
Un Contrato De Protección
Capítulo 3
Al escucharla, de sus labios
brotó una sonrisa de lado, ahí tenía la respuesta a su pregunta, pero con la
pena se tenía que negar, sin embargo, pensándolo un segundo eso podría
facilitar algunas cosas para una nueva misión que el secretario de seguridad le
había encomendado.
Escuchó que hablaba a lo que
volvió a ponerle atención dejando de lado sus pensamientos.
—Anoche después de vernos, te
busqué y descubrí que eres el mejor guardaespaldas del país— eso no era una
mentira, como siempre le gustaba estar en lo más alto, ser el mejor en todo
como su padre le había enseñado.
—Lamento que viniera a perder
el tiempo señora, pero voy a tener que rechazar ser su guardaespaldas, siempre
escojo con quien trabajo y con usted no volveré a estar cerca— tomó las
carpetas— si me permite tengo mucho trabajo— la volvió a mirar, en la noche no
había notado su rostro que estaba un poco pálido, y sus ojos no tenían ese
brillo tan especial que la caracterizaba y su rostro tenía una expresión de
tristeza, una que no iba con ella.
—Por favor Leonardo— por dios
cuanto extrañaba escuchar su nombre de sus labios, era tan… su neurona le dijo
que no podía dejar que su corazón nublara su razón— hay alguien que me quiere
matar, me ha mandado una amenaza, después del día que perdí a Steven— no era
una novedad, la noticia de la muerte del dueño del bufet de abogados más
prestigioso del país al salir de su boda, fue la más sonada durante días — te
necesito, necesito un guardaespaldas, tú mismo fuiste testigo anoche de que
casi cumplen…— sí, y había sentido un gran miedo, pero él no podía ser lo que
ella pedía.
—Porque no le dices a tu padre
que te contrate un guardaespaldas— replicó sin mirarla a los ojos.
—¡Porque no!, porque te
quiero a ti— sus palabras hicieron que su corazón se llenara de jubiló, pero
pronto hizo que se calmara, porque no era la forma que ese tonto órgano
pensaba.
—Lo siento, no puedo, yo no
puedo ser tu guardaespaldas— se levantó de su asiento para alejarse de su
perfume, que lo estaba envolviendo y volviendo loco, pues sentía las ganas
enormes de correr detrás de ese escritorio y abrazarla, decirle que todo
estaría bien que él encontraría a esa persona que le quería hacer daño,
llenarla de besos y…— olvídate de esa locura, si quieres un guardaespaldas puedo
ofrecerte a cualquiera de los hombres que trabajan aquí o si no busca alguien
más…
—Pensé que no rechazabas
ningún caso, ¿Qué te da miedo fallar? — al igual que él se había levantado de
su silla, se cruzó de brazos mirándolo de una forma retadora— si es así pues me
tendré que ir, le diré a todos, que el dueño y el mejor guardaespaldas de esta
agencia, tuvo miedo de tomar el trabajo de proteger a esta pobre doctora…—
escuchó un gruñido, estaba consiguiendo lo que ella quería, aun lo conocía.
Tomo su bolsa, dio solamente dos pasos cuando escuchó su voz;
—Espera, seré tu
guardaespaldas, y te ayudare a dar con los responsables de las amenazas— sabía
que era la peor decisión, pero no podía permitir que ella dijera un mal
comentario sobre su agencia de guardaespaldas.
Arantxa sonrió con triunfo, no
había cambiado, siempre su orgullo era él que gobernaba sus acciones, disimuló
la sonrisa al dar media vuelta y de nuevo estar al frente de él.
—Solo que tengo una condición
para que tu seas mi guardaespaldas— replicó con dulzura mientras de su bolsa
sacaba una carpeta negra— necesito que firmes este documento— el frunció el
ceño al tomar la carpeta que le ofrecía Arantxa, antes de abrirlo pensó que era
algún tipo de contrato de confidencialidad, pero cuando vio lo que decía al pie
de la hoja, lo cerró de inmediato.
—Es una broma ¿verdad? —
aventó la carpeta al escritorio, mirando como ella negaba con la cabeza.
—Aparte del contrato que voy
a firmar para tener tus servicios, yo necesito que firmes ese contracto de
matrimonio, en el que queda claro que no habrá demostraciones de cariño a menos
que sea en algún evento donde vallamos juntos, no habrá intimidad durante el
tiempo que dure tu contrato y vivas en mi casa y recibirás una gran
gratificación económica cuando termines con el trabajo y por supuesto el
divorcio.
No podía creer lo que estaba
escuchando, tenerse que casar con ella para ser su guardaespaldas, tal parecía
que se había vuelto loca— será un matrimonio de apariencia, no quiero dar a
saber que te he contratado como mi guardaespaldas…
—No, no voy a firmar este
contrato, no pienso casarme contigo, además te aseguro que a tu padre no le
gustará en nada este dichoso matrimonio— aquella tarde había sido muy claro al verse
feliz sabiendo que ya no formaría parte de la vida de su hija, para Devon
Olivares, siempre había sido muy poca cosa para ser la pareja de Arantxa.
—Ya soy mayor de edad y yo
decido a quien contrato para mantener mi seguridad— abrió la carpeta— firma
para terminar esto cuanto antes, tengo una consulta dentro de poco, así que me
tengo que ir…
—No, no puedo casarme
contigo…— esas palabras, no supo porque le calaron en su corazón, como si un
bisturí se clavara muy hondo en su pecho, tal vez era porque ya tenía alguien,
se dio un golpe mental, ya le quedaba claro, debía ser la mujer por la que la
dejó, despedazando su corazón— puedo ser discreto al momento de cuidar de ti,
pero no voy aceptar esta absurda condición.
—Tu ya me disté tu palabra,
firma este contrato— guardo un momento de silencio— ¿a menos que tengas esposa?
— soltó, maldita curiosidad, algo dentro de ella quería saber si estaba casado
con ella, la mujer que le arrebato su amor.
—No, y nunca pienso casarme—
soltó omitiendo que ella era la responsable de esa decisión, pues después de
dejarlo con su corazón casi muerto, nunca más había podido confiar su corazón a
nadie más, por su culpa ya no podía confiar en las mujeres. Arantxa
extrañamente sintió alivio— solo firma el contrato de mi empresa, y todo
quedará claro…
—No, no entiendes que sería
extraño que una doctora como yo tenga un guardaespaldas— si tenía razón, pero
no podía firmar ese contracto— por favor Leo, te juró que cuando todo esto
acabe, nadie sabrá de esto y tú serás un hombre libre para hacer tu vida con la
mujer que quieras…
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