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Portada de la novela UNA OPORTUNIDAD MAS PARA AMARTE

UNA OPORTUNIDAD MAS PARA AMARTE

Atrapada por un sentimiento prohibido hacia su propio hermano, Evi elige el camino del sacrificio para salvar su alma: un matrimonio de conveniencia con su amigo de la infancia. Aunque ella desconoce que su nuevo esposo siempre la ha amado en secreto, la paz dura poco. Los siniestros secretos de su linaje emergen, empujando a Hans a cometer un error irreparable por proteger a su hermana, lo que pone en jaque la redención y el destino de su familia.
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Capítulo 2

En su nuevo año escolar, el primer día en su nueva escuela, Evi sólo esperaba la hora de salida, necesitaba desesperadamente ver a su hermano quien, para intentar distraer esos sentimientos y celos, acompañó a su padre a la empresa, donde tenían una pequeña celebración

En la oficina, frente a Adal, el amigo de juventud y socio de su padre, Hans encontró una forma de distraer su mente – me alegra verte – saludó Adal amablemente, el joven sonrió respondiendo aquel saludo y sin dudarlo, buscando un tema de conversación que alejara su mente de Evi, pregunto por Mathis, el hijo de aquel elegante hombre a quien Hans no veía desde hacía mucho tiempo – supongo que a esa edad, prefieren estar con sus amigos – respondió Adal, desconociendo la verdadera razón de la lejanía de su hijo; Hans miró a su padre junto a ellos después de revisar ansioso su reloj de pulso – pronto se irá a estados unidos a estudiar – continuó Adal tras un nostálgico suspiro y cerró preguntando por la joven que enloquecía la mente de Hans - ¿piensa estudiar fuera del país? – interrogó aquel hombre, el cuerpo de Hans se tensó imaginándola lejos – ella quiere continuar sus estudios aquí – la voz de Leopold trajo a Hans del miedo en el que se había dejado caer y notablemente ansioso por los pensamientos que aparecían furtivos imaginando a su hermana sonriendo a algún joven compañero, suspiró – voy por Evi, debe estas ansiosa por contarnos su experiencia en su nueva escuela – interrumpió Hans a su padre y Adal asintió revisando su reloj de pulso – voy contigo – ofreció Leopold, se despidió de su amigo enviando sus saludos a su joven hijo y Hans suspiró asintiendo con una forzada sonrisa.

La mirada de Evi brilló al ver a su hermano frente al auto – ¿jugaremos un poco? – pregunto ella mirando a los ojos a su hermano – me encantaría verlos jugar – la voz de Leopold con los brazos cruzados en la ventana abierta del lugar del copiloto sorprendió a Evi haciendo que su corazón se acelerara aún más por el nerviosismo y forzó una sonrisa besando la mejilla de su padre.

En el acostumbrado parque, mientras Hans tenía el balón, podía sentir el pecho de Evi pegado a su espalda forzándose en arrebatarle el balón, Hans la miró sobre su hombro y dio un rápido giro al aro, sujetó por la cintura a su hermana para evitar que cayera al tropezarla con su cuerpo mientras lanzaba el balón al aro – ¡tu madre llamó y está molesta, debemos ir a casa! – gritó Leopold desde la banca donde los miraba sin reconocer malicia en las mirada que se habían cruzado entre los hermanos; avergonzado por la reacción de su piel con su propia acción, Hans liberó a Evi sin sospechar siquiera que el cuerpo de ella clamaba por estar unos segundos más en los brazos de su hermano y tras un inconsciente suspiro corrió a recuperar el balón para regresar a casa.

La escuela para Evi no era lo que esperaba, en sus compañeros masculinos buscaba a su hermano y en las compañeras femeninas no encontraba una amiga; la mayor parte de su tiempo libre en su escuela permanecía en la biblioteca buscando llenar su mente de romántica literatura donde imaginaba a Hans como el protagonista de su propia historia romántica, su imaginación, era el único lugar donde no debía rendirle cuentas a nadie y nadie le pedía explicaciones, sin embargo, movida por la culpa, algunas veces cerraba sus ojos queriendo imaginar a Mathis para deshacerse de aquel pecado que le invadía, pero desconocía cómo estaría a esa edad después de tanto tiempo sin verlo y su imaginación regresaba a Hans haciéndole vibrar el alma.

