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Portada de la novela Tú y Yo a través del tiempo

Tú y Yo a través del tiempo

Zoé carga con un antiguo símbolo cuyo poder siempre ha intentado evitar. Al escapar de su destino, provoca una fractura temporal que sumerge al mundo en el caos, forzándola a madurar. La teniente Chloé, resentida por los estragos que el Eterno Gobernante causó tras su huida, la persigue sin descanso. Pese al rencor y las heridas del pasado, un amor imprevisto surge entre ellas. Zoé deberá elegir entre asumir su deber o huir de nuevo ante el conflicto.
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Capítulo 2

A las ocho de la mañana estoy en las afueras del jardín. Justo detrás del castillo debajo del gran árbol. Me gusta la tranquilidad que tengo a esta hora. Solo que hoy a diferencia de los demás días comunes al despertar en mi cama tenía de regalo una carta de mi madre. Al terminar de leerla siento que el mundo se paraliza y solo soy yo en él.

Justo hoy ocho de julio, echo de menos a mi madre más que nunca. Murió cuando yo solo era un bebé. Me críe con mi padre y un cuidador llamado Lucca. Nunca he querido ser la portadora del símbolo una marca que ha pasado de mujer a mujer por generaciones en mi familia. Aunque mi padre se hizo de él cuando mi madre falleció al tener los cinco años el símbolo volvió a mí, como si supiera que tenía la conciencia de usarlo. No se me fue permitido ir a la escuela por mi seguridad así que toda mi educación fue en el castillo.

Cuando cumplí mis dieciséis Lucca me presento a Samantha mi nueva cuidadora. A los dos años Lucca falleció. Eso fue sin duda un fuerte golpe para mí. Aunque estaba acostumbrada a ver a las personas morir por mi culpa, con él no quería que fuera así. Murió por protegerme y aún no sé qué pasó ese día, nadie lo sabe. Solo sé que hoy al igual que a mi madre a él lo echo mucho de menos. Tengo muchas preguntas que no sé si tendrán respuesta.

Mi nombre es Zoé Montana y hoy me vuelvo la líder de una orden de mando y ¡estoy aterrada! Mi padre siempre ha tomado las decisiones difíciles de mi vida y me ha cuidado de todos. ¿Por qué las cosas no las podemos hacer sencillas? Era mi turno de las decisiones difíciles y no las quería.

—Debemos ir a prepararte Zoé, ya son las nueve de la mañana —dijo Samantha, que está justo detrás de mí.

—Como si tuviera alguna elección propia. —Me levanto con un gesto de fastidio, mientras caminamos dentro del castillo en silencio. No me atrevo a mencionar la carta aunque sé que fue ella quien me la dejo.

Samantha ha sido la única persona que nunca he lastimado. La única que puedo decir que es mi amiga. Solo es dos años mayor que yo. Ella es de mirada dulce, pero muy severa a la hora de dar órdenes. Mi seguridad es lo primero y en repetidas ocasiones me ha dicho que daría su vida por mí. Y eso es justo lo que odio. Si pudiera irme lejos de aquí lo haría sin mirar atrás, sé bien que mi padre tiene la autoridad de asumir todo sin problema.

—Debes verte hermosa hoy Zoé —dijo, una vez que estamos en mi habitación y ella está buscando el vestido que llevaré hoy.

—Dices ¿Qué no soy hermosa el resto del tiempo? —pregunto con cierta picardía.

—No... Tú... claro que eres hermosa Zoé —respondió tartamudeando y se sonrojo, desde que la conozco he logrado ruborizarla con comentarios tan simples referentes a mi físico, todo su aspecto autoritario se cae en estos momentos donde parece no tener respuestas—. Solo que ya es tu cumpleaños diecinueve, tienes la edad para que en toda Italia sepa de ti como tanto has esperado —acota.

—Nunca he esperado esto Samantha y sabes bien que si pudiera dárselo a mi padre lo hubiese hecho sin dudarlo ni un segundo —respondo, mientras me coloco el vestido que ella me eligió—, es que ni me gusta esta fecha desde hace mucho —finalizo.

