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Portada de la novela Trio & venganza

Trio & venganza

La enemistad extrema entre dos mujeres fractura las convenciones sociales y arrastra a dos primos a una confrontación inevitable. Tras quedar ellas marcadas por el juicio público, ambos hombres inician una lucha incansable para limpiar sus nombres. Aunque el afecto parece consolidar a las parejas, una trama de celos y sed de venganza emerge desde las sombras para separarlos. El destino final de los cuatro pende de un hilo en este torbellino de traición y conflicto.
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Capítulo 3

Por Evelyn

Las últimas veces que vi  a Omar, si bien estaba como casi siempre, hubo algo que hizo ruido dentro mío.

Nunca le había prestado mucha atención, pero desde el primer día me di cuenta que fumaba porros.

No me asustaba, muchos de mis amigos lo hacían y yo misma, en algunas ocasiones, le había dado un par de pitadas a esos cigarrillos, pero era siempre algo esporádico.

Omar siempre tenía ese peculiar olor encima, mi olfato no falla nunca.

Las últimas veces me pareció que estaba drogado y no era por fumarse un porro, cuando estaba conmigo nunca había fumado.

Bebía bastante, no terminaba borracho, pero digamos que sí estaba alegre.

Yo no conocía a nadie que aspirara cocaína, al menos que supiera.

Había leído bastante sobre las consecuencias que traía drogarse, pero no lo viví de cerca.

No sabía cómo se comportan las personas que estaban bajo ese efecto.

No sé porque presentía que Omar no se conformaba solo con unas pitadas de marihuana.

Venía estudiando su comportamiento.

Ya no salíamos en grupo, salvo que alguien cumpliera años, o si se juntaban para algo en especial.

En general eso sucedía con sus amigos.

A Isa la veía poco y a Fernanda y a Soledad también, aunque Sole vivía a dos cuadras de mi casa y a veces se acercaba al local de mi mamá y nos quedamos charlando.

También tenía que ver que ya todas estamos trabajando y estudiando, tenemos menos tiempo y más responsabilidades, estamos dejando de lado la adolescencia.

El sábado a la noche salimos con Omar, fuimos  a cenar y luego a su departamento, me dijo que el domingo al mediodía se encontraba con unos amigos para comer un asado, me preguntó si lo quería acompañar.

Me costó convencer a mi madre, pero logré hacerlo.

Me quedé a dormir en el departamento de Omar.

El domingo, fuimos  a la casa de Hugo, su amigo que cumplía 24 años.

Comprobé que todos fumaban porros, era normal entre muchos jóvenes, cuando alguién me paso uno y le di una pitada, Omar se asombró.

Le dije que alguna que otra vez le daba alguna pitada a algún porro y nada más que eso.

Ya habíamos terminado de almorzar y Sergio hace unas líneas de cocaína y le hacen una seña a Omar.

Me miró como pidiéndome permiso.

Yo estaba incómoda.

Nunca había visto a nadie drogarse delante mío.

Estaba bastante impresionada.

Tampoco era para salir corriendo.

Pero confirmé que cuando lo veía raro y no sabía como describir su rareza, era que estaba drogado.

No todos los chicos y chicas que estaban ahí, se drogaron.

-¿Te molesta si aspiro?

-Nunca vi a nadie aspirar, si sabés hasta dónde podés llegar, sin que cambie tu comportamiento y podés manejar la moto sin problema, no tengo problema, tampoco voy a decirte que hagas eso o dejes de hacerlo.

Me da un beso en la boca, muy apasionado, delante de todos.

Se acercó a una de las líneas y aspiró.

No me gustó verlo en esas circunstancias.

Es verdad, no le podía decir lo que tenía que hacer, pero desde que volvió de las vacaciones estaba como más eufórico y no sabía que había hecho cuando estaba en Punta del Este.

Siempre cambiaba de tema cuando yo quería hablar de eso.

Suponía que había estado con alguna chica y estaba arrepentido y no lo quería blanquear.

Tal vez presentía que me iban a invadir los problemas si me enamoraba de él y era por eso que seguía con cierta resistencia a bajar totalmente la guardia y perderme en sus brazos sin importarme nada más.

Sexualmente la pasamos más que bien.

No volvió a preguntarme ni a nombrar a mi amiga Isa.

Liam y una chica se dirigieron a una habitación y le preguntaron si nos queríamos unir.

Omar les dijo que no.

No escuché bien que le dijo Liam, pero le estaba preguntando si queríamos estar con ellos en una orgía.

Estábamos en un sillón, besándonos y Omar me tocaba por debajo de mi ropa, mientras me besaba, parecía que no se daba cuenta que había más personas allí.

Me toma la mano y la lleva a su miembro.

-Omar, hay gente.

-Nena, quiero tenerte, ahora.

