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Portada de la novela Un voto de separación

Un voto de separación

Tras descubrir la infidelidad de Darren, Rona confirma que su traición es definitiva. Durante su aniversario, él fingió un siniestro para atender a Khloe, su secretaria, quien alega amnesia tras salvarlo. Cansada de la culpa de su novio y su entrega hacia la otra mujer, Rona rompe la relación. Decidida a cumplir el matrimonio concertado que su madre exige, ella no se irá sin antes entregarle tres sorpresas finales a quien fue su gran amor.
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Capítulo 2

De vuelta en la oficina, Rona sacó una foto del fondo de un cajón.

Era una imagen de un evento de la empresa del año pasado. Darren la sostenía por la cintura, susurrándole palabras dulces que solo ella podía escucharlas. En la foto, ella reía radiante.

Kaiden Saunders, su asistente, llamó a la puerta y entró: "Rona, aquí está la nueva propuesta del departamento de marketing".

"Déjala en el escritorio", respondió ella sin levantar la vista. Sus dedos acariciaban distraídamente el borde del marco.

Kaiden dudó: "Esa Khloe está aquí de nuevo. La recepcionista dijo que la vio subir para buscar a Darren".

Cuando Rona alzó los ojos hacia él, el asistente se calló de inmediato. La oficina quedó envuelta en un silencio denso.

"Resérvame un pasaje a Rontras para dentro diez días", dijo ella.

Los ojos de Kaiden se abrieron de par en par: "¿Va de viaje de negocios?".

Rona puso la foto boca abajo sobre el escritorio: "No, me voy".

La luz del sol seguía entrando por la ventana e iluminaba la planta que Darren le había regalado. Había comenzado a marchitarse, pues llevaba tres meses sin cuidados.

Rona tocó las hojas secas, recordando lo que él había dicho cuando la puso en su escritorio: "Es como tú. Pareces fuerte por fuera, pero en realidad necesitas ser cuidada y protegida".

Pero ahora, él estaba demasiado ocupado cuidando a otra.

Su teléfono se iluminó con un mensaje de Darren. "Khloe estaba de mal humor. La llevo a casa. No me esperes para cenar".

Rona miró el mensaje durante mucho tiempo hasta que la pantalla se apagó. Recordó esa noche lluviosa de hace tres meses. Darren entró corriendo a urgencias con Khloe en brazos, cubiertos de sangre, mientras ella se quedaba atrás, aferrando un regalo de aniversario empapado por la lluvia.

Debería haber entendido entonces que algunos errores, una vez cometidos, no tienen remedio.

...

Al caer la noche, Rona estaba sentada junto a la ventana de la sala con un libro abierto en las manos.

El sonido de alguien abriendo la puerta con llave llamó su atención. Cerró el libro y puso una sonrisa bien ensayada en su rostro.

"¿Rona, todavía estás despierta?", Darren entró, llevando una caja de papel exquisita.

"Te estoy esperando". Su voz era suave, como si nada hubiera cambiado.

Él se acercó, dejó la caja en la mesa y se agachó para encontrarse con su mirada: "Te traje el último pastel de castañas de la pastelería en el sur de la ciudad. Es tu favorito".

La caja llevaba el logo del local, conocido por las largas colas. Ella siempre hablaba de ir, pero nunca se animaba por las colas interminables.

"Gracias". Tomó el pastel. Cuando sus dedos rozaron la cálida mano de él, rápidamente retiró la suya.

Darren notó su distancia con agudeza y suspiró: "Hoy, Khloe se sintió mareada en la oficina...".

"Lo sé", lo interrumpió Rona, con una sonrisa perfectamente practicada en sus labios. "Todavía se está recuperando, debes ocuparte de ella".

Él frunció ligeramente el ceño y trató de tocarle la cara: "Estás enojada".

"No". Ella giró la cabeza para alejarse y se dirigió a la cocina: "¿Quieres tomar algo?".

Darren la siguió. Le rodeó la cintura por detrás: "Vamos. Si yo hubiera estado en el asiento del copiloto ese día, sería yo quien tendría amnesia y necesitaría cuidado ahora. Khloe solo cumplía con su trabajo".

Rona se quedó de espaldas a él. Sus dedos se aferraron inconscientemente al borde de la encimera.

Había escuchado las mismas palabras innumerables veces en los últimos tres meses.

"Lo sé". Se volvió hacia él con su sonrisa gentil y familiar: "No soy de guardar rencor".

Él se relajó visiblemente. La besó en la cabeza: "Sé que eres la más comprensiva".

Compresiva. Una palabra que se había clavado como una espina en su corazón.

Rona recordó la imagen de Khloe apoyada en él esa misma mañana. Esa chica nunca había necesitado ser "comprensiva".

"¿Probamos el pastel?". Cambió el tema.

"Claro". Él la llevó al sofá, abriendo la caja con entusiasmo: "Estuve en la fila casi dos horas solo por él".

El pastel desprendía una fragancia dulce. La hoja de oro que lo decoraba brillaba bajo la luz.

Rona tomó un trozo con una pequeña cuchara y lo probó. Aunque la dulzura se derretía en su lengua, no podía saborear la alegría que esperada.

"¿Está bueno?". Preguntó él expectante.

"Sí". Ella asintió, ofreciéndole una cucharada. "Prueba".

Darren comió el pastel que ella le ofreció con satisfacción en la mirada: "Me alegra que te guste".

Él limpió la inexistente crema de los labios de ella: "¿Vemos una película este fin de semana? Hace mucho que no salimos".

"Claro". Ella respondió rápidamente, aunque estaba pensando en el pasaje a Rontras dentro de diez días.

Él pareció complacido con su conformidad y comenzó a hablar de trabajo, rodeándola con un brazo por los hombros.

Rona escuchaba en silencio, respondiendo ocasionalmente.

La luz de la luna se derramaba por la ventana, proyectando la sombra de sus figuras entrelazadas en el suelo. Parecían inseparables.

"¿Cansada?". Preguntó suavemente, notando su distracción.

Rona se apoyó en su hombro: "Un poco".

"Entonces, vamos a dormir temprano". Él la besó en la frente.

En la habitación, Darren se durmió rápidamente.

Rona se acostó de lado, observando su rostro dormido y pensando cómo, hacía tres años, cuando recién comenzaban, él siempre la hacía reír. Pero ahora, esos dulces trucos ya no podían tocar su corazón.

Se levantó en silencio y salió al balcón. La brisa nocturna era fresca. Las luces de la ciudad parpadeaban como estrellas.

La pantalla de su teléfono se iluminó con un mensaje de confirmación del pasaje.

Rona echó un vistazo hacia el dormitorio, donde Darren murmuró su nombre en sueños.

Bloqueó la pantalla y sonrió silenciosamente.

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