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Portada de la novela Touche me

Touche me

Claire encara el reto más complejo de su trayectoria profesional al defender legalmente a Johnny, su antiguo amor. Tres años después de su ruptura, él reaparece para desafiarla con una seducción audaz y provocadora. A pesar de la química eléctrica que comparten, las heridas del ayer y el rencor acumulado obstaculizan su acercamiento. En medio de conflictos empresariales y celos, ambos libran una batalla emocional donde la pasión y el pasado chocan sin tregua.
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Capítulo 3

—¡Por favor, Claire, te lo imploro!

La vocecita de puchero que ponía Janine al teléfono, era persuasiva. Ella de entre todos los familiares de Jhonny, tenía una especial relación conmigo. Habíamos sido confidentes y amigas, incluso antes de meterme bajo las sábanas de su hermano. Era aquella una familia que adoraba y que me había querido siempre. Eran perfectos para mi, así como la mía lo había sido para Jhonny, y nosotros habíamos sido la perfección de las relaciones amorosas, hasta que todo se estropeó.

—No vamos a volver Jani, no puedo ni verlo. Sabes que es doloroso para mí.

—Tienen que hablar. Hay cosas que no sabes y él es un imbécil, pero te ama con locura. No tienes ni idea —porfiaba ella —pero eso da igual. Es asunto de ustedes y no vamos a meternos, es simplemente que mamá y yo queremos verte. Quiero dormir contigo y volver a nadar en el río mientras miras el fondo asustada y me divierto al lado de una de las mujeres que más he amado en mi vida. Claire, por favor, por favor, por favor. Ven. Di que sí.

¿Cómo podía negarme a eso?

Suspiré y ella sonrió victoriosa del otro lado de la línea, sabedora de que había conseguido envolverme en las triquiñuelas de Jhonny para hacer su voluntad y de paso, hacer feliz a su hermana.

—Vaaale, iré.

Dando gritos de desquiciada me colgó sin despedirse. Ella estaba la mar de feliz y yo de preocupada.

Me quedaban unas horas antes de salir a aquel imprevisto viaje, cuando decidí recostarme un rato a dormir, no sin antes echar una ojeada a los papeles que mi ex me había dado cuando había entrado en cólera por el tema de mi supuesta boda.

Como él mismo había mencionado, aquello era un simple acuerdo de ruptura de colaboración,  en la que mis acciones pasaban a ser suyas y me quedaba con casi nada más allá de mi bufete. A pesar de todo agradecía no tener que irme. Y reconocía que aquello había sido una jugada vil de su parte e intempestiva de la mía. Ninguno de los dos había estado muy fino ahí.

Traté de relajarme y no pensar en nada que tuviera que ver con él, abstraerme de su presencia nuevamente en mi vida y de su manera poco espontánea de abordarme para tenerme nuevamente.

Se veía calculado, y eso, me molestaba. Saber que había quizás, estado esperando este momento para volver a humillarme me jodía. Muchísimo.

Sin poder hacer más que descansar mi cuerpo para lo que estaba por venir, me dejé abrazar por las almohadas fabulosas de aquella cama que me hizo sonreír como lerda cuando te recordé que él había prometido oler luego cada espacio que había perfumado con mi cuerpo.

Sabía decir cosas que seducían, y yo sabía muy bien caer como idiota, pero por el momento...solo me limité a sonreír y abrazar las almohadas de la cama del hombre que más había amado en mi vida.

...Abrí la puerta de la habitación gesticulando para silenciarlo antes de que soltara alguna de sus pullitas por haber conseguido lo evidente.

Y su sonrisa me deslumbró. Tuve que retomar el orden de mis pensamientos para seguir odiandolo y concentrarme en ignorarlo por las siguientes horas que duraría el vuelo.

—Estás preciosa, petite —susurró en mi oído cuando pasé por su lado y me quitó de las manos el pequeño bolso que llevaba con alguna ropa —nunca he sido capaz de no admirar tu belleza y ponerme a cien. Te deseo. Deja que te toque solo un poco y niega que me deseas también. Déjame besar tu cuello, la curva de tu cintura. Deja que deslice mis dientes por el arco de tus pechos...

—¡Ya basta!...—le reclamé girando hacia él y alzando un dedo en advertencia —no quiero oírte decir esas cosas Jhonny, no te creo y no quiero tener nada que ver contigo. Déjame en paz. No quiero que me toques y no quiero que me digas que sientes nada. No me interesas y eso, es lo único que quiero tener más que demostrado contigo. Basta ya.

—Que mentirosa eres —discutió pasando por mi lado y llamando el ascensor —pero que me calle lo que siento no quiere decir que no lo note arrasando por cada por de mi piel y de la tuya. Te siento vibrar si me acerco y noto como tiembla tu cuerpo ante el mio. Tú y yo, nos pertenecemos. Te guste o no.

