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Portada de la novela Un Bebé Para Mi Ex: El Contrato Con El CEO

Un Bebé Para Mi Ex: El Contrato Con El CEO

Traicionada por su prometido, quien pretendía convertirla en su amante, Isabella rompe su compromiso enfrentando la ruina. En este momento crítico, Jameson Howard, su antiguo primer amor y hoy un magnate poderoso, le ofrece un pacto: un matrimonio de conveniencia y un hijo a cambio de fortuna y revancha. Aunque el trato solventaría sus deudas, Isabella se debate ante el resurgir de sus sentimientos por un hombre cuyo corazón parece estar ocupado por alguien más.
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Capítulo 3

CAPÍTULO 03:

Isabella podía sentir la brisa del viento esa refrescante noche de Abril acariciando su rostro, mientras sus ojos verdes veían el magnífico paisaje nocturno.

Ella que se encontraba en la cubierta del lujoso Yate de Jameson, no tenía idea de qué la impulsó exactamente a tomar tan atrevida decisión.

¿Era la adrenalina de un encuentro pasional con su ex de la universidad?

¿Disfrutar de una loca noche para olvidar sus desgracias?

¿Un escape a su dolorido corazón que sufría el ser dejada por Franklin?

Ese ex que había sido su primer amor, se apareció en ese instante con dos finos cócteles, dándole una copa a Isabella.

Ella sonrió y tomó dos tragos, para seguidamente mostrar una sonrisita coqueta a Jameson.

—¿Me das un recorrido por el interior de tu Yate?, creo que ya disfruté mucho de la vista nocturna~

La clara insinuación de Isabella le hizo saber a Jameson que estaba bien mandar cualquier formalidad al carajo.

¡Los dos se tenían ganas!

¡Querían hacer de ellos un desastre!

Olvidar todo y dejarse llevar por las llamas de la lujuria…

Jameson se inclinó hacia Isabella y la besó…

Un beso que empezó lentamente donde él saboreaba esos carnosos labios rosa de esa hermosa mujer de su pasado.

CLANK~

La copa del cóctel de Isabella cayó al piso rompiéndose en pedazos al ella soltarla y apoyar sus antebrazos en los hombros de Jameson, intensificando los movimientos de ese beso.

Las manos de Isabella acariciaban el cabello castaño de ese hombre por la parte trasera y él dejando en la baranda del yate su copa, alzó a Isabella, quedando ella con una pierna a cada lado.

¿Amor?

No había ni una gota de amor en ellos…

No para ese entonces, pero las viejas chispas de la pasión volvieron a encenderse después de muchos años.

…..

Isabella había sido llevada a la habitación de ese millonario en el interior del yate.

Ella se quitó su bikini casi de inmediato, comenzando a ayudarle a él a desvestirse…

Jameson la apartó causando que ella quedé de espaldas sobre la cama y seguidamente él posó su mano en la espalda baja de Isabella acariciando ese tatuaje…

Ese tatuaje de pareja que ambos se habían hecho en su época universitaria.

Él se inclinó y mordió justo ahí a Isabella, causando que ella se altere recordando el pasado y volviendo a ver a ese CEO, por encima de su hombro.

—Ay~ oye ten cuidado~ —sonrió ella con su rostro colorado.

—Aun lo conservas… —susurró él hablando del tatuaje, mientras volvía a enderezarse.

—No he tenido dinero para quitarlo… —mintió ella, pues en más de una ocasión, Franklin pidió que se lo remueva.

—Mmm~ ¿Es así? —preguntó Jameson con incredulidad.

—¿Y tú, removiste con láser el tuyo? —preguntó Isabella curiosa.

Jameson que ya no tenía ninguna prenda puesta en su parte superior sonrió seductor.

—Dicen que removerlo es doloroso~

Isabella entendió que él no se lo quitó tampoco, algo que la tomó por sorpresa.

Ella se acercó a besar el cuello de ese hombre mientras sus traviesas manos soltaban el cinturón del pantalón de Jameson, haciéndolo sacado y lanzándolo fuera de la cama.

Isabella se asomó de reojo a la parte baja de la nuca de Jameson…

Justo ahí…

Seguía el tatuaje.

Fue todo… No pudo contenerse más.

Extrañamente eso causó un deseo implacable en ella y no hubo marcha atrás.

Se entregó a las llamas de la pasión y el placer mezclando su cuerpo con el de ese hombre de su pasado.

……..

Más tarde esa noche.

Isabella tomaba vino de una copa mientras veía el paisaje nocturno por la pared de cristal que tenía esa habitación.

—Me prestas tu teléfono. Tengo que llamar a mi amiga —pidió Isabella preocupada.

Justo cuando ese hombre tomó el celular, comenzó a timbrar y vió que tenía una llamada desde la mansión.

Jameson la respondió de inmediato.

—Señor Howard —se escuchó la voz del mayordomo—. Lamento molestarlo a estas horas de la madrugada, pero su madre ha pedido que vaya a verla, es urgente. Ya envié el helicóptero por usted.

