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Portada de la novela Una esposa para el presidente

Una esposa para el presidente

Con el fin de asegurar su ascenso político, un candidato a la presidencia propone un matrimonio por contrato a su antigua novia, una valiente militar rodeada de secretos. Presionada por un comandante, ella acepta el trato, aunque su mente sigue atrapada en el misterio de su pasado amor desaparecido. Mientras navegan entre conspiraciones y amenazas constantes, la pareja deberá descubrir si su alianza es puro pragmatismo o si el amor renacerá entre ellos.
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Capítulo 3

Carolina caminó hacia la entrada con pasos largos, "cinco" vigilaba al doctor Baruch por órdenes de ella y fue entonces que vio a un colega, uniformado igual que ella con tres barras en cada sobre-hombrera, era un capitán segundo. El capitán se cuadró frente a ella por ser de élite.

- Capitán Segundo Serrano, señora. Vengo a relevarla.

Ella contestó al saludo de inmediato y él le entregó un sobre color crema sellado por todos lados. Ella lo abrió con cautela y sacó el oficio contenido y lo leyó rápidamente.

- Bienvenido, Capitán. En un momento le muestro a sus elementos. Sígame por favor.

Rápidamente ella llamó a todos a una reunión en una sala, incluso al Doctor Baruch, en cuanto llegaron todos estaban ahí. Rápidamente se pusieron de pie y saludaron.

- Descansen- ordenó la teniente- les presento al Capitán Segundo, Carlos Serrano, él será su nuevo líder a partir de hoy. Me agradó mucho trabajar con ustedes durante estos meses y bueno, sin más que decir, los dejo con él.

- Atención, personal, tomo el mando- advirtió el capitán con una voz profunda.

Todos se levantaron y se colocaron en posición de firmes.

Se quedaron platicando un momento, así que ella se dirigió hacia su habitación para recoger su maleta, pero de repente el Doctor Baruch corrió para alcanzarla.

- Carolina, muchas gracias por tus servicios, hija- dijo muy amable con cierta nostalgia en sus palabras.

- Fue un placer, Doctor- respondió con una sonrisa, aunque en realidad no sentía pena por dejarlo pues sabía que era su trabajo.

- Toma, hija- dijo y le dio una canasta con chocolates, unos panecillos, queso y dos botellas de un vino tinto añejo muy fino.

- Oh, Doctor. No era necesario- respondió Carolina al gesto.

- Me habría gustado darte algo mejor pero esto fue tan repentino- dijo con tristeza.

- No se preocupe, de hecho así son este tipo de cambios. Muchas gracias.

- Como sea, sabes que siempre podrás contar conmigo para lo que necesites ¿Ok? Ve con cuidado, hija.

Se dieron un abrazo fraternal y finalmente Carolina retomó su camino, algunos minutos después el Doctor Baruch regresó a su cena con sus invitados, ahí volvió a ver a Erick.

- Oye, Baruch, ¿dónde está la Teniente Carolina?- preguntó acercándose al Doctor.

- Ella ya se fue- respondió con tristeza.

- Vaya suerte. ¿A qué hora regresa?- insistió.

- Ya no va a regresar- contestó aún más triste.

- Oh, qué mal- dijo fingiendo decepción ante la mirada triste de Baruch, aunque esa situación lo hizo recordar la boda de su primo y su novia, varios años atrás, cuando él quiso arreglar las cosas y volver a ser pareja pero ella había huido- es una lástima... bueno, me retiro, estimado, me retiro.

- ¿Ya te vas?- preguntó el desconsolado anciano mirándolo fijamente.

- Sí, amigo. Mañana tengo una asamblea en la capital del país, entonces debo estar presentable, tú mejor que nadie debe saberlo.

- Entiendo, entonces ve con cuidado.

- Ánimo Baruch, no estés triste, otro día nos reunimos para charlar de varias cosas- dijo Erick y al final besó la frente de su viejo amigo.

Algunos minutos más tarde, Carolina descendió del taxi que la llevaba al aeropuerto, vestía un pantalón militar de cargo, camuflado así como su respectiva camiseta de manga corta que se ajustaba perfectamente a su cuerpo, además de sus botas ajustadas y brillantes, atrajo la mirada de varios hombres cuando la veían pero ella caminó sin siquiera dedicarles una mirada, checó su reloj de muñeca, en realidad iba a tiempo pero desde siete meses atrás, ella se sentía bastante ansiosa por cualquier cosa percibía un palpitar en su pecho y mirar el reloj era lo que la hacía volver al presente pues se enfocaba en el segundero del reloj y poco a poco iba calmando su respiración haciendo que el palpitar y la cadencia del tiempo estuvieran en sincronía.

