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Portada de la novela ¿Un hijo para el señor Harris? ¡Ni soñarlo!

¿Un hijo para el señor Harris? ¡Ni soñarlo!

Con el fin de rescatar a su familia de la inminente quiebra, Cloe Jones se ve obligada a aceptar un matrimonio por puro interés. Aunque el compromiso es la única salida para evitar la ruina de sus allegados, la joven carga con un desprecio incontenible hacia su nuevo esposo. Ahora, atrapada en una convivencia forzada por las deudas, Cloe deberá lidiar con el profundo resentimiento que siente por el hombre con quien ha vinculado su destino.
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Capítulo 3

- Si esa es su idea de una broma, señor Harris...

La voz de Cloe sonó extrañamente calmada en contraste con la explosión que mostraban sus ojos.

- Creo seriamente que necesita una transfusión de sentido del humor.

Marco rió con un sonido vibrante que resultó profundamente incómodo a Cloe. Ella se enfureció para tratar de disipar el calor que le produjo su proximidad.

- Me temo que no le veo la gracia.

Marco cerró la boca y la miró fijamente a los ojos.

- Eso es porque no es ningún chiste. Su padre está de acuerdo con que se case conmigo.

Cloe se quedó sin palabras, pero sólo un instante. Entonces fue su turno para echarse a reír.

- ¡Está loco! Papá, dile lo absurdo que parece. No hay ninguna posibilidad de que espere que yo haga algo tan ridículo como casarme con él.

Miró a su padre, esperando que asintiera, implorando que asintiera, pero su padre no dijo nada... y la risa se murió en sus labios a la vez que la esperanza moría en su corazón.

- Cloe...

Dijo su padre con un susurro, apoyándole la mano en el hombro.

- Tienes qué entender... En un momento lo entendió todo, y entonces...

- ¡No!

Gritó mientras le obligaba a dejar de tocarla.

- No tengo nada que entender.

- Por favor.

Rogó el padre.

- Antes de que tu madre nos oiga.

Obligó a ambos a entrar a la biblioteca y cerró la puerta.

- Tienes que escucharme.

Como envuelta en una nebulosa, se dejó meter en la biblioteca y una vez dentro, se volvió hacia su padre.

- ¿Cómo quieres que escuche cuando lo que dices no tiene sentido?

- ¿Y cómo puedes decir que no tiene sentido?

Arguyó Marco.

- ¿Si todavía no lo has escuchado?

Ella giró la cabeza en su dirección, y dijo.

- Si hubiera querido su opinión, se la hubiera pedido.

No pareció contrariado por el comentario. Más aún, pareció agradecido mientras se apoyaba en el escritorio de Andre con las palmas de las manos a ambos lados del cuerpo, haciendo que el tejido de la camisa se tensara y mostrara un musculoso pecho bajo la ropa. El escote dejaba ver una suave piel color aceituna y una insinuación de oscuro vello. Cloe se forzó a mirar más arriba. Su madre tenía razón, Marco era un hombre muy guapo. ¿Por qué un tipo tan detestable tenía que estar bendecido con esa belleza y ese cuerpo tan impresionante? Era evidente que en el mundo no había justicia. Dirigió su atención a su padre, pero en ese momento se acordó de algo. Lo que había dicho su madre de que Marco tenía que tener algo bueno cobraba sentido.

- ¿Qué está ocurriendo realmente? ¿Por qué nos has hecho entrar en la biblioteca? ¿Sabe algo mi madre de este arreglo?

- Tu madre sabe algo de la propuesta.

Dijo su padre en tono gris. A Cloe se le hizo un nudo en el estómago. «Algo de la propuesta…». ¿Qué más había? Lo que estaba escuchando le estaba dando ganas de vomitar. La sola idea de que su futuro estaba siendo arreglado por sus padres, las dos personas que siempre había pensado que la querían y desearían lo mejor para ella, era demasiado.

- Así que ya han hablado de esto entre ustedes como si se tratara de un asunto doméstico más. Ya puedo imaginarme cómo ha sido la conversación: ¿Cambiamos los muebles de la casa de la playa o nos compramos un nuevo Mercedes? Bueno, mientras lo decidimos, a lo mejor podemos casar a Cloe con Marco Harris.

Giró la cabeza y miró fijamente a Marco.

- Han pactado entre todos casarme con la persona que más detesta esta familia, ¿cómo han podido hacer algo así?

