Seguir
Capítulos
Compartir
Portada de la novela Tras la coma, la crueldad y traición de Caleb

Tras la coma, la crueldad y traición de Caleb

Al despertar de un coma de cinco años, la realidad supera cualquier pesadilla. Mi familia me sustituyó por Hailie y, bajo el pretexto de un accidente inexistente, mi hermano y mi prometido, Caleb, me sometieron a tres años de torturas y cautiverio. Pese a sufrir un cáncer terminal, resistí el dolor para protegerlos, solo para descubrir que su bienestar era real y mi agonía un plan deliberado. En mi cumpleaños, elijo saltar al vacío dejando atrás la verdad.
Capítulos
Compartir

Capítulo 2

Cuando desperté, el mundo se había reducido a paredes blancas y un fuerte aroma a desinfectante; un dolor agudo e insistente se extendía por todas mis costillas y mi cabeza. No tardé en darme cuenta de que nuevamente estaba en un hospital.

A través de mi aturdimiento, escuché varias voces justo afuera de la puerta de mi sala.

"El doctor dijo que solo se rompió varias costillas y sufrió una conmoción cerebral. Ella estará bien", dijo Fitzgerald con una voz tensa por la irritación. "Yo creo que solo quiere llamar la atención".

"Necesita aprender su lección, Fitz", intervino Caleb con una voz aún más fría. "Esto es lo que pasa cuando no obedece".

Mis ojos se abrieron lentamente mientras un doctor entraba en la sala; era un hombre mayor de ojos gentiles, pero que en ese momento estaban cargados de una profunda lástima y preocupación.

"Señorita Reid", me saludó suavemente. "Soy el doctor Evans".

Miró hacia la puerta, donde Caleb y Fitzgerald ahora estaban de pie. "¿Me permiten hablar un momento en privado con la paciente?".

La mandíbula de Caleb se tensó y espetó: "Somos su familia, así que tenemos derecho a escuchar lo que va a decirle".

El doctor Evans dudó antes de suspirar con resignación. "Está bien. Las lesiones que sufrió por la caída son menores, pero... los chequeos revelaron algo mucho más serio".

Levantó un conjunto de radiografías y las colocó contra la luz. "Señorita Reid, usted padece cáncer de pulmón. Lamentablemente, ya hizo metástasis, por lo que actualmente se encuentra en fase terminal".

Sus palabras se quedaron flotando en el aire, sintiéndose muy pesadas e irreales.

Mi cáncer ya estaba en etapa terminal, pero por alguna razón, sentí una extraña indiferencia, una calma gélida que se apoderó de mí; era como si el doctor estuviera hablando del diagnóstico de alguien más.

Caleb soltó una risa burlona. "¿Cáncer? No sea ridículo. Ella solo está tratando de llamar la atención. Simplemente es otro de sus juegos".

Fitzgerald asintió y lo secundó: "Sí, siempre ha sido muy dramática".

Una pequeña y tonta parte de mi corazón por un momento albergó la esperanza de que esta noticia tan trágica e innegable apaciguara su furia justiciera; realmente creí que vería un destello del hermano y del prometido que solía conocer.

Observé fijamente sus rostros, buscando cualquier atisbo de remordimiento o de amor, pero lo único que encontré fue un gélido desdén.

Justo entonces, el celular de Caleb sonó. En el instante que respondió, su tono severo cambió, volviéndose mucho más tierno.

"¿Hailie? ¿Qué pasa? ¿Estás bien?".

Él hizo una pausa para escuchar lo que decía la chica al otro extremo de la línea. "De acuerdo, voy ahora mismo. No te preocupes, llegaré contigo lo antes posible".

Tras finalizar la llamada, se volvió hacia Fitzgerald. "Hailie está muy asustada. Me necesita".

Comenzó a caminar hacia la puerta, sin tomarse la molestia de mirar atrás.

"Espere", lo llamó el doctor Evans mientras avanzaba hacia su dirección. "Señor Skinner, esto es serio. Necesitamos discutir el tratamiento y los cuidados paliativos que recibirá la paciente...".

"Solo denle analgésicos", dijo mi prometido por encima del hombro. "Fitz, quédate con ella. y asegúrate de que no cause más problemas". Acto seguido, simplemente se marchó.

Fitzgerald se quedó junto a la puerta, con los brazos cruzados y una expresión que reflejaba su impaciencia.

El doctor Evans se dio la vuelta y me miró con un rostro lleno de tristeza e impotencia. "Señorita Reid, podemos comenzar con las quimioterapias para que no sienta tanto dolor, e incluso para darle un poco más de tiempo...".

"¿Tiempo para qué?", pregunté en un susurro débil.

"Para decírselo a su familia", me instó gentilmente. "Necesita decírselo usted misma y hacerlos entrar en razón".

Una risa amarga escapó de mi garganta. "¿De verdad cree que van a comprenderlo? Aunque me vieran muriendo en el suelo frente a ellos, no les importaría".

Mi última chispa de esperanza se extinguió por la apresurada partida de Caleb, deseoso de consolar a la chica que robó mi vida.

"Nunca me creerán", dije con una voz plana. "Para mí, ya nada importa".

El doctor Evans parecía querer disuadirme, pero al notar el carácter irrevocable en mis ojos, no insistió más y me dejó una receta para analgésicos, despidiéndose con una mirada de profunda lástima.

Los días que siguieron fueron una tormenta donde reinaba el dolor. Las molestias en mis huesos se agudizaron y tenía que realizar un esfuerzo monumental para respirar; las pastillas apenas servían para aliviar la agonía que me invadía.

Una semana después, Fitzgerald llamó, pero no para preguntar cómo estaba. "Caleb dice que ya estuviste una semana internada en el hospital. Sal de ahí y vuelve a la residencia donde estabas. Tienes mucho trabajo por hacer".

