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Portada de la novela Una Cenicienta no tan desastrosa.

Una Cenicienta no tan desastrosa.

Mientras estudia moda en Londres, Brooke Simon intenta reconstruir su vida tras la supuesta muerte de su pareja. La calma se rompe al descubrir que él fingió su suicidio, estaba preso y ahora ha escapado. En medio del caos, el reconocido actor Alex llega a la ciudad para declararle su amor y ofrecerle protección. Brooke se encuentra en una encrucijada: ¿apostará por un futuro junto a Alex o sucumbirá de nuevo ante el peligroso vínculo de su pasado?
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Capítulo 1

Los párpados de Brooke se abrieron de par en par; una sensación de ahogo se había posado en su pecho. Todo estaba sumido en tinieblas, tanto, que no se veía ni un solo reflejo del resplandor de la luna.

Los extremos de su frente estaban bañados en sudor; sus manos temblaban, el ruido de su respiración intentando regresar a la normalidad, inundaba la habitación. 

Una de sus manos fue llevada al pecho, luego de cerciorarse de que permanecía en su recámara, un suspiro lleno de alivio salió de sus labios. 

Todo había sido una horrible pesadilla.

Brooke llevaba ya un año desde que decidió abandonar su país natal debido a aquel intercambio. Su vida había dado un gran giro el día en el que despertó y no podía mover sus extremidades inferiores.

Había sido un duro golpe para su familia, pero para ella, el golpe más fuerte fue cuando se enteró de que su novio había sido hallado sin vida.

Había experimentado una gran montaña rusa de emociones, las cuales, estando a punto de terminar con su viaje, se destrozan, cayendo en un profundo abismo.

Brooke, en ese momento, se encontraba sin su amado novio y sin la movilidad de sus piernas. Si tan solo ella hubiera sabido que de igual manera lo perdería. ¿Habría arriesgado su vida por salvarlo? 

La respuesta era clara, el amor de Brooke no podía permitirle quedarse de brazos cruzados, ella no soportaría no hacer nada.

Debía intentarlo, por lo menos, su conciencia no se vería manchada por su falta de disposición para salvar a la persona que amaba.

Desde el día en el que se enteró de la muerte de su novio, no había dejado de soñar con aquellas atrocidades que él mismo había cometido. En la mente de la chica se reproducían en bucle cada una de las imágenes que su padre le mostró cuando le reveló la identidad del hombre que ella había amado. 

Brooke no podía creer que se trataba de ese mismo hombre que la trataba como toda una reina. Ella había experimentado el amor más puro jamás vivido, justo entre los brazos de su primer amor. 

El cual, había terminado siendo un estafador y asesino. 

¿Cómo podría Brooke llegar a sentirse tranquila cerca de él después de haber conocido esa verdad? 

¿Por qué lo había seguido amando a pesar del repudio que le había causado cada una de sus acciones? 

Sencillamente, era porque estaba cegada por el amor. 

Brooke, había deseado odiarlo con todas sus fuerzas, realmente lo había hecho. Pero no podía. 

¿Esa era la razón por la que el destino había decidido llevárselo? 

No lo sabría.

Los pasos de su compañera de piso resonaron en el lugar, la luz se encendió y su mirada preocupada se posó sobre su única amiga. 

—¿Te encuentras bien? — preguntó con un gesto de inquietud.

Bien sabía a qué se debía el hecho de que el sueño se escapara de los ojos de la joven; no era la primera vez que lo hacía, ni sería la última. 

Stefany se sentó frente a su compañera, una pequeña sonrisa comprensiva se formó en sus labios mientras acariciaba el hombro de la chica.

Esa había sido la verdadera razón por la que Brooke había decidido alejarse de su familia. Sus pesadillas se habían vuelto recurrentes, tanto que a ella no le gustaba dormir; incluso cuando estaba en casa, cada sitio al que iba, le traía el vivo recuerdo de su novio. 

Su casa estaba llena de margaritas; aquella flor que se había convertido en símbolo de su amor. 

—La pesadilla regresó, ¿no es así? — preguntó Stefany con un poco de lástima. 

Ella se había convertido en testigo del sufrimiento de la joven; ella había sido la única que conocía aquella faceta de su amiga.

Claro que había tardado mucho en enterarse. 

Solo que Brooke, se había vuelto experta en esconder sus emociones. 

Un grito para nada masculino salió de los labios de Brandon; el cual se había escabullido al departamento de su mejor amigo, sin su autorización. 

—¡¿Qué clase de locura estás haciendo?! — exclamó en un hilo de voz mientras contemplaba a Alex, quien se había atado de manos y pies quedando colgado de cabeza. 

—Estoy practicando para la audición — dijo sintiendo cómo la cabeza se le hacía más grande debido a que toda su sangre estaba viajando a esta. —Quiero estar en la película: «Cazando al millonario», será una bomba, sus diálogos son salvajes, ¡Me encanta!

—Sofí… Él está loco, pero al menos pensé que tú serías más cuerda, por eso te pedí que lo cuidaras — renegó el chico de tez morena mientras llevaba una de sus manos a la frente.

Los pequeños brazos de Sofía se cruzaron y su rostro se demudó a un gesto de disgusto, ella apenas tenía nueve años y ya debía cuidar a su tío. 

—Tío Brandon, el tío Alex tiene casi cincuenta años… puede cuidarse solito. Yo nada más le ayudé a amarrarse — dijo con naturalidad mientras se sentaba una vez más. Ella no estaba dispuesta a asumir la culpa debido a su tío. 

—¡Niña grosera! Te he dicho más de una vez que apenas tengo veintiocho — renegó el pobre intentando bajarse. 

Una risita picarona escapó de los labios de la niña, la cual había logrado su cometido. 

Desde que Brooke viajó para un intercambio, Alex pasó mucho más  tiempo al lado de Sofía. Él se había tomado en serio su papel de tutor; cuidaba cada aspecto de la pequeña, la cual, había sufrido suficiente a mano de sus mal llamados padres. ¿Qué había pasado con esa señora desvergonzada? Era un misterio, pero no se le olvidaría al joven de melena castaña, la facilidad con que esa vieja había firmado los papeles en los que cedía la patria potestad del fruto de sus entrañas. 

Ella jamás había sido una madre, había sido una bruja. 

Alex y Brooke se habían prometido ser los mejores tutores para Sofía, ellos estaban decididos a darle un nuevo giro a la vida de la niña; a pesar de que Brooke se encontrara en un país diferente, ella se había encargado de estar presente en cada uno de los aspectos de la vida de Sofía. 

—¿Para qué clase de papel vas a adicionar? Pensé que habías recibido propuestas de otras películas — susurró Brandon. 

El estrellato de su amigo había aumentado tanto desde que protagonizó esa película de dos esposos que no terminarían juntos. Aquella actuación enloqueció a la audiencia, más aún, al notar el sufrimiento en los ojos de Alex. 

Lo que ellos no sabían era que esas emociones eran realmente del actor y no del personaje. Él había plasmado sus sentimientos en el personaje que había interpretado, su dolor, confusión, impotencia, los deseos de cuidar a Brooke y de no meterla en una encrucijada.

¿Cómo te sentirías si la chica que amas, ama a otro y no a ti? 

Bueno, eso mismo le pasó con Brooke.

Alex amó a Brooke, pero Brooke nunca dejó de amar a Andrew.

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