía no tener exigencias para que él bajara la guardia y así poder manipularlo.

Con aparente indiferencia, Ethan respondió: "Lamento informarle que mañana tengo un compromiso ineludible con un cliente importante".

Una sombra de decepción cruzó el rostro de Scarlett, pero la disimuló al instante. "Está bien. Podemos dejarlo para otro momento".

Tendría que llevarlo a conocer a su abuela en otra ocasión.

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