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Portada de la novela Una novia falsa para el CEO

Una novia falsa para el CEO

Daniel Crawford, un influyente ejecutivo harto de las presiones familiares por casarse, busca una solución radical: contratar a una pareja ficticia. La elegida es Audrey Turner, su metódica secretaria, quien queda atónita al reconocer en su jefe al hombre de un pasado encuentro fatídico. Pese al resentimiento y la incomodidad, ella acepta fingir un romance bajo sus órdenes. Lo que inicia como un trato de conveniencia se convierte en un juego peligroso.
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Capítulo 1

AUDREY

Tengo al mejor jefe y el mejor trabajo del mundo. Aunque muchos me digan que ser secretaria no es la gran cosa del mundo, para mí si lo es.

Mi madre lleva años criticando mi empleo, y no es porque menos precie lo que hago, sabe que soy buena, sino porque ella deseaba que yo obtuviera un puesto más alto. Pero mi padre siempre me apoya y me da la fuerza que necesito para poder seguir adelante.

Mis padres son los mejores, jamás me he quejado de ellos, los adoro como son y aunque Ronny no sea mi padre biológico, para mí es como si lo fuera. Se casó con mi madre cuando tenía ocho años, desde entonces es el único hombre que he conservado en mi vida.

Y es que él se había sabido ganar mi corazón, con solo amar y cuidar de mi madre, con eso ya tenía mi respeto y mi cariño.

Cómo todas mis mañanas rutinarias, me levanto en cuanto suena mi alarma, me voy directo al baño y me aseó. Minutos después salgo y me visto rápido.

Falda negra entubada a las rodillas, camisa celeste de manga larga con botones, mi pequeño saco que hace juego con mi prenda de abajo. Tengo a elección muchísimos trajes para oficina, casi todo mi guardarropa está lleno de eso, cosa que detesta mi mejor amiga Nelly.

Termino de maquillarme y peinarme, una coleta alta y simple es el peinado perfecto para comenzar la semana. Salgo de mi habitación y me dirijo a la cocina, tostó un poco de pan y mientras el agua de la cafetera se calienta.

Ni tiempo tengo de sentarme, muy apenas logro darle dos mordidas a mi pan tostado y un sorbo a mi café, cuando el timbre suena.

Me sacudo las migajas del pan mientras camino hacia la puerta y la abro.

—No me digas que todavía no estás lista —exclama mi Nelly mientras entra a mi apartamento.

—Lo estoy, solamente estaba desayunado algo rápido —digo, cerrando la puerta detrás de mí.

—Pan y café, por Dios, Audrey, ¿qué te he dicho del gluten y de la cafeína?

—Lo sé, lo sé, el gluten hará que mi trasero sea más enorme y la cafeína afectará mis horas de sueño, y eso sin contar todas las calorías por la azúcar y la crema —giro los ojos cansada del mismo argumento —Solo es una taza de café, no es como si me fuera a quitar el sueño para toda la vida y vaya a engordar cincuenta kilos.

—Sueles tomarlo cada mañana y sé que también lo haces por las noches cuando traes trabajo a casa.

Suspiro exasperada.

—Estás peor que mi madre —replico —¿Has venido por mí o has venido a regañarme?

—Nunca dejaré de hacerlo hasta que entiendas —afirma —Bueno, si ya estás lista hay que irnos, porque debemos pasar primero por algo que si nos sirva y nos nutra.

Nuevamente, suspiro porque ya sé que significa eso. Tomo mi saco y mi bolso, y salimos de mi apartamento.

Veinte minutos hacemos a la cafetería, la cual queda a dos cuadras de la empresa donde trabajamos. Nelly me hace entrega de mi café descafeinado sin azúcar y crema, y de una galleta integral que no se ve nada apetecible, pero que me tendré que comer si quiero sobrevivir antes de medio día. Tampoco puedo ser descortés, sé que ella lo hace con buena intención. Así que acepto mi desayuno light con una sonrisa medio forzada.

Mi amiga está obsesionada con llevar una vida fitness, es bueno, lo sé, pero de vez en cuando tampoco tiene nada de malo comerse una hamburguesa o una rebanada de pizza. Aunque para ella sí lo es.

Con mi café en una mano y mi galleta en otra, caminamos hacia el edificio. El guardia de la entrada nos ayuda abriéndonos la puerta de cristal, tan amable como siempre.

Acompaño a Nelly a su puesto. Es una de las recepcionistas de la planta baja, el área central de todo el edificio.

—Te veo a la una en la cafetería, ¿o deseas que vayamos a Lord Breakfast?

Lord Breakfast es el restaurante más cerca que tenemos en el trabajo, habitualmente la mayoría de los empleados de aquí van a la hora de su descanso a ese lugar a comer, pues es lo más cercano que hay para alimentarse apropiadamente.

—Está bien como tú quieras.