-No voy a hacer nada delante de nadie.

Terminamos yendo a un baño, luego de discutir un rato.

Yo estaba incómoda, noté que Omar estaba bastante drogado y un poco tomado.

Pensaba cómo iba a hacer para volver, él no estaba en condiciones de manejar.

-Lo hacemos en el baño, pero dejás de tomar, estás con la moto.

Creo que comprendió lo que le dije.

Una vez más, tengo que confesarme que hacerlo en el baño con todas esas personas afuera, sabiendo que estabamos teniendo sexo, fue…exitante.

Logré que deje de tomar, eso me tranquilizó un poco.

Cuando salimos del baño sentí la mirada de Benicio clavada en mí.

Me dio vergüenza haber estado en el baño, estoy segura que nos escuchó.

Sus ojos recorrieron mi cuerpo y sentí que me recorría una sensación extraña por dentro cada vez que me miraba, porque esa no fue la única vez que me miró así.

Benicio no aspiró cuando extendieron las líneas en esa mesita, estoy segura de eso porque fue la primera vez que sentí su mirada casi desnudándome.

Omar estaba un poco más tranquilo, cuando nos estábamos yendo, otro de los chicos que estaba ahí, pero que no conocía, les dijo si querían hacer otra ronda.

Se refería a volver a aspirar.

Yo ya me quería ir, estaba incómoda.

-¿Vamos?

Le pregunté a Omar, para no darle tiempo a volver a drogarse.

Comprendió que yo no quería que se siguiera drogando.

En ese momento, creo que los dos supimos que nuestra relación estaba próxima a terminar.

-Te amo.

Me dice sobre mis labios.

No me esperaba semejante confesión.

Creo que me debe querer, yo también le tengo cariño y realmente la paso muy bien con él, pero 

evidentemente, el muro que sentía muchas veces, tenía que ver con lo que viví hoy a la tarde.

No voy a sufrir toda mi vida por estar al lado de alguien que tiene una adicción terrible como son las drogas.

Mientras nos despedimos de sus amigos, se me acercó Benicio.

-Sos muy hermosa.

Me dice mientras Omar se alejó para agarrar los cascos de la moto.

-Gracias.

Mucho más no le pude contestar.

Se supone que es amigo de Omar y sin embargo no dejaba de mirarme, a medida que avanzó la tarde era más insistente con su mirada.

Antes de saludarme con un beso en la mejilla, me miró por unos segundos la boca, fue muy raro todo.

A esa altura sentía que su mirada me quemaba.

Tenía miedo de no poder disimular lo que estaba sintiendo.

Por suerte llegó Omar y me dio   un casco.

-¿Estás en condiciones de manejar la moto?

-Sí, sos un puritano, como siempre.

Le contestó Omar.

-Loco, estás llevando a tu novia, no seas boludo.

-Estoy bien, no te preocupes.

Le dijo Omar medio de mala manera.

En la segunda ronda Benicio tampoco se había acercado para aspirar y cuando Omar le dijo que era puritano, creo que se estaba refiriendo precisamente a que Benicio no se drogaba.

Sin embargo, parecían amigos y fue el único que le preguntó si estaba en condiciones de manejar.

También fue el único que se acercó a mí, directamente para piropearme, aunque solo me dijo que era hermosa, pero sus ojos, durante toda la tarde, me gritaban mucho más que eso.

-Tené cuidado.

Me dijo, cuando Omar estaba arrancando la moto, él no lo escuchó.

Llegamos a mi casa.

Mis padres no lo conocían, solo de lejos, porque nunca se los presenté.

En la puerta de mi casa, al despedirnos, me beso con esa pasión que suele tener cuando hacemos el amor.

-Vení a casa, tengo ganas de más…

-No puedo, mañana madrugo.

No era que no quisiera hacer el amor con él, solo que mis padres ya nos habían visto llegar, tampoco ese era el día para presentarlos, Omar no estaba en condiciones y gracias a Dios ya estaba segura en mi casa.

Ahora solo faltaba que él llegara a su departamento, sano y a salvo.

-Si querés nos vemos mañana un rato, pasame a buscar por el profesorado.

Me sonrió.

Era sexi, muchisimo y su cara era un poema.

Quedamos en eso.

Le dije que tuviera cuidado.

Se despidió de mí y por suerte llegó bien a su departamento.

Al día siguiente me pasó a buscar por el profesorado, comimos algo rápido e hicimos el amor dos veces, realmente me encanta Omar, pero no me gustó ver cómo se drogaba.

Quiero acomodar mis pensamientos y mis sentimientos.

No tengo ganas de batallar con alguien que se droga.

Voy a hablar con él, éste tema y también quiero saber que pasó en Punta del Este cuando estaba de vacaciones.

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