Sorprendidos con el alto rendimiento académico de Evi, Leopold y Anwen, ofrecían algún día de la semana para complacerla, lo que ella disfrutaba dándose una razón más para sentir el cuerpo de su hermano pegado al suyo en ese abrazo de felicitación que no se hacía esperar, sin embargo, uno, de esos tantos días, Hans se excusó por los exámenes que debía presentar – lo siento florecita, pero no puedo darme el lujo de perder este examen de nuevo – se excusó él al sentir el enojo en el reclamo de su hermana, presionaba su entrecejo con el alma dolida, pero podía usar su bajo rendimiento académico y el temor por decepcionar a su padre, para poner distancia entre ellos – es sólo un día, no puedes alejarte de tu novia sólo un día, ni siquiera por mí – reclamo ella con la voz entrecortada por los celos que se apoderaron de su interior – te dije que debo estudiar para mi examen, no soy tan inteligente como tú y no puedo darme el lujo de perder el semestre de nuevo – reprendió él al otro lado de la línea y ella termino la llamada dejando un gran vació en el pecho de Hans, sin embargo, debía seguir los consejos de Gunther y alejarse de todo lo que pudiera implicar esa dulce tentación.

Por varios días, después de la discusión telefónica, el regreso a casa desde la escuela de Evi era silencioso, llenando el auto de un doloroso suspenso; Evi miraba por su ventana intentando dar gracias por lo ocurrido, queriendo remplazar ese pecaminoso sentimiento con rabia, mientras Hans, intentaba ahogar el deseo de disculparse con su hermana.

Premiando la excelencia de su hija, la fiesta de cumpleaños no sólo se limitó a una cena familiar, invitaron algunos compañeros de la escuela llenando de celos a Hans al ver los jóvenes saludarla de beso en la mejilla y ella sonreía cortésmente recibiendo a sus invitados, a quienes sólo conocía por apellido ya que después de descubrirse como mujer y enamorada de su hermano, se había vuelto introvertida y para algunos, antipática – tienes muchos amigos – la voz de Hans a su espalda la hizo girar, ella inclinó la mirada y se alejó de él, hacia algunas de sus compañeras de estudio que estaban en el salón con soda en sus manos – tu hermano es muy atractivo ¿Por qué no lo presentas? – susurró una de ellas con coquetería, Evi apretó su mandíbula con rabia mirando sobre su hombro a su hermano salir hacia el jardín y lo siguió sigilosa.

Mientras tanto, sonriendo feliz al ver a Evi, Gunther caminó hacia ella deteniéndose en la puerta del gran jardín al reconocer a Hans recostado en un gran árbol, donde una vez existió un columpio, inclinó la mirada sintiendo el dolor que Hans vivía y se limitó a ser cómplice de aún más secretos.

Con los ojos cerrados recordando las imágenes de los jóvenes compañeros de su hermana besando su mejilla, Hans intentaba acallar los gritos de su alma – no quiero que nos distanciemos – la voz a Evi junto él lo sorprendió, su mirada pasó rápida por el sensual cuerpo de la mujer en que se había convertido Evi – no puedo más con esto Hans – confesó ella con su cuerpo templando, él la tomó por los hombros con angustia – te amo – murmuro ella, Hans sonrió asintiendo con la cabeza – también te amo mi hermosa florecita – susurró él envolviéndola en sus brazos, ella respondió al cálido abrazo con sus ojos cerrados y pudo escuchar los latidos del corazón de su hermano confundiéndose con los suyos, sonrió ilusionada rompiendo el abrazo, se puso en puntillas uniendo sus labios a los de Hans sintiéndolo corresponder al beso.

Esos pocos segundos en que los labios se unieron, fueron eternos, Hans podía sentir esa dulce inexperiencia y simplemente sentía esos inocentes labios pegados a los suyos, sin embargo, el ensordecedor grito de su conciencia lo hizo retroceder, como si la religiosa y cómplice mirada le hubiese susurrado al oído el pecado que estaba cometiendo – dime que sientes los mismo Hans – suplico ella, Hans sentía su cuerpo templar mirando a su hermana con los ojos llenos de lágrimas y negó con la cabeza – no está bien, somos hermanos de sangre – reprendió él – ¡Hans! – el grito de Gunther los interrumpió y reconocieron a Leopold tras él buscando a Evi – una amiga tuya acaba de llegar – llamó Leopold, Hans corrió hacia la puerta de la cocina para alejarse y salir por allí, mientras Gunther corría tras él.

