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Portada de la novela Tratando de no amarte

Tratando de no amarte

Astrid Williams se encuentra en una situación económica desesperada que pone en riesgo su formación académica y el patrimonio de su familia. Para solventar sus deudas, recurre a una plataforma clandestina donde conoce a Derek Baker, un poderoso empresario marcado por el desengaño y la desconfianza. Ambos pactan un acuerdo basado en la frialdad, con la regla estricta de no involucrar sentimientos. Sin embargo, la mutua atracción desafiará los límites de su contrato.
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Capítulo 3

Una vez que llego con el encargado, me hace una serie de preguntas en cuestión al trabajo, pero he sido completamente honesta con él de que es mi primer empleo, que no tengo experiencia pero que estoy dispuesta a aprender todo lo que haga falta y que no me da miedo quedarme hasta tarde a limpiar las oficinas; que ese es el turno que me ha de tocar, el turno nocturno.... qué horror, pero es mejor ese ya que así me da tiempo de estudiar y hacer mi tarea. El señor me da el contrato y cuando lo termino de leer lo firmo.

—Hoy mismo inicias, recuerda, entras a las 9:00 pm, no llegues tarde.

—Está bien.

Me despido del señor y salgo de su despacho con una enorme sonrisa dibujada en mi rostro, casi dando pequeños brinquitos de felicidad me dirijo hacia el ascensor, aprieto con fuerza mi bolso, sigo sin poder creerme que me haya contratado, esto definitivamente será un alivio para mi familia.

Llego hasta la primera planta y me encuentro de frente a una joven muy hermosa, esa típica chica cliché, rubia, de ojos claros, buen cuerpo, ropa elegante pero que deja resaltar su esbelta figura, un escote generoso que deja mucho a la imaginación. Ella se hace para atrás al casi chocar conmigo.

—Disculpe, señorita.

Ella no dice nada y simplemente me hace un ligero movimiento de cabeza, indicándome que salga del ascensor, sin darle mucha importancia eso hago, miro por encima de mi hombro y veo que aprieta un botón para luego cerrarse las puertas. El sonido de mi teléfono llega a mis oídos, enseguida lo saco de mi bolso y veo que es una llamada de mi amiga.

Salgo del edificio y tomo la llamada, ella está algo enojada, de fondo escucho un alboroto y el típico sonido de un camión deteniéndose, Marian me dice que en un momento llega a la oficina, que se le hizo tarde por estar ayudando a su mamá con el lavado de ropa, se queja por unos momentos sobre que sus uñas se han arruinado y que tiene que ir con la manicura apenas tenga dinero.

Al ver que sus quejas irán para largo, decido despedirme de ella y decirle que la espero afuera, que ya he terminado con mi entrevista y he colgado la llamada. Resoplo con fuerza y miro el cielo, es verdad que no es el trabajo soñado, pero ¡No puedes decirle que no a un trabajo honrado! Prefiero esto a tener que buscar a un Suggar Daddy. La idea de que un hombre bastante mayor me toque, me da repelús.

Pasa un rato y llega mi amiga, que enseguida me toma del brazo y nos vamos a su cafetería favorita, me dijo que cuando estemos ahí le cuente como me fue. Por una extraña razón, la veo más alegre de lo normal, pero decido guardarme mis preguntas hasta que lleguemos.

Ya estando en la cafetería, pedimos algo para tomar y beber, apenas se va la mesera, mi amiga me mira con entusiasmo y una enorme sonrisa en el rostro, sus ojos miel brillan con intensidad y el brillo del sol hace que se vean más llamativos. Le cuento lo bien que me ha ido y que el de recursos humanos me dijo que hoy empiezo mi trabajo, que me dijo que, por esta única ocasión, voy a ir a las nueve para que alguien me explique cómo hacer las cosas y cómo usar ciertos productos de limpieza, nuestra conversación se ve interrumpida por el sonido de su celular, ella me pide que la espere unos momentos y rebusca en su bolso.

Veo que saca un teléfono nuevo de alta gama, revisa el mensaje y una pequeña risita se le escapa, luego escribe un texto demasiado rápido haciendo ese “tic tic tic” una y otra vez, luego escucho como suena la notificación que el mensaje ha sido enviado, vuelve a meter su teléfono en su bolso y me voltea a ver.

—¿De dónde sacaste el dinero para comprar ese teléfono nuevo?

—De donde más— Susurra suavemente mientras se hace un poco para delante de la mesa. —Conseguí un Suggar y me está dando mucho dinero.

—¿¡Por acostarte con él?! — Exclamo en voz baja, también acercándome a ella.

—¡No! — Dice entre risas. —Es una página en donde puedes hacer video llamadas con una persona a la vez, él te pide que hagas algo en específico, claro que después de haber depositado los honorarios.

—Entonces... ¿Tu Suggar te pide que hagas cosas por una video llamada? Es... extraño.

—El viejo tiene problemas de salud y ya no le sirve mucho para tener sexo, su mujer murió hace años y no tiene ganas de buscar otra compañera joven, así que... — Se encoge de hombros. —He aprovechado mi oportunidad.

—Pues... sabes lo que opino de eso, pero por la situación que ambas estamos pasando— Me sobo la frente con la yema de los dedos. —Yo espero no tener que recurrir a eso, quiero mantener mi dignidad intacta, pero...

—Pero si la situación lo amerita, como es mi caso... no nos queda de otra— Se desploma en su asiento. —Si mi padre no estuviera tan lastimado, creeme que no haría esto, gracias al dinero del señor, podemos costear sus medicamentos y hemos pagado la deuda que adquirió mi mamá en el hospital, no me agrada ver a un anciano verme con esos ojos, pero me tengo que aguantar si quiero ayudar a mi familia.

—Te entiendo y es terrible lo que le ocurrió a tu papá.

—Sí, esos malditos de la constructora no quisieron pagar lo del seguro, pese a que él la había renovado— Resopla con fuerza. —En fin, mi madre no se preocupa por el dinero, mi hermana va a una mejor escuela, mi padre está saliendo adelante y con lo que sobra, lo uso para mí.

Como si se le hubiera prendido el foco, Marian rebusca en su bolso algo y luego saca un trozo de papel, en ella escribe algo y luego me lo entrega, ladeo la cabeza y miro el pedazo de papel a ella y de ella al pedazo de papel, repito esto un par de veces más, tratando de entender qué significa esto.

—Tomalo, espero nunca te haga falta, pero... siempre es bueno conocer este tipo de cosas.

Tomo el pedazo de papel y noto que tiene el nombre de una página, abro los ojos de par en par y ella me explica cómo funciona la página web, me dice que debo crear una cuenta, pero antes de eso, tengo que pasar por unas cuantas preguntas, ella dice que hay varios hombres de gran poder adquisitivo y que cuando solicitan el servicio, no queda registro de quien ingreso a nuestro perfil, las conversaciones se borran enseguida y que sólo ellos pueden contactarlas de forma directa, que ellas bajo ninguna circunstancia pueden llamar al número ya que se les dará de baja de forma permanente de la página.

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