Marco ni se inmutó por sus palabras; su padre, sin embargo, cada vez estaba más agitado.

- ¡Cloe, cálmate, no hemos tenido elección!

- ¡Siempre hay elección! Yo tengo elección. No voy a casarme con Marco Harris bajo ningún concepto. No me casaría con él aunque fuera el último hombre en la tierra.

Miró aquellos insondables y oscuros ojo.

- ¡Antes prefiero morirme!

Esa vez, un ligero tic en la mejilla de Marco fue lo único que demostró que las palabras de Cloe habían logrado su objetivo.

- Fue Arte Dramático lo que estudió en la universidad, ¿verdad?

Dijo él en un tono que demostraba lo poco impresionado que estaba con su actuación.

- Estudié Bellas Artes.

Dijo ella entre dientes.

- Además, no es asunto suyo.

- Me sorprende, teniendo ese don para lo dramático.

- ¡Y usted tiene un don para la locura! ¿Cómo puede siquiera imaginarse que me casaré con usted? ¿Cree que casarse va a ser su puerta de entrada a la buena sociedad de Sidney? No funcionará. La gente no olvidará como no ha tenido la menor consideración por nada para llegar hasta donde está.

- ¿Me desprecia porque he hecho mi propia fortuna en vez de poseerla por un accidente como es el nacimiento, como le ocurre a usted y a la gente de su clase?

- Lo desprecio porque ha hecho su fortuna hundiendo a otros, incluido mi padre.

- ¿Es así? Y por eso le ofrezco a su padre una posibilidad de rehacerse. Él le encuentra sentido a la oferta y aun así usted me desprecia.

- Siempre lo despreciaré.

Se volvió, frustrada, en dirección a su padre.

- Por favor, dime que todo esto es una broma. No puedes realmente esperar que me case con este español. Estamos en el siglo XXI, ya no se arreglan los matrimonios.

Su padre negó tristemente con la cabeza.

- Cloe...

Su voz se oscureció mientras se dejaba caer en un sillón y se cubría la cabeza con las manos.

- ¡Oh, Dios, he sido tan imbécil!

Se arrodilló al lado de su padre y le acarició la frente.

- Papá, escúchame… No necesitamos el dinero de Marco. Podemos sobrevivir como habíamos planeado, con mi trabajo y subastando periódicamente algún mueble. No nos hace falta rogar a gente como él. No necesitamos su dinero.

- No es tan fácil.

Murmuró su padre, negando con la cabeza.

- Es así de fácil.

Aseguró ella.

- No tenemos por qué hacer este trato. No había tenido ocasión para decírtelo todavía, pero podremos sobrevivir. ¿Qué más da si no tenemos sirvientes? Podremos aguantar. Estamos aguantando. Y pronto tendré trabajo.

- ¡No estamos aguantando! Mira el estado de la casa… Está matando a tu madre no poder hacerse cargo de todo.

- ¿A quién le importa que no se limpien los suelos a diario? Las cosas irán mejor, ya lo verás.

Su padre la agarró de los hombros y clavó los desesperados dedos en su piel.

- No, no es tan sencillo.

Reiteró.

- ¡Tienes que escucharme! No nos queda dinero. Ni crédito. Nada.

- Sí.

Arguyó ella, intentando calmar su dolor.

- Lo tendremos. Suficiente para pasar esta mala racha. No necesitamos el dinero de nadie, y menos el suyo. Deja que me vaya y te enseñe el inventario que he estado haciendo. Te lo demostraré.

- Cloe...

Fue lo único que dijo mientras mantenía las manos en los hombros para que no se levantara.

- Gracias. Eres tan buena hija. Me siento tan orgulloso de ti.

Miró en los ojos de su padre y vio en ellos la aprobación que daba a sus actos. Se dio cuenta en el momento que tiró de ella y la abrazó. Durante un segundo fue como si estuvieran solos en la sala. Nadie más importaba. Su padre pensaba que había sido él quien había llevado todo el peso de la deuda sobre sus hombros, pero acababa de enterarse de que Cloe también había estado buscando soluciones. Y todo le parecería distinto cuando viera sus cálculos. Pronto le demostraría que no necesitaba de gente como Marco para asegurarse el futuro.

- Bueno, ¿cuándo va a decírselo?

Sonó una voz fuera de su perfecto entendimiento. Cloe salió del abrazo de su padre y lo miró.

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