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Portada de la novela Una Aventura de Amor

Una Aventura de Amor

Julia es una diseñadora brillante cuya carrera depende de un contrato vital. No obstante, un viaje inesperado altera su rumbo por completo. En medio de un territorio inhóspito, su camino se cruza con el de Bruno, un piloto con quien choca al principio. Tras ser rescatada por él en varias ocasiones, la hostilidad inicial se transforma. Pese a tener metas opuestas y enfrentar peligros constantes, surge entre ambos un vínculo profundo que cambiará sus destinos.
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Capítulo 2

Al día siguiente, Julia se encontraba subiendo al coche que el señor Zaharie había contratado para ella para llevarla al aeropuerto donde la esperaba el avión. Estaba muy nerviosa ya que era su primer viaje en avión.

La joven suspira pesadamente al ver que algunas gotas comenzaban a caer sobre el coche y eso la hace fruncir el ceño.

-¡Llueve! -musita creyendo que el chófer no la oiría.

-No se preocupe por la lluvia, tendrá un excelente piloto. Llegará en perfectas condiciones a Honolulu.

-¿Honolulu? -suspira, lo sentía tan lejos.

-Es una preciosa isla, se lo puedo asegurar.

Ella asiente sin siquiera mirar al conductor, solo podía ver que la lluvia se volvía un poco más fuerte. Pero contra todo, ella debía hacer ese viaje y ganar ese contrato. Aprieta su maletín, allí llevaba todo para mejorar su vida.

Luego baja la mirada y vislumbra el anillo que Hernán le dio, muerde levemente sus labios al sentirse mal por no haberle dado una respuesta concreta a su novio. Lo único que pudo decir es que después de su viaje se la daba.

Vuelve a mirar por la ventana, ni siquiera sabía cuánto tiempo le iba a tomar en ese viaje.

-Pobre Hernán.

Mientras él pensaba en una manera de ser feliz con ella, en su mente solo estaba la idea de ganarse ese contrato. Pronto observa que el coche se adentraba a un lugar que ella no conocía bien.

-¿Qué es este lugar?

-No se preocupe, el señor Zaharie tiene su propia pista de aterrizaje.

-¡¿Qué?!

La joven parpadea al ver un avión demasiado pequeño a lo lejos, frunce el ceño y se pregunta por qué el jefe de su jefa le dijo que viajaría cómoda, aquello parecía una caja de juguetes.

-¿Viajare en ese avión?

-De hecho, es una avioneta, señorita.

Como ella no sabía nada de aviones, la verdad es que no veía ninguna diferencia, para ella eso era un avión. Julia baja del coche y observa como el chófer baja sus pertenencias, se pone un poco nerviosa puesto que no ve al piloto por ninguna parte.

Pero al cabo de un minuto observa a un señor mayor de pelo canoso y barba blanca aproximarse a ella, le sonríe de lejos y le transmite confianza.

-¡Bienvenida! Espero que tenga una excelente experiencia volando en nuestro avión.

-Un placer.

La lluvia amainaba, sin embargo, mojaba un poco su ropa.

-¿Puedo subir al avión? Me estoy mojando un poco.

-por supuesto, venga por aquí. Ya hemos cargado sus cosas, todo está seguro y listo para el despegue.

-¡Ah! Me alegra mucho.

La joven rodea el avión y empieza a subir las diminutas escaleras, pero al llegar a la última observa a un hombre de pelo negro sentado en el mando del piloto, ella se queda allí mirando su ancha espalda y sin decir una palabra.

-¿Cuándo llegara esta bendita mujer? Llevo esperando un buen rato aquí, está por caer una tormenta en esta maldita ciudad y quiero irme antes de que eso pase -ella lo escucha que habla por una radio y lo único que hace es parpadear.

-Ya debe estar por llegar, tenga paciencia.

-Mujeres, siempre atrasando las cosas, seguramente está pintándose los labios -las palabras de ese sujeto calentaron la sangre de Julia que la lleva a fruncir el ceño.

-¡uh! ¡uh! -el viejo que estaba detrás de Julia carraspea y es cuando el famoso piloto voltea.

En ese instante Julia y él se miran a la cara, él parecía sorprendido por encontrarla allí justo detrás de él, mientras que ella lo estaba mirando con el ceño fruncido.

