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Portada de la novela Un heredero para el mafioso alfa

Un heredero para el mafioso alfa

La vida de Naomi Adler gira en torno a la salud de su madre, pero un fugaz encuentro con Silas Marston lo altera todo. Él no solo es un gélido jefe de la mafia, sino también un poderoso licántropo que desarrolla una fijación por ella. Tras esa noche de pasión, Naomi queda atrapada en un peligroso universo de secretos sobrenaturales y guerras de clanes. Ahora, su prioridad es sobrevivir y proteger el embarazo que vincula su destino al del alfa.
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Capítulo 3

Naomi. 

-¿Estás lista? -preguntó Malena, sonriente. 

Era de noche. 

-Diviértete, cariño -dijo mi madre, sentada en la mecedora. 

-No me agrada la idea de dejarte sola, ma...

-La señora Karen está cada día mejor -Malena se puso detrás de mí y me hizo un corto masaje de hombros-. Relájate, necesitas conocer personas y encontrar el amor. 

-¿En una discoteca? -Alcé una ceja-. Lo que puedo encontrar es a un perro mujeriego que se acuesta con todas. 

-¡Naomi! -reprochó mamá. 

-Lo siento -me disculpé. 

Malena hundió ambas cejas. Sabía que estaba preocupada por mí, por mi futuro de soltera y adicta al trabajo. Me acostumbré, ¿qué más podía hacer? 

-No todos los que van a discotecas son así -bufó, retocando su maquillaje-. Ahora vamos, Karen dormirá tranquilamente sabiendo que te estás divirtiendo. 

Sus rulos me golpearon cuando pasó por mi lado para abrir la puerta principal. Tenía que esforzarme si quería pasarla bien esa noche. 

Resoplé. 

Llevarle la contraria no estaba en mis planes. 

-Si sucede algo, me llamas, mamá -pedí-. Tendré el celular conmigo todo el tiempo y estaré pendiente de ti. 

-Ve, hija, yo estaré excelente -Amplió la sonrisa-. No hará falta que revises el celular. Tú solo pásala bien. 

A veces mamá se comportaba como mi peor enemiga. Le di un beso en la mejilla de despedida y salí de la casa con mi querida y para nada manipuladora amiga. 

Tuvimos que pedir un taxi porque ninguna de las dos tenía un auto. La pobreza nos respiraba en la nuca. 

(...) 

Al llegar, mis oídos se sintieron incómodos por el alto volumen de la música. Yo no sabía bailar, pero Malena me invitó a la pista, casi me arrastró. 

-Vamos, mueve un poco ese cuerpo -gritó para que pudiera oírla-. Estás preciosa, amiga. No dudes de tu belleza. 

-¡Seguro que parezco un gusano! 

Ella soltó una carcajada que me lo confirmó. Asintió, así que me avergoncé un poco. Por suerte, ningún hombre nos estaba prestando atención. 

-¡Estás conmigo, Naomi! ¡Yo te protegeré esta noche! -Elevó sus brazos, pegándose a mi cuerpo. 

Sonreí. 

A pesar de que éramos polos totalmente opuestos, Malena fue la única que nunca me abandonó después de la secundaria. Ella estaba loca, sí, era una perra, también, pero nos quería tanto a mí como a mi madre, eso lo apreciaba un montón. 

Le seguí el ritmo, aunque no sabía cómo. Mis brazos se movían a la par de los suyos, con torpeza, y mis piernas cansadas de tanto trabajar, temblaban con cada paso. 

Malena no dejaba de ver algo por encima de mi hombro. Se pegó mucho más a mí, con la intención de hablarme al oído y disimular. 

-No te asustes, pero hay un apuesto hombre que no deja de verte -Se mordió el labio-. Está buenísimo, Naomi. Y esa mirada... me derrito. 

Se abanicaba el rostro con su mano como una dramática. Entorné los ojos, pensé que estaba bromeando, hasta que me giré disimuladamente, sin levantar sospechas. 

Mis ojos se conectaron con los suyos. Fue extraño, un poderoso escalofrío me recorrió el cuerpo y mi corazón se aceleró de golpe. 

Jamás había sentido una conexión tan fuerte por mirar a una persona. Era como si... estuviera hechizada por él. Una especie de encantamiento que me hacía sentir atraída. 

-¿Ves? Te dejó sin habla -se burló Malena. 

Mi boca estaba entreabierta, casi balbuceé. No podía describir con exactitud la corriente eléctrica que azotó mi piel. 

-N-no es nada. Seguro es uno de esos hombres que quieren acostarse con todas -carraspeé, en mi defensa-. No le des importancia. 

Necesitaba ignorarlo y sacarlo de mi mente. El tipo tenía gorro, no le pude distinguir el cabello y empecé a sentirme incómoda porque no apartaba la vista. Mi respiración estaba agitada, no sabía si por el baile, o por lo que sintió mi cuerpo al verlo. 

