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Portada de la novela Una noche con mi jefe

Una noche con mi jefe

Una estudiante de leyes se convierte en la pupila de Cárlenton Alemán, un poderoso magnate que evita los sentimientos. Pese a su resistencia, una pasión irrefrenable surge entre ambos, complicándose con un embarazo de gemelos inesperado y la traición de una amante celosa. Entre lujos y amenazas constantes, esta pareja deberá sobrevivir a una serie de desafíos extremos que pondrán a prueba su lealtad y el futuro de su vínculo en un mundo implacable.
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Capítulo 2

Al día siguiente, Dayana usó uno de los trajes que el señor Cárlenton la obligó a comprar. Era tan incómodo que, a cada instante tenía que andar acomodándose la falda, de lo contrario, andaría mostrando sus calzones.

-Buenos días, señor-. Saludó entrando a toda prisa en el ascensor junto a un hombre de gafas oscuras que estaba antes que ella.

Justo en ese momento su teléfono vibró.

-Disculpe, puede sostenerme esta caja, por favor.

Se la dio sin voltearlo a ver. Estaba apresurada sacando su teléfono de la cartera y no se fijó en nada más.

Era su amigo que conoció en la universidad el que le estaba llamando para preguntar como le estaba yendo.

-No te lo imaginas. Mi jefe es un ogro, te juro que si me hubiesen dado a elegir, ni loca elegiría esta empresa. Por culpa de ese hombre, me la pasé corriendo como loca ayer-. Se quejó.

Oye, hablaremos por la noche. Ya he llegado a mi piso y no quiero retrasarme ni un minuto porque el ogro me comerá viva.

Ella colgó la llamada luego de que su amigo se burlara con una carcajada.

-¿Así que, su jefe es un caníbal que comerá carne humana por primera vez con usted?

Cuestionó aquel hombre. Devolviéndole la caja. Dayana la tomó de inmediato y se disculpó. Ni siquiera la había recordado, si no es porque el hombre lo menciona se queda sin ella.

-Usted no conoce al señor Alemán. Por cierto, ¿por qué vamos en la misma dirección?

-¡Bienvenida por segunda ocasión a mi oficina, señorita Dayana! Descuide, no tengo la intención de comer carne humana, no por ahora y menos la suya.

-¡Jefe!

Dayana se quedó paralizada. Desde el ascensor lo había criticado sin darse cuenta de que él estaba detrás de ella. Era imposible reconocerlo, ya que venía disfrazado con una sudadera negra, gorra negra y lentes oscuros, parecía ser una persona que venía a entregar un pedido de comida.

-Lo siento mucho, señor. Todo lo que ha escuchado decir ha sido una broma.

Maldición, por qué ha venido a trabajar con ropa tan sexi este hombre al que solo he visto una vez y vestido con traje. Pensó en su mente. Razón por la cual no lo reconoció en el momento.

-¡Usted será despedida en este momento!

-¡Cómo! No, señor, por favor, deme otra oportunidad. Le prometo que algo como este incidente no volverá a suceder.

-Está bien. El despido no procede, pero serás castigada haciendo horas extras por ser irrespetuosa con el jefe.

-Estoy de acuerdo, señor.

-Por cierto, ¿Qué es eso?

Señaló la caja.

-Es una cafetera especial. La dejaré aquí en su oficina para que se prepare usted mismo el café a su gusto y a la hora que quiera.

-¡Llévese esa cosa de mi oficina! ¿Acaso le pago por holgazanear? Traer mi café es su responsabilidad como mi secretaria.

-Tiene razón, señor. Lamento molestarlo.

Se disculpó.

Dayana no esperó más y salió como alma que lleva el diablo. Lamenta que desde que se levantó, su día ha salido muy mal. ¿Qué estaré pagando? Se pegunta.

-Señorita Dayana. En un minuto quiero que se presente en mi oficina y me recuerde las actividades que tenemos disponibles para este día.

Ni siquiera había terminado de llegar cuando el ogro la estaba llamando.

-De acuerdo, señor Alemán.

Dayana corrió a su oficina, sabe que no puede atrasarse ni siquiera un segundo porque el ogro se pondrá furioso. Tiró su cartera en el escritorio, tomó la Tablet y corrió antes de que ese minuto se acabara.

