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Portada de la novela Una terapia para el Ceo.

Una terapia para el Ceo.

La exitosa psiquiatra Savannah Lewis oculta una doble vida bajo el alias de The Queen, una dominatriz en el club Shine. Su destino se cruza con el de James O'Connor Jr., un influyente y controlador arquitecto que rechaza el amor mientras persigue el poder absoluto. Al encontrarse, surge un peligroso juego de seducción que amenaza con destruir sus secretos. Entre traiciones y giros, ambos enfrentarán sus demonios para saber si es pasión o algo real.
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Capítulo 2

Manchester, Inglaterra.

Hace unos meses atrás...

-¡Eres un maldito imbécil, James O'Connor! No sé para que sigo contigo si ni siquiera quieres tocarme ¿Tanto asco te doy? ¿no soy lo suficientemente atractiva como mujer para que tengamos sexo? Llevamos ocho meses ¡Ocho meses saliendo y todavía no me tocas, James!- me grita la chica frente a mi, paseándose en el medio de la sala de mi departamento, semidesnuda, pareciendo una desquicida.

Bueno, en realidad lo era...

Esa era mi "novia", con la que he estado saliendo el último tiempo para aplacar las inquietudes de mi padre.

La verdad es que estoy abocado en terminar mis estudios de post grado y una novia no es lo que tenía en mente para mi, en estos momentos, pero ella era la chica que querían para ser mi futura esposa. Mi padre y el suyo tenían varios planes en común y uno de sus grandes proyectos era unir a sus queridos hijos.

Lo malo es que ella o mejor dicho ninguna mujer me atrae y no es que sea homosexual u otra cosa, es que de verdad no siento absolutamente nada por el sexo opuesto o por mi mismo sexo.

«Ah... En este momento desearía ser Christian.»

-Erin...-digo, dando patadas de ahogado, pero no me está resultando como otras veces. Necesitaba mantener la compostura, por lo menos por un tiempo más hasta volver a Dublín.

-¡Erin nada! decide, o me follas ahora como un loco desquiciado o me largo de aquí para no volver a verte nunca más.

¡Bingo!

Se abrieron los cielos y recibí una epifanía. Ella dejó las cosas en claro ¿no? Me estaba dando alternativas y yo gustoso las tomaría. Nunca pensé que hoy sería ese gran día, debí aguantar tanto y al final era tan fácil.

Me levanté tranquilamente de mi asiento y me acerqué a ella, como si de un felino se tratara. Esa mujer que con su mirada seductora juraba que la iba a follar en ese mismo instante como ella quería, sonreía feliz de la vida.

¡Qué ilusa!

Lo que no se esperaba era que la tomara del brazo y agarrara sus cosas para luego lanzarla fuera de mi departamento sin ningún remordimiento.

-¡¿Qué... qué haces, James?!

-Lo que me exigiste, Erin ¡Ja! me la hiciste fácil, querida ex novia- sin mediar otra palabra cerré la puerta de mi apartamento y me fui a servir un whisky para pasar el trago amargo o dulce, ya ni lo sé.

-¡Imbécil, abre la maldita puerta! ¡No me puedes estar haciendo esto, James! ¡Nuestros padres, mi padre te va a matar! ¡Maldito desgraciado, me las vas a pagar!- improperios más, improperios menos, me daban lo mismo, ni por todo el oro del mundo me acostaba con esa loca desquiciada, ya sabía la calaña de mujer que era y cuanto pene había pasado por su cuerpo, salvo el de mi hermano, de solo pensar en eso me daba asco.

Yo no deseaba tener sexo con ninguna mujer u hombre y definitivamente nadie me podría obligar. Mi vida no era igual que las de otros, no me interesaban las fiestas ni estar metido de cama en cama. En mi vida había un solo gran objetivo, ser el mejor arquitecto de Dublín y tomar el lugar de mi padre en la empresa. Las relaciones eran demasiado complicadas para meterlas en mi mundo ideal, por ende no las necesitaba.

-Primera parte de mi misión, hecha. ni yo mismo me lo puedo creer-digo riendo a carcajadas-Vamos por la segunda O'Connor- hice un salud al aire y luego bebí de mi vaso el líquido ambarino que dentro de mi garganta raspaba al hacerse paso con cada trago. Luego me encerré en mi estudio a trabajar, tenía mucho trabajo atrasado por estar escuchando a la loca de Erin que no podía seguir postergando.

Días despues...

Esperé pacientemente la llamada de mi padre para reprenderme y hacerme entrar en razón. Uno... dos... tres días y nada, esto era raro y ya me estaba dando mala espina. No podía concentrarme en mis estudios y tampoco había avanzado en mi maqueta para la tesis de grado, ¿Será que esa local realmente no haría nada? ¿qué estará maquinando? Es que tampoco había sabido nada de Erin en todos estos días y eso era más que extraño.

Al cuarto día me decidí por llamar a mi padre, era demasiado extraño que el señor James O'Connor no me hubiese llamado, sobre todo por que era él el que estaba interesado en esta relación. Marqué su número y al segundo ring se escuchó una voz, pero quien me contestó no fue mi padre, era mi hermano menor, por lo que mis alarmas se activaron.

-¡Hola hermanito lindo, qué gusto escuchar tu respiración entrecortada tras la línea! ¿Qué estás haciendo pilluelo?- me saluda el muy imbécil, riendo a carcajadas.

-¿Dónde está papá?

-En una junta con el padre de Erin y debo decir que está bastante molesto ¿Qué hiciste ahora, hermanito?

-Nada que te importe- gruño molesto, esto será peor de lo que imaginaba-, pásale el teléfono. Necesito hablar con él.

-Eres un fastidio, hermanito. A propósito, la loca de tu novia también está aquí- me dice en tono divertido y estoy que exploto.

-¡Mierda!-esto no me lo esperaba, así que por eso era el silencio.

-Sí, mierda hermanito ¿Qué le hiciste para que llore tanto como lo está haciendo ahora? ¿No me digas que eres un abusador, hermanito?

-¡¿Qué?!¡No! ¡Ya cállate, pendejo! ¿Sabes qué? No me des con mi padre, iré hoy mismo para allá.

-Uy, me quedaré en casa entonces, esto se pondrá buenísimo.

-Idiota.

-Nos vemos, hermanito.

Corté la llamada y comencé a preparar mis cosas, lancé unas cuantas prendas a la maleta, eso no importaba, solo quería terminar con todo esto. El viaje de Manchester a Dublín no era tan largo, pero debia cerrar este desastroso capitulo de mi vida y la única forma de hacerlo, era volviendo a casa.

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