Su mensaje fue muy claro: mi penitencia estaba lejos de terminar. Mi enfermedad y sufrimiento solo era una molestia para ellos.

En ese momento, una nueva resolución sombría nació dentro de mí. Si querían que volviera, lo haría solo para que vieran las consecuencias de su cruel lección.

A pesar de las protestas frenéticas del doctor, me di de alta del hospital; llené la solicitud para que me recetaran los opioides más fuertes, recibiendo un suministro que duraría un mes completo, y tomé un taxi de regreso a la jaula de oro a la que Caleb llamaba hogar.

El mayordomo, un hombre que solo le era leal a mi prometido, me detuvo en la puerta.

"El señor Skinner ordenó que debe ser desinfectada antes de entrar. Estuvo mucho tiempo en un hospital. No podemos tomar el riesgo de infectarnos con los gérmenes que traiga consigo".

Dos sirvientas con rostros impasibles me llevaron a un gran baño junto al garaje; llenaron una tina con un líquido que tenía un fuerte aroma a químicos.

"Métase ahí", ordenó una de ellas.

Estaba demasiado débil para oponer resistencia, por lo que terminé sumergiéndome en la solución punzante. Los productos químicos empaparon los cortes sin cicatrizar en mis brazos y piernas, envolviéndome en una sensación ardiente; el agua a mi alrededor comenzó a teñirse de rojo mientras mis heridas se abrían de nuevo.

Las criadas jadearon y sus fachadas profesionales vacilaron por un instante al presenciar la horrible escena.

Justo entonces, Caleb y Fitzgerald entraron en la habitación. Cuando los ojos de mi prometido notaron la sangre en el agua, vi cómo un destello indescifrable cruzó brevemente por su rostro. ¿Fue conmoción? ¿O preocupación?

Pero Fitzgerald lo hizo volver en sí poniendo una mano en su brazo.

"No olvides el plan, Caleb", murmuró.

El rostro de mi prometido volvió a tornarse severo y el breve momento de humanidad desapareció, optando por darme la espalda.

"Asegúrense de limpiarla bien", les ordenó a las sirvientas con una voz desprovista de cualquier emoción. "Luego llévenla a su habitación".

Vi al hombre con el que se suponía que me iba a casar dejando que me desangrara en una tina de desinfectante, abandonándome por completo.

Una pequeña risa quebrada escapó de mis labios; me pareció bastante irónico que a Caleb le preocuparan los gérmenes.

También te puede gustar

Portada de la novela Cazatesoros: El Mundo Desconocido
8.3
Zachary Zi aterriza en el Mundo Antiguo tras un salto dimensional guiado por su Brújula de cazatesoros. Ahora habita el cuerpo de un joven de un clan aniquilado, lidiando con lesiones que le impiden cultivar energía. Mientras rastrea a su prometida perdida, su brújula mítica le asigna retos con premios valiosos. En este peligroso viaje, conocerá a mujeres fascinantes que podrían iniciar nuevos romances, todo mientras lucha por adaptarse y sobrevivir.
Portada de la novela Charlotte
9.4
Con apenas veinte años, Charlotte toma el mando de la mafia en Apulia tras fallecer su padre. Para blindar el futuro de su hermana y ampliar su riqueza, la joven líder se instala en Nápoles. En un mundo dominado por hombres, su frialdad y astucia serán armas clave frente a una organización rival dirigida por tres seductores sujetos. Charlotte deberá imponer su autoridad absoluta mientras evita que el amor debilite su voluntad en esta peligrosa lucha de poder.
Portada de la novela Demasiado tarde: La hija que sobra se le escapa
8.2
Sofía fallece tras ser obligada por su padre, jefe del Cártel de Monterrey, a sacrificarse por su hermana. Sin embargo, despierta un año antes de su trágico final. Decidida a cambiar su destino, acepta el destierro en Madrid mientras Isabella le roba su identidad frente a Dante Montenegro, el capo a quien Sofía rescató. Pese a que su hermana finge ser la heroína, la joven planea una venganza implacable desde el anonimato para destruir su imperio.
Portada de la novela Deseos Oscuros.
7.9
La vida perfecta de Kimberly se quiebra al ser perseguida por una peligrosa mafia. Erik Jones, el líder criminal más influyente, ha desarrollado una obsesión enfermiza por ella y planea mantenerla bajo su control de forma definitiva. En medio de este escenario de riesgo y dominio absoluto, ella se ve forzada a elegir entre recuperar su libertad anterior o ceder ante la oscura atracción que le ofrece este nuevo y violento entorno del que ahora es parte.
Portada de la novela El heredero Robado y el mellizo oculto
8.0
Isabella fue desterrada por un millonario tras sufrir el robo de su hijo, pero guardó un secreto: tuvo mellizos. Casi dos décadas después, Leonardo ejerce como el frío sucesor de la fortuna familiar, mientras Dante, el hermano oculto que creció en la miseria, emerge con el plan de destruir el legado de su padre. Tras crear su propia compañía, Dante inicia un ataque implacable contra el imperio. Ambos hermanos se enfrentan en una guerra total sin saber que comparten la misma sangre.
Portada de la novela El Monstruo en Casa
9.6
Lo que inició como un pacto matrimonial para rescatar a mi familia terminó en una prisión de soledad. Tras años de vacío, Ricardo me entregó a la perversión de Leo, cuya crueldad me arrebató al hijo que esperaba tras obligarme a medicarme. La traición alcanzó su punto máximo cuando mi esposo protegió al monstruo responsable de mi pérdida. Mi alma se ha quebrado, pero el llanto se transformó en rabia. Ahora renazco para ejecutar mi venganza y exigir justicia.