-Estoy aquí, señor.

-Espera un momento, estoy ocupado.

Ella suspiró, rodó los ojos cuando él no la miró.

-¿Para qué me pidió que viniera tan pronto si ni siquiera tiempo tiene de atenderme?-. Se quejó en su mente.

Se sentó en la silla frente al escritorio del hombre, mientras él atendía una llamada telefónica. Una ventana estaba abierta, de repente entró un aire fuerte y algunos documentos de la mesa salieron volando. Dayana actuó de inmediato y procedió a recogerlos, pues el hombre estaba de espaldas a ella y no quería que la culpara. Para su desgracia, justo en el momento en que ella se agachó, se escuchó un sonido" track" el hombre volteó a ver casi de inmediato, mientras que ella con una mano cubría la parte trasera de la falda, exactamente dónde se había abierto.

Sí, de tan apretada que le quedaba, la misma no soportó la presión que ella hizo al inclinarse y se rompió. Se puso de pie, estaba nerviosa, con su cara al color de un tomate y más cuando alzó la mirada y vio a su jefe que la observaba de manera divertida. Sus piernas temblaron, sus manos apretaron más fuerte el agarre para cerrar la abertura.

-¿Qué sucedió?

Preguntó Cárlenton.

-¿Todavía se atreve a preguntar? ¡Qué no está viendo lo que su estúpida obsesión de que las empleadas vistan arriba de la rodilla y demasiado pegado, ha tenido consecuencias en mí!-. Protestó.

Cárlenton se rio fuerte. Pero algo en él despertó... algo que trae entre sus piernas. Y es que Dayana apenas usaba un hilo, por lo tanto, sus nalgas quedaron completamente expuestas, ya que, su mano no alcanzaba a cubrir todo.

-Sea un poco caballeroso y dese la vuelta-. Pidió.

E l hombre le hizo caso. Ella quitó su chaqueta para amarrarla por detrás y cubrirse, quedando solo en un top blanco.

-Oye, ¿qué haces? ¿piensas desnudarte por completo en mi oficina? Si es así, pienso que ha sido una estrategia tuya para ofrecerte a mí.

Ella lo quedó viendo furiosa. No podía decirle nada... no podía insultarlo... ni siquiera podía defenderse porque el idiota la despediría y su pasantía sería cancelada para retomarla hasta el próximo año.

-Ponte esto-. Dijo Cárlenton. Acercándose a ella y tendiéndole su saco. -Puedes quedarte aquí si gustas, enviaré al chofer para que compre algo adecuado ¿o prefieres que lo haga yo?

Dayana se quedó pensativa. No podía salir de la oficina de su jefe cubriéndose con una chaqueta porque dirían que estaban haciendo algo prohibido. Tampoco quería salir con su saco porque opinarían lo mismo, además, dirían que ella tiene privilegios con el jefe.

No quería que el chofer tampoco se enterara, así que, muy avergonzada le pidió a él que lo hiciera personalmente. Por fortuna, cerca de la empresa había una tienda. Él fue y compró otro traje, esta vez una talla más grande que el anterior para que no ocurriera un accidente similar.

Regresó discretamente y ella se vistió. Demasiado apenada le agradeció, pero a partir de ese momento había algo nuevo entre ellos, y es que habían tenido un momento muy íntimo. Aunque haya sido producto de un accidente.

-Si los otros trajes te quedan igual o te sientes incómoda, puedes desistir de ellos. Prometo que no los cobraré de tu sueldo.

-Muchas gracias, señor-. Dijo ella. Finalmente pudo recordarle lo que había en agenda para ese día.

-Puedes retirarte-. Ordenó.

Ella estaba a punto de abrir la puerta para salir, cuando escuchó aquellas palabras que jamás en su vida pensó que saldrían de la boca de su propio jefe.

-Por cierto, bonito trasero-. Gritó Cárlenton, mordiendo su labio inferior. Con ese cumplido, la chica más rápido abrió la puerta y salió, sus mejillas estaban coloradas y calientes, eran demasiado los sucesos de ese día y sentía que ya no podía estar más cerca de ese hombre que desde que llegó, a sus ojos lo vio tan atractivo, pero de inmediato le recordó a su subconsciente de que no se hiciera ilusiones con él porque jamás él se fijaría en una chica como ella.

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