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Portada de la novela TU SONRISA ES UNA HERMOSA MENTIRA.

TU SONRISA ES UNA HERMOSA MENTIRA.

Elizabeth no entiende en qué momento su odio por Samuel Anderson se convirtió en amor. El chico más egocéntrico y popular del instituto, famoso por romper corazones, ahora parece obsesionado con ella. Sin embargo, tras el carisma de Samuel se esconden secretos oscuros y una actitud enigmática que despierta sospechas. La joven estudiante deberá descubrir la verdad detrás de esa sonrisa perfecta, la cual oculta una peligrosa y cautivadora mentira.
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Capítulo 3

Sam siempre fue muy popular con las chicas y no les miento: en cuanto lo vi, quede encantada por él. Es sumamente guapo y sexy que, sin duda, si me llegarán a preguntar cómo describiría a mi chico perfecto...

Lo elegiría a él.

Cristina me ha contado que la mitad de las chicas de su salón han terminado en media clase llorando por él y peleándose entre sí, por él.

Menuda estupidez, lo sé.

En mi salón solo unas cuantas han sufrido la desdicha de ser su juguete y eso no es un secreto:

Samuel Anderson, juega con las mujeres de esta universidad.

Al final de la clase decido acercarme a él para así poder intentar ponerme de acuerdo sobre el proyecto, el cual vale ochenta por ciento. Puedo ser antisocial, pero jamás pondría en juego mis excelentes notas.

Suspiro agarrando todo el valor posible que puedo y me acerco a su asiento. Él aún no se ha levantado y tampoco ha dejado de ver a través de la ventana desde que inició la clase.

«¿Que estará pensando?», solo puedo pensar.

—Hola — lo saludo. Mi voz suena algo temblorosa, pero lo ignoro y espero por su respuesta.

—Hola — me responde sin dejar de mirar por aquella ventana.

— Sobre el proyecto... — continúo sin poder dejar de mirar uno de sus tatuajes que llama mi atención.

No se que es exactamente y eso me intriga, parece un tipo de pájaro o insecto. No estoy muy segura.

—Supongo que tú serás mi compañera — se gira para mirarme directamente a los ojos.

No puedo evitar estremecerme.

Ya sabía que sus ojos eran preciosos, pero tenerlos tan de cerca...

«Dios»

Su mirada es fría y sombría, lo cual de cierta manera me atemorizó de pies a cabeza. Sin embargo,  y por el lado contradictorio; sus labios mostraron una hermosa sonrisa.

Inclina la cabeza a un lado y me estudia silenciosamente.

—S... si — titubeo.

Mierda, me puso nerviosa con tan solo una mirada. No, no sólo es la mirada. También es su gruesa y sumamente varonil voz, provocando que se me dobleguen las piernas.

— Lo siento — sonríe pícaro mientras se levanta.

Joder es muy alto. Doy un paso hacia atrás cuando lo siento muy cerca.

Entro en mí de nuevo cuando me pregunta:

—¿Cuál dices que es tu nombre?

— Elizabeth — respondo con rapidez. — Elizabeth Morrison.

—Bien, Elizabeth — suspira inclinándose hacia mi — La cosa está así: tú trabajas y yo te doy algún tipo de recompensa por ello, ¿Qué dices?

—¿Perdona? — pregunto confusa. No entiendo que quiere decir y él parece darse cuenta de ello.

—No suelo repetir con la misma chica y tampoco me hago responsable de ellas después de hacerlo. — me barre con la mirada— Piénsalo.

Como acto final, me regala un guiñe de ojo para después salir del salón antes de que yo pudiese protestar.

Espera, él no querrá decir ....

¡Mierda!

###

— ¡¡Debes de estar de broma!!

Ya me esperaba lo sorprendida que estaría Cristina cuando le contara quien era mi nuevo compañero de proyecto. Ella sabe mucho más de Sam que yo. El semestre pasado casi se desmaya cuando se enteró que estaba en mi clase.

—¿Quiénes son las chicas con las que ha trabajado? — me pregunta analizando todo lo que le acabo de contar.

— Creo es Tamara en el semestre anterior... solo ella — me detengo a recordar algo más y lo consigo — Sara, en clase de Leopoldo también en el semestre pasado fue su compañera.

—¡Joder, Elizabeth! — grita sorprendida.

—¿Qué? — pregunto perpleja. Odio que no acabe sus frases — ¿Dime qué has descubierto?

—Tamara y Sara juraron vengarse de Sam. ¿Sabes lo que eso significa? — me mira con las cejas encarnadas.

—Pues no lo sé —respondo. Creo que puedo imaginarlo, pero aun así espero a que ella lo diga.

—¡Se las tiro a ambas! — grita — ¡Joder!

—No grites — intento callarla mientras miro alrededor cerciorándome de que nadie más nos haya escuchado.

—Elizabeth — me mira inquietante — Mientras tú haces sola todo el proyecto — hace una pausa — ¡Él te pagara follandote!

No me sorprende en lo absoluto, su reputación habla por si sola y seguramente esas dos chicas aceptaron su asquerosa propuesta.

—¿Que harás?

— Como puedes preguntar eso — me aclaro la garganta — No me acostaré con él, así que quédate tranquila.

Cristina suspira de alivio

— Menos mal — me toma por los hombros para mirarme fijamente — De verdad me preocuparía si pensarías en perder la virginidad con ese tipo.

—¡Cristina! — le grito con suavidad tras un gesto de desaprobación.