-¡Malena! -Un hombre joven se acercó a nosotras. 

Se veía enérgico y alegre por su amplia sonrisa. Besó la mejilla de mi amiga. Deduje que se conocían. 

-Pedro, no pensaba encontrarte otra vez aquí -Ella pasó su dedo por el pecho del hombre-. Te ves bastante guapo hoy  

Apreté los labios, seguro era uno de sus tantos ligues, así que rodé los ojos. Malena mordió su labio inferior. 

-Iré a la barra, mis pies no soportan esto -avisé. 

Noté de inmediato que estaba demás en esa conversación, además, la química que desprendían ambos me hacía vomitar arcoíris. 

-Te busco al rato, ¡no te vayas a ningún lado! -ordenó mi amiga. 

Yo asentí. 

Caminé en dirección a la barra y me senté con tranquilidad. Sobé mi nuca, me dolía un poco. Le pedí cerveza al barman, necesitaba despejar la mente, porque el hombre de hace rato logró alterarme. 

-Genial, me quedé sola como una tonta en una discoteca de mierda con un trabajo de mierda, con unos gastos... -murmuré para mí, pensarlo me sofocaba. 

-¿Gastos de mierda? -Una voz masculina a mi lado me tomó por sorpresa-. ¿Y por qué vienes si no quieres? 

Tragué saliva. 

Al ver de quién se trataba, mi corazón latió con más rapidez porque era el hombre de hace un rato. Estaba vestido de negro y tenía un gorro elegante que cubría toda su cabeza. 

Pude detallar el color de sus ojos, esas penetrantes iris azules me hicieron titubear, de alguna forma, creí haberlas visto antes en algún lado... 

-¿Q-qué? 

-Si no querías venir, ¿qué haces aquí? -sonrió de lado. 

Por Dios, me iba a dar un orgasmo mental de solo ver esos hoyuelos. ¿Qué demonios me pasaba con ese desconocido? 

Inhalé hondo, estaba alterada y solo me habló. Yo interactuaba a diario con muchas personas, ¿por qué me estaba costando hablarle...? 

-¿El ratón te comió la lengua? -bromeó. 

-N-no te conozco, ¿o sí? 

Bebí un trago, los nervios me estaban matando. 

-Ahora mismo nos estamos conociendo. 

Creído. 

Bebí otro trago. 

Tal vez con unos cuantos encima podría hablar con fluidez y sin trabarme. 

-¿Puedo hacerte una pregunta? -inquirí. 

-Soy bueno escuchando. 

-¿Por qué me estabas viendo hace un rato? -Fui al grano. 

Él se tomó unos segundos para responder. Yo detallé esa mandíbula y nariz perfecta, no tenía ninguna imperfección, ¿qué le pasaba? 

-Bueno, me pareció que ya te había visto antes -comentó, divertido. 

-No lo creo. 

Terminé mi primera cerveza, y cuando iba a pagar la siguiente, el desconocido me agarró la muñeca. Lo miré, incrédula por su acción. 

Yo no toleraba el alcohol, perdía los estribos demasiado rápido, y supuse que ya me estaba afectando, porque ese simple tacto generó miles de mariposas en mi estómago.

Era un extraño y yo ya estaba fantaseando. 

-Yo invito -dijo, pidiendo dos cervezas. 

-Ah... 

Supuse que me diría o haría algo más. 

«Trágame tierra» pensé. 

-No estés nerviosa, no soy ningún criminal -expresó, al ver mi mano temblorosa. 

-No estaba pensando eso... 

-Deja me presento. 

Se quitó el gorro y su cabello blanco como la nieve, me dejó con la boca abierta. Recordé haberlo visto en mi trabajo, y haber pensado en lo loco que estaba para haberse teñido el cabello de ese color. 

-Soy Silas Marston, un placer -Agarró mi mano y la besó con delicadeza. 

Me derretí, tenía que admitirlo. 

¿El alcohol empezaba a hacer efecto? Porque sus labios rosados se veían muy atractivos. Deseaba probarlos, y así como lo manifesté, mi cuerpo actuó por su cuenta. 

Me incliné un poco para llegar a su altura, él abrió los ojos por la sorpresa, y mi boca se unió a la suya, provocando chispas por todo mi cuerpo. 

Era extraño, sentí que ya lo conocía de toda la vida. Mi boca fue hecha especialmente para unirse a la suya. 

¿Qué carajos estaba haciendo? Ni yo misma lo sabía. 

Actué por impulso y él no me rechazó. Al contrario, metió su lengua y me agarró de la cintura cuando me levanté para tener una mejor posición. 

No tenía idea de que esa noche cometería una locura que le daría un drástico giro a mi vida.

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