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Portada de la novela Traición antes del parto: ¿yo soy la amante?

Traición antes del parto: ¿yo soy la amante?

Durante su octavo mes de embarazo, una mujer asiste a su control médico junto a su esposo, un agente de investigación. Pero una sospechosa llamada en su teléfono satelital lo hace huir bajo el pretexto de perseguir a un fugitivo internacional. Sabiendo que es mentira, pues la Oficina de Seguridad Nacional de su propio padre no ha reportado ninguna alerta y su marido es solo un inspector menor, ella toma un taxi para seguirlo y descubrir quién está detrás de esa misteriosa orden.
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Capítulo 2

Harry se quedó mudo por un instante; abrió la boca, pero no le salió ni una palabra.

Los altos cargos y sus familias, reunidos en el salón, estaban igual de desconcertados, sin saber cómo reaccionar.

En medio de esa tensión, el llanto de un bebé rompió el silencio y todos se sobresaltaron.

Fátima tomó al niño con rapidez para calmarlo y, al segundo siguiente, me gritó sin rodeos:

—¡Raquel! ¡Estás loca! Ya estás divorciada de mi hijo, ¿cómo te atreves a venir a armar escándalo? Si tienes un poco de sentido común, lárgate ahora mismo. ¡Si ofendes a algún alto cargo, acabarás en la cárcel!

La esposa del subcomisario también intervino, severa:

—Aunque seas la exesposa del agente Heredia, no puedes golpear a alguien en público. ¡Esto es un delito grave, es agresión a un agente!

Al enterarse de quién era yo, el salón estalló en murmullos. La multitud comenzó a gritar que me arrestaran, que me dieran una lección.

Fruncí el ceño, agarré a Harry del cuello de la camisa, a punto de exigirle una explicación: ¿desde cuándo su esposa legítima se había convertido en su exesposa?

Pero Elena se adelantó. Se acurrucó en sus brazos y me miró con los ojos llenos de lágrimas.

—Raquel… Harry ya se divorció de ti… ¿por qué sigues persiguiéndonos…?

Las lágrimas no dejaban de caerle.

—Todo es culpa mía… Te devuelvo a Harry, ¿sí…? ¿Con eso basta…?

En cuanto terminó de hablar, la expresión de Harry cambió. Reprimiendo la ira, me lanzó una mirada dura.

—¡Raquel! ¡Ya te dije que no voy a volver contigo! ¡Deja de molestarnos!

—¡Lárgate antes de que pierda la paciencia! ¡No tengo tiempo para tus escenas!

Al decir eso, hizo un gesto con la mano, y varios policías se lanzaron sobre mí para sacarme a la fuerza.

En el forcejeo, tropecé y choqué contra Fátima.

Y en ese instante… vi el rostro del bebé en sus brazos.

Sentí como si un rayo me partiera en dos.

Porque ese niño… ese supuesto hijo de Elena…

Era Lucas.

Mi hijo.

El bebé que di a luz tras siete horas de dolor insoportable.

¡Lucas!

Pero mi hijo… había muerto con tres meses.

Y fue el propio Harry quien se encargó de su cremación…

Harry…

Se me cortó la respiración. Un dolor desgarrador me atravesó el pecho.

“¡Maldito seas, Harry! ¡Me hiciste creer que mi hijo había muerto… solo para dárselo a ella!”.

—¡Devuélveme a mi hijo! ¡Es mi Lucas!

Apreté los dientes, le arranqué al niño de los brazos a Fátima, la empujé a un lado y abracé al bebé que lloraba, con el corazón hecho pedazos y las lágrimas desbordándose.

Pero Elena entró en pánico. Se lanzó hacia mí, llorando, intentando arrebatármelo.

Su voz temblaba.

—¡Raquel, él no es tu hijo! Sé que la muerte de Lucas te afectó… que perdiste la razón… y que, incluso después del divorcio, querías tener otro hijo con Harry… Te compadezco… perdiste a tu hijo, por eso te dejé hacer lo que quisieras en todo… ¡pero no puedes quitarme al mío! Te lo suplico, deja en paz a mi familia… Puedo divorciarme de Harry… ¡pero devuélveme a mi hijo!

Al escuchar eso, Harry se tensó. Sujetó a Elena por los hombros y la detuvo.

—¡Elena, no lo permitiré! Ni se te ocurra hablar de divorcio. Nadie va a separar a nuestra familia.

—¿Y yo qué? —grité, interrumpiéndolo.

Los miré a ambos, viendo cómo se protegían, cómo se aferraban el uno al otro.

Luego señalé mi vientre abultado y lo enfrenté, palabra por palabra:

—Harry, todavía llevo a tu hijo dentro de mí. Me traicionas delante de mis ojos… y encima me llamas exesposa. Das asco.

Él tragó saliva, evitando mi mirada.

Pero Elena lloró aún más, como si fuera la víctima. Se volvió hacia los invitados y empezó a quejarse entre sollozos:

—Disculpen… Raquel es la exesposa de Harry. Perdió la razón después de que su hijo muriera en un parto difícil… Luego se aferró a él, queriendo tener otro hijo… y cuando él la rechazó, buscó a cualquier tipo de la calle para que… le dieran un hijo… Harry, por compasión, a veces la ayudaba… pero nunca imaginó que ella lo obligaría a reconocer a ese hijo ilegítimo… y que incluso nos amenazaría para divorciarnos…

Sus palabras encendieron a todos al instante.

Las mujeres de la alta sociedad empezaron a gritar con desprecio:

—¡Esa loca lo quiere todo para ella sola! ¡Sáquenla de aquí ahora mismo!

Mientras sostenía a mi hijo, solté una risa fría, llena de rabia.

Clavé mis ojos en Elena.

—¿Quién eres tú para hacerte la inocente después de todo, Elena? ¿O ya olvidaste cuánto vale cada mililitro de tu sangre? ¿No fuiste tú la que cobró mis tres millones… y luego se arrodilló suplicando por un trabajo estable?

El rostro de Elena se fue poniendo cada vez más pálido, pero yo no me detuve.

—¿Qué pasa? ¿No te basta con lo que Harry te da por mantenerte? ¿Ahora vienes a arruinarme la vida? ¿No te da vergüenza hacerte pasar por la esposa legítima… cuando no eres más que una amante?

Ni siquiera había terminado de hablar cuando, pese a mi avanzado embarazo…

Alguien me empujó con fuerza.

Perdí el equilibrio.

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