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Portada de la novela Un padre por contrato

Un padre por contrato

Dakota es traicionada el día de su boda y decide emprender el camino de la maternidad en solitario. Al volver al mundo laboral, se enfrenta a un jefe autoritario que intenta doblegar su espíritu, pero ella responde con una determinación feroz. En medio de esta intensa rivalidad profesional, nace una química irresistible. Para consolidar su relación, ambos tendrán que desenterrar secretos del pasado y superar la barrera de la desconfianza mutua.
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Capítulo 2

Dakota Jobe

1 año después. 

La alarma de mi reloj suena y quisiera romper mi reloj despertador contra la pared. Anoche casi no dormí, Emma se levantó como 10 veces para pedir su pecho, la entiendo, no ha querido agarrar del todo el biberón, está tan acostumbrada al pecho que lloraba cuando no sentía el mismo sabor de su leche. Aunque mi amiga Sofia, que es un Ángel, me ayudó algunas veces en la noche, siento que mis ojos se cierran solos y que en cualquier momento me quedaré dormida. Tuve que calentarle la lechita y dársela tibia para que pudiera tomarla. ¡Dios! Quiero una larga siesta, como de unos 2 días para recuperarme del todo. No sabia que ser mamá sería difícil y más cuando se está soltera. 

Me levanto con mis pies pesados que se niegan a caminar, parece que mi cuerpo fuera dependiente a lo que le ordeno. Entro a la ducha y espero que Emma no se levante aun, abro el grifo y el agua fría cae. ¡Dios! Como extraño el agua tibia, pero mi sueldo no me alcanza para eso ahora, con una bebé, la renta y los servicios, y el seguro médico apenas me puedo dar un gustito de una hamburguesa al mes.  

Cuando termino y salgo envuelta en una toalla en mi cuerpo, veo a Sofia en la cocina haciendo el desayuno. Si, vivimos juntas en este pequeño apartamento de dos habitaciones y un baño, ella lo hizo cuando supo que necesitaría ayuda, sabia que no me quedaría con mis padres, no quería ponerles una carga creyendo que tenían que mantener a Emma y a mi. ahora pagamos todo mitad y mitad. 

—Ya estará listo el café, tenemos que ir al súper para comprar la comida, apenas queda cereal para una persona— dice despreocupada mientras cierra la alacena. 

—Si, en la tarde apenas salga del trabajo, te llamo. Hoy debo reincorporarme después de mi reposo posnatal, no se como estarán las cosas por la empresa y debo adaptarme de nuevo a la rutina. 

—Déjame a Emma, yo la llevo a casa de tu madre— me acerco a ella y la beso en la mejilla

—Eres un sol. 

—Lo sé, ahora ve a vestirte que no me gusta que modeles en esas fachas— se ríe volteando los ojos 

—¡Ay nena, Lo que quiero es seducirte!— digo caminando a mi habitación y escucho su risa mientras entro. 

Veo que la pequeña sigue dormida y suspiro con una sonrisa boba en la cara, mi nena ya tiene 5 meses y es una gordita preciosa con mejillas rosadas que provoca comérsela a besos, aunque por las noches no me deje dormir.

Voy hasta el armario y elijo uno de mis vestidos de gabardina negro, que me llega hasta encima de mis rodillas, es de tirantes delgados y se ajusta a mi cuerpo. como puedo subo el cierre y tomo mi chaqueta de vestir roja, que hace juego con mi bolso y mis zapatos. Miro la hora y se que se me hace tarde ¡Joder! 

Corro y me peino con las manos mientras dejo a Sofia atrás, ella sabe que hacer con Emma, no hay suficiente comida, así que veré si como en la oficina. 

Camino a paso rápido hasta que llego al metro, todos van en sus cosas y yo me siento en un pequeño espacio, mientras saco mi maquillaje, igual nadie me ve. Aplico sombras como ultimo retoque y labial rojo, debo estar presentable para que los clientes vean una buena representación de la empresa. 

Cuando me bajo del metro, salgo a unas calles de mi trabajo, por lo que apuro mis pasos para intentar que no me sermoneen. Apenas entro, doy los buenos días a la secretaria de recepción que la veo refunfuñando, no le presto mucha atención porque prácticamente corro a los asensores.  

Apenas las puertas se abren, dejándome ver las personas del piso donde trabajo, me congelo. ¿Pero que pasa? Alguien corre por mi lado, chocandome el brazo, ¡Joder! ¿Pero que le pasa a la gente? 

Veo a Melissa, una de mis compañeras y cuando intento detenerla, corre mas rápido, voy hasta mi puesto y dejo mi bolso. Necesito ir hasta donde mi jefa y que me explique es lo que sucede. 

Cuando me levanto de mi puesto, se escucha un sollozo que me deja descolocada, ¿Pero que carajos? Salgo de mi oficina que queda frente a la de mi jefa, y veo salir a una chica que parece un ciervo cuando está por ser cazado, sus ojos están rojos y está temblando. 