Desde que ella me conoce no me gusta mi cumpleaños, a partir de mis diez años no quise celebrar más el día que nací. Siempre terminaba en muertes o desastres. Mi padre decía que era mi culpa, pero que él arreglaría el problema. Siempre lo hacía y con él me sentía segura, Lucca era más dulce y nunca hablaba cosas de adultos conmigo para el entonces, pero si sé que peleaba con mi padre por lo que me decía. Termine de vestirme para la gran hora esperada, bueno esperada por otros no por mí.

—¡Zoé cuanto más vas a tardar para estar lista! —gritó mi padre fuera de mi habitación.

—Sabe cómo es Zoé para convencerla de vestirse a tiempo señor Eduardo —respondió Samantha—. Ya salimos.

—Las espero abajo, ya dejen de demorar —contestó en tono severo.

Nos reunimos con mi padre abajo sin decir una palabra. El semblante serio de él al verme no me hizo sentir muy segura. Está vistiendo su traje negro impecable como siempre. Las personas lo conocen y le respetan porque lo único que inspira es confianza. «Ojalá estuvieras en mi lugar padre» pensé. Nos dirigimos al gran salón donde se supone que debo salir en pocos minutos a dar la cara por primera vez.

—No debes tener miedo, sé que es difícil y que no quieres esto, pero debes entender que yo puedo seguir tomando las decisiones hija —dijo mi padre mientras me tiene tomada del codo una vez que estamos en el gran salón.

—Lo sé, la verdad me gustaría que esto solo pudieras hacerlo tu papá, ¡no quiero nada de esto lo odio! —dije desviando mi mirada a Samantha.

—Yo siempre estaré aquí, sé lo que sientes recuerda que yo también tuve el símbolo —dijo y miró a Samantha que le hizo una seña de que ya es hora—. Ahora debes salir ahí y dejar después que tu padre se encargue de todo, ¿lo entiendes?

—Lo entiendo, papá.

Me dirijo a la puerta donde esta Samantha que en un susurro alcance a escuchar que me deseo suerte. Las personas gritaban al verme todo era alegría, globos y carteles hermosos con mi nombre. Por primera vez sentí que un montón de extraños me querían. Nunca ni siquiera en mi cumpleaños había escuchado que tantas personas me adoraran. Que estén aquí solo era muestra que mi padre se encargaba bien de la situación. Al castillo no llegaba nadie extraño porque estaba protegido por el símbolo para no ser conseguido por personas ajenas a mí o a mis cuidadores. Hasta que un chico empezó a gritar que las personas estaban muriendo y la multitud se quedó en absoluto silencio. —¡Zoé ayúdanos, tenemos gente enferma muriendo de forma extraña, tienes que hacer algo! —gritaba, y yo me sentía confundida nadie me había dicho nada de lo que él decía, no tenía información. Me quedé helada.

Sentí a mi padre halarme del brazo. Estaba adentro y las personas seguían en total silencio a excepción del chico. No entendía nada y solo corrí a la parte de abajo del castillo mientras Samantha detrás de mí me gritaba que me detuviera. Entre al salón que sería mío justo hoy, aunque solo tenía pinturas de mi padre jamás quise una mía aquí. Lance la puerta, pero Samantha ya me había alcanzado y cerró al entrar.

—Debes calmarte, tu padre se está encargando —dijo con la respiración acelerada.

—¡Que ha sido todo eso!, como está muriendo gente y yo no lo sabía —grité furiosa mientras la miro y su semblante cambia—, ¿puedes explicarme eso Samantha? O ¿Puedes explicarme como mi madre sabía que no estaría conmigo? —Suelto de pronto por la confusión que crecía en mi interior.

