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Portada de la novela Un contrato con Elena

Un contrato con Elena

Elena está desesperada por rescatar su compañía de la ruina, mientras que Alejandro, un poderoso magnate, requiere una esposa para asegurar su herencia. Ambos pactan un matrimonio de conveniencia por un año, bajo la estricta norma de evitar sentimientos o contacto físico. No obstante, el roce diario despierta un deseo inesperado que cambia el juego. La situación estalla cuando Elena queda embarazada; Alejandro duda de su lealtad y la desconfianza amenaza con destruirlos.
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Capítulo 3

Pasé la noche en vela, dando vueltas en la cama. Cada vez que cerraba los ojos, veía la mirada fría de Alejandro y sentía la corriente eléctrica de su apretón de manos. Me levanté temprano, incapaz de seguir intentando dormir. El apartamento estaba en silencio, excepto por el murmullo lejano del tráfico matutino.

Me dirigí a la cocina y me preparé un café. Mientras esperaba a que se preparara, miré los documentos que Alejandro me había dado la tarde anterior. Los había dejado sobre la mesa de la cocina, casi como si no quisiera enfrentarlos. Finalmente, con una taza de café en la mano, me senté y empecé a leerlos con detenimiento.

Cada cláusula estaba escrita en un lenguaje legal denso, pero el mensaje era claro. Este matrimonio sería un contrato de negocios, con reglas estrictas y sin lugar para el amor o la emoción. Viviríamos juntos durante un año, manteniendo las apariencias, y luego nos separaríamos, cada uno con lo que quería: él, su empresa, y yo, el dinero.

Entre las cláusulas, algunas destacaban especialmente:

1. **Confidencialidad**: Ambas partes debían mantener en secreto la verdadera naturaleza del matrimonio. Cualquier filtración resultaría en la anulación del contrato y posibles acciones legales.

2. **Convivencia**: Durante el año del matrimonio, debíamos vivir en la misma casa y asistir juntos a eventos públicos, manteniendo las apariencias de una pareja feliz.

3. **Pago**: Al finalizar el año, recibiría una suma considerable de dinero que me permitiría salvar mi tienda y asegurar mi futuro.

4. **Privacidad**: Aunque viviríamos juntos, tendríamos habitaciones separadas y nuestras vidas privadas no debían interferir una con la otra.

5. **Termino**: Si alguna de las partes deseaba terminar el acuerdo antes del año, se aplicarían penalidades financieras.

Justo cuando estaba sumida en mis pensamientos, mi teléfono sonó. Era Javier.

-Hola, Elena. ¿Cómo te sientes? -preguntó con suavidad.

-Confundida, Javier. No sé si puedo hacer esto -admití.

-Es natural sentirte así. Pero recuerda, tienes el control. Si decides hacerlo, puedes cambiar tu vida. Si no, seguiremos buscando otra solución -dijo, siempre el amigo leal.

-Gracias, Javier. Realmente necesito pensarlo más -dije, sintiendo un poco de alivio al hablar con él.

Colgué y miré los papeles de nuevo. Pensé en la tienda de flores y en cómo cada pétalo y cada hoja eran un reflejo de mi esfuerzo y mis sueños. Pero esos sueños estaban a punto de desvanecerse si no hacía algo pronto.

El timbre de la puerta interrumpió mis pensamientos. Me levanté y abrí, encontrándome cara a cara con Alejandro Ferrer. Vestía un traje impecable, como si estuviera listo para una reunión de negocios, no para una visita matutina.

-Buenos días, Elena. Espero no haberte despertado -dijo, su tono formal como siempre.

-No, ya estaba despierta. Pasa -dije, un poco sorprendida de verlo allí.

Entró en mi pequeño apartamento, mirando a su alrededor con una ligera curiosidad.

-Quería hablar contigo personalmente. Sé que esto es mucho para asimilar, y quería asegurarme de que tuvieras todas tus preguntas respondidas -dijo, sentándose en una silla junto a la mesa de la cocina.

Me senté frente a él, sintiendo la tensión en el aire.

-Gracias por venir. La verdad es que aún tengo muchas dudas -dije, tratando de sonar segura.