—¿Pero que te pasó?— pregunto tratando de acercarme y ella no para de hipar 

—Me… Me quedé sin empleo— se termina de ir dejándome desconcertada ¿Que es esto? Mi jefa no es de las que anda despidiendo, a menos que sea algo grave. para ella el personal de confianza es lo mejor y busca mantenernos a todos felices porque hacemos buen trabajo. 

Me dirijo a su oficina y abro sin tocar por la confianza que nos tenemos, veo la silla gigante donde siempre se sienta mirando a la ventana, por lo que no puedo ver el humor que tiene. 

—¿Pero que carajos pasa? ¿Por que afuera están como si se acercara el fin del mundo?— cuando la silla se voltea, veo a un hombre muy bello, de piel morena y cabello oscuro, no logro verlo bien, porque donde está, la luz de la ventana no le da del todo, pero veo su cara de querer matarme 

—Porque lo es, al menos para usted. ¡¿Quien se cree que es para entrar a mi oficina sin tocar?!— me grita la ultima frase y no se si no reacciono por la impresión o porque aun ando botando la baba, y más cuando me escanea de arriba abajo. No logro descifrar si es en lujuria o altanería, pero… —¡¿Acaso es sorda o que?!— logro reaccionar 

—¿Quien es usted para que me hable de esta manera?— levanto el mentón y me cruzo de brazos, pero es mas que nada por mi nerviosismo. 

—El hombre que te pondrá de patitas en la calle por creer que puedes tratar al jefe así— abro mi boca para refutarle, pero no sale nada y parezco mas un pez boqueando, ¿Dijo jefe? ¿Como que jefe? 

—Pues, usted no es mi jefe, mi jefa es… 

—¿Que es lo que pasa?— entra mi jefa y agradezco que venga a tiempo antes de que le quite la cabeza a este monumento de hombre que es todo un imbécil 

—Que este idiota comenzó a insultarme, creyéndose no se qué— cuando mi jefa abre los ojos en gran manera, me doy cuenta que debo callarme. 

—¿Como me llamó?— escucho la voz del hombre detrás de mi y me volteo a encararlo, porque a mi nadie me humilla 

—¡Como escuchó! Un idiota que no respeta a una mujer— su mandíbula se tensa, y cuando está por decirme algo, mi jefa interviene. 

—Jeremy, calma. Ella está llegando de un reposo, no sabe las nuevas noticias— me volteo frunciendo el ceño sin comprender —Dame unos minutos con ella— el hombre me da una sonrisa que da miedo y se va dejándome con un amargo sabor de boca —Dakota, hace un mes vendí la mitad de mis acciones y ahora Jeremy también es socio— cuando escucho eso, siento que un tobogán de agua fría me cae 

—¿O sea que acabo de insultar a mi jefe?— me pongo nerviosa y ella se va hasta la puerta, después que la cierra comienza a reír y ahora menos entiendo. 

—Si, ese tonto tambien es tu jefe. Me encantó ver su cara cuando lo insultaste— aun sigo sin entender —Te juro que cuando le vendí la mitad de mis acciones, no sabia que era un cabrón, sino creeme que ni se las vendo a él. 

—¡Dios! Me va a despedir— yo y mi lengua, ahora estoy en problemas 

—No, no te despedirá. Yo hablaré con él, solo evitemos insultarlo aunque parezca un dolor en el trasero. 

Salgo de la oficina y la dejo allí cuando manda a llamar al imbécil que tengo como jefe, con razón todos andan corriendo y con cara de querer sufrir un paro respiratorio. 

Llego de nuevo a mi oficina y como todo es de Cristal, logro ver cuando el ogro camina hasta la de él, que está justo al frente, pero antes de entrar, me mira de una forma que me hace erizar la piel, ¿Pero que carajos? 

Desvío la mirada yo primero y tecleo lo que sea en el equipo que ni encendido está, solo para evitar cualquier sonrojo. tenia mucho que no me sentía así, creo que por la vergüenza, porque otros hombres guapos me han mirado y no me hacen ni cosquillas, solo he llegado a tener noches casuales con ellos y es solo porque no me quedaré toda mi vida sin tener sexo. 

Veo como Ari, mi jefa sale y pasa de largo articulando un lo siento que me deja descolocada, cuando estoy por seguirla, la voz del ogro malhumorado me detiene. 

—Señorita Jobe— me paralizo de espaldas a él —Venga a mi oficina. 

No respondo y solo se escucha la puerta cuando cerrada, miro alrededor y veo que toda la empresa, o al menos el piso donde trabajo, también quedaron inmóviles cuando lo escucharon, pero ahora me miran con lástima, deben creer que me correrán, y por el lo siento de Ari, creo que es así. ¡Joder! Me quedé sin empleo.

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