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Portada de la novela Triste mirar

Triste mirar

Valeria habita en un laberinto de inconsistencias personales. A veces se muestra como una chica sociable y fiestera, pero pronto admite un miedo paralizante al mundo exterior que la obliga al encierro. Entre relatos cruzados sobre su pasado académico y su verdadera identidad, surge el rastro de un evento traumático que fracturó su existencia. ¿Qué sucedió aquel día? Explora el enigma de su realidad rota para descubrir quién se oculta tras su mirada.
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Capítulo 3

VALERIA

¿Este tipo me siguió? Ay, no qué miedo, tengo que seguir mi camino, sólo le responderé y continuaré caminando, ojalá que se vaya rápido.

ALAN

Parece temerosa, como si esperara a que yo le hiciera algo malo, pero de verdad, esa no es mi intención, sólo quiero ayudarla.

- No, no te haré daño, - respondo amigable y en tono moderado - Fabi te ésta buscando, está muy preocupada por tí y yo le prometí ayudarla, así que te llevaré a tu casa, si estás de acuerdo - explico

- Preferiría caminar

- ¿Bajo esta tormenta? - ella mueve su cabeza diciendo sí - No deberías, además ya le avisé a Fabi que vas conmigo, no puedo dejarte aquí, ella y mi amigo necesitan un poco de tiempo a solas, quizá podríamos ayudarlos un poco, ¿No crees? - intento persuadirla para que se suba al auto , pues este no parece un lugar seguro.

VALERIA

El tipo es insistente, pero tiene razón, está lloviendo a cántaros y Fabi debe estar preocupada en lugar de disfrutar de la compañía de su nuevo amigo, no puedo ser tan egoísta con ella, ella no se lo merece, me esforzaré entonces, además los truenos me siguen asustando como cuando era niña y no tengo otra opción más que aceptar su ofrecimiento.

ALAN

Parece pensativa, creo que está analizando la situación, luego me mira y responde.

- Pero que quede claro que sólo lo hago por ella.

Celebro internamente y le ayudo a subir al auto como el caballero que soy.

- Pero que quede claro que sólo lo hago por ella.

Le ayudo a subir al auto como el caballero que soy.

- Hace frío, toma mi saco

- Gracias, pero tú también te mojaste y fue por mi culpa, no debería...

- ¿De qué hablas? A mí me encanta la lluvia, me trae buenos recuerdos de mi infancia, de cuando mi madre solía regañarme por mojarme los zapatos saltando en los charcos. -Ella sonríe y su sonrisa es tan hermosa. - Soy Alan, mucho gusto

- Valeria, - responde - y gracias por defenderme, aunque ahora me preocupa que no estamos avanzando

- Oh, lo siento es que con la lluvia casi no veo, pero si me dices a dónde te llevo, con mucho gusto te llevaré - ella se sonroja

- Perdón, es cierto, no te he dicho a dónde ir, qué distraída

- No te preocupes, sirve que los tortolitos aprovechan el tiempo

- Sí, creo que a Fabi le gustó tu amigo y yo sólo quiero verla feliz

- Mi amigo quedó idiotizado con ella desde el primer momento. - aclaro - Al fin bajó un poco lluvia, al menos ya podré ver al manejar.

Enciendo el auto y tomo camino a pesar de que ella no me ha dado ninguna dirección, pues la conversación se torna divertida y no podemos parar de reír.

- ¿Te incomoda si llego a mi casa al baño? - duda un poco y luego responde

- Está bien, no puedo oponerme luego de que ni siquiera te dí una dirección

- Puedo ofrecerte una bebida caliente para que entres en calor

- Sí, está bien, aunque no quiero causar molestias

- Bienvenida a mi casa y claro que no eres una molestia

- Es muy linda

- Disculpa el desorden, hace poco que llegué y aún no tengo quien me ayude a limpiar y como he tenido infinidad de trabajo con la inauguración del antro, pues...

- Pierde cuidado

Luego de ir al baño, comencé a buscar ropa para cambiarme y para ofrecerle a ella algo que ponerse, pues hace frío y está tan empapada la pobre que me temo que se enferme pronto. Regreso a donde la dejé.

- Quizá puedas usar ésto, no es para nada tu tipo, pero al menos te quitará el frío y mientras tomamos algo, puedo poner tu ropa en la secadora

- Gracias

Apenada, toma la ropa y le indico dónde está el baño, mientras se cambia preparo un par de tés, luego ella regresa con mi ropa puesta y...

- Me queda bastante holgada, pero es muy calientita - dice refiriéndose a la ropa. - Aún así es tan sexy, pienso

- Ya está el té, tengo galletas, ¿Quieres?

- Claro, ¿Qué es un té sin galletas?

Pasamos un buen rato platicando, la ropa en la secadora y luego la lluvia regresa tan intensa como hace rato, la luz se va y yo busco en los cajones alguna vela sin tener éxito, tomo mi celular pero encender la lámpara, pero ni siquiera me había percatado de que ya no tenía batería, ¿Ahora qué haré? Entonces, trato de pensar en otra solución, pero sólo puedo disculparme.

VALERIA

Alan me gusta tanto que no quiero irme esta noche sin probar su esencia, es tan atractivo, su cuerpo parece ser atlético, lo cual me fascina, y sé que le gusto tanto como él a mi, no, no me iré sin saciar mi sed de él.

ALAN

Ella es tan dulce y sensual a la vez, no entiendo cómo lo hace, es como si fuera dos personas en una al mismo tiempo, me vuelve loco, aunque estoy muy apenado por la situación, la tormenta y sin luz, pensará que es una de mis artimañas de seducción, creo que me toca la sensatez y la responsabilidad..

- Lo siento, creo que estaremos a oscuras por un largo rato, ¿Quieres que te lleve a tu casa?

- No, creo que podríamos conocernos mejor.

Ella se acerca a mí y comienza a besarme, debo estar soñando porque sus besos me saben a cielo y poco a poco el calor del momento nos lleva a algo más, la ropa comienza a sobrar aunque adoré verla con mi ropa puesta, sus besos son tan pasionales y me encienden cada vez más, no puedo resistir el tenerla entre mis brazos y en mi cama, mi fuego sucumbe ante sus caricias y sus ganas de amar. Ella toca mi cuerpo con tantas ansias y eso me excita, yo quiero deborar cada centímetro de su piel y hacerla mía, sólo mía.

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