Seguir
Capítulos
Compartir
Portada de la novela Un trato con la CEO

Un trato con la CEO

Daniel fue un alumno ejemplar, pero su excelente historial académico no ha sido suficiente para abrirse paso en un mercado laboral que exige experiencia. Tras encadenar múltiples rechazos, su vida da un vuelco al conocer a la poderosa directora de una firma de renombre. Ella le propone un acuerdo atípico que promete transformar su carrera. Sin tiempo que perder, el joven debe decidir si sacrifica su orgullo por esta oportunidad o persiste en su incierta búsqueda.
Capítulos
Compartir

Capítulo 3

Había llegado nuevamente a la tienda, ya casi era hora de cerrar por lo que no había clientes y como me lo supuse, el señor Jonhson, no más me vio entrar, se me acercó animadamente a preguntarme sobre lo que me había dicho Sophie, en el camino de vuelta estuve pensando que decidir y creo que el consejo de él me ayudaría a tener más claro lo mejor.

— Bueno, para explicarle de la forma más sencilla, no me va a contratar si no hago un favor para ella — le expliqué.

— ¿Qué clase de favor? — me preguntó confundido e intrigado.

— Bueno, quiere que me case con ella.

— ¡Me estas jugando una broma Daniel! — me dijo incrédulo y yo negué —. Pero, ¿para qué quiere que te cases con ella?

Le expliqué lo que ella me había dicho sobre la empresa de su padre, la condición que le había colocado para para poder tenerla y todo lo demás que me dijo, él me escuchaba pacientemente mientras su expresión variaba entre confusión, intriga y sorpresa mientras avanzaba con el cuento, hasta que al final de la explicación volvió a preguntarme.

— ¿Qué decisión tomaste?

— Le dije que no podía decirle sin pensar muy bien, tengo apenas veinticuatro y entre mis planes no estaba el casarme.

— Te entiendo, pero es una oportunidad y solo tendrás que estar casado por un año, eso pasa rápido, no más mira el tiempo que llevas acá sin darte cuenta — me dijo.

— Eso lo sé, pero va en contra de lo que siempre mis padres me dijeron, de que consiguiera las cosas por mí mismo por mi capacidad y no porque me hicieran un favor — le expliqué contrariado.

— Lo sé, pero piensa las cosas, ambos se estarían ayudando mutuamente, tanto ella a ti como tú a ella y además le puedes demostrar que, a pesar de haberte graduado recientemente, puedes aprender y ser el mejor — me dijo sabiamente colocando una de sus manos en mi hombro —. Además, puede que en un año te termines hasta enamorando de ella y viceversa, tendrías una buena vida, como siempre la has querido.

— Lo entiendo, pero sabe que yo no busco el dinero de los demás, prefiero ganarlo por mis propios medios.

— Pero tendrás una esposa con una empresa, trabajas allí, ganas tú propio dinero y además podrías formar una familia — me dijo el un tanto emocionado —. Pero es tu decisión, piensa las cosas esta noche y ya mañana decides lo que creas que es más conveniente, recuerda que oportunidades como esta no salen todos los días Daniel.

— Lo sé, muchas gracias señor Jonhson — le respondí amablemente, agradeciéndole por los consejos.

Terminamos de acomodar algunas cosas en la tienda y cerramos, me despedí y me fui en mi bicicleta, por el camino pensé en todas las posibilidades que tenía, si negaba la propuesta que me había hecho Sophie o si la aceptaba; por una parte, si la negaba, significaría seguir buscando todos los días hasta encontrar alguna compañía que me diera la oportunidad de trabajar y, como ya sabía, no iba a ser fácil; por otro lado, aceptar la propuesta me daría buenos beneficios pero perdería un año sin poder conocer a nadie para tener una relación y, aunque el señor Johnson me dijo que podía existir la posibilidad de formar una relación con Sophie, no era nada seguro, además que traicionaría lo que me inculcaron desde pequeño.

Aunque parecía sencillo, porque era responder si o no, no lo era, así que, una vez que llegué a la casa, comencé a preguntarle a algunos de mis conocidos más cercanos sobre qué harían ellos si estuvieran en esa posición.

Varios me respondieron que lo harían sin dudarlo, otros me dijeron que les sería difícil porque estaban en una relación pero que hablando con su pareja podrían llegar a un acuerdo y al final si aceptar la propuesta, solo uno me dijo que no la aceptaría porque estaba ya casado y tenía un hijo, pero que, si estuviera soltero como yo, lo haría porque es una muy buena oportunidad.

Por último, decidí llamar a mi padre para pedirle un consejo sobre la situación, luego de explicarle detalladamente se quedó en silencio por un minuto, que a mí me pareció una eternidad, antes de hablar.

— Hijo, en la vida tendrás que tomar decisiones que vayan en contra de tus principios, pero eso no significa que sean las decisiones incorrectas — me dijo solamente —. Creo que ya sabias la decisión que ibas a tomar, pero quería confirmar conmigo si era la correcta.

— La verdad si papá, siempre he respetado tus decisiones y necesitaba escucharte que no iba a cometer un error y que no te decepcionaría — le respondí.

