
Una esposa para mi hermano
Capítulo 2
Narrador.
Toronto, febrero 2002, Canadá.
- “¿Pero de verdad?, ¿no hay otra forma?, esto es muy cruel, es sólo una bebe, crecerá sin nuestro amor.”- decía una mujer lobo mientras sostenía un manta con una beba recién nacida, enrollada en ella.
- “Ya sabes lo que nos dijo la bruja, ella está en peligro, sólo podrá salvarse si encuentra a su mate, así podrá resurgir su magnífica loba interior, con todos sus poderes. Nuestra hija, esposa, es especial, muchos querrán matarla para obtener sus poderes, o la querrán utilizar para hacer daños otros. Ella ha matado a toda nuestra manda para llegar a nuestra hija, no podemos dejar que la encuentre, o todos, tanto lobos como brujas, estaremos en peligro, sólo su mate, puede protegerla, y volverla más fuerte. Así algún día podrá enfrentarla, como dijo la hechicera, ella tendrá a una pareja fuerte que dará su vida por ella, si hiciera falta. Pero para protegerla hasta que lo encuentre, ha señado a su loba en su interior, hasta que él llegue a ella, y la marqué como suya, hasta ese momento, nuestra hija estará protegida como una humana más, sólo su mate sabrá quién es ella verdaderamente, la conexión se lo dirá.”- dijo el hombre mientras conducía por las calles de Toronto, en esa noche oscura.
- “¿Pero si no la encuentra? Sabes que hoy en día eso pasa mucho, hay pocos lobos con sus mates, lo nuestro es, hoy en día, excepcional. Tendrá que vivir y morir como humana, ya que, al estar su loba sellada, no se podrá curarla, si se hiere, rápidamente, además que vivirá sin nuestro amor.”- dijo la mujer llorando lastimeramente mientas besaba la cabeza de su hija.
- “Si eso ocurre así, también estará a salvo, y ella tendrá que esperar otros mil años más para que renazca otra loba blanca, con la marca de la diosa luna, en su frente. Y así nuestra hija podrá vivir su vida a medias, sentirá que no está completa, que le falta algo, pero estará a salvo.”- dijo el hombre lobo con su expresión marcada por la preocupación, aunque también se le veía la esperanza, sabía que su hija sobreviviría, y eso era suficiente.
- “Pero ¿Por qué tenemos que dejarla en un orfanato?, ¿Por qué no podemos huir con ella? Crecerá sin el amor de sus padres, con extraños.”- decía la mujer entre lágrimas de dolor.
- “Sabes mi amada esposa, que ella, conoce vuestro olor, nos buscara por todo el mundo, hasta encontrarlo, y sabes que siempre nos encuentra. Ahora por el hechizo que nos hicieron, tenemos retenido nuestro olor, pero pronto desaparecerá, y nuestra hija ahora sólo huele a humano, así que debemos dejarla pronto y apartarnos lo que más podamos de ella, para que no la encuentre.”- dijo su marido, con la cara seria.
- “Pero si ni le he puesto un nombre. ¿La entregaremos así sin nombre? ¿Cómo si nunca hubiera sido querida?”- dijo por fin la mujer mirando a su marido.
- “Pongámoselo, por lo menos un nombre, ya que nunca podrá llevar el apellido de nuestra familia.”- dijo su padre sonriendo a su mujer mientras aparcaba delante del edificio donde su hija viviría durante algunos años, ajena a quién era, y el peligro que corría.
- “Elizabet, como nuestra reina, ya que ella será una reina entre los lobos.”- dijo su mujer, el hombre sonrió, cogió a su hija de los brazos de su esposa, y la abrazo, para después besarle en la frente.
- “Bien, Elizabet, debes crecer fuerte, hija mía, tu madre y yo siempre pensaremos en ti, pero eres más importante que nosotros, si sobrevivimos, nos volveremos a ver cuando seas mayor, por ahora vive por nosotros. Te amos preciosa loba.”- le dijo su padre antes dársela a su madre para que la abrazara por última vez.
Esta la abrazo, y la besó ente lágrimas, de hecho, no había parado de llorar, como madre sentía que le arrancaban una parte del cuerpo, la parte más importante, el corazón. Finalmente entregársela a su esposo. Él salió del coche, subió las escaleras que llegaban al edificio y la llevo al depósito que tenía en la, un depósito con una campana, para colocar allí a los niños entregados.
Colocó a su hija, y antes de girar el depósito, para después tocar la campana, besó por última vez a su hija, mientras dejaba que sus ojos expresasen su dolor en forma de lágrimas, lágrimas de un Alfa por la pérdida de su descendencia.
- “Te acompañaremos siempre, Elizabet.”- y tras esto giró en torno del depósito, y tocó la campana para salir corriendo hasta su coche, y partir de allí rápidamente. Dejando tras ellos al ser más importante de sus vidas.
Archipiélago de Kodiak, octubre 2002, Alaska.
- “Por fin os he encontrado, pensasteis que podríais huir de mí siempre, ¡Ilusos!.”- esa voz llego detrás de ellos, habían corrido por todas las islas huyendo de ella, pero quedaba poco, para donde correr, así que allí estaban en lo alto del acantilado, el Alfa se interpuso entre ella y su mujer, quería defenderla hasta la muerte, pero también sabía que, si los atrapaban vivos, ella tenía medios para arrancarle hasta el último de sus pensamientos, aun en contra de su voluntad.
La pareja en su forma de lobo, se miraron, y supieron lo que tenían que hacer, su hija era lo primero, así que se giraron hacia el acantilado al mismo tiempo, y saltaron. Mientras caían hacia las rocas, junto al mar, oyeron un fuerte gruñido animal, ella no estaba contenta, así que ambos sonrieron y juntaron sus patas antes de estrellarse, y morir entre las rocas, todo por su hija, todo porque Elizabet estuviera a salvo, hasta que su mate la encontrara y la protegiera el resto de su vida.
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