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Portada de la novela Un amor prohibido con el CEO

Un amor prohibido con el CEO

Tras sufrir una dolorosa traición, Leticia decide abandonar el amor para casarse por interés con un hombre mayor que le asegura fortuna. Su calculada vida se desmorona cuando Nicolás Spencer, el arrogante heredero de su esposo, regresa del extranjero para reclamar su legado familiar. El conflicto estalla al descubrirse que el antiguo y gran amor de Nicolás es ahora su madrastra, desatando una lucha entre la ambición, el deber y la pasión prohibida.
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Capítulo 3

NICOLÁS 

Lleve mis manos a mis mejillas, y las sobé, no niego que ella logra sacarme de mis casillas, ella logra volverme completamente loco.

-Es mejor, que no vuelvas a colocar tus manos sobre mí, o juro que te vas a arrepentir -dije, tomé sus muñecas y las sostuve mientras mire fijamente sus ojos.

Definitivamente ella sigue siendo hermosa, una Diosa. Saber que siento celos, celos de saber que es mi padre quien la tiene en sus brazos todas las noches, "Joder Leticia" me jodiste la vida,  te juro que no voy a descansar hasta hacerte pagar una a una cada lágrima de mi madre derramó, porque estoy seguro de que es por ella, solo por ella que mi madre perdió la cordura.

-Y tu no vuelvas a tocarme, me das asco Nicolas, me das asco -dijo, jaló sus manos y salió de la cocina, "mierda, mierda"...

Subí las escaleras, estaba que me llevaba el mismísimo diablo, solo quería darme una ducha de agua helada, es lo único que me calmaría esta horrible sensación de querer tenerla entre mis brazos, solo que me detuve justo en la entrada de su habitación, de la habitación que era de mi madre 

Se que dejó la puerta  entreabierta solo por provocarme, lo sé, no es la primera  vez que lo hace. Y lo peor, no resistí al ver la bata, la misma que hace unos minutos llevaba puesta y ahora está en el maldito  piso.

Mire a mi alrededor que mi nana no viniera, con la duda su ingresar o no, se que ella está ahí, sin absolutamente nada, lo se.

Joder Leticia, ¿Qué me estás haciendo? Solo llevo una maldita semana en esta casa y me estás volviendo completamente loco, creo que es mejor irme, va a ser lo mejor, así a mi padre no le guste absolutamente nada.

Sin dudarlo un segundo entré a la habitación, a su habitación, o mejor dicho la habitación que un día fue de mi madre. Camine suavemente hacia al baño y pude sentir como mi pequeño amigo se había puesto grande, realmente apunto de salirse de mis pantalones al verla completamente desnuda.

Lleve mis manos al medio de mi entrepierna, joder, no sé cuanto tiempo pueda resistir, tenerla tan cerca y la mismo tiempo tan lejos, saber que fue mía una y otra vez, y ahora ella se vendió al mejor postor, o a mi padre, no entiendo como el pudo caer en sus redes.

-¡Leticia amor!, ¿Dónde estás?. -¡Joder mi padre! ¿Y ahora en dónde me meto?, no puedo salir de aquí, o de lo contrario él se dará cuenta que estaba en su habitación, y por ahora no se que excusa darle, y mucho menos tengo las pruebas para desenmascarar a Leticia, cosa que pienso hacer y pronto.

Aunque me queme en maldito infierno por meterme en esto, tendré que meterme al baño, no veo de otra, debajo de la cama no es una posibilidad, así que el baño es lo único que puedo hacer.

Sin dudarlo un segundo entré en el baño, y cerré la puerta, logrando captar la atención de mi querida madrastra.

-¡Ahhh! -exclamó ella al escuchar la puerta cerrarse, sin dudarlo un segundo le eche seguro, no puedo exponerme a qué mi padre me vea y justo con su flamante esposa 

-¡Shift! -dije caminando hacia ella, lo cual provocó que ella abriera sus ojos de par en par.

-¿Qué demonios haces en mi habitación, y lo peor, en mi baño?, ¡Lárgate!. -Sus manos viajaron a sus enormes pechos, dejándome ver su monte venus al descubierto, joder ¿Cuánto tiempo podré resistir?

-¡Cállate por favor!, mi padre acaba de llegar y no puede saber qué estoy en esta habitación -dije al escuchar la puerta de la habitación abrirse.

-¡Qué!, ¡Estás completamente loco!, ¿y qué haces metido en mi habitación?, ¡Estás completamente loco! -susurró, me acerqué más a ella, y así poder tratar de calmarla.

-¡Leticia Amor!, ¿dónde estás? -dijo nuevamente mi padre, haciendo que Leticia se pusiera claramente nerviosa.

-No digas nada, por favor -dije tan cerca de ella que podía sentir cómo su cuerpo temblaba por mi cercanía, si no fuera porque se que ella no me ama, juraría que tiembla por mi.

-Definitivamente estás loco. Mark, amor estoy dándome una ducha, ¡ya voy! -exclamó Leticia abriéndose paso.

-No entiendo por qué escondes tu cuerpo si bien sabes que lo conozco a la perfección -vociferé mientras mis manos la sujetaban de su brazo.

-¡Es mejor que me sueltes!, o te aseguro que grito -dijo imponente. Sonreí sé muy bien que a ella no le conviene que mi padre nos vea, y más a ella completamente desnuda.

-¡Dale grita!, grita para que todo tu teatrito se venga abajo. -La jale hacia mi, y la pegue tanto que moría por besarla nuevamente.

-¡Suéltame! -exclamó ella.

-¡Estás segura que quieres que te suelte! -dije mientras llevaba mi boca alrededor de su cuello, haciendo que su cuerpo se arqueara hacía atrás.

-¡Leticia amor!, ¿Por qué echaste seguro? -dijo mi padre, vaya por un momento me dejé llevar, joder, ¿Y ahora qué hago? .

La fría mirada de Leticia recorrió mi mirada, a veces me gustaría saber que pasa por su cabeza, ¿O simplemente por qué me hizo todo esto?

-Amor, dame unos minutos, no pensé que estuviera con seguro -exclamó, la sujeté más fuerte sin importarme que aún estuviera completamente desnuda, no quería que escapara de mi, aspire cada gota de sudor que aún salía de su cuerpo... su cuerpo desnudo.

-¡Suéltame Nicolás! Tu papá está afuera, y puede entrar en cualquier momento, por favor es mejor que me sueltes -dijo con su mirada clavada en mi.

-No, no te suelto. Mejor dejemos que nos vea, y así de paso le explicas que te casaste con él por su dinero, y no porque lo ames. Porque estoy seguro que te acercastes a él por su dinero, y como mi madre les estorbaba la mandaron a un maldito manicomio que la volvió loca, nunca lo has amado, nunca lo amarás -exclamé. 

La odio, la odio, Leticia no sabes cómo te odio.

-Suéltame, no quiero seguir escuchándote; Claramente sigues siendo un chiquillo, y en cambio tu padre si es un hombre, uno hombre de verdad, uno que me hace vibrar en la cama, en cambio tu solo eres pasado -vociferó a mi odio.

No niego, sus palabras me enceguecerieron por completo el alma, no importó que mi padre estuviese afuera, solo la tomé del cuello y la bese, la bese con tal fuerza, que mi pequeño amigo estaba a punto de salirse de mis pantalones, tanto que dolía.

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