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Portada de la novela Tu Traición En Nuestro Gran Día

Tu Traición En Nuestro Gran Día

Lo que debía ser el día más feliz de Sofía se torna en pesadilla al hallar a Ricardo, su prometido, con Camila, su mejor amiga. El engaño se vuelve mortal cuando ambos intentan matarla usando sus alergias. Tras sobrevivir al desprecio de su pareja y su propia familia, Sofía logra grabarlos confesando su crimen. Pese a los ruegos hipócritas de Ricardo, ella expone la verdad, destruye su prestigio y huye al extranjero para sanar lejos de la traición.
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Capítulo 2

El día de mi boda, el sol brillaba con una fuerza casi insolente, como si el universo entero se hubiera puesto de acuerdo para celebrar mi felicidad. El vestido blanco, pesado y lleno de promesas, se ceñía a mi cuerpo. En el salón principal del jardín, los invitados, figuras borrosas de sonrisas y buenos deseos, esperaban el inicio de la ceremonia. Todo era perfecto, una escena sacada de un cuento de hadas que yo misma había escrito durante meses.

Necesitaba un momento a solas, un último respiro como Sofía, antes de convertirme en la esposa de Ricardo. Me excuse y caminé hacia una terraza más apartada, un rincón que habíamos decorado con cascadas de flores blancas. El aire olía a jazmín y a tierra húmeda.

Fue entonces cuando los vi.

No fue una visión confusa ni un malentendido. La imagen era nítida, brutalmente clara. Ricardo, mi prometido, el hombre al que le iba a entregar mi vida en menos de una hora, tenía a Camila, mi amiga de la infancia, sujeta por la cintura. Sus bocas estaban unidas en un beso que no dejaba lugar a dudas, no era un beso de amigos, era un beso apasionado, desesperado, de esos que roban el aliento.

Mi propio aliento se quedó atrapado en mi garganta. El mundo se detuvo. El sonido de la música festiva, las risas lejanas, todo se desvaneció en un zumbido sordo dentro de mi cabeza. Sentí cómo el calor de la humillación me subía por el cuello, tiñendo mi cara de un rojo que seguramente chocaba con la pureza de mi vestido. Eran Ricardo y Camila. Mi Ricardo y mi Camila.

Se separaron lentamente, y Ricardo le susurró algo al oído a Camila, algo que la hizo sonreír. Fue esa sonrisa, una sonrisa satisfecha y cínica, la que me devolvió a la realidad. Di un paso al frente, el crujido de la tela de mi vestido sobre la piedra del suelo sonó como un trueno en el silencio que se había formado a mi alrededor.

Ambos se giraron. La sorpresa en el rostro de Ricardo se transformó rápidamente en una máscara de fastidio. Camila, por otro lado, no perdió la compostura. Su sonrisa cínica se amplió.

"Sofía" , dijo Ricardo, soltando a Camila y dando un paso hacia mí, como si fuera a arreglar un pequeño inconveniente. "No es lo que parece" .

La frase más estúpida y cliché del mundo. La ira me dio la fuerza que el shock me había quitado.

"¿Ah, no? ¿Entonces qué es, Ricardo? ¿Estás practicando para el beso del altar con mi dama de honor?"

Camila soltó una risita, una risita que me raspó los nervios.

"Ay, Sofía, no seas tan exagerada" , dijo, acomodándose un mechón de cabello que el beso apasionado había descolocado. "Fue solo un impulso, un momento de debilidad. Ricardo está nervioso por la boda, es todo" .

Su voz era melosa, condescendiente. Me miraba como si yo fuera una niña haciendo un berrinche. Ricardo asintió, aliviado de que Camila le diera una excusa.

"Exacto, mi amor. Camila solo intentaba calmarme. No significa nada" .

"No significa nada" , repetí, la voz temblándome no de tristeza, sino de una furia helada. Miré sus manos, luego sus bocas. La imagen del beso estaba grabada a fuego en mi mente.

Sentí una calma extraña apoderarse de mí. Una lucidez cortante. Me acerqué a Ricardo, tomé su mano, la misma mano que minutos antes sostenía a Camila, y la jalé hacia ella.

"Pues si tanto se quieren" , dije, mi voz sonando sorprendentemente firme. Intenté poner su mano en la de Camila, en un gesto de burla y renuncia. "Quédense juntos. Cásense ustedes. Parece que tienen más práctica" .

Ricardo retiró su mano como si mi contacto le quemara. Su rostro se descompuso, la irritación reemplazada por una ira fría.

"¡Ya basta, Sofía!" , espetó, bajando la voz para que nadie más lo oyera. "Deja de hacer un drama. ¿Sabes cuánto dinero costó esta boda? ¿Sabes el ridículo que haríamos ante nuestras familias? He hecho todo por ti, te he dado una vida que no tenías, ¿y me vas a pagar así por un beso estúpido?"

Sus palabras cayeron sobre mí como piedras. "Una vida que no tenías" . Siempre había existido esa dinámica, él como mi salvador, yo como la afortunada que había sido elegida. Y yo, en mi ingenuidad, lo había llamado amor.

Lo miré a los ojos, buscando al hombre del que me había enamorado. No lo encontré. Solo vi a un extraño, un hombre superficial y cruel que valoraba más el dinero y las apariencias que mi dignidad.

"Tienes razón" , dije suavemente. "He sido una tonta" .

Me di la vuelta. Cada paso era un esfuerzo monumental, como si caminara a través de lodo. El pesado vestido de novia se sentía ahora como un disfraz ridículo.

"¿A dónde vas?" , gritó Ricardo a mi espalda. "¡Sofía, vuelve aquí ahora mismo! ¡Si cruzas esa puerta, te juro que te vas a arrepentir!"

No me detuve. No miré atrás. Caminé a través del jardín, pasando junto a los invitados que me miraban con confusión, sus sonrisas congeladas en sus rostros. Fui directamente al centro del salón, donde el maestro de ceremonias se preparaba para anunciar nuestra entrada.

Tomé el micrófono de su mano.

"La boda se cancela" , anuncié, mi voz resonando gracias al sistema de sonido. Un murmullo de incredulidad recorrió la sala. "Resulta que el novio ya encontró con quién celebrar. Disfruten la fiesta" .

Dejé caer el micrófono al suelo. El ruido sordo que hizo fue el punto final de mi antigua vida. Salí del salón, ignorando los gritos de mi madre y la cara de furia de mi padre. Afuera, el sol seguía brillando, ajeno a la ruina de mi mundo.

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