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Portada de la novela Tentaciones en guerra

Tentaciones en guerra

La esperanza de Nora García de ofrecerle estabilidad a su padre y un respiro a su hermano se desmorona rápidamente. Lo que parecía el inicio de una vida mejor se transforma en un duro desafío tras la aparición de Lian Montero. Este influyente y egocéntrico millonario se cruza en su camino, desatando una lucha de voluntades constante. Atrapada entre sus necesidades familiares y la frialdad del magnate, Nora deberá enfrentar una realidad implacable.
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Capítulo 2

Dandy Yankee, que tire pa' lante. Resuena a todo volumen en la sala principal de la discoteca.

- ¡Sííííííí! Así dale duro.

Espero mi turno, animando a la compañera de espectáculo.

La canción cambia a Feel Me, de Dalex y Sech... Es mi turno.

La adrenalina flota en mi piel, con la coreografía de reggaetón. Contoneo la cadera y la pelvis bajando al suelo y, subiendo. Lento. Sensual. Sin pudor. Semi desnuda. A mi vez, acaricio mi atuendo azul eléctrico sexy: en sujetador, medias de red, y braguitas brasileñas. Motivada en los bramidos de los chicos viendo mi culo al puro tweets.

Sé moverlo para robarles el aliento. ¡Me pagan por esto! Y trato, a mi pesar, de disfrutar en la actuación de la noche.

Cuando la canción termina estoy súper acalorada. Bajo rápido. Necesito llegar a casa antes del amanecer. Nino no me cubrirá más, lo sé. No lo hará a no ser que le cuente en qué pasos ando, cosa que no pienso hacer. Ja, hermanito... Se dice el milagro, pero no el santo.

Me dirijo al pasillo para ir a los camerinos mientras noto mi cabeza como un bombo.

Hoy no estoy yo como para ir dando lata por ahí y más si recuerdo lo ocurrido esta tarde. Fernando, mi ligue actual, dijo que no estoy por la labor y tal vez sea así. Él quiere más, y yo solo quiero un, ¡aquí te pillo y aquí te mato! ¡y ya está! Lo que llamamos, un buen polvo de toda la vida de Dios. Eso traté de explicarle, pero se cansó y al final me mandó a freír espárragos en cuánto me vio en mi lugar de trabajo.

Me detengo en seco cuando me corta el paso. Levanto la vista.

Oh. Oh. Un guapísimo rubio me mira y, yo para no ser menos, hago igual, mirarlo...

Una generosa V en su camisa entre abierta deja a mi imaginación su pecho firme, sus músculos bien marcados, tonificados. ¿Es un Dios griego lo que tengo en frente?

¡Ay que bochorno por favorrrr!

-Es la tercera vez que te veo bailar en una noche...

Su voz sonó gruesa mezclada con el zumbido de la música que hace eco en el pasillo. Con la luz tenue, distingo el color verde manantial de esos ojos que van desde mi boca hacia mis ojos.

Necesito con urgencia que me dé el aire o soy capaz de desmayarme aquí mismo. Estoy sedienta y el calor es asfixiante. Y a decir verdad no, no estoy para tonteo esta noche. Así que le suelto:

-Déjame pasar...

Niega. La comisura de sus labios se estira en una leve sonrisa ladeada. ¡Guau! No sé si fue a propósito, o le salió natural, pero le queda muy sexy. Desde luego, es la sonrisa más sensual que he visto en mis veintiún años de vida.

-Me preguntaba por qué no aceptas bailar para mí...

Mi ceja se encarna, ¿así que, él es quien lleva toda la noche mandando a los gorilas para que le haga un striptease?

-Yo no hago privados.

Doy un paso a mi izquierda y trato de pasar por su lado, pero él se vuelve a interponer. Se inclina, cortando el poco espacio que había entre los dos. Su delicioso aroma de perfume caro entra en mi fosa nasal. ¡Qué bien huele!