-¡Ella ya ha llegado!

-Si, ya me doy cuenta de ello.

Julia aprieta la mandíbula puesto que ese cretino ni una disculpa pudo darle después de todo lo que dijo de ella. Es que ni siquiera llevaba pinta labios, que idiota, pensó ella.

-Sera mejor que tome asiente y abroche su cinturón de seguridad, señorita -Julia no le responde, lo único que hace es voltear sus ojos y buscar un asiento lo más alejada de él.

Toma asiento y abrocha su cinturón, sin embargo, no se puede creer que iba a tener que compartir 10 horas con ese idiota. La joven mira por la ventana ovalada y percibe que la lluvia se vuelve intensa, y eso le preocupa.

-¿Está todo listo? -Bruno le pregunta al viejo que hacía amago de cerrar la puerta.

-Listo y preparado, ya puedes irte, Bruno.

-Bien, nos veremos en algunas semanas.

-¿Semanas? -Julia mira hacia la puerta y es cuando el viejo cierra la misma y ella se queda con el corazón en la mano -. ¿Cómo que semanas? -le pregunta al piloto.

Pero Bruno solo la mira por encima de su hombro, luego se coloca sus auriculares y de inmediato se empieza a mover el avión. Julia se tensa y se agarra del asiento mientras que muerde sus labios, mira por la ventana y ve como el avión empieza a agarrar velocidad.

Cierra los ojos y de la nada un vacío se apodera de su estómago que la hace gemir al mismo tiempo que suelta el aliento. Al cabo de un rato más sus oídos se tapan y eso la obliga a abrir los ojos, cuando mira por la ventana se puede dar cuenta de que estaba en el aire.

-¡Oh, por dios!

-Ya puedes liberarte del cinturón de seguridad-ella escucha al piloto, mira cómo se quita los audífonos y se queda en su asiento.

-¿Por qué dijo semanas?

-Porque regresare en un par de semanas, ¿Qué problema hay con eso?

-No me dijeron que tendría que estar semanas en Honolulu.

Bruno frunce el ceño mientras que la oye, típica chica de ciudad. No les gustaba salir de su zona de confort, era la misma historia de siempre. El pelinegro se acomoda en la silla mientras que observa el paisaje ennegrecido.

-¿Acaso me está escuchando? -ella le habla con tono más elevado.

-Quisiera que no.

-¿Qué dice?

-Que eres molesta, deja de hablar ya.

Julia se queda con la boca abierta por la falta de cortesía de ese piloto, se pregunta qué clase de persona es, como es que el señor Zaharie tiene a alguien, así como empleado. Pero todo ese mal trato tendría que contárselo, porque no pensaba regresarse con ese idiota.

-Espero no tener que regresarme con usted.

-Dios me libre de que pudiera ser así, pero lastimosamente soy la única persona con la que te vas a regresar.

-Eres un grosero.

-¡Ya me lo han dicho, Julia!

Cuando ese hombre menciono su nombre algo en ella se estremeció, fue como si un corrientazo recorriera todo su cuerpo. Encima de eso, ¿Cómo carajos sabia su nombre?

Ella hace amago de contestar, pero prefirió guardar silencio y reservarse las energías para su junta que eso si era importante. Ella baja la mirada y observa el anillo de su novio, por alguna razón se lo saca del dedo y lo guarda en su portafolio, mira por la ventana y observa la lluvia.

-Llueve mucho, ¿eso es normal?

-No te preocupes.

-Si me preocupa.

-¿Eres piloto? -responde de manera antipática.

-¡Que cretino! -lo dice negando, de todos los pilotos le tuvo que tocar el más arrogante del mundo.

Bruno se mantiene en silencio al escuchar que ella no sigue quejándose, daba gracias a dios por que no siguiera hablando. Frunce el ceño por un momento al recordar la mirada de esa chica, sus ojos eran muy verdes y cristalinos.

Comienza a negar y se concentra en el vuelo.

[...]

Julia se había quedado dormida por un momento, pero una especie de turbulencia la hizo despertar abruptamente que sobresalto su cuerpo. La joven se agarra del asiento y mira hacia ambos lados.

Relame sus labios resecos, saca una botella de su bolso de mano y toma un sorbo de agua. Mira por la ventana y se da cuenta de que el cielo estaba bastante oscuro.