Lo que sea que elegirá, al final iba a terminar comiendo una ensalada y si me iba bien, quizás un filete de pescado ahumado.

La dieta y el ejercicio me está matando, pero no puedo revelarme porque mi amiga sería capaz de asesinarme con la cuerda que utiliza para saltar.

Luego que me despido de mi amiga camino en dirección hacía los elevadores. Es temprano, tengo la ventaja de que no se llene a esta hora del día, pues por lo general a todos se les ocurre llegar a la mera hora de entrada.

Me toma varios minutos llegar al nivel de mi piso, número cincuenta, es el piso de la presidencia, por ahora. ¿Cuántos niveles más le agregarán a este edificio?

Voy a cumplir cinco años trabajando en este lugar, y desde entonces han agregado más de diez pisos, podía decirse que ya era un rascacielos, pues desde afuera se puede ver enormemente alto.

Y no hablemos del interior, es amplio y lleno de oficinas y cubículos. Las paredes son de cristal y desde cualquier piso se puede ver la ciudad.

Y lo más curioso es que les temo a las alturas y trabajo en la plata más alta de este edificio, agradezco que mi área esté lejos de las ventanas.

En cuanto las puertas se abren salgo. El gran logo de la empresa es lo primero que se visualiza en la alta pared cuando entro al vestíbulo de la presidencia, con letras grandes en tono plateado reluce el nombre de nuestro CEO, mi jefe. Crawford.

—Hola, Maggi —saludo al entrar a la recepcionista que está encargada de esta planta. Es una chica joven y guapa, de tez morena y cabello oscuro largo, es muy simpática, pero también diría que le gusta mucho el chisme. Aun así, me agrada.

—Hola, buenos días, Audrey —dice con una amable sonrisa —El señor Crawford ya está en su oficina, preguntó por ti cuando llegó.

Oh, por Dios, no esperaba que madrugara tan temprano. Bueno, no digo que no lo haga y ande en su casa a esas horas de la mañana, sino que nunca llega antes que yo, eso sí que es extraño.

—Bien, gracias, Maggi —digo y salgo esquivando el mostrador por el lado derecho.

Corro por el pasillo no tan largo, pero, aun así, corro para llegar más pronto. Giro a la derecha y llego al espacio abierto amplio dónde está mi escritorio y una sala de espera al frente.

Dejo mi bolso y mi desayuno sobre la mesa de vidrio que tiene mi escritorio y nuevamente salgo dispara, está vez rumbo a la oficina de mi jefe.

Respiro hondo en cuanto me detengo frente a la puerta gruesa de cristal, atrevés de ella se podía visualizar una silueta a pesar de que el vidrio es algo opaco, no se consigue ver mucho desde aquí y desde adentro tampoco. Ese es un alivio, si no no estuviera aquí de pie como tonta mientras recupero el aire.

Doy dos ligeros golpes en la puerta para avisar que ya me encuentro aquí. En cuanto escucho: pasa. Luego de recomponerme del casi maratón que tuve hace momento, abro y me introduzco en la gran oficina.

—Buenos días, señor —digo inmediatamente antes de acercarme hasta el escritorio.

—Buenos días, Audrey —su tono es serio como todos los días, pero cortés.

Mi jefe es alguien agradable, a sus casi sesenta años el hombre se ve bien conservado, y es entendible, pues, acostumbra a hacer algo de ejercicio. Sé que de vez en cuando va al gimnasio y al golf, lo sé porque yo agendo y le aviso de sus citas y juntas, y en ocasiones cuando le llamo me ha tocado interrumpirlo en alguna de sus actividades.

—Me sorprendió tenerlo aquí tan temprano.

No tengo pena en ser directa con él, por lo general nunca le gustaba nada, es por eso la confianza que me ha otorgado. Mi jefe siempre se ha mostrado caballeroso y amable conmigo, apenas de ser una simple secretaria.

—Si lo sé, hoy quise venir temprano porque hay muchos pendientes que se deben arreglar antes de la llegada de Daniel.

Frunzo los labios. «¿Daniel?»

Quería preguntar si se refería a su hijo, no tenía el placer de conocerlo, solamente había oído de él. Los chismes en la empresa corren como pólvora y se habla de muchas cosas sobre él, pero lo que más les gusta a mis compañeras decir todo el tiempo es lo guapo que esta.

Yo soy la típica compañera que ignora todo tipo de chismes, más si ser trata de mis jefes.

Aunque el hijo de mi jefe no trabaje aquí, también viene siendo alguien relevante para la empresa y de tal modo debo respetar su vida privada.

Una vez que lo pongo al tanto de todos los pendientes, me envía a organizar todo y a preparar una junta lo más rápido posible para antes de medio día.

Hoy será un día con mucho trabajo, eso quiere decir que llegaré muerta de cansancio a mi apartamento. Es bueno verle el lado bueno a las cosas, aunque no siempre las tenga.

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