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Portada de la novela Un divorciado arrepentido

Un divorciado arrepentido

El imponente CEO Gonzalo comete el peor error de su vida al abandonar a Elizabeth, quien atraviesa su octavo mes de gestación mientras cuida de su primer hijo. Tras dejarse llevar por un romance banal mientras su mujer reposaba, el empresario destruye su núcleo familiar sin remordimientos iniciales. Aunque el arrepentimiento no tarda en llegar, su soberbia le bloquea el camino hacia la redención. Ahora, teme que su egoísmo haya fracturado su hogar para siempre.
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Capítulo 3

Por Gonzalo

No sé en qué momento se terminó todo con Elizabeth.

Sí, lo sé.

Cuando conocí a Sonia, es que prácticamente se tiró a mis brazos.

Dudé en serle infiel a Elizabeth, nunca lo había sido, creía en el matrimonio y éramos felices, pero Sonia era tan sexi, tan desvergonzada, con ese cuerpo que me llamaba para darme placer, que sucumbí a mi deseo y pronto la convertí en mi amante.

Cuando llegaba a casa, sentía que la rutina me comía, que siempre estaba Matías en  medio de mi matrimonio y que la panza de Eli crecía demasiado, no había posiciones donde podía hacer el amor cómodamente, me tenía que cuidar para no lastimarla, a ella o al bebé.

Y Sonia me daba todo en la cama, hasta lo hacíamos con sus amigas.

En casa siempre decía que tenía mucho trabajo y mi mujer nunca preguntaba ¿Se habrá dado cuenta que tenía una amante?

Un día le dije a Sonia que no podía verla a la hora que ella quería, porque tenía que acompañar a mi mujer, que se hacía una ecografía.

Me hizo tal escándalo que al final no acompañé a Elizabeth.

Eli no me reprochó nada.

Mejor, era más fácil.

Fue cuando Sonia comenzó a exigir más de mí.

Me pidió que me separe.

Al principio no estaba convencido, Eli estaba embarazada, Mati estaba muy celoso de la panza y sentía que me necesitaba.

A Sonia mucho no le importaron mis razones y comenzó a decirme que me dejaba si no me separaba.

Hasta le prometí un viaje alrededor del mundo para que no me deje.

Mierda como me calentaba Sonia.

Cuando esa noche fui a casa y Matías estaba dormido, me decidí a hablarle.

Me dolieron sus lágrimas, pero aun así le dije que era patética.

No sé por qué la traté tan mal.

Soy consciente que no se lo merecía, vivía por mí y respiraba del aire que yo dejaba.

Sé que su amor hacía mí era inmenso, pero el mío por ella se había terminado.

Le pedí que no me llame, no quiero tener problemas con Sonia.

Pensé que en unos días Elizabeth me iba a llamar, que me iba a rogar que volviera a su lado y yo le iba a decir que estaba en pareja.

No me llamó.

No entiendo por qué pienso tanto en Elizabeth.

Es mi conciencia la que me dice lo mal que estuve.

Eli siempre es tan...señora que no se iba a permitir rogarme, lo tendría que haber sabido.

Se va a comer los codos antes de llamarme.

También le dejé en claro que no quería ver a Matias, sé que Eli se va a arreglar perfectamente con nuestro hijo.

Ella es una mujer inteligente, culta, decidida, que se puede hacer cargo de cualquier situación, por eso la admiro.

Me sobresalto y luego pienso que aunque ya no la ame, no quita que esté llena de virtudes, sí, tiene virtudes, muchas, muchísimas, por eso la amé y por eso fue mi esposa.

Ese amor maternal tan profundo que siente por nuestro hijo lo va a ayudar a digerir nuestra separación.

Mientras ellos estén cómodos en casa, van a estar bien.

-Viajo mañana.

Le digo a mi padre.

-¿De verdad le pediste el divorcio?

-Sí, es lo mejor.

-¿Te vas y ella está a punto de parir?

Siento una sacudida dentro de mí.

Es que Sonia me importa demasiado, me repito una y otra vez.

-Es Elizabeth quién va a tener el bebé, no yo.

-Te desconozco, tanto lío que armaste cuando yo me volví a casar y hacía 5 años que era viudo y ahora vos, dejás a tu mujer que está embarazada.

Ya sabía que eso me lo iba a reprochar.

-Era joven y no entendía que el amor se terminaba.

-A vos se te terminó de golpe, ojalá no te arrepientas cuando se te pase la calentura que sentís por esa mujer.

-Cuando volvamos, te la presento.

-Por ahora, mi casa solo está abierta para la madre de tus hijos.

-Sos injusto, me estás devolviendo con la misma moneda.

