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Portada de la novela Una Muñeca para el Jefe

Una Muñeca para el Jefe

Maritza trabaja como secretaria para Max Duncan, un CEO déspota conocido por su frialdad. Su situación es crítica: debe costear los tratamientos de su madre moribunda y de su hermana enferma. La tensión estalla cuando Max, quien la humilla constantemente, le exige un matrimonio por contrato. Ahora, ella enfrenta una encrucijada cruel: aceptar el trato para asegurar la salud de su familia o ser despedida por el hombre que más desprecia en la vida.
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Capítulo 3

Entramos a la habitación de mi madre, tiene los ojos cerrados, pero se que esta despierta, lo sé porque mueve sus dedos como si escuchara alguna melodía.

—Mama estoy aquí—digo acercándome a ella

—Sé que estas aquí cariño, también sé que vienes acompañada.-

—¿Como sabes? —pregunto asombrada, aunque no debería de sorprenderme, ella es una mujer muy lista y cierto sentido activo.

—Por el aroma de ese perfume caro—

Estoy a punto de contestar cuando mi jefe se adelanta.

—Mucho gusto señora, soy el prometido de su hija.-

—Así que su prometido, se lo tenían bien guardado, pero me alegra saber que cuando muera, no quedara sola—todo esto lo dice con los ojos cerrados

—Max por favor, no digas esas cosas. —lo miro con cara de asesinarlo, se había pasado mares.

—¿Porque pues? esta es tu madre así aprovecho y le pido tu mano, señora quisiera que me diera la mano de su hija, a lo mejor no es la mejor manera de pedirla pero es lo que tenemos por ahora.

—¿Quieres a mi hija?

—La quiero con mi corazón

—Se cuándo las personas mientes pero confió en tu palabra

«¡Ay madre mía!» si supieras que es un gran mentiroso y que me casare solo porque el necesita más poder del que tiene

—Entonces usted sabe que lo que digo es cierto—el sigue interrogando a mi madre, pero cuando ella va a responder, un grito de dolor, sale de su boca, dejándonos a los dos tiesos, cuando logro reaccionar las maquinas comienzan a sonar como locas, Max sale gritando buscando a un doctor, entran las enfermeras y el doctor Hugo me dicen que salga, obviamente como la fiera que soy me opongo abandonar a mi madre, pero Max me saca arrastras de la habitación.

Han pasado aproximadamente 45 minutos, y no sé nada de mi madre, nadie ha entrado ni tampoco ha salido de la habitación, estoy hecha un mar de lágrimas, cuando de repente salen las enfermeras y luego el doctor Hugo me mira directamente a los ojos, ¡oh! esa mirada no me gusta.

—Lo siento mucho Maritza, hicimos todo lo que estuvo en nuestras mano, tu madre falleció—

Al principio solo lo miro sin parpadear, es como si mi cerebro se detuviera en medio de esa confesión, siento unos brazos que rodena mi cintura, intentado hacer que camine, pero no me iría sin ver a mama.

—¿Que? ¡No mama, no puede ser! —las lagrimas no dejaban de salir, no podía creerlo.

Comienzo q gritar, pero max no me suelta, pataleo, y forcejeo hasta que por fin logro soltarme, entro a la habitación y allí está el cuerpo sin vida de mi madre,

—Perdóname mama por darte esta mala vida, no pude salvarte, debí esforzarme más, siento que pude hacer mas por ti

—lloro inconsolable mente, abrazando su cuerpo— ojala Dios te lleve a un lugar bonito y puedas ver nuevamente a mi padre, gracias por la hermosa vida que me diste, me hubiera gustado mucho que conocieras nietos y compráramos aquella casita que tanto te gustaba, pero fue imposible, madre te amo mamita te amo jamás voy a olvidarte.

Max me abraza por la espalda, y sin querer creerlo eso me reconforta, me doy la vuelta y me permito llorar en su hombro, no me importa si ensucio su hermoso traje azul tiene miles de esos, perder una madre no tiene explicación, no es lo mismo que cuando perdí a mi padre, amaba a papa, pero sentimiento era muchisimo peor, no quiero pensar que no volveré a verla, ¿cómo le diré a mi hermana sin afectarla?

—Tranquila, llora todo lo que quieras, estoy aquí para apoyarte—Volteo a ver a mi jefe nunca antes le había escuchado intentar reconfortar a alguien, pero lo mas extraño era que me lo decía con cariño

Max se había encargado de todo lo relacionado con el sepelio de mi madre, decidí no velarla, no teníamos amigos, ni familiares cercanos, esto traería un atraso para mi hermana, me había costado mucho tranquilizarla cuando le conté lo sucedido, es que ella pasaba día y noche a su lado, no era fácil haberla perdido, pero debíamos continuar siendo fuerte, eso mismo había dicho ella cuando mi padre murió.

Estábamos en el cementerio municipal, algo común, no tenía dinero para enterrarla en mejor lugar, además ella había pedido estar junto a papa y respetaría su memoria, el padre dio una pequeña misa, solo estábamos mi hermana y yo, cuando de repente veo a Max con su traje negro de tres piezas, a su lado viene su madre, su padre y sus dos hermanos.