Antes que Hans pudiera llegar a la salida de la casa esquivando los jóvenes invitados y su familia, Gunther lo detuvo sujetándolo por el codo y éste se lanzó a sus brazos al reconocerlo – estoy maldito padre – susurró Hans en el oído de aquel religioso amigo – mi alma está condenada y me estoy llevando a Evi conmigo – continuó en un doloroso balbuceo, rompió el abrazo tropezando a alguien ignorando que se trataba de Mathis y salió de casa en su auto con miles de recuerdos rondando en su cabeza.

Después de mucho tiempo, Mathis había aceptado acompañar a su padre a la reunión de cumpleaños de la hija de su amigo y mientras su padre saludaba a Leopold y Gunther, el golpe recibido por el enceguecido Hans, le hizo poner su mirada sobre Evi entre los invitados; su cuerpo se paralizó por unos segundos recordando esa infantil razón que le llenaba de vergüenza frente a ella y le hizo retroceder más seguro que nunca de estudiar fuera del país para alejarse de su pasado.

Por su parte, Hans conducía sin rumbo y con el alma perturbada - «adoro tu cabello» - recordó a Evi a sus doce años con sus tiernas manos desenredando su largo cabello, se detuvo en una barbería necesitando deshacerse de todo lo que pudiera atarlo a hermosos recuerdos con su hermana.

Por otro lado, sin haber siquiera notado la presencia de Mathis, con su dulce sonrisa, Evi atendía a sus compañeras cuando Hans regresó a la casa; con ese elegante traje gris y ahora el cabello corto que resaltaba sus azules ojos y los varoniles rasgos – te ves muy bien – la voz de Anwen acercándose a Hans hizo que la mirada de la joven brillara aún más sintiendo el pecado susurrar en su alma – gracias Anwen, creo que necesitaba esto – respondió Hans evitando la mirada de su hermana - ¿no le dice mamá? – la susurrante voz malintencionada de su invitada le hizo mirarla de soslayo – sólo es hijo de mi padre – respondió Evi con rabia – entonces es tu medio hermano – quiso aclarar la joven y ella negó girando su mirada a la joven - ¿acaso de la cintura hacia arriba es mi hermano y…? – quiso responder con enfado, sin embargo, Evi sonrió con sus alocados pensamientos rondando en su cabeza - ¿de la cintura hacia abajo no? – concluyó con una diabólica sonrisa mirando a Hans con su nuevo corte que encendió algo más que su alma después de ese primer beso.

Terminada la fiesta, Evi se acercó a Has sonriente, el cuerpo del joven se tensó y ella podía sentir la incomodidad de su hermano al abrazarlo por la cintura como muchas veces lo hacía, pero agobiado por el sentimiento de culpa, Hans salió de la casa sin dar explicaciones, necesitaba de nuevo silenciar los gritos del pecado que, según él, arrastrarían a su hermana al infierno.

De nuevo en la oficina de Gunther, tras el saludo formal y de asegurar el secreto de confesión, Hans movía su pierna con desesperación – no es justo padre – se quejó Hans y el padre suspiró – Dios nos pone pruebas y quizás ésta sea una de ellas – murmuró el sacerdote, Hans lo miró incrédulo – talvez esta prueba sea para que la superen juntos – continuo el religioso, Hans cerró los ojos negando con la cabeza, no se sentía en condiciones de estar junto a su hermana sin dejar de sentir todo lo que ella le despertaba, ahora, no se trataba sólo de ese mágico sentimiento en su corazón; el haberla visto con ese ajustado vestido lila que resaltaba la sensual figura de la mujer en la que se había convertido y ese beso en la cómplice sombra de aquel árbol donde muchas veces él la columpiaba, despertó las sensaciones de su piel; Hans sacudió la cabeza dispuesto a mantenerse alejado de ella – esta prueba es mía y salvaré a Evi – respondió Hans, se despidió y salió hacia su casa.

Aun cuando los hermanos querían que todo pareciera normal en casa, los regresos de la escuela eran silenciosos – ¿jugamos? – pregunto ella en un murmullo, él negó con la cabeza evitando la mirada de su hermana simulando que todo estaba bien; Hans había sacado el balón de la bodega para evitar esa excusa que, sin notarlo, ambos usaban para ese disimulado contacto físico.

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