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Portada de la novela Un amor prohibido con el CEO

Un amor prohibido con el CEO

Tras sufrir una dolorosa traición, Leticia decide abandonar el amor para casarse por interés con un hombre mayor que le asegura fortuna. Su calculada vida se desmorona cuando Nicolás Spencer, el arrogante heredero de su esposo, regresa del extranjero para reclamar su legado familiar. El conflicto estalla al descubrirse que el antiguo y gran amor de Nicolás es ahora su madrastra, desatando una lucha entre la ambición, el deber y la pasión prohibida.
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Capítulo 1

Nicolás

Lleve mis manos una vez más a mi cabeza, quisiera decir que  estoy feliz de volver, pero no, odio tener que volver, odio volver de esta manera.

Pensé que mi padre sería un hombre justo, quien apoyaría a mi madre en todo, vaya que no.

Saber que mi madre perdió la cordura completamente hace que sienta un enorme vacío en mi corazón.

Ella siempre ha sido mi razón de ser, mi polo tierra por ella daría todo, y ahora saber que mi padre decidió meterla en una maldita casa de reposo y todo por tener feliz a su nueva esposa, hace que la sangre me hierva.

Alce mi mirada, y no pude evitar sentir nostalgia, si tan solo ella no me hubiese traicionado, yo nunca me hubiera ido dejando a mi madre sola.

-¡Señor!, ¿Se siente bien?. -Moví mi cabeza y baje del auto, creo que pase horas solo mirando el lugar donde algún día fui tan feliz.

-¡Si!, gracias por traerme, ah, por favor no le diga a mi padre que volví, quiero darle una sorpresa -exclame, acomode mi camisa y caminé directo hasta la casa 

Se supone que mi padre llega en una semana de su viaje de negocios, el tiempo suficiente para averiguar todo sobre dónde esta mi madre.

-¡Joven Nicolás! -Me giré al escuchar a mi nana, deje mis maletas  aún lado sonreí, y corrí abrazarla.

-¡Nana!, ¡Definitivamente estás igual de hermosa que cuando me fui! -vociferé, estire mi manos para que ella girará sobre su eje, mientras ella dejaba salir una enorme carcajada.

-¡Que cosas dices mi niño! 

-La verdad, solo la verdad. -Me giré-. Ahora hablamos nana, quiero ir a la habitación de mi madre, necesito algunas de sus cosas.

-Mi niño no! -No preste atención a sus palabras, tengo el tiempo justo para salir de nuevo, solo quiero tomar algo de ropa e ir a la casa de reposo en donde está internada mi madre.

Giré la perilla, quisiera decir que solo abrí la puerta, pero no, abrí mi boca de par en par al ver a una mujer completamente desnuda bailando. A la mitad de la habitación.

Tragué saliva, en verdad es hermosa, o al menos tiene el mejor trasero que haya visto en toda mi vida. La observé por unos segundos, y no lo niego, sentí como mi polla reaccionó de solo verla, aún así debo salir de mi trance.

-Em, buenas tardes -dije para llamar la atención de aquella mujer que estaba de espaldas.

-¡Mark! ¿por qué no avisaste que llegabas más temprano? -dijo ella girándose.

Sus ojos se abrieron de par en par, al igual que los míos, sus manos viajaron directamente a su pecho, tapando aquellos que recuerdo perfectamente.

-¿Qué diablos haces en mi casa y lo peor, en la habitación de mi madre? -exclamé, moví mi cabeza de lado a lado, no puede ser ella, no después de tanto tiempo.

Volver a ver a Leticia hace que todo se me remueva, y lo peor, verla otra vez completamente desnuda, hace que todo lo que creí olvidado vuelva a mi aún más fuerte.

-¡Qué!, ¿Cómo qué hago?, ¿Esa pregunta debería hacerla yo?, ¿Acaso no pudiste olvidarme que decidiste buscarme. -Vaya el cinismo de Leticia es verdaderamente grande.

-¡Para tu información, está es mi casa! -dije, tome una bata y se la lancé para que se la colocará. No quiero volver a ver su cuerpo desnudo, no, otra vez no.

-Vaya, vaya, así que tú eres mi hijastro, ¿Qué ironías no crees? -dijo Leticia con una evidente satisfacción en sus palabras.

No lo podía creer, ahora resulta que la mujer que me engaño con mi mejor amigo, a la que ame con todo el corazón ahora resulta ser mi madrastra.

-¿Esto es una maldita broma?, ¿Verdad? -dije llevando mis manos a mi cabeza.

-¡Mi niño!, quise decirte que no entrara.

-Nana, ahora no hay tiempo para explicaciones!, ¿Qué hace está mujer en mi casa? -exclamé haciendo un ademán para señalar a Leticia, quien tenía una reluciente sonrisa dibujada en su rostro.

-Ella es la esposa del señor Mark -dijo mi nana 

Me gire y maldije internamente, por qué de tantas mujeres en este maldito mundo, tenía que ser ella, ¿Por qué?

-¡Por Dios Nicolás!, tampoco es el fin del mundo!. Ahora mejor sal de mi habitación, no pienso seguir desnuda delante de mí hijastro -vocifero, me gire sobre mi eje, y joder, ni siquiera tuvo la amabilidad de colocarse la manta que le pase.

-¡En eso te equivocas!, yo no pienso salir de esta habitación, la que vas a salir eres tú! -dije firmemente, vi como sus ojos se abrieron como platos, aún así, no lo dude un segundo, di dos zancadas la tomé del brazo y la jale hasta llevarla hasta la puerta, si se que estaba desnuda, que mi cuerpo reaccionó tan pronto sentí su piel en mis manos, pero no va ser impedimento para colocarla en su lugar.

-¿Qué haces?, ¿Acaso estás loco? -exclamó con evidente molestia.

-Mi niño, suelta a la señora Leticia, su padre se enojara si sabe que usted la está sacando de su habitación.

-Me importa un maldito pepino, está es la habitación de mi madre, y está mujer no es nadie para estar en ella -grite la mismo tiempo que sentí como Leticia safaba de mi agarre.

-Definitivamente sigues siendo el mismo niñito tonto. ¡Es mejor que no vuelvas a poner ni un solo de tus dedos sobre mi!, o tú papito puede lastimarte  -dijo, movió su mano dejando al descubierto por completo de nuevo sus firmes y redondos pechos.

Dejándome en un grave problema conmigo mismo.

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