- Pasajeros con destino a la capital del país, favor de abordar la puerta uno- evocó la azafata.

En el avión, la teniente tomó asiento en la parte de primera clase, rápidamente le ofrecieron bebida y alimentos pero no tenía apetito por lo que rechazó la oferta; por un momento se dedicó a mirar a las personas con quienes viajaba, pudo notar de inmediato a un gran número de empresarios, diputados y senadores pero, una vez que hizo su reconocimiento del área tomó un periódico y empezó a leerlo para distraerse.

El vuelo duró cuarenta y cinco minutos y un automóvil militar esperaba a la teniente, rápidamente un soldado se cuadró frente a ella.

- Señora, hemos venido por usted- dijo de inmediato, Carolina respondió el saludo y le entregó su maleta.

- Regresemos rápido a la zona, quiero llegar antes de que arríen la bandera.

Los militares no se asombraron por la seriedad de su superior, pero cumplieron con la orden.

A la mañana siguiente, Carolina despertó temprano y salió a correr con los reclutas, se vistió con sus pantalones tácticos, una camiseta verde olivo y sus botas de combate, luego se colocó en la parte de atrás de la compañía impidiendo que los elementos más débiles se quedaran atrás pero empezó a flaquear uno.

- ¡Muévete, potro!- exclamaba cuando él iba perdiendo velocidad y lo empujaba por la espalda para que siguiera corriendo.

- Ya no puedo, señora- decía un joven recluta.

- Entonces no sirves para esto- lo tomó de la camiseta y lo sacó del camino.

Hubo mucha frustración en su rostro pero Carolina no toleraba la debilidad.

Una vez que terminó su entrenamiento se dirigió a la regadera donde tomó un baño con agua fría, finalmente se volvió a uniformar y caminó hacia la sala de juntas del campo militar, esta era una sala con gruesos muros de piedra y plomo pero estaba forrada de madera, habían cuatro ventanas del lado derecho que permitían el paso de la luz del sol y el viento aunque también tenían persianas horizontales que se recogían o bajaban de acuerdo a las necesidades de privacidad, los sonidos se aislaban una vez que se cerraba la puerta para brindarles mucha discreción a los temas tratados. 

Cuando la teniente llegó vio la puerta abierta, no había nadie así que ingresó y se percató de que había cuatro sillas, tres frente a una lo cual llamó su atención pues regularmente, cuando asignaban una nueva misión a un militar de su categoría solo se presentaba el Comandante y su secretario para redactar lo que sucedía en la sala y los acuerdos a los que llegaban pero lo pasó por alto, entonces se sentó en la silla solitaria y esperó a que llegara su superior.

Al cabo de tres minutos arribaron el Comandante Garcés y su secretario, su apellido era Manjarrez. De inmediato, Carolina se levantó y se cuadró.

- Buenos días, Teniente Martínez - saludó el Comandante con una sonrisa.

- Buenos días, señor- respondió la chica, finalmente los tres bajaron los brazos.

- Tomemos asiento-  dijo el Comandante y el secretario dejó entreabierta la puerta, luego llegó hasta ellos- será mejor que empecemos, Polo.

Carolina miró con suspicacia la escena pues veía que aún esperaban a alguien y pensaba que era una falta de respeto del jerarca que aún no había llegado. Manjarrez sacó su tablet y se alistó para grabar el audio.

- Listo, señor.

- Perfecto- luego dirigió su mirada a Carolina- Teniente de Élite Carolina Martínez, se le solicita su apoyo para cumplir una misión que solo usted podría llevar a cabo para asegurar y salvaguardar la integridad de una persona muy importante que se encuentra vulnerable para el desempeño de sus actividades, dicha misión deberá llevarse a cabo de manera "ultra secreta".

Carolina abrió mucho los ojos pues el comandante había hecho énfasis en las palabras, sabía que habría un plan más elaborado que simplemente ser una guardaespaldas.

- ¿De quién se trata, señor?- preguntó Carolina con curiosidad.

- Buenos días- se escuchó una voz juguetona y conocida al fondo de la sala- disculpen el retraso, lo que pasa es que había una gran fila en el estacionamiento...

"No puede ser" pensó Carolina al escuchar la voz de aquel hombre juguetón.

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