Jameson se levantó de la cama buscando de inmediato sus ropas.

"¿Podría ser que nuevamente abusó de los antidepresivos?, le he dicho que tenga cuidado, no son malditos dulces…"

"Ella no los ha podido dejar desde que mi padre… Murió…"

Pensaba él fríamente mientras terminaba de vestirse.

—¿Sucedió algo, Jay? —preguntó Isabella usando el apodo de ese hombre.

—No. Nada que sea de tu incumbencia —le respondió él fríamente luego de haber obtenido lo que quería de Isabella—. Te llevarán de regreso en breve —añadió para seguidamente irse de ahí.

Isabella se quedó sentada en esa cama, sin ni una prenda encima, nada más que las marcas en su cuerpo indicando lo mucho que disfrutó de ese encuentro sexual…

Uno que dedujo de inmediato, jamás se volvería a repetir.

Eso había sido todo… Ambos se utilizaron mutuamente como un breve consuelo carnal.

••••••••••

Minutos más tarde, el helicóptero había llegado a la mansión de ese CEO, que de inmediato ingresó preocupado por la salud de su madre.

Clac~

Cuando la puerta de la sala principal se abrió y Jameson ingresó, de inmediato le habló.

—¿Sucedió algo, madre? ¿Estás bien?

Él vió a esa mujer madura de cabello castaño, usando una bata de seda roja, con una mascarilla de aguacate en su rostro y una copa de vino tinto en su mano derecha y en la izquierda una revista que hizo lanzada a Jameson.

Él tomó la revista en el aire antes de que cayera al piso.

—¡Mira eso Jameson! ¡La competencia está sacando mucha ventaja! ¿Matrimonio de Franklin Robinson y Christina Harris?, la hija de esa familia dueña de una cadena hotelera. Su agencia ha estado mejor que la nuestra últimamente, por eso te hemos pedido volver de Europa. Esto es un desastre… —se quejaba la señora haciendo una expresión de preocupación.

—Me alegra que a Franklin le esté yendo bien. Es uno de mis buenos amigos de la universidad, después de todo y-

—¡¿No lo entiendes Jameson?! —gritó exaltada doña Dayan Howard poniéndose de pie— ¡Tenemos que ser los mejores en todo! ¡No dejar que la competencia crezca mientras vamos en decadencia!, mientras los medios anuncian el matrimonio de los Robinson y Harris, en el artículo inferior habla de tu desastroso y misterioso divorcio… Rumorean que ella te fue infiel o que tú estás estéril.

Jameson se fijó en la revista, viendo que hasta mencionaban que él seguía usando ese anillo matrimonial.

—Que los Robinson estén teniendo éxito no quiere decir que yo deba competir. Me alegra por Franklin, no sabía nada de él desde que me fuí al extranjero —Jameson comenzó a dirigirse a la salida.

—¡JAMESON HOWARD! —gritó la señora— ¿Estás olvidando el trato que firmaste con tus abuelos maternos? ¡Un divorcio no es buena imágen! ¡Cásate y da un heredero y por Dios, ya quítate el maldito anillo!, si no lo haces mis padres dividirán la empresa y le darán a Adrián gran poder.

—Adrián es mi primo madre. La familia de mi tío no haría algo para perjudicarnos.

—A veces los mismos enemigos están entre la familia —decía la mujer tomando su tableta digital que tenía en una mesita de la sala y mostrando a Jameson evidencia de la relación cercana actual de Franklin y Adrián— Se les ha visto cerca últimamente. Sabes que mi hermano siempre ha querido vender la empresa de mis padres, por eso ellos te dieron el cargo bajo cláusulas a ti, no querían a mi hermano o Adrián de CEO.

—¿Insinúas que Adrián nos traiciona con la empresa de los Robinson?, eso es imposible… Pero… —susurró Jameson revisando la información— Voy a investigar esto madre. Si tienes razón. Haré algo al respecto, para que así estés más tranquila.

••••••••••

Un mes después:

••••••••••

Isabella se encontraba en el interior del baño de su departamento.

Entre lágrimas veía la prueba de embarazo en sus manos marcando un claro positivo.

En el exterior, se encontraba su mejor amiga Evelyn, quien esperaba a que Isabella saliera y le dijera qué indicó la prueba.

Sin embargo la demora era mucha.

Toc~ toc~

—¿Isabella, estás bien?, no me asustes amiga… —decía Evelyn después de haber tocado a la puerta.

Isabella abrió y salió con su rostro bañado en lágrimas mostrando la prueba a Evelyn.

—¡Oh mi Dios! ¡Estás embarazada, Isabella! ¡Te dije que esos síntomas que tenías no eran ninguna gastritis!

—¡No puedo tenerlo! —exclamó de inmediato Isabella secando sus lágrimas torpemente con sus manos— No tengo nada que darle, sigo siendo despedida de mis empleos y yo… No sé qué más hacer… ¡No quiero tener un bebé así!

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