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Portada de la novela Traicionada Por El Amor

Traicionada Por El Amor

La unión de Isabella Hart y el actor Adrian Cole se desmorona tras la traición de este con su mánager. En su dolor, Isabella se involucra con Victor Hale, quien inesperadamente se convierte en su padrastro. Al quedar encinta, ella intenta ocultar el secreto, pero la madre de su exmarido lo expone públicamente. Esta revelación desencadena el divorcio de su madre y el rechazo total de sus allegados, dejando a Isabella sumida en la ruina familiar.
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Capítulo 2

POV de Isabella

El portazo detrás de mí pudo haber sido la sentencia final de algo que ya no podía retractar. Mis manos temblaban ligeramente mientras apretaba mi bolso, que se sentía como un objeto de concreto, pesado como una tonelada. Apresurada, avancé por la calle oscura, con la voz de Adrian resonando en mis oídos-culpándome injustamente, excusándose, media verdad tras media verdad. No podía quedarme en esa casa ni un segundo más.

Mi teléfono vibró en mi palma. Adrian. Dos segundos después, presioné rechazar. Vibró. Rechazar. Vibró. Después de la quinta llamada, lo metí en lo profundo de mi bolso, apretando la mandíbula con tanta tensión que dolía.

No tenía un destino en mente; solo necesitaba poner distancia entre mi hogar y yo. Mientras caminaba, vi un tenue resplandor de neón más adelante. Un bar. Sin pensarlo, me dirigí directamente hacia él.

Dentro, el aire estaba cargado con el olor a licor y humo. Tomé asiento en un taburete junto a la barra y le hice una señal al camarero.

-Whiskey -dije con una voz más firme de lo que pretendía.

El vaso cayó sobre la barra. Lo bebí de un trago, dejando que el ardor calmara el dolor en mi pecho, aunque fuera por unos momentos.

Pero ese maldito teléfono vibraba contra mi muslo, y lo ignoré. -Otro -murmuré.

Para la tercera ronda, mi mente estaba ligeramente nublada y mi enojo al menos se había difuminado. Pero el dolor seguía ahí. Una vez más, mi teléfono vibró sobre la barra. Adrian. Lo volteé y lo aparté.

-¿Noche larga? -preguntó una voz a mi izquierda.

Giré ligeramente la cabeza para mirar a un hombre que estaba allí, con el teléfono pegado a la oreja, aunque enseguida noté que no hablaba con nadie. Se deslizó a mi lado, terminando su llamada falsa.

Alto. Hombros anchos. Cabello oscuro, perfectamente recortado. Sus ojos, de un gris tormentoso, se encontraron con los míos por un instante antes de apartar la mirada y pedir una bebida.

No le respondí. Solo murmuré algo como: -Algo así -y me concentré en mi vaso.

El tiempo pasó mientras él permanecía en silencio, y yo también. Aun así, podía sentir su presencia, como una calma inquebrantable; era eso lo que me inquietaba.

Cuando me levanté para ir al baño, el suelo pareció inclinarse bajo mis pies. Mis rodillas cedieron y me sujeté a la barra, pero ni siquiera eso fue suficiente.

Antes de caer, una mano firme me sostuvo.

-Tranquila -dijo, rodeándome con el brazo.

-Estoy bien -mentí, intentando apartarme.

-Estás a punto de caerte de cara. Eso no parece estar bien -respondió con calma.

A pesar de resistirme, me guió hacia el baño de mujeres. Allí, me apoyé en el lavabo y miré mi reflejo. Mi maquillaje estaba corrido, mis ojos vidriosos... apenas reconocía a la mujer frente a mí.

-Tal vez deberías bajar el ritmo -dijo, apoyado en el marco de la puerta.

Le lancé una mirada a través del espejo. -No me conoces.

-Es cierto -respondió sin inmutarse-, pero puedo decir que no estás aquí porque te encanta el whiskey los martes por la noche.

Se me cerró la garganta. Aparté la mirada del espejo y murmuré: -Adrian.

-¿Novio? -preguntó.

-Esposo. -La palabra casi me rompió.

Guardó silencio un momento antes de decir: -Y prefieres beber a contestar sus llamadas.

Su franqueza dolió, pero no pude negarlo. Crucé los brazos, con la voz temblorosa. -Tal vez no quiero escuchar sus mentiras.

-O tal vez quieres que él sienta lo que es llamarte y no poder alcanzarte -dijo suavemente.

Me quedé inmóvil al mirarlo a los ojos. No se burlaba. No insistía. Solo era... firme.

-¿Quién eres? -necesitaba saber.

-Víctor -respondió simplemente.

Asentí lentamente. -Isabella.

Repitió mi nombre, como si lo probara: -Isabella.

La forma en que lo dijo me atrajo más. La habitación se sintió más pequeña, cargada. El latido de mi pulso retumbaba en mis oídos. No lo planeé; no lo pensé. Simplemente me acerqué y lo besé.

Por un momento, él no se movió. Sentí su vacilación. Luego su mano se deslizó hasta mi cintura, sosteniéndome, y me devolvió el beso.

Cuando nos separamos, jadeaba por aire.

-Esto está mal -susurré.

-Sí -dijo Víctor, pero sus ojos seguían fijos en los míos, y no me soltó.

El silencio comenzó a envolvernos, denso, lleno de palabras no dichas. Mi teléfono vibraba sobre la barra. Ninguno de los dos hizo el intento de responder.

-No debería... -empecé.

-Entonces no lo hagas -interrumpió suavemente.

Pero no me fui.

Después de eso, todo se volvió borroso: el bar, sus brazos guiándome afuera, la calma tenue de la ciudad, su voz baja y firme anclándome cuando mis pensamientos giraban demasiado rápido. Sabía que debía detenerme. No lo hice.

La próxima vez que abrí los ojos, la luz del sol entraba por una cortina desconocida. Me dolía la cabeza, y me incorporé lentamente, con un nudo de temor en el estómago.

Una habitación de hotel.

Entonces, una oleada de pánico recorrió mi pecho. Me giré hacia la mesita de noche. Había una nota doblada encima. Mis manos temblaron al abrirla.

Anoche fue increíble. – Víctor

La nota se deslizó de mis dedos; me incliné hacia adelante, apoyando los brazos sobre mis rodillas, con el pecho oprimido y el corazón acelerado.

Cerca de mí, mi teléfono se iluminó sobre la mesa, mostrando decenas de llamadas perdidas.

Se me cerró la garganta. Todo cayó sobre mí-vergüenza, rabia, arrepentimiento.

-¿Qué he hecho? -susurré al silencio.

Pero nada respondió, solo el silencio pesado de aquella habitación extraña, lleno de una verdad de la que no podía escapar.

Para empeorar un día ya miserable, me leva

nté del suelo y llamé a mi abogada.

-Tenemos que vernos -dije en cuanto contestó, omitiendo cualquier saludo.

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