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Portada de la novela Un Profesor Encantador

Un Profesor Encantador

Con diecisiete años, Brenda Brown es una alumna de Londres cuya vida gira en torno a los libros y la soledad académica. Sin embargo, su último curso en la preparatoria da un vuelco inesperado tras la aparición de un misterioso joven que sacude su mundo por completo. En medio de un entorno de secretos y crecimiento personal, Brenda se enfrentará a un dilema prohibido: ¿es posible ignorar la atracción cuando el corazón desafía las fronteras entre docente y estudiante?
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Capítulo 1

Narra Brenda

A las 6 am, como de costumbre, ya estaba despierta. Hice mi cama, me bañé y procedí a preparar el desayuno. Mis padres se levantan a las 6:30 am y mi hermana a las 7 am, así que cuando se despiertan, el desayuno ya está listo.

A las 6:30 am, justo después de terminar mi desayuno, mis padres se levantaron.

- Buenos días, mamá. Buenos días, papá - los saludé con una sonrisa.

- Buenos días, Brenda - respondieron mis padres al unísono.

Recogí mi mochila y me preparé para salir.

- Me voy a la escuela - anuncié con una sonrisa.

- No entiendo por qué siempre te vas tan temprano, las clases comienzan a las 7:15 am - comentó mi mamá con tono serio.

- Ya sabes que me gusta llegar temprano para tener tiempo de ir a la biblioteca y leer - expliqué con timidez.

- Tú y tus libros, hija. Está bien leer, pero no debes vivir solo en los libros - agregó mi papá con seriedad.

- Nos vemos cuando salga de la escuela - me despedí con un tono de tristeza, les di un abrazo a mis padres y salí.

Llegué a la escuela y, como siempre, fui la primera alumna en llegar. Ni siquiera los profesores llegan a esa hora. Los únicos que llegan antes que yo son el director y la bibliotecaria.

- Buenos días, señor Kabana. Buenos días, señora Arriaga - saludé al director y a la bibliotecaria con una sonrisa.

- Buenos días, señorita Brown. Como siempre, eres la primera en llegar - me respondió el director mientras abría las puertas de la escuela.

- Buenos días, señorita Brown. ¿Qué libro planeas leer hoy? - preguntó la bibliotecaria con una sonrisa.

- Hoy tenía ganas de leer Orgullo y Prejuicio de Jane Austen - respondí sonriendo.

- Pero ese ya lo has leído muchas veces. Bueno, en realidad has leído todos los libros que tenemos en la biblioteca - comentó la bibliotecaria, sonriendo.

- Lo sé, lo he leído muchas veces. Pero es mi libro favorito - dije, sonriendo. Las puertas de la escuela se abrieron y me dirigí a la biblioteca con la bibliotecaria.

- Hasta luego, señor Kabana - me despedí mientras me alejaba.

- Nos vemos más tarde, señorita Brown - respondió el director con una sonrisa.

Estaba en la biblioteca, a punto de tomar mi libro, cuando sentí una mano sobre la mía. Ambos habíamos alcanzado el libro al mismo tiempo. Me di la vuelta y vi a un chico con ojos azules, cabello claro y una mirada cautivadora.

- Disculpa... quería leer este libro, pero tú lo agarraste primero, así que buscaré otro - dijo el chico con una sonrisa.

Era de tez blanca, cabello castaño y de aproximadamente 1.57 metros de altura.

- Bueno... yo lo tomé primero, pero puedes leerlo si quieres. Yo puedo elegir otro, hay muchos libros que leer... Cada libro aquí es un mundo que vale la pena explorar - dije con timidez.

- Tengo una idea, ¿qué tal si lo leemos juntos? - sugirió el chico con una sonrisa. - Mucho gusto, soy Alan Freeman - se presentó, extendiendo su mano.

- Me parece una gran idea. Mucho gusto, soy Brenda Brown - respondí, estrechando su mano.

Nos dirigimos a mi rincón favorito de la biblioteca, un lugar apartado con un sillón cómodo. Me encantaba ese lugar porque podía sumergirme en la historia que leía sin interrupciones.

- Este es mi lugar favorito. Siempre leo aquí - dije, sonriendo.

- Me gusta... es un lugar aislado, ideal para leer sin interrupciones. ¿Te gusta mucho leer? - preguntó, mirándome a los ojos.

