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Portada de la novela Tras la traición: la venganza de una esposa

Tras la traición: la venganza de una esposa

La vida de la protagonista se desmorona cuando la negligencia de la cirujana Kaitlin Russo provoca la amputación de su hermano Ezra. Al indagar, descubre que su propio esposo, el magnate Hayden Bridges, es amante de la doctora y la encubre. Bajo amenazas por el secuestro de su hermana Ivy, ella intenta callar, pero la tragedia es absoluta: Ivy es asesinada y Ezra muere en el hospital. Sin nada que perder, jura destruir a quienes le arrebataron todo.
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Capítulo 3

Estaba a punto de dejar la ciudad para siempre, guardando la última caja con mis pertenencias en la cajuela de mi auto, cuando sonó mi celular. Era Ivy.

"¡Char!", gritó ahogadamente ella. "¡Ayúdame, por favor!".

Tras eso, escuché la risa baja y cruel de un hombre en el fondo. Luego la línea se cortó.

Un escalofrío me recorrió, pues conocía muy bien al dueño de esa risa. Le pertenecía a Kyle Russo, el hermano de Kaitlin, que era un criminal violento que Hayden mantenía en su nómina. Prácticamente era su bestia personal.

No lo pensé y solo conduje hasta el lugar en el que había rastreado el celular de Ivy. Se trataba de un bar de mala muerte en el centro, propiedad de mi exesposo a través de una empresa fantasma.

Apenas entré, encontré lo que buscaba en un rincón. Kyle tenía a Ivy contra la pared, con la mano fuertemente enredada en su pelo, mientras le susurraba algo vil al oído. Ella sollozaba y estaba pálida por el terror, una expresión que conocía demasiado bien.

Al instante, una ira feroz, más pura y primitiva que cualquier cosa que hubiera sentido antes, me consumió. Agarré una pesada botella de cerveza de una mesa cercana y se la rompí en la cabeza al agresor con todas mis fuerzas.

Él retrocedió tambaleándose, con la sangre corriéndole por el rostro. Su expresión era de asombro y el desconcierto brillaba en sus ojos.

"Suelta a mi hermana", rugí.

"Perra. Vaya que eres atrevida", dijo él, con una sonrisa cruel, pues se había recuperado rápido. Avanzando amenazadoramente hacia mí, continuó: "¿Crees que Hayden te protegerá ahora? No eres nadie".

Yo coloqué a Ivy detrás de mí y sentencié: "Si la vuelves a tocar, te mataré. Te lo juro por Dios".

En ese momento apareció Kaitlin, impecable en un vestido blanco que probablemente costaba más que mi auto. Observó la escena con una expresión de diversión, crueldad y desapego, antes de comentar, con una voz cargada de desprecio: "Vaya, vaya, vaya. Miren nada más lo que tenemos aquí. La reina caída y su patética hermanita".

"¡Kait, la loca me golpeó! ¡Mira mi cabeza! Tienes que hacer que pague", soltó Kyle, quien comenzó a quejarse inmediatamente como un niño.

"¿Esta es la que tiene problemas de ansiedad? Parece un ratoncito asustado", comentó la aludida, recorriendo con la mirada a mi hermana, quien temblaba a mis espaldas. Luego, ensanchó su sonrisa y me dijo: "Kyle tiene razón. Necesitas aprender una lección. Arrodíllate y discúlpate con él".

"Ni en sueños", escupí.

Instantes después, saqué mi celular para llamar al 911, pero uno de los matones de Kyle me lo arrebató de la mano y lo lanzó contra la pared, donde se hizo añicos.

Empujé a Ivy hacia la salida trasera, pero Kyle clavó sus dedos en mi brazo. Sentí un dolor agudo y nauseabundo por culpa de mi vieja lesión en el hombro, resultado de un accidente automovilístico que había tenido años atrás. Grité, doblándome de dolor.

"Charlotte, ¿todavía intentas ser la heroína?", se burló Kaitlin. "Eres tan predecible".

Después, les hizo una seña con la cabeza a sus hombres, quienes me agarraron y me obligaron a arrodillarme. El áspero concreto raspó mi piel hasta dejarla en carne viva.

"Dije que te disculpes", repitió mi enemiga, en un tono tan duro como el acero.

"Nunca".

"Esperaba que dijeras eso", suspiró dramáticamente ella. Luego señaló a Kyle y agregó: "Quizás su hermana sea más cooperativa".

El hombre avanzó con una sonrisa depredadora hacia Ivy. Vi el terror absoluto en los ojos de mi hermana y supe con certeza que había perdido.

Pero antes de que yo pudiera decir una palabra, las puertas del bar se abrieron nuevamente y Hayden entró. Captó la escena al instante: yo estaba de rodillas, sangrando, Ivy acorralada, y Kaitlin con una expresión triunfante. Por un breve momento, vi que una emoción destelló en sus pupilas. ¿Había sido preocupación? ¿Enojo?

"Hayden," susurré, mientras estúpidamente dejaba que una chispa de esperanza ardiera en mi pecho.

Él se acercó, con una expresión de ira helada, me ayudó a levantarme con sorprendente gentileza y me preguntó: "¿Estás bien?".

Antes de que pudiera responder, Kaitlin corrió a su lado y con una expresión de perfecta inocencia, soltó: "¡Hayden, gracias a Dios que estás aquí! ¡Charlotte se volvió completamente loca! ¡Atacó a Kyle sin razón y comenzó a amenazarnos!".

Mi exesposo alternó su mirada entre ella y yo. Su preocupación pasó a un glacial desapego en un parpadeo.

"Discúlpate con ellos", me indicó, viéndome con una expresión aterradora, y unos ojos desprovistos de cualquier calidez.

"¿Qué? Hayden, no puedes estar hablando en serio. ¡Ellos atacaron a Ivy!", exclamé, pues su exigencia había sido como una cachetada para mí.

"No me importa lo que pienses que pasó", dijo, en un tono peligrosamente baja. "Te disculparás con ellos. Ahora".

Acto seguido, me agarró de la nuca y me empujó hacia abajo. Mi frente azotó contra el sucio piso, produciendo un terrible crujido. Sentí que me hundía en un torbellino de dolor y humillación absoluta.

"Hazlo ahora", me ordenó.

No pude, pues hacerlo era una traición a cada instinto protector que poseía.

Él volvió a azotar mi cabeza contra el suelo, esta vez con más fuerza, haciendo que la sangre goteara de mi frente hasta mi ojo.

"Lo siento", murmuré finalmente, aunque esas palabras me supieron a veneno y sangre.

Kaitlin soltó una risita triunfante.

"Ya todo está bien, cariño. Yo estoy aquí", le dijo Hayden, soltándome y abrazándola de manera protectora.

Tras eso, la sacó del bar, sin mirar ni una sola vez hacia atrás, dejándome rota y sangrando en el suelo con mi aterrorizada hermana.

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