No sé qué hacían aquí, pero les agradecía muchísimo, estar sola en este momento no me gustaba para nada

—Cariño perdón por llegar tarde—Max habla con un tono dulce, frunzo el ceño, sus palabras lo que me pone en alerta, aunque no quería fingir y menos en estos momentos, debía hacerlo, esto era un trabajo.

—No te preocupes amor. —Lo abrazo y me acerco lo suficiente para hablar con él sin que nadie escuche—¿qué está pasando Max? ¿Porque está tu familia aquí?

—Vinimos acompañarte, y así aprovecho para presentarte como mi prometida, no podemos perder el tiempo, a la final ese es el trato.

«¡Lo sabia!»

Sigue siendo el mismo, perro sin sentimiento.

Todo su encanto se fue al retrete ¿como se le ocurría decir eso en este momento? la verdad es que Max no cambiaría, debo hacerme a la idea, esto no es un amor verdadero, el solo está fingiendo por dinero más nada.

Luego de sepultar a mi madre todos me dan el pésame, la madre de Max me miraba de forma extraña, tal vez era porque solo cargaba un pantalón ancho de vestir negro y una camisa cuatro veces mi talla del mismo color, no me dio chance de buscar algo mejor, tampoco era que tuviera mucho

—Mama, papa y hermanos, les presento a mi prometida, amor ellos son mi familia, y de ahora en adelante la tuya, aunque ya los conocias

Puedo sentir su manontensa en mi sinturaz quería patearlo, así que disimuoadamente coloque mi brazo al rededor de su cadera y lo pellizque con malicia.

—Mucho gusto querida, sé que no es el momento pero quería conocer— Pensé que esta mujer era buena, pero le miraba con ganas de asesinarme.

—El gusto es mío señora, disculpe las fachas pero como vera, acabo de enterrar a mi madre no estaba en un desfile de moda.

No se porque me comporto de esta manera, pero me cae muy mal mi futura suegra postiza.

—Oh no te preocupes esas cosas pasa, la gente pobre es así.

¿Cómo que esas cosas pasan? ¿De qué habla? Decido mejor no preguntar y le comento a más que quiero irme, automáticamente él se ofrece a llevarnos, lo acepto porque no tenía dinero para pagar el autobús, ni siquiera sé si tenía comida en la casa, estaba en el limbo, y me costaría tiempo así. Max se estaciona al frente de mi casa y nos acompaña adentro, todo está vacío, nadie se acercó a darnos el pésame, tampoco preguntaron nada, con la suerte se nace y nosotros ese día no nacimos.

—Pasare por ti mañana a las diez, iremos al registro civil.

—Está bien mal—contesto sin mirarlo

—Por favor trata de dormir algo, no quiero que estés tan fea para la foto del periódico, auque eso es imposible.

Este hombre tenía un trastorno, ni siquiera mi hermana que sufría de esquizofrenia era tan cambiante como el, es como si intentara aparentar algo que no es, a lo mejor mi corazón noble quiere creer que él es bueno, pero mi cerebro insiste en que no es así, el camina directo a la cocina y lo escucho abrir a nevera, los gabinetes y resoplar.

—Debo irme hasta mañana, espero puedas descansar algo.

Y así sin más se va dejándome sola en esta casa, mi hermana ya se encuentra durmiendo o intentando dormir, esto la afecto de sobre manera.

Decido darme una ducha rápida, subo a mi habitación, pasando por la de mi madre, cierro su puerta y sigo mi camino, al llegar al baño quito mi ropa y me meto a la ducha el agua fría logra hacer que el dolor de mis pies merme un poco, enjuago bien mi cabello, pero comienzo a llorar.

Estaba vistiéndome cuando el timbre suena, no quería recibir visitas, aunque tampoco tenia amistades, así que no sabía quien podría ser.

—¡Buena noches! ¿usted es la señora Maritza? —Pregunta un hombre con traje y guantes blancos

—Depende de quién pregunte

—Soy el mayordomo de la familia Duncan el señor Max le envió regalo

—¡Oh!, perdone pase adelante

—Esto se lo envió el señor para que se lo coloque mañana, viene por usted a las diez

—Gracias—es lo único que puedo decir aún no he asimilado lo que está ocurriendo

Al cerrar la puerta, subo los escalones de las escaleras de dos en dos, entro a mi habitación y abro la caja, es un hermoso vestido blanco con unos tacones de infarto, pero como nada es como uno quiere iba a enseñarle a este mequetrefe que conmigo no se jugaba, no me gusta que en digan lo que tengo que hacer, mucho menos lo que tengo que vestir, creyeran o no tenía buen gusto para la moda, lo que no tenía era dinero para compra.

Coloco el vestido en la caja y me dirijo a mi armario de antaño, elijo un vestido negro largo con un cinturón del mismo color, era de mangas bordadas y cuello tortuga, la verdad el vestido era entre feo y horrible, decido colocarme unas sandalias bajitas del mismo color y un sombrero negro, yo estaba de luto, pero le daría un merecido no le quedaran ganas de volver a imponerme cosas

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