-Baila para mí -. Su aliento seguido de su voz ronca, me provoca un fuerte cosquilleo en la oreja y me alejé un poco-. Pagaré muy bien.

Empujo su pecho y clavo mis ojos verdes en los suyos. ¿Este tío quién se cree que es? ¿El rey del mambo o qué cojones...?

-Quítate del medio ¡putero de mierda!

Abre los ojos como platos. Esto es el colmo, en serio tiene la poca vergüenza de parecer... ¿ofendido? ¡Me la suda!

Me alejo. Esta vez no me impide el paso hacia los camerinos y, más le valía, sino le rompo la cara de un sopapo.

Es cierto, que nos ofrecen hacer striptease privados y por ello nos dan una muy buena pasta, lo he visto en mis compañeras. Lo juro. La cantidad tienta a cualquier ser humano de este planeta, a mí la primera y, más con la crisis económica que estamos atravesando en casa. Pero hoy no me quiero sentir como un trozo de carne que se quieren comer por un fajo de billetes. ¡No estoy a la venta! No soy mojigata, en lo absoluto. Me gusta el sexo y más cuando no se mezclan los sentimientos. ¡Soy así! Yo me acuesto con quién quiero, cuándo quiero y dónde quiero ¡y de gratis!

Priscila me ve entrar al camerino, directa a mi guardarropa. Necesito cambiarme de ropa ya...

- ¿Nora? ¿No vas a esperar a que termine la noche?

-No. Porque si me quedo, esta noche voy asesinar a alguien y no quiero ser una asesina ¡Así que mejor me piro!

Sacude la cabeza. Aunque me conoce de hace dos meses, creo que es suficiente como para saber que cuando me pongo sarcástica y arisca, es porque algún cretino trató de pisotear el poquito orgullo que me queda.

-Si necesitas un asesino a sueldo dile a José... seguro que te ayuda sin que tengas que ensuciarte las manos.

La miro de inmediato.

-¿Te refieres al gorila?

-Pues claro nena -se aparta un mechón rojo -. Se bebería los vientos por ti, pero tú como siempre, que no te enteras de nada mirando al Fernando que solo pasa de ti, tía...

Pongo los ojos en blanco. Priscila no oculta su veneno en lo que a chicos se refiere.

No es que yo sea la miss España, pero si soy apetitosa, mucho más que ella y eso la corroe. Pero, oye ¿Qué culpa tengo yo que sea invisible para José?

-¡Anda ya! Como si no tuviera ya suficiente con mis problemas, como para...

Me detengo al ver un bulto junto al marco de la puerta. No puede ser. ¡Otra vez él!

Priscila parece seguir mi mirada porque, de la nada la oigo llamar a los guardias, los gorilas como les decimos nosotras. Me acerco a él:

-Pero vamos a ver... Tu qué entiendes por ¡no!

-Un momento... ¡no entiendo por qué te molesta! Es tu trabajo y te voy a pagar ¿Cuál es el maldito problema?

Mi cara se incendia de rabia. ¡Lo ha vuelto hacer! Me llama puta en toda mi cara y se queda tan pancho, oye... ¡¿Y encima se atreve a preguntar que cual es el problema?!

Coloco una mano en jarra gesticulando con la otra mano, le suelto con chulería:

-Ni por todo el oro de este mundo te bailo a ti porque sencillamente ¡no me da la gana! ¿Capiche?

Los guardias llegan en este instante. El rubio, alza su mano y, se alejaron como si nada, dejándonos a mí y a Priscila perplejas. Los músculos de su mejilla, a través de la barba recortada, se movieron, antes de girar sobre sus talones dando media vuelta. En el último segundo me mira y sonríe muy socarrón:

-Te veré, aunque no quieras.

Balancea un par de veces un móvil en su mano y se marcha. Quedo atónita. Tardo unos segundos en darme cuenta de la indirecta:

-Oye tú... rubio, espera.

-Nora no. No vayas.

Me empuja del brazo haciendo que retroceda dos pasos.

-¡¿Qué le pasa a ése cretino... me grabó?