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Portada de la novela Turbulencia En Medias De Seda

Turbulencia En Medias De Seda

Una noche, la tía Violeta irrumpe en la habitación de Fabi usando una prenda muy reveladora para confesarle su profunda soledad y la falta de atención de su esposo. Aunque al principio Fabi se muestra nervioso por la falta de timidez de su tía al entrar sin tocar, la innegable atracción y una fuerte tensión no tardan en apoderarse del cuarto. Ante la evidente frustración de Violeta, Fabi decide dar un paso sumamente audaz y se ofrece a sí mismo para ayudarla a olvidar su soledad.
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Capítulo 1

—Fabi, porfa, ayúdame a descargar unas pelis de esas fuertes, es que me siento muy sola esta noche.

Era tarde cuando mi tía Violeta abrió la puerta de mi cuarto. Solo traía puesta lencería muy sensual que dejaba ver sus nenas bien formadas.

Justo me la estaba jalando y, del susto, me tapé rápido con la cobija.

—Tía, ¿por qué entras así sin tocar?

Ella tenía la cara toda roja.

—Es que me arde todo de las ganas y el inútil de tu tío ni me toca. Ándale, búscame unas pelis cochinas para que me pueda encargar yo misma.

Me toqué el fierro, que ya estaba bien duro, y le dije riéndome:

—¿Y si mejor te ayudo yo con eso?

Me llamo Fabián Barajas y estoy estudiando en la universidad. Vivo con mi tío Ramiro, que tiene su casa cerca del campus.

Desde que nací he tenido bastante vello en el cuerpo. Tengo diecinueve años y estoy en esa edad donde la sangre me hierve, donde las ganas de estar con una mujer son cada vez más intensas.

Todas las noches busco alguna película para adultos y en secreto uso las medias de la tía Vio para desahogarme, luego las devuelvo a la lavadora.

La tía Vio trabaja como azafata. Cuando llega a casa, lo primero que hace es quitarse las medias.

Tiene una cara preciosa, su piel es blanca y suave, pero lo que más me llama la atención son sus melones. Ni siquiera el uniforme de azafata puede contenerlos, parece que los botones van a reventar en cualquier momento.

Con solo imaginar su cuerpo, es suficiente para que me venga.

Y ella también parece estar muy necesitada. Cada noche le ruega a mi tío que la complazca.

Me pongo contra la pared a escuchar los gemidos de placer de mi tía, pero tristemente solo duran unos segundos antes de que mi tío termine.

Esta noche le robé un par de medias grises a la tía Vio. Todavía tenían el sudor de todo el día de trabajo.

Respiré profundo. ¡Ese aroma! Me volvía loco.

No aguanté más y me metí bajo las cobijas. En mi celular busqué una de las mejores películas de Khalifa.

Puse las medias entre mis piernas para sentir la fricción y el placer que me daba.

Pero justo en ese momento, la tía Vio abrió de golpe la puerta de mi cuarto.

Llevaba puesta lencería de encaje sensual, con muy poca tela. Se veía que se estaba agarrando ahí abajo a través de la ropa, y sus nenas parecían a punto de salirse.

¡Esto sí que estaba mal!

¿Será que se dio cuenta de que le robé las medias?

Cerré rápido el celular y escondí las medias debajo de mi cuerpo.

Pero ella tenía la cara roja y una actitud desesperada:

—Fabián, por favor ayúdame a bajar unas películas. No aguanto más.

Me quedé sorprendido:

—¿Pero no está mi tío? ¿Por qué necesitas ver películas?

La tía Vio mostró enfado y dijo:

—No me hables de ese inútil de tu tío. Cada vez que lo hacemos, solo aguanta dos segundos y ya no puede más. No logra satisfacerme. Vi tu celular y sé que tienes guardadas muchas películas. Ya no aguanto más, quiero ver algo para ocuparme de esto yo sola.

Por lo visto mi tía estaba realmente desesperada. Sentí una emoción recorrerme el cuerpo. Si pudiera ayudarla...

—Está bien, pásame tu celular y te las paso.

Mi tía se inclinó y me entregó su celular.

Sus melones casi me tocaban la cara. Nunca había estado tan cerca de ellos, tan grandes y redondos.

No pude evitar tragar saliva. El deseo me quemaba por dentro y mi fierro se puso más duro que nunca.

Las cobijas se levantaron como si fuera una carpa.

Mi tía miró el bulto que seguía creciendo bajo las cobijas con sorpresa.

Entonces lo tocó con su mano.

—¿Qué cosa tan grande tienes ahí escondida? Déjame ver.

Cuando me tocó así, mi cuerpo entero se estremeció como si me hubiera dado un toque eléctrico.

Esa sensación era mucho más intensa que cuando me tocaba yo mismo.

—Mmm... ah… —No pude evitar dejar escapar un gemido.

Mi tía entendió lo que era y su cara se puso completamente roja.

Dijo emocionada:

—Vaya, no pensé que lo tendrías tan grande.

Me sentí aún más excitado. Quería tumbarla en la cama ahí mismo y darle sin parar.

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