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Portada de la novela Una esposa para mi hermano

Una esposa para mi hermano

Daniel es un CEO viudo de 40 años que vive para sus hijos y su empresa, tras haber cerrado su corazón al amor. Su vida cambia cuando Harry, su hermano, convence a Deanna, una joven soprano de 25 años, para fingir un compromiso y evadir una norma familiar. Aunque el trato es una farsa temporal, la química entre ambos surge de forma inevitable. Pese a la diferencia de edad y los secretos que los rodean, este engaño inicial se transforma en una pasión real que los obligará a luchar contra sus miedos y enemigos.
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Capítulo 3

El ambiente de Yosodeul había cambiado drásticamente. El frío había invadido el lugar y Phoenix presentía de quien se trataba.

Las compuertas se abrieron de par en par y dieron paso al gran líder, Zahinos.

—¡Que grata sorpresa!— comentó Zahinos con asombro— No acostumbro a verte aquí.

Phoenix evitó su mirada.

—Deseaba ver la tabla por unos instantes— el tono de Phoenix se tornó molesto.

—Estás consciente de lo que significa, ¿Verdad?— preguntó Zahinos en el mismo tono que Phoenix.

Phoenix soltó un suspiro irónico.

—¡Por supuesto!, él que no lo está eres tú— y no le dio oportunidad a replica.

Phoenix se retiró de Yosodeul y dirigió hacia el patio trasero en donde se encontraba los elegidos.

Al llegar a ella, se silenciaron unos segundos.

Phoenix se sentó en medio de ellos.

—¿Cómo están seguros de que lo harán bien?— preguntó rendido.

Leander formó una sonrisa.

—Te hemos estado observando y aprendimos mucho por lo que si algo falla sabremos a quién culpar— respondió divertido-

Tymon giró la mirada hacia Phoenix.

-Sabemos que no es nada fácil, pero debes darnos la oportunidad.

Dion observó a Phoenix también.

—El propósito es el mismo y te aseguro que tenemos las mismas ganas de encontrarlo tanto como tú las tienes— agregó.

Phoenix aún no estaba seguro respecto a ellos.

—¿Saben que seis meses de entrenamiento no son suficientes?— observó a cada uno de ellos.

—Sí, lo sabemos— afirmó Dion.

—¿Serán capaz de hacerlo?— replicó Phoenix.

Deo se levantó molesto.

-¡Ya Phoenix, solo danos la oportunidad y confía en nosotros!

Phoenix imitó su acción.

—¿Desean una oportunidad?, pónganse los guantes y vengan conmigo— ordenó.

Cruzaron sus miradas por un momento y luego en uno fueron colocándose los guantes y siguieron a Phoenix.

Cruzaron el bosquejo que rodeaba la fortaleza y Phoenix los guio hasta el límite del complejo J y E.

Sus miradas se tornaron temerosas.

—Phoenix yo no estoy seguro de esto— dijo Tymon con temor.

Phoenix frunció el ceño, suspiró y respondió.

—Esto será algo regular, el infiltrarnos en el complejo— respondió con cierta molestia— ¿Habrá alguna diferencia mañana? No, ¿Verdad? Si no pueden hacerlo ahora tampoco podrán hacerlo mañana.

Todos quedaron inhibidos.

—¿A qué le temen? ¿A ellos?— preguntó Phoenix en referencia a los habitantes del Complejo E y señaló sus guantes— ¡Saben que nosotros podríamos ocasionarles mayor daño si siquiera los rozamos y por eso usamos estos guantes! ¡Nosotros somos los peligrosos!

—Ese es el problema— respondió Myron abatido.

-Es por eso que es arriesgado más allá de las consecuencias que podrían suceder si nos descubren, pero mi padre no está consciente de ello, jamás ha ingresado al Complejo E, pero yo lo he hecho... Inténtenlo ahora, yo estaré para guiarlos— Phoenix regaló una sonrisa de ánimo— Si sienten que algo va mal simplemente nos iremos.