-Entiendo. Pregunta lo que necesites -respondió, inclinándose ligeramente hacia adelante.

-¿Por qué yo? -pregunté directamente. Era una de las preguntas que más me rondaba la cabeza.

-Porque, aunque no nos conocemos bien, confío en la recomendación de Javier. Eres una persona honesta y estás en una situación que podría beneficiarse de este acuerdo. No quiero complicaciones emocionales, y creo que tú tampoco -dijo, su mirada intensa fija en mí.

-¿Y qué pasa si algo sale mal? -pregunté, aún buscando respuestas.

-Como te dije, todo está estipulado en el acuerdo. Si algo no funciona, tendremos abogados que lo resuelvan. Pero confío en que podemos hacerlo funcionar sin problemas -dijo, su voz firme.

-¿Y durante este año? ¿Cómo será vivir juntos? -pregunté, sintiendo un nudo en el estómago.

-Será un arreglo profesional. Tendremos nuestras vidas separadas, pero mantendremos las apariencias en público. Habrá ciertas reglas de convivencia, pero nada que no podamos manejar -respondió, su tono algo más suave.

-Es mucho para asimilar -dije finalmente, sintiendo el peso de la decisión.

-Lo sé, y no quiero presionarte. Pero necesito una respuesta pronto. Si decides no hacerlo, lo entenderé. Pero si decides aceptar, estaré allí para asegurarnos de que todo salga bien -dijo, levantándose.

Lo acompañé a la puerta, sintiendo una mezcla de alivio y nerviosismo.

-Gracias por venir, Alejandro. Te daré una respuesta lo antes posible -dije, tratando de sonar más segura de lo que me sentía.

-Gracias a ti, Elena. Tómate el tiempo que necesites -respondió, dándome una última mirada antes de salir.

Cerré la puerta y me apoyé en ella, sintiendo cómo la realidad de la situación se asentaba en mí. Volví a la mesa y miré los documentos una vez más. Sabía que tenía que tomar una decisión, y pronto.

Esa tarde, decidí tomar un descanso y dar un paseo por la ciudad. Necesitaba despejar mi mente y pensar claramente. Caminé sin rumbo, observando a la gente, los coches, y la vida a mi alrededor. Terminé en un pequeño café donde solía ir a escribir en mis días libres.

Mientras me sentaba con una taza de té, vi a una pareja joven riendo y hablando animadamente en una mesa cercana. Parecían tan felices y despreocupados. Sentí una punzada de envidia y tristeza. Mi vida había estado llena de complicaciones últimamente, y la idea de un matrimonio por contrato parecía una solución rápida, pero a qué costo.

De repente, mi teléfono vibró. Era un mensaje de Alejandro.

-Espero que estés bien. No quiero apresurarte, pero necesito saber tu decisión pronto.

Suspiré y respondí: -Lo sé. Estoy pensando en todo.

Guardé el teléfono y me perdí en mis pensamientos. La vida siempre había sido complicada, pero esta decisión era la más grande que había enfrentado. Finalmente, terminé mi té y decidí que era hora de enfrentar la realidad.

De regreso a mi apartamento, me senté de nuevo frente a los documentos. Pensé en mi tienda, en mis sueños y en las oportunidades que podrían surgir de esta locura. La decisión no era fácil, pero sabía que tenía que tomarla.

Llamé a Javier.

-Javier, he decidido. Lo haré. Aceptaré la propuesta de Alejandro -dije, sintiendo una mezcla de alivio y nerviosismo.

-Elena, estoy seguro de que estás tomando la decisión correcta. Si necesitas algo, sabes que siempre estoy aquí para ti -respondió con calidez.

-Gracias, Javier. Necesitaba escuchar eso -dije, sintiendo una lágrima solitaria correr por mi mejilla.

Colgué y miré los documentos una última vez. Luego, tomé mi teléfono y llamé a Alejandro.

-Alejandro, he tomado una decisión. Acepto tu propuesta -dije, mi voz firme.

-Me alegra escuchar eso, Elena. Nos encontraremos mañana para firmar los papeles y discutir los detalles. Gracias por confiar en mí -respondió, su voz más cálida de lo que había sido antes.

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