El resto del viaje en el auto hasta el aeropuerto lo hice en silencio y él por suerte respetó eso. Mantuvo una prudencial distancia y no se insinuó más ni provocó ninguna situación incómoda o que me hiciera explotar en furia, como lo había hecho antes.

Subimos avión y podía notar como sus ojos viajaban por mi cuerpo sin pudor. Llevaba un short ni largo ni corto de lino rojo y un top blanco con una camisa abierta a cuadros por encima, y botas a juego. Pero cada hilo de tejido de mi ropas parecían estar incendiados por la intensidad que me transmitía su mirada sobre mi piel.

Subí al avión prácticamente sodomizando al pasamanos, hasta que me sentí libre de sus ojos detrás de mí y me encerré en la habitación del Jet, era un vuelo privado y prefería estar lejos suyo. No quería ni que me hablara.

Despegamos y yo me senté en el asiento de allí dentro, amarré mi cinturón y una vez en el aire, decidí trabajar un poco para no pensar en que detrás de aquella puerta estaba mi ex y juraba que me deseaba.

Me perdí en las páginas de futuros casos que había dejado en Miami y conseguí avanzar bastante en los próximos juicios que tendría. Sin embargo aún no sabía el motivo por el que Jhonny me había traído hasta Mueva York. Ese espacio seguía en blanco.

La puerta se abrió de repente y lo escuché caminar detrás de mí pero decidí no mirarlo. Tal vez si lo ignoraba no volvería a hablar de sus deseos y los que suponía tenía yo, amén de que yo sabía que no estaba equivocado.

Yo estaba sentada sobre su cama, de espaldas a la puerta y a pesar de no verlo, no pude evitar sentirlo.

—Nunca tuve nada con ella petite. Jamás te fui infiel. Puedo demostrarlo y me está volviendo loco que me odies tanto por algo que fue un error —su aliento se condensaba en mi cuello y se me cerraron los ojos, sus manos subían y bajaban poco a poco por mis brazos y sentí el colchón moverse indicando que de había sentado detrás de mí —quiero dejarte ir, mantener la distancia pero enloquezco de saber que estás cerca y también me deseas. Déjame tocarte un poco. Saborear tu piel, recordarte a besos lo que se siente cuando nos rozamos.

—Cállate por favor, cállate. Deja de mentir.

Me había recostado sobre su pecho y encorvado el cuello como por inercia. Sabía que estar con él era un error. Que no podría soportarlo y cuando le oigo decir esas cosas, ya confirmo mis teorías de sobrevivir solo si mantenemos las distancias.

Sus manos separan mi camiseta de la piel de mi cuerpo y trepan por mi abdomen hasta levantar las copas de mi sujetador y detenerse en ambos pechos, para luego gemir en mi oído mientras yo aprieto sus manos con las mías.

—Vuelve conmigo. Dejemos todo atrás. Eres la mujer de mi vida y soy el hombre de la tuya. Ambos lo sabemos —me muerde el cuello mientras pellizca mis pezones y soy incapaz de no arrodillarme con él detrás de mí mordiendo y chupando hasta llegar a la comisura de mi boca y casi conseguir que giré el rostro y hunda la lengua en su boca.

Solo había una manera de detener aquello antes de que fuera demasiado tarde y terminara arrepintiendome de meterme a la cama con él.

Cuando su erección se clavó entre mis nalgas por encima de la ropa, supe que debía apurarme o volvería a caer y él era devastador. No quedaba nada cuando arrasaba con todo.

—¡Bésame! —ronroneó ronco y excitado.

—Me he acostado con más de cinco tíos desde que lo dejamos... ¿En serio quieres besarme cuando han habido muchos detrás de tí y mucho mejores ?

Nos miramos unos segundos a los ojos y no supe descifrar lo que escondían los suyos, pero creí que había perdido la partida cuando sacó una mano de mi pecho y la bajó sin detenerse hasta colarse dentro de mis bragas y bordeó mis pliegues antes de decir con los ojos cerrados...

—Deja de atrasar lo inevitable y no inventes nada Claire. Te conozco demasiado y tú también me conoces a mi —sacó la mano, metió los dedos en su boca y no sostuvimos la mirada —vamos a volver a estar juntos y en eso no hay duda. Pero, solo voy a hacerte el amor cuando me pidas tú que te toque y te haga mía otra vez. En eso, voy a esperarte. Tienes el camino limpio. El despegue es en media hora, ven a tomar un refresco conmigo. Si meto la lengua en tu boca sé que la tienes seca.

¡Joder, joder!

—Vete, Jhonny. Sal de aquí.

Me quedé apoyada en mis rodillas, arrodillada en la cama y caliente como una estufa. Me moría por aparcar el pasado justo allí y vivir el presente justo aquí. Pero no podía. El dolor me impedía olvidar.

Ese viaje me costaría mucho más de lo que había previsto y Jhonny se empeñaba en ponérmelo cada vez más complicado.

¿Sería verdad lo que dijo antes?...

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