—Zoé...—Camina quedando muy cerca de mí—, la verdad es que me entere hace un año de las muertes y esperaba decírtelo de otra manera y en otro momento, pero en virtud de la situación es necesario sepas que estamos en tus manos debes viajar al futuro unos cinco años y averiguar qué está pasando —acota—, sé que te suena irreal, pero aquí no he podido saber cómo las personas mueren quizá un tiempo más adelante ya se sepa, volverás al tiempo y lugar en el que te vas. —Toma mi mano y agrega—: Respecto a tu madre, Lucca solo me dijo que el símbolo te otorga un don especial, el cual solo tú y tu cuidador tienen acceso, pero en forma de apoyo, pero ese solo lo sabrás más adelante por eso tu madre sabía que no estaría hoy contigo —dijo y me miró con compasión.

—¿Cómo sabes que puedo viajar en el tiempo? Si mi madre solo veía el futuro quizá yo pueda hacer lo mismo —le respondí.

—Tú eres especial, Zoé.

Sabía que el símbolo se adapta a las necesidades de su portadora. Su función principal era ayudar a proteger a las personas según fuera mi deseo. Pero irme así era algo que no entendía. Ni siquiera sabía el don de mi madre hasta hoy. A lo largo de mi vida jamás quise aprender a usar mi símbolo. Solo sabía que nadie me podía lastimar a tal punto que ni cortarme en la cocina me hacía sangrar.

—¿Viajar en el tiempo? ¿Cómo te otorgo las cualidades de las que mi madre hablo? —pregunto intentando saciar mi confusión.

—Solo debes sangrar y poner la sangre en el símbolo, es sencillo vuelves aquí de la misma forma, sé que no puedes sangrar porque el símbolo te protege para que nada te pase y nunca te has visto lastimada, pero puedes hacerlo, el símbolo lo entenderá está conectado a ti —Toma mi mano derecha y la presiona de manera delicada—. Las cualidades solo me las otorgarás cuando me creas digna de eso y creas que poner tu vida en mis manos sea lo correcto, el símbolo te lo hará saber, ya tendré tiempo de explicarte. —Me mira de una manera muy dulce intentando calmarme, siempre lo lograba.

—¿Cómo el cuidador tenía acceso? ¿Lucca sabía que ella moriría y no hizo nada? —pregunto.

—No, él no lo sabía, cuando dije que un cuidador tiene acceso me refiero a que sabe lo que sientes, Lucca pudo solo sentir quizá la desesperación de tu madre o la tristeza de saber que no estaría contigo. —Continúa mirándome de forma muy dulce— La ayuda solo si la portadora se lo permite y le cuenta. Cada emoción muy fuerte la vive un cuidador, el dolor más intenso puedes no tenerlo tú y sufrirlo tu cuidador. Ahora que te interesa todo esto podré explicarte con calma de lo que no has querido saber. —La miro incrédula de todo lo que desconocía y lo conectada que estaríamos ella y yo, porque claro que la consideraba digna de tener las cualidades solo no quería que sufriera nunca por mi culpa.

De pronto escucho a mi padre exigiendo que abran la puerta, ya que Samantha la había cerrado. Ella me mira en busca de un permiso para abrirle. —No quiero esto —susurro. Una parte de mí quería irse y no volver y la otra sentía la obligación de ayudar. —Podrás con esto Zoé, yo te ayudaré, cuando practiquemos será sencillo. —Sale una lágrima de mí y ella acaricia mi rostro limpiándola. Le doy la autorización que le abra a mi padre que no dejaba de llamar a la puerta. Mientras camina a abrirle. Sentí que me despedí de Samantha no quería esta responsabilidad, no quería que mi vida fuera más importante que la de ella, no quería ser la que ocasionará su muerte, le tenía mucho afecto, pero ahora tenía una vía de escape. Una donde no lastimaría a nadie más ni siquiera a ella. Mi padre se encargaría de todo mejor que yo, siempre lo había hecho.

Tome un cubierto que estaba en el escritorio y lo pase por mi mano. Me veo sangrar por primera vez. No sentí dolor. Llevó la gota de sangre de mi dedo al símbolo y siento que todo se ha congelado, empiezo a ver rayas y luces. Hasta que ya no veo nada más.

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