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Portada de la novela UNA ESCORT PARA EL CEO

UNA ESCORT PARA EL CEO

Yagiz Ozdemir, un influyente empresario de Estambul, vive marcado por el escepticismo hacia el amor interesado. Su destino se cruza con el de Serem Keskin, una joven que abandonó su hogar para saldar las deudas familiares, pero que terminó atrapada en una red de engaños. Tras huir sin recursos, Serem se ve obligada a trabajar como acompañante de lujo. Un encuentro fortuito en una gala despierta una pasión intensa, pero la verdad sobre su oficio pondrá en riesgo el futuro de su relación.
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Capítulo 3

“INICIO DE UN ENGAÑO ” 

Serem camino con paso apurado acercándose a la fila de muchachas que esperaban por audicionar. Era rídiculo, pero sabía que esa Agencia de Modelos en específico aceptaba a muchachas como ella sin ninguna experiencia en el mundo de las pasarelas y el espectáculo. 

Cuando vio el anuncio supo que quizás había alguna esperanza, su madre le había gritado la noche anterior que explotara su belleza y a ella no se le ocurría un método mejor de acerlo que audicionar. Si no resultaba ya podría decirle a su progenitora, que se equivocaba, y que nadie pagaría una sola Lira por ella . 

La fila era interminable, pero lo que más le sorprendió fue que uno de sus vecinos que tenía fama de delincuente y desadaptado fuera quien estuviera tomando los datos de las muchachas. 

Ese hombre le ponía los pelos de punta. Tan pronto ella dejó de ser una niña pequeña, y comenzó a verse como una señorita, cada vez que se topaba con él le decía puras groserías de carácter lascivo. 

Serem se alarmó, pero aún así continuó adelante. Tenía pocas alternativas. 

Habían tantas chicas que perdería todo el día en entrar. 

Tampoco la ayudaba la forma sencilla en que iba vestida, o la ausencia absoluta de maquillaje en su rostro. Mientras que las otras muchachas algunas parecían payasas por la cantidad exagerada de maquillaje que usaban. 

Respiro profundo al tiempo que el estómago le rugía de hambre, y aguardó en silencio que las horas pasaran. 

Serían las tres de la tarde cuando por fin llegó su turno. 

Aquel hombre despreciable que anotaba los nombres cuando la vi sonrió con maldad. 

—¡Que bella sirena nos ha traído la marea!— comentó mirando a Serem con descaro, desnudándola con sus ojos lujurioros. 

Serem se abrazó el cuerpo con las como si pudiera protegerse de su asqueroso escrutinio. Sentía que los ojos de aquel hombre era capaz de traspasar su desgastada ropa. 

Ella no respondió al hombre que volvió a hablarle devorandola con cada ojeada que le daba. 

—¡Nombre y apellido, niña! ¡Además de un número telefónico a donde podamos localizarte si es que eres seleccionada. 

—Se-Serem Keskin, tengo dieciocho años— murmuro tímidamente. También proporcionó el número de teléfono de la vecina, pues estaba segura que su padre con lo conservador que era moriría infartado al saber que ella estaba audicionando para ser modelo. 

—¡No tiembles niñita!¡Aquí nadie va a morderte!… o al menos no todavía— la miro una vez más, reparó sus curvas y su rostro que incitaba a pecar y se saboreó. Estaba seguro que esa jovencita era Virgen, la había goloceado desde que empezó a verse como una mujer, y ahora el destino se la ponía al alcance de la mano.—La segunda puerta a la derecha, Serem Keskin— le informó para después morderse los labios con descaro. 

Serem se estremeció de asco y miedo, y se puso a pensar si valía la pena entrar por esa puerta. Solo llego a la desesperada decisión de entrar, porque no tenía otra salida. 

A final de la tarde había perdido todo el día en la fila para entrar, si lo dejaba solo estaría peor que en la mañana al haber perdido todo el día para nada. 

Sus pies comenzaron a caminar por el corredor buscando la puerta indicada hasta que por fin estuvo en frente de esta. 

Tocó suavemente e inmediatamente una mujer que parecía modelo de revistas para caballero abrió la puerta, haciéndole un ademán para que entrara. 

Serem paso saliva y entró en lo que parecía un estudio fotográfico. No lo sabía a ciencia cierta pues en su vida había entrado a otro estudio fotográfico. 

Dentro habían otros dos hombres, que realmente no le dieron mejor impresión que el hombre de la puerta. 

Así, asustada como un ciervo herido se paró en el centro de aquella habitación mientras que el resto de los presentes la reparaban de pies a cabezas. 

—¡Dinos tu nombre! — le ordenó la mujer y Serem asustada como estaba no respondió al instante. 

—Se-Serem Kes-Keskin — otra vez la voz le salía rota y tartamudeaba. ¿Cómo es que se le había ocurrido ser modelo? Si ni siquiera podía hablar en público sin tartamudear, pensó con congoja. 

Nadie la contrataría, ¡por Allah! 

Nadie contrataría a una muchacha que no supiera hablar. 

—¿Cuántos años tienes? ¿Diescisiete?¿Dieciocho tal vez?— la abordó uno de los hombres. 

—Dieciocho— confirmó ella. 

—¡Quítate la ropa! —le ordenaron y el color de la cara de la muchacha desapareció del todo. 

—¡No-no me-me pu-puedo quitar la ropa!— protestó Serem que aún tartamudeando sabía que aquello iba contra todos sus principios. Podía ser pobre, estar desesperada pero no era idiota. Ingenua quizás, pero no descarada. 

—No tienes de que preocuparte muchacha. Solo tratamos de ver tu figura y cómo se ve en fotos. Por estética tenemos que estar seguros de que eres lo que estamos buscando— explicó la sensual mujer de cabello rojo que con todo el descaro del mundo se acercó a Serem quitándole la mochila que aún llevaba en el hombro—. Solo queremos ver si tienes una bonita figura. ¡Puedes conservar tu ropa interior!— explicó tratando de convencerla—¿¡Cómo piensas ser modelo si no eres capaz de posar en traje de baño!? Imagina que estás en traje de baño, y deja que yo me encargue de lo demás. 

Serem espantada se dejó convencer y aquella mujer le sacó la camisa y la remera que llevaba con manos rápidas. Le comenzó a sacar el pantalón mientras que Serem se abrazaba, tratando de cubrirse el sostén con ambos brazos. 

En menos de dos minutos estaba en ropa interior, que no era la las lujosa, más bien era sencilla, blanca y virginal. Sus bragas y su sostén eran de algodón, sin encajes ni adornos pero no era necesario. 

Serem sin dudas era la mujer más hermosa que había audicionado allí ese día. Era un verdadero hallazgo y tanto la mujer como los dos hombres que estaban en ese cuarto lo sabían. 

Era una lástima que ellos no fueran una verdadera Agencia para Modelos y si una organización criminal dedicada a la trata de blancas. 

Si de algo estaban seguros es que esa jovencita, siendo Virgen como de hecho lo era, les haría ganar unas cuantos millones de Liras.

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