-No, estoy respetando a tu esposa y a tus hijos.

-Me tenés que respetar a mí.

-Cuando te lo merezcas sí, pero dejar a tu esposa embarazada por irte detrás de quién sabe quién…perdoname, pero el respeto te lo tenés que ganar, como hombre.

-Trabajo y aparte no dejé desamparado a nadie.

-Fuiste muy poco hombre, lo lamento por vos, Elizabeth es una gran mujer.

-Ya no la quiero.

-Sin embargo se merecía que la acompañes hasta el parto, se merece respeto.

-Lo lamento, no puedo perder a  Sonia, por respetar a una mujer que ya no significa nada para mí.

-Yo lamento escucharte hablar así, te vas a dar la cara contra la pared mucho antes de lo que crees.

-No conoces a Sonia, es...increíble.

-Que disfrutes tu viaje.

Salí de la oficina de mi padre con una angustia que no comprendía.

Voy a hacer mi vida y pocas veces se te cruza una mujer como Eli… digo Sonia, espero nunca confundirme de nombre, a lo mejor está bien eso de ponerle un sobrenombre para evitar confundirse.

De repente pienso que ella, Sonia, me llama siempre bebé y una desconfianza inunda mi mente.

Es que es así de cariñosa.

Pienso y me tranquilizo.

Llegué antes al departamento y ella no estaba.

Llegó con unos tragos encima, eso no me gustó, pero bueno, se debe haber despedido de sus amigas.

Nos dormimos temprano y sin tener sexo, la verdad es que necesitaba descansar y al día siguiente partíamos al exterior.

En aeroparque, ella llamó la atención de muchos hombres, era un orgullo estar con semejante mujer, la deseaban otros y era mía.

Claro que a Elizabeth también la miraban, es única.

Mierda, otra vez mi ex mujer en mi mente.

En el avión Sonia trató mal a una azafata.

Me dio un poco de vergüenza, a veces no se ubica y habla a los gritos.

Por fin llegamos a España, en cada escala le compré lo que me pidió, parecía Mati que siempre quería todo lo que veía.

Nos divertimos mucho, cenábamos en el hotel y paseábamos, como estábamos en Barcelona y justo jugaba de local, quise ir a ver el partido, pero Sonia no quería que vaya. 

Quise ir al museo histórico de Barcelona y tampoco quiso ir.

Prefiere dormir de día e ir a bailar de noche.

Lo entiendo, estamos de vacaciones.

También fuimos a Cantabria a la playa Valdearena, es una playa nudista, yo estaba en short, pero Sonia estaba totalmente desnuda, disfruté verla y como la miraban otros hombres, claro que yo también miré el paisaje, había mujeres muy bellas.

En un momento me planteó que yo miraba a otras, ella hacía lo mismo.

Miraba indistintamente a hombres y mujeres, lo hablamos y entendió mi postura.

Terminamos en un sector más privado donde se hacía intercambio de parejas.

No estaba del todo convencido, pero Sonia insistió, decía que así se mantenía la pasión entre nosotros.

Fue cuando vi a una rubia escultural y pensé inmediatamente en Eli.

Terminé teniendo sexo con esa rubia.

Nunca viví el sexo tan libremente.

Me encanta y me encantó también esa rubia, tan parecida a mi rubia.

Dios...ya no es más mi rubia.

Me angustio pensando en ella ¿Y si se le ocurre algún día hacer lo que yo estaba haciendo?

No, ella no haría jamás algo así

Por eso la dejé, porque todo me resultaba aburrido.

Sin embargo tenía cierta tranquilidad que nunca terminaría en brazos de algún desconocido.

Bueno, la tranquilidad era porque es la madre de mis hijos.

Esa noche terminamos discutiendo con Sonia, ella quería irse con otro y que yo mire.

No señor, en la vida todo tiene que ser parejo.

Fuimos a Francia y se aguantó el paseo por la Torre Eiffel, pero el museo Louvre no lo pude visitar.

Me molestó un poco, porque playas y shopping hay en todos lados.

Cuando quise comprarle un juguete a Matías hizo tal escándalo que opte por no comprarle nada.

-Habíamos quedado en que no lo verías nunca más al mocoso.

-Te pido que hables con más respeto de mi hijo.

-Vos mismo te quejabas de él.

-Sin embargo sigue siendo mi hijo.

-Podés hacer como yo, que la primera vez que quedé embarazada lo di en adopción apenas nació y me olvidé del marrano.

-¿Diste en adopción a una criatura?

-Sí y me pagaron muy buena plata, pero las siguientes dos veces que quedé embarazada, aborté directamente.

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