- Me encanta... La literatura es mi pasión.

Nos sentamos y leímos juntos, compartiendo nuestras ideas sobre el libro. Cuando terminamos de leer, hablamos de cosas interesantes para conocernos mejor: música, libros, arte. Estaba emocionada, por fin estaba conversando con alguien que pensaba igual que yo. Sin embargo, nunca mencioné mi edad, ni él la suya. Supuse que era un estudiante universitario. Miré la hora y noté que estaba a punto de sonar el timbre para el inicio de las clases.

- Mira la hora, pronto sonará el timbre para las clases - dije, sonriendo. Y justo en ese momento, sonó el timbre.

- ¿Siempre eres tan perceptiva? - preguntó, sonriendo. - Siempre suena a esta hora - respondí, sonriendo.

Me estaba despidiendo para ir a clases. Planeaba darle un beso en la mejilla, pero él giró la cara y el beso fue en la boca. Inmediatamente me retiré, cubrí mi boca y bajé la mirada, nerviosa.

- Tranquila, no hay problema - me tranquilizó. Levantó mi cabeza y me besó. Sonrojada, correspondí al beso.

- Espero verte pronto, Alan - le sonreí y salí de la biblioteca, dejándolo solo.

Narra Alan

- Guau, ¿quién es esta chica? - dije, fascinado. Su presencia había dejado una impresión duradera en mí. Su amor por los libros, su sonrisa, todo en ella me intrigaba. Sentí una conexión instantánea, algo que nunca había experimentado antes. Había algo en ella que me atraía, algo que me hacía querer conocerla mejor. En ese momento, supe que quería verla de nuevo, quería conocerla más. Con una sonrisa en mi rostro y el corazón latiendo con anticipación, salí de la biblioteca, emocionado por nuestro próximo encuentro.

Narra Brenda

Eran las 7:15 de la mañana y sabía que tenía una larga jornada de clases por delante. La primera era Matemáticas con el Profesor Miller, seguida de Física con el Profesor Kendall a las 8:15, luego Química con el Profesor Bennett a las 9:15 y así continuaba hasta llegar a las 10:15, hora de la clase de inglés con la Profesora Baker. Pero la que más esperaba era la clase de Literatura a las 11:15, mi materia favorita. Escuché un rumor de que tendríamos un nuevo profesor y esperaba que fuera alguien que disfrutara tanto de la literatura como yo.

Estaba escribiendo en mi cuaderno cuando entró el nuevo profesor y pude escuchar los suspiros de mis compañeras que murmuraban "Ay, es tan guapo".

- Buenos días, jóvenes, soy su nuevo profesor de Literatura - dijo mientras escribía su nombre en el pizarrón.

Yo quedé sorprendida al escuchar su voz, era una voz que conocía.

Despacio levanté la mirada y me quedé paralizada al ver el nombre que estaba escrito en el pizarrón:

Alan Freeman

Era él, el chico con el que había compartido una tarde en la biblioteca.

- Ese es mi nombre, soy graduado de la Universidad de Nueva York, y espero ayudarles en esta materia que es tan importante - continuó Alan.

De repente, Alan se volteó y se quedó paralizado al verme. Tartamudeó y tragó saliva antes de continuar hablando.

Yo no sabía qué hacer, así que decidí bajar la mirada apenada, me di cuenta de que había besado a mi profesor.

- Es muy interesante - dijo Alan, intentando disimular la situación.

La clase continuó y Alan habló sobre la importancia de la literatura, compartiendo su pasión por los libros. Estaba emocionada de tener a alguien que compartiera mi amor por la literatura como mi nuevo profesor.

Alan siguió hablando, mientras yo procuraba evitar levantar la mirada debido a los nervios que sentía. De repente, se me cayeron todos mis libros al suelo y el ruido llamó la atención de todos en la clase.

- ¿Algún problema, señorita Brown? - preguntó Alan.

Todos se quedaron viéndome y me sentí avergonzada. No sabía cómo reaccionar, así que solo recogí mis libros y bajé la mirada.

"Primer día de clases", reflexioné en silencio. Con la certeza de que este año escolar prometía ser interesante, especialmente con la presencia del Sr. Freeman como mi nuevo profesor de Literatura, sentí un cosquilleo de anticipación.

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