— Nunca me has decepcionado y nunca lo harías por más errores que cometas, eres humano y de los errores se aprende más que de los aciertos — me dijo sabiamente.

Seguimos hablando un rato de más otras cosas diferentes hasta que nos despedimos una hora después, tenía varios días sin hablarles porque había estado ocupado y no me había dado tiempo, así que aprovechamos el momento para ponernos al día con todo.

A la mañana siguiente me dirigía a mi trabajo cuando me crucé con una amiga de la universidad, una de las pocas que tuve y con quien mantuve una relación amorosa, pero por diferentes factores tuvimos que terminar; sin embargo, mantuvimos una buena amistad luego y eso que me decían que no podía tener de amiga a mi ex porque no era muy común que eso pasara, pero ella y yo éramos los suficientemente maduros para sobrellevar la situación y que no fuera incómodo para ninguno de los dos.

Me reveló que había conseguido un buen empleo en una compañía de encomiendas y que le iba muy bien en los pocos meses que llevaba, me alegré por ella porque sabía que le iría bien ya que era inteligente y sabia de sus capacidades, antes de irme me dio su número para que le escribiera, me dijo que si yo quería podíamos salir y ver si lo intentábamos de nuevo, fue la primera vez que me incomodé estando con ella porque no sabía que responderle, me agradaba y si me gustaría volver a intentarlo, pero no podía porque me iba a casar, aunque fuera un matrimonio falso no podía hacerle eso ni a Sophie ni mucho menos a Emma, así que simplemente le dije que lo pensaría y me fui rápido para que no me preguntara nada más.

Llegue al trabajo un poco tarde, hablar con Emma me llevó más tiempo del que me esperaba, rápidamente me cambie de ropa por el uniforme y comencé a atender, el Señor Johnson no me dijo nada cuando llegué y estuvimos tan ocupados que no pudimos cruzar muchas palabras si no hasta la una de la tarde, que fue cuando hubo menos clientes en la tienda.

— ¿Por qué llegaste tarde Daniel? — me preguntó en voz baja mientras atendíamos a las ultimas personas que quedaban.

— Lo lamente señor Johnson, de camino me topé con una amiga de la universidad y me entretuvo más de la cuenta — le respondí con el mismo todo de voz luego de entregarle a una señora lo que me había pedido.

— No te preocupes — me dijo tranquilamente y ya cuando despachamos a todos se giró a verme —. ¿Qué decidiste?

— Pues — dije y solté un suspiro leve — voy a aceptar el trato de la señorita.

— Muy bien Daniel, eso esta excelente, aunque no te vez muy contento — me dijo mientras me veía, ya que me mantenía muy poco expresivo.

— Veré, con la chica que me topé, es mi ex novia y me dijo que si quería podíamos volver a salir e intentarlo de nuevo y la verdad me gustaría, pero al aceptar el trato con la señorita Morrison estaré comprometido y no quiero serle infiel, aunque sea un matrimonio falso.

— Pero habla con ella, tal vez se pueda — me dijo tranquilo y yo asentí levemente.

Me dispuse a arreglar algunas cosas que estaban desordenadas allí en la tienda hasta que llegó la hora de irme, me despedí del señor Johnson y me fui en mi bicicleta ya que había visto un lugar donde aparcarla, además, que me sería más rápido para llegar.

Al llegar y aparcar la bici, entré al edificio saludando al de seguridad de la puerta el cual me devolvió el saludo muy amablemente, subí por el ascensor como ayer y al abrirse la puerta en el quinto piso, un nerviosismo me invadió el cuerpo, comencé a pensar en si tal vez la señorita se habría arrepentido del trato que me había hecho o si de verdad yo estaría haciendo lo correcto, pero ya estaba allí, debía seguir con lo que había decidido, no podía dar marcha atrás, nunca me retractaba de mis decisiones y esa no iba a ser la excepción.

Llegué a su oficina, su secretaria me dijo que me esperara un poco ya que estaba reunida así que esos hice. Mientras estaba esperando, sentado en una de las sillas de espera, observé que en el escritorio de la secretaria había una placa con un nombre grabado, decía Licenciada Victoria Miller y en ese momento recordé que en la universidad había conocido a otra persona que se llamaba exactamente igual y me puse a pensar, si tal vez serian familia o algo por el estilo o sería una mera coincidencia; de igual forma, me puse a pensar si habría algún sujeto que tuviera exactamente mí mismo nombre, si así lo fuere, seria genial conocerlo.

La curiosidad por saber si tenía alguna hija o sobrina que se llamara igual que ella y haya estudiado en la misma universidad que yo, era grande, era un defecto mío, de querer saber las cosa, mis padres me decían que por eso era tan aplicado e inteligente, desde muy pequeño he sido de las personas que les gusta indagar y saber cualquier cosa que me resultara extraña.

— Oiga señora — le dije para llamar su atención.

— Dígame — me respondió ella sin levantar la vista de un papel que estaba leyendo.

