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Portada de la novela Una diosa disfrazada: divorcio, matrimonio y dominación

Una diosa disfrazada: divorcio, matrimonio y dominación

Tras ser señalada como una impostora, Alexia es abandonada por su esposo y despreciada por su familia. En medio de la ruina, el misterioso Waylon surge como su único aliado. Mientras la sociedad anticipa su caída, ella revela sus múltiples identidades secretas, dejando a todos atónitos. Ignorando el arrepentimiento de su exmarido, Alexia pacta con Waylon para conquistar la élite. Juntos, tras un divorcio mediático, aniquilan a sus enemigos con astucia.
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Capítulo 2

Alexia levantó lentamente la cabeza y se encontró con una mirada penetrante.

Las luces de la calle parecían titilar bajo la lluvia. Waylon Mason estaba allí, alto e imponente, con esa presencia que incomodaba a los demás.

Detrás de él, una fila de autos de lujo estaba estacionada a lo largo de la calle, llamando la atención de todos.

Sus asistentes lo acompañaban de ambos lados, y uno de ellos sostenía un paraguas sobre su cabeza. Pero Waylon inclinó el paraguas para que solo cubriera a Alexia.

De repente, el recién llegado dio un paso al frente y se agachó. Antes de que ella pudiera reaccionar, él le quitó los pesados lentes de armazón negro, dejando al descubierto sus brillantes y hermosos ojos.

"Alexia, han pasado años. Mírate, estás hecha un desastre. ¿Finalmente dejaste de ser esa chica que se moría por el amor o sigues soñando con cosas imposibles?", le preguntó el hombre, sonriendo con ironía.

Cada palabra de él caló profundo en Alexia. De repente, sus ojos se llenaron de lágrimas y su voz se quebró ante la dureza de su tono.

Quiso replicar, pero antes de que pudiera hacerlo, Waylon la levantó en brazos, protegiéndola de la lluvia y de todo la que la rodeaba. Acto seguido, caminó hacia el auto negro que estaba cerca, con ella en brazos, mientras sus guardaespaldas se movían rápidamente para dejarlo pasar.

En ese instante, todos los gritos e insultos hacia ella cesaron. La multitud se quedó allí, atónita, viendo como ese hombre se la llevaba.

...

Dentro del vehículo, Alexia sostenía su vestido, sucio y empapado, con manos temblorosas.

"Waylon, ¿por qué tenías que aparecer justo ahora?", preguntó con voz áspera, mirando hacia abajo. Su pregunta estaba cargada de frustración, sobre todo por su aparición en el momento en que todo su mundo se desmoronaba.

Waylon inclinó la cabeza ante el cuestionamiento, luego extendió la mano y le agarró la barbilla con suavidad y firmeza. Respondió con tranquilidad, aunque había un dejo de frialdad en su tono: "¿Por qué crees? Vine a ver a la mujer que menos me agrada". De repente, los ojos se le oscurecieron y, con una sonrisa, le preguntó: "Entonces, Alexia, ¿recuerdas lo que te dije hace siete años?".

Claro que lo recordaba. Waylon era el hijo predilecto de la familia Mason y, en ese entonces, su mayor rival. La última vez que se vieron fue años atrás, en el aeropuerto; lo que se suponía que sería una despedida se convirtió en una de las peleas más amargas de sus vidas.

Waylon siempre odiaba verla suplicar por la aprobación de los Jenkins, aferrándose a Roger como si no tuviera orgullo. Por su parte, Alexia no soportaba lo egocéntrico que era él, y cómo juzgaba a todas las personas que le importaban.

En ese entonces, él le había advertido claramente que perseguir la aprobación de personas que nunca la aceptarían de verdad solo le causaría decepción, antes de dejarla finalmente vacía. Pero ella estaba demasiado cegada por la esperanza para verlo.

Alexia se había dicho a sí misma que no importaba que los Jenkins no la quisieran, pues si trabajaba duro y los ponía como prioridad, eventualmente la aceptarían. Y como querían que se casara con Roger, aceptó.

Además, como sus hermanos no deseaban que se volviera demasiado poderosa, actuó como una chica promedio que no sabía nada. Sin embargo, en silencio y a escondidas, ella eliminaba silenciosamente sus amenazas y protegía tanto a la familia Jenkins como a la familia Gibson.

Mientras Waylon le sostenía la barbilla con firmeza, Alexia permitió que las cálidas lágrimas corrieran por sus mejillas, y se deslizaran por los dedos y los nudillos del hombre. Él vaciló y, por un segundo, la frialdad desapareció de su rostro. Luego, la soltó.

"Waylon, tenías razón. Todos me dejaron después de explotarme. Durante más de veinte años, les di todo lo que tenía. Soy una tonta", dijo con la voz temblorosa, algo ronca por la lluvia.

"No eres tonta. Ellos simplemente no valían la pena", respondió su interlocutor, después de mucho tiempo en silencio.

La joven no respondió.

Él volteó a verla y descubrió que estaba profundamente dormida.

Más tarde esa noche, Alexia tuvo fiebre alta.

Santino Blake, el médico personal de Waylon, recibió una llamada que lo sacó de la cama. Sin perder tiempo, reunió a su equipo médico y se dirigió a la casa de su jefe en plena madrugada.

Con años de experiencia, rápidamente realizó un examen completo en Alexia. Se quedó junto a la cama, mirando el rostro pálido y cansado de la joven, antes de soltar un suave suspiro.

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