Le doy vueltas al asunto y todavía no sé cómo lo voy a hacer. Si cree que puede manejarme a su antojo se equivoca: Típica frase de la chica empoderada, lo sé.

La tía Susy se marchó hace más de media hora, así que solo alcancé a saludarla para enseguida subir a mi habitación.

Todo esto es su culpa.

Tengo tres alternativas para manejar está situación...

1. Hacer el trabajo yo sola y agregarlo sin pedirle nada a cambio. Eso me ahorraría todas las molestia.

2. Obligarlo a trabajar como se debe. Podría ser...

3. Hacer el trabajo yo sola y aceptar su forma de pago...

¿Cómo siquiera me atrevo a pensar en eso?

¡Dios! «Reacciona, Elizabeth»

Creo que optaré por la opción número uno, total, ya estoy acostumbrada a trabajar sola.

Me encuentro sentada en mi cama mientras bebo una malteada de fresa e  investigo un poco sobre el proyecto del profesor Thomas, sin embargo, no tardo mucho en perder la concentración en cuanto mi teléfono suena.

Es Cristina.

—: ¿Qué pasa? — pregunto.

—: Mañana no tengo clases y estuve pensando... — suspirar para luego continuar fingiendo emoción. — Vamos de compras cundo salgas de las tuyas.

—: ¿De compras? —suelto desconcertante por la invitación — ¿Por qué?

Yo no soy de compras y Cristina lo sabe.

—: El sábado será la fiesta de Pamela y Eric estará ahí — me explica, triste — Tenemos que ir.

—: Oye no tienes...

Soy interrumpida.

—: Si tengo, Eli — protesta — Debo demostrarles que ya no me importa y que mejor manera de ir a esa dichosa fiesta.

—: Eso lo entiendo, pero ¿por qué debería ir yo? Sabes que no me gustan las fiestas.

—: ¡Hazlo por mí, por fa! — súplica —Sabes que no haré esto sin ti. Eres mi mejor amiga, te necesito.

Suspiro, lo medito y respondo con resignación:

—: Bien.

Deja escapar un pequeño grito ensordecedor por unos segundos.

—: Perfecto, paso por ti a las tres de la tarde.

Pero... ¿Qué demonios estoy haciendo?

***

El día siguiente salgo directamente de clases y busco a Cristina en el aparcamiento. Cuando la veo en su KIA color amarillo me acerco e inmediatamente abro la puerta del copiloto para saludarla con una pequeña sonrisa. Vamos rumbo Luciana, una pequeña localidad comercial.

«Tres, cuatro... Seis»

Seis tiendas hemos recorrido y ningún vestido parece ser lo suficientemente bueno para Ella.

— El morado — le digo molesta.

—Demasiado virginal para mí gusto, Eli — réplica —Si quieres úsalo tú.

¡Olé!

—Yo no voy a usar vestido, el viento no ayuda en absoluto. Bueno, pero eso ya lo sabes — le contesto cansada — Llevamos aquí tres horas y debo volver a casa a las siete, ¿recuerdas?

Parece que no me escucha y cuando menos lo deslumbro, ya la veo correr hacia la tienda que esta frente a nosotras.

Dios, estoy tan cansada; está es la razón principal por la que odio ir de compras.

—¡Lo encontré! —grita mientras me acerco a ella — ¡Lo compraré!

Es bastante mono, a decir verdad. Azul marino de dos tirantes y el torso tiene forma de corazón con un escote que seguro la favorecerá; es de un largo un poco más arriba de las rodillas. Entallado a más no poder, pero eso no es problema, estoy segura que resaltará más su trasero y vaya que esa es su intención.

Esta en todo su derecho. Va a ver a su ex después de todo.

###

El sábado por la tarde al fin llega y Cristina no ha de tardar en llegar por mí.

Llevo puestos unos vaquero no tan rotos y una blusa blanca que se entalla a mi cuerpo para nada llamativo. Me combino con mis converse negros favoritos; recojo mi cabello en una coleta alta para no batallar por estar acomodándomelo a cada rato y mi flequillo lo peino hacia un lado. En cuanto al maquillaje: me rizo las pestañas y coloco un poco de labial color vino algo discreto acompañado de un rubor ligeramente rosado en las mejillas para así evitar que mi piel se vea muy pálida.

Bajo las escaleras cuando Cristina toca el claxon y enseguida entro al carro soltando un bufido de admiración.

«¡Madre mía!»

Pero que mujerón está sentada a mi lado. Se ve preciosa y sin duda, ese vestido es perfecto para ella.

— ¡Hey! Deja de verme así — sonríe — No me gustan las mujeres, Elizabeth.

— Eres muy hermosa, Cristina — le digo con toda sinceridad — No dejes que ese imbécil te arruine la noche.

— Ya lo sé — responde y da marcha para irnos.

La casa de Pamela es de dos pisos cubierta por cantera blanca en su totalidad y vislumbra más debido a que el jardín está adornado con luces doradas. La música se escucha a una cuadra de distancia, cabe aclarar.

Cristina se estaciona a un costado del buzón de correos y nos bajamos mirándonos la una a la otra con cierta inquietud.

Al entrar nos topamos con demasiada gente a plena vista y apuesto a que Pamela no conoce ni a la mitad de ellos. Miro por todos lados buscando a Eric, pero no consigo verlo, sin embargo y para mí sorpresa, lo veo a él...

¡Samuel Anderson!

Esta noche parece que se va a poner algo interesante y no para Cristina precisamente.

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