-Sigue la tormenta-musita, luego ve al piloto y lo ve con los audífonos puestos y hablando por la radio.

Ella se quita el cinturón ya que debido a la tormenta no logra oír nada, se acerca a él para poder saber lo que estaba pasando porque el avión comenzaba a estremecerse un poco y eso la estaba poniendo nerviosa.

-¡¿Qué haces?! -Brumo musita al verla a su lado -. Toma asiento ahora mismo-le ordena con voz fuerte-. ¿Qué pasa?

-¡Siéntate, Julia! -ambos se miran a los ojos y ella siente miedo.

Hace amago de tomar asiento en la parte de atrás, pero una turbulencia la hace caer y cae sobre Bruno quien rápido se suelta los cinturones y la ayuda a incorporarse.

-Joder, toma asiento aquí a mi lado. Vamos, de prisa -demanda con voz apurada sienta a Julia a su lado y empieza a ajustar el cinturón.

Ella alza el rostro y logra sentir la respiración de ese hombre contra su mejilla, no sabe porque, pero de la nada se siente nerviosa y no es precisamente por lo que estaban pasando en ese momento.

Julia traga saliva en seco y se queda quieta mientras que ese pelinegro asegura su vida a esa silla, estremece un poco los cinturones para asegurarse de que no se suelten y es cuando su mirada conecta con la de ella.

-¡Estás segura! -ella solo logra asentir, luego de eso ve como él regresa a su asiento, la joven frunce un poco el ceño al mirar hacia el frente y vislumbrar aquella tormenta.

-Hay muchos truenos allí afuera -dice con voz nerviosa.

-No te preocupes, vamos a estar bien.

-Pero mira todos esos relámpagos, ¿y si alguno nos golpea?

-No pasara, por ahora guarda silencio.

Ella niega mientras que sus ojos se abren cada vez más, traga saliva y se preocupa aún más cuando el piloto llama por esa radio y no obtiene respuesta.

-Si sabias de esta tormenta no debiste despegar.

-Estaba lejos de mi ruta, esta es otra tormenta no prevista.

-¿No prevista? -le grita a su lado.

-Cálmate de una vez, todo va estar bien.

De pronto sienten que el avión fue impactado por algo y Julia es quien da un respingo, mira al piloto y lo ve muy concentrado maniobrando aquella cosa. La joven comienza a sudar frio puesto que sabe que las cosas no pintaban bien.

De la nada algo comienza a sonar en el tablero y ella nota que una luz roja empieza a palpitar.

-¡Oh, no! ¿Qué es eso? -lo señala con el dedo, Bruno frunce el ceño puesto que esa luz se debía a uno de los motores del avión,

Gira el rostro para ver por la ventana y nota que el motor comenzar a expulsar humo y poco a poco las elipses disminuían de velocidad. Vuelve la vista al frente y sostiene el volante de la avioneta.

-Bueno bebé, se buena conmigo.

-¡¿Qué?! -dice ella cuando lo escucha hablar, y no estaba segura a quien carajos se estaba refiriendo.

-Sujétate Julia.

-¿De qué me hablas?

-Creo que vamos a tener que aterrizar de emergencia.

-¿En Honolulu?

Bruno guarda silencio al sentir que el motor se apaga, en ese instante un sudor frio recorre su cuerpo puesto que eso no era bueno, no podía maniobrar el avión con un solo motor. Caerían en cualquier momento y con aquella tormenta las cosas iban a estar muy mal.

-¿Qué pasa? Dime que pasa, ¿Qué es lo que está pasando?

-Debes mantener la calma, por favor, no grites más.

En eso el avión empezó a estremecerse y es cuando Julia comenzó a gritar desesperadamente mientras se aferraba al cinturón de seguridad.

Bruno comenzó a maniobrar el avión lo mejor que puede, no era un veterano por nada. La avioneta comienza a caer en picada rápidamente y para ese entonces, el otro motor se apaga. El pelinegro muerde sus labios y logra llevar el avión en línea recta.

Ejerce se toda su fuerza para que el volante no girara hacia todos lados, necesitaba llevarlo recto a como diera lugar. Mira a su lado y ve a Julia cubriéndose la cara, también oía sus gritos desesperados, pero eso lo hizo llevar la vista al frente.

Tenía que mantenerla a salvo...

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