Todos asintieron, tomaron los lentes brindados por Zahinos el día anterior y se infiltraron por una abertura que solo Phoenix conocía y así se fueron infiltrando en el Complejo E.

Los guio hasta lo que era llamada la ciudad central del Complejo E y luego fueron alejándose de ella, a un lugar no muy poblado en caso de que algo saliera mal.

Los elegidos caminaban con temor y cuidando cada paso que daban.

—Relájense un poco, no es tan fácil reconocer a los elegidos porque nunca se han topado con uno, simplemente están al tanto de ellos, pero eso solo lo sabrán ante cualquier muestra de nuestros elementos por lo que no estén a la defensiva— aconsejo.

Mientras recorrían las avenidas del complejo, pudieron notar lo diferente que era comparado al Complejo J y D.

Los humanos eran felices a comparación de ellos.

Observaban cómo se trataban mutuamente y sonreían en consecuencia y es que era lo que siempre habían soñado. Familias, amigos hasta parejas que sonreían como si todos fueran iguales y eso era la mejor parte. En cambio ellos debían lidiar día a día con las miradas de desprecio por ser diferentes al resto.

—Es tan diferente a como lo había imaginado— se oyó a Tymon.

—¿Mejor o peor?— preguntó Phoenix divertido.

—Mucho mejor— respondió con una sonrisa en su rostro.

—Y eso que no vieron la mejor parte.

Phoenix los llevó hasta un parque cercano en que los habitantes solían frecuentar.

Se acomodaron a un lado y simplemente se dispusieron a observar. A observar como mostraban sus mutuos afectos, ya sea a través de una caricia, un beso o un simple roce.

Observaban cómo disfrutaban de su mutua compañía, como los invadía la felicidad estando juntos.

Phoenix pudo notar como una pequeña sonrisa escapaba del rostro de cada uno de ellos.

Su atención se fijó en una familia que se encontraba con su pequeño hijo.

Unos instantes después el balón con el que estaban jugando cayó hacia donde ellos se encontraban, cayendo en los pies de Myron.

Él los observó unos instantes y luego tomó el balón. El niño se acercó a él y Myron se puso a la par del pequeño para devolvérselo. El niño observó a Myron fijamente y los demás podían sentir como su respiración aumentaba con cada segundo.

El niño estiró su pequeña mano hacia el rostro de Myron, pero un segundo antes de que el niño pudiera tocarlo, Myron dio un paso hacia atrás. Estaba consciente de la consecuencia que eso tendría.

—Debes volver con tus padres.

El niño asintió y regresó con ellos.

—Siempre me pregunté como se debe sentir la calidad del roce de alguien más— dijo Myron observando al niño y a su familia.

—También yo— respondió Leander.

—Es por eso que vamos a hacer esto, para poder ser como ellos, para conseguir el poder más dichoso, que es el de sentir— animé.

-Ellos realmente son tan afortunados—dijo Dion.

—Sé que seremos capaces de lograr esto, lo deseamos más que a nada en el mundo— animó Tymon.

—Sé que así será— agregó Deo.

Luego de observar por un momento el parque, subieron a una colina no muy lejos de allí, que les permitía apreciar gran parte de la ciudad. Era como Cheongug o al menos eso habían oído, que era un lugar en el que todo Jountugi desearía pasar el resto de su vida.

Todo un sueño, pero al igual que el paraíso, era prohibido.

Se conformaron con poder observar desde lejos lo que algún día podrían alcanzar.

El único contacto físico que podían tener era con los de su misma especie, pero en su manada, una caricia o un abrazo, no existe. Podían tocarse, pero no iban a sentir absolutamente nada.

Pasaron horas observando el paraíso que se mostraba ante sus ojos y como no contemplarlo si era lo que deseaban.

Horas después llegó el tiempo de irse, mañana empezarían con el plan que Zahinos había dictado.

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