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Portada de la novela Un trato con el CEO

Un trato con el CEO

Con la firme intención de vengar el sufrimiento de su hermana, Adhara Raphaella le propone una unión por conveniencia a Emir Aksoy, un influyente magnate joyero. Tras una traición amorosa que lo dejó marcado, Emir se ha transformado en un hombre frío y escéptico. Aunque Adhara lo ve como el peón perfecto para su misión, la convivencia forzada desmantela sus planes. Entre secretos y engaños, ambos se ven envueltos en una pasión tan inesperada como turbulenta.
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Capítulo 3

Los días pasaron convirtiéndose en semanas, y lo último que supo de los investigadores que tenía en España, era que el amor de su vida estaba con otra de viaje, tiró contra la pared su celular.

— ¡Aaaaaah! Maldita sea, por qué se tiene que ir con esa perra, lo odio, la odio. Me las pagarán muy caro, ya lo verán, voy a vengarme. —  Exclamó muy enojada.

Caminó de un lado a otro, como un león enjaulado, la fecha de la boda se acercaba y había logrado persuadirlo para que no insistiera con la presencia de sus padres.

— Lavinia, no se qué hacer, no quiero casarme con Emir, no lo amo, nunca lo voy hacer.

— Pero Cómo permitiste que las cosas lleguen a este punto, en  una semana será tu boda y estás en éstas dudas todavía, Emir no se lo merece.

Genevieve la fulminó con la mirada.

— ¿Estás de mi lado, o en mi contra? Por qué para ser, mi amiga, dejas mucho que desear.

La miró acercándose a ella, sin quitarle la mirada de encima.

— ¡Espera! ¿Acaso tú? No, no me digas que te has enamorado de mi prometido.

Lavinia se carcajeo al escucharla decir prometido.

— ¿Prometido? Pero si tú, no lo amas. ¿De que prometido hablas?

— Eres una perra, igual que esa que me está quitando a mi amor. — Exclamó Genevieve con mucho coraje

— Genevieve, Emir te ama, no le hagas daño, no se lo merece.

— No te metas, y cuidadito con decir algo.

Los días siguientes, Genevieve al no sentirse bien, fue a la farmacia, y compró las pruebas de embarazo, ahora estaba ahí haciendo la cuarta para descartar cualquier duda.

— Positivas, todas positiva, es hora de volver mi amor, si no me quieres en tu vida por las buenas, pues será a mi modo.

Envolvió las pruebas en un paquete y la tiró a la basura, salió del baño cogió su teléfono y realizó las llamadas.

— Si, un vuelo directo a Andalucía España.

— No hay vuelos directos para hoy señorita. — Respondieron al otro lado del teléfono. — Pero tenemos uno que hace escala en Madrid., y sale esta noche.

— Perfecto, lo tomaré gracias.

Colgó la llamada, miró su reloj que marcaba la una de la tarde, tomó sus cosas, pidió el ascensor y llegó al parqueadero, subió al auto y salió en dirección a la oficina de Emir.

Cuando llegó sin mirar, ni saludar entró de una a la oficina, dejo su bolso sufre el sofá y caminó en dirección a donde estaba Emir.

Lo giró y se sentó a horcajadas sobre sus piernas y empezó a besarlo con desespero.

—  Mi mujer está muy ansiosa.

— Calla, no digas nada,  solo hazme el amor ahora.

Emir Respondió a cada una de sus caricias, mientras ella se despojaba de sus vestidos quedando solo en ropa interior, mientras besaba y devoraba la boca de Emir, logró abrir su pantalón liberando su enorme erección.

Entre tanto el bebía d sus pechos, ella de apoco se fue empalando en el.

Ella tiró su cabeza hacia atrás sintiendo se llena de él, Emir apretaba y succionaba sus pechos, mientras Genevieve lo cabalgaba, Emir cogió sus caderas y la ayudó a su ritmo.

— ¡Aaaagh! Si, me encantas Emir, mucho, ¡Mmmm!

El agarró su nuca y devoró su boca nuevamente, sus movimientos se aceleraron, y juntos llegaron al clímax más excitante.

Genevieve posó su cabeza en el pecho de Emir, escuchando sus latidos acelerados y sus respiraciones agitadas.

Emir la cargó en los brazos y la llevó a la habitación que tenía ahí, la llevó al baño, se limpiaron y salieron.

— Ya estoy esperando ansioso nuestra boda.

—  Y yo. — Respondió mirando a otro lado

— Te llevaré a casa.

— No, no mi amor, nos vemos mañana, tú me estarás esperando para unir nuestras vidas para siempre.

Genevieve dio el más apasionantes de los besos, esa era su despedida, tenía lo que quería y se marcharía para no volver jamás.

— Estaré ansioso esperando por ti. — Respondió Emir sin imaginar que esa sería una despedida de parte de su prometida.

Genevieve salió del edificio, pidió un Uber, y fue directo al aeropuerto para tomar el vuelo que la llevaría de regreso a Madrid.

Emir la vio salir de la oficina y siguió el resto de la tarde en su trabajo

Las horas pasaron, la noche llegó, Genevieve llegó a Madrid y de ahí nuevamente abordó un avión que la llevó a Andalucía.

Llegó y fue directo a la mansión Rinaldi donde esperaría la llegada de Donatello y Kiara.

Muy temprano el día de la boda, Emir y todos en su familia empezaron con los preparativos.

— Hermanito, hoy es tu gran día, unirás ti vida a la mujer que amas, y quiero sobrinos pronto. — Le dijo Ezra, su hermana.

—  Lo sé mi hermanita, y no sabes lo feliz que me siento, voy a llamarla.