— Disculpe, es que me causaba curiosidad una cosa al leer la placa en su escritorio ¿tiene alguna hija o sobrina que se llame Victoria igual que usted y haya estudiado en la universidad de Cornell? — le pregunté y la señora alzo la vista para verme, parecía consternada por mi pregunta y luego de varios segundos después, fue que respondió.

— Si, mi hija estudio allí, se graduó hace poco, ¿Por qué? — me preguntó de vuelta.

— Ah ya decía yo que me parecía a alguien, yo estudié con ella.

— Oh vaya, no me lo esperaba, bueno le diré cuando la vea que conocí a su compañero de clase— me dijo levantando la vista del papel que tenía en las manos.

— Esta bien, le da mis saludos también — le dije sonriendo y justo en ese momento salió de la oficina Sophie, y detrás de ella salieron dos hombres más dándole la mano, se despidieron muy amablemente de la secretaria y de mí y abandonaron la oficina.

— Daniel, que gusto, ven pasa — me dijo ella al verme, la saludé de vuelta y entré enseguida, lo nervios habían vuelto a mi cuando ella se sentó en frente de mí, al otro lado del escritorio —. Disculpa que te haya hecho esperar, estaba en una reunión importante con los señores que viste.

— No se preocupe — le respondí amablemente.

— Si estás aquí es porque tomaste una decisión o me equivoco — me dijo y yo asentí —. Bien, ¿Qué decisión tomaste? — me preguntó curiosamente.

— Si aceptare su propuesta — le dije sin esperar mucho más tiempo y ella sonrió emocionada.

— Perfecto Daniel, entonces a partir de ahora estamos comprometidos — me dijo extendiendo su mano la cual estreché sin decir nada más.

¡Sigue viendo!
¡La historia se está poniendo intensa! Cambia a la App para seguir leyendo
Desbloquear todos los episodios
Abrir el sitio web oficial

También te puede gustar

Portada de la novela Cariño, Te di 7 Oportunidades
8.3
Siete desplantes fueron necesarios para que Sofía Romero abriera los ojos. Mateo Vargas, obsesionado con un viejo amor, le exigió el divorcio en repetidas ocasiones, pisoteando el talento y la dignidad de la diseñadora. Sin embargo, la última petición no obtuvo lágrimas, sino una gélida aceptación. Sofía ha decidido dejar atrás la sumisión para renacer con fuerza. Mientras él asume un retorno seguro, ella inicia un camino sin retorno para recuperar su destino.
Portada de la novela El Heredero Robado
9.4
Ricardo Ramírez levantó un imperio con esfuerzo, pero su mundo se tambalea ante una revelación cruel. Sofía Vargas, su esposa, finge asegurar su legado con un embarazo que oculta una traición: el bebé es de su peor enemigo, «El Toro» Sánchez. Ella pretende que su marido críe al heredero del rival que más odia. Lejos de rendirse tras el engaño, un herido y frío Ricardo planea una venganza letal mediante un oscuro contraataque en el laboratorio.
Portada de la novela Encrucijada de sentimientos
9.2
Kenna Rizik disfruta de una posición privilegiada gracias a su riqueza y al apoyo de su familia, pero vive atormentada por un amor no correspondido hacia Selim, el íntimo amigo de su hermano. Él la ignora como mujer, viéndola solo como una hermana. No obstante, la aparición de Zahid Iqbal, el misterioso «Dragón del Desierto», altera su destino. Pese a su fama peligrosa, Kenna se siente atraída por él, debiendo decidir entre su viejo anhelo o esta nueva pasión.
Portada de la novela Holt
8.4
Holt
Tras la misteriosa ausencia de su marido, la heredera Alexa Carson toma las riendas del imperio familiar. Decidida a descubrir qué ocurrió realmente, contrata a Sebastian Holt, un implacable mercenario de élite con pasado militar. Mientras buscan respuestas, una atracción magnética e inevitable surge entre ambos. Alexa se verá envuelta en un peligroso juego de deseo, incapaz de resistirse al dominio y la arrolladora intensidad del letal Sebastian.
Portada de la novela Larry... Diario de una pasion
8.1
Larry Dumont habita un aislamiento voluntario, cautivo de un amor platónico por Alisa Walton, mujer de un estatus que considera inalcanzable. Por gratitud hacia la familia que lo acogió, él guarda silencio y la idealiza en la distancia. Todo cambia cuando ella vuelve tras una década para unirse al negocio familiar donde él labora. Larry deberá decidir si sigue ocultando su anhelo o si se arriesga a descubrir que su musa siente la misma pasión.
Portada de la novela Matrimonio prisionero con un Millonario
8.5
Marlon, un poderoso magnate, decide costear la salud de Estela, hija de quien fuera su empleada, imponiendo un matrimonio obligatorio como pago tras su recuperación. Aunque tres décadas los separan, el compromiso se concreta. Sin embargo, el millonario se topa con una realidad inesperada: su esposa no es dócil, sino una mujer soberbia y rebelde. El hombre, habituado a mandar, iniciará una intensa batalla de voluntades para someter y enamorar a Estela.