— No señor, deje a su prometida  tranquila, para que se ponga muy hermosa para ser su esposa. — Habló Ezra quitando se celular.

— Está bien, tu ganas, ustedes siempre ganan. — Expresó abrazando la y sonriendo.

Las horas pasaron, todos estaban listo para celebrar la ceremonia, ya era la hora y Emir esperaba a su prometida parado en el altar.

Lavinia y Waleska viendo cómo el desespero se notaba en los familiares de Emir, se acercaron a él.

—  Emir, Genevieve no responde su teléfono, y ya es hora de que esté aquí.

— ¿A que hora fue la última vez que te comunicaste con ella?

— A las ocho de la noche de ayer, en todo el día no me respondió, y creí que era por estar contigo.

— ¿Desde anoche? Eso no puede ser.

Emir sacó su teléfono y marcó el número de Genevieve, timbró más de una vez sin tener respuesta.

— ¿ Que sucede hijo? ¿Por qué Genevieve no está aquí? — Interrogó Yagmour Aksoy, su padre.

— No lo sé padre, será mejor que vaya a ver qué le sucedió, Ekrem sigue esperando sin respuesta de nada, ya me envió mensajes.

Emir salió de la iglesia bajo la atenta mirada y murmullo de todos los invitados.

Subió a su auto y salió directo al departamento en busca de su prometida. Llegó, y salió corriendo del vehículo y tomó el ascensor, contaba los piso, se le hizo un eternidad esa subida.

Las puertas metálicas se abrieron, y salió corriendo a las puertas de su departamento, abrió y el silencio era sepulcral, corrió escaleras arriba, abrió las puertas de la habitación y ahí estaba sobre la cama, el vestido que había mandado a traer de París para dárselo a su novia, que nunca lo sacó de la caja, todo estaba sobre la cama.

— ¿Que hicistes Genevieve? ¿Donde estás? Tú no pudiste hacerme esto Genevieve, tú no pudiste hacerme esto, Genevieve. — Un grito desgarrador salió de la garganta de Emir, entendió que había sido plantado en el altar, y burlado por la mujer que amaba.

Destrozó todo lo que estaba frente a él, hizo mil pedazos el vestido, y le prendió fuego en el baño.

Se sirvió uno, otro, y luego otro, y otro, vaso de vodka,  bebió hasta perder el conocimiento.

— Te burlaste de mi Genevieve,  te burlaste de mi amor, jugaste conmigo, jamás volveré a creer en una mujer, todas son iguales. — Sentenció, con el corazón roto, lleno de rabia y dolor. Jamás volvería a creer en el amor de una mujer.

Los días pasaron, Ezra llegó al departamento, vio las botellas de vodka tiradas en el suelo por todos lados, estaba tirado en un sofá, su rostro era demacrado, y sus ojeras pronunciadas.

— Hermano, ya supera lo, esa mujer no se merece que te estés acabando por ella, por favor Emir.

—  Déjame Ezra, déjame  solo, no quiero ver a nadie.

— No, no te dejaré solo, ya bastante tiempo te di para que estés en tu luto sentimental, ahora levántate y enfrenta al mundo, da la cara y demuestra que tú puedes, demuestra le a esa  perra que la superaste.

— ¿ Que hice mal? ¿Cuál fue mi error?. — Pregunta mirando a Ezra con la tristeza desbordando en sus ojos.

— Amar hermano, creer que fuiste correspondido en tu amor.

Emir la miró fijamente, se puso de pie y sin pronunciar palabras, caminó a su habitación, se fue al baño y bajo la lluvia artificial sus lágrimas se mezclaron con el agua. ¿Y quien dijo que los hombres no lloran? Pues claro que lloran y esas,  eran lágrimas de despecho y dolor, lágrimas de decepción. Pero esas eran las últimas lágrimas que derramará por una mujer, por que jamás volvería a creer en una, y mucho menos entregarle  y demostrarle su amor.

Los días pasaron, y metido en un traje gris a medida, subió a su Lamborghini Gallardo de color negro, y salió rumbo a la oficina, en el trayecto fue metido en sus recuerdos llegó a su parqueadero subió al ascensor público, pues no usaría el privado ese dia, quería que todos vieran al nuevo Emir Aksoy, las puertas metálicas se abrieron, y todo giraron a mirar al hombre de mirada fría, y ceño fruncido caminar sin mirar a nadie por los pasillos, todos hablaban por lo bajo y lo veían en su andar, tomó nueva mente el ascensor privado y subió a su oficina.

Así fue su día a dia, las semanas pasaron se convirtieron en meses.

Tres meses después y la estaba mirando el informe que los nuevos proyectos de joyería juvenil,que tendrían para la nueva colección de temporada.

— ¡Zeynep! — Gritó y su asistente personal de un solo se levantó, era quien sufría los desplantes y mal humor de su jefe.

— Dígame señor .

— Quiero los diseños para mañana, ve al departamento de marketing que tengan todo listo para el nuevo lanzamiento de temporada.

— Enseguida señor. Pero

— ¿Pero que? Zeynep, ¿acaso no pueden hacerlo? O tendré que buscar nuevos diseñadores y nueva asistente.

— ¡Si señor! digo no señor, digo voy rápido señor. Zeynep salió casi corriendo de la oficina de presidencia y fue al departamento de diseños.

Emir tiró el bolígrafo que tenía en sus manos y cayó justo en una foto de él y Genevieve, donde decía "Juntos por siempre " en pequeñas letras.

La cogió, la miró por mucho tiempo, y luego la guardó en una caja.

— ¡Zeynep!

— Dígame señor.

— Busca una agencia de investigación, la mejor que existe, y luego me comunicas con ellos.

— Enseguida señor.

Zeynep salió a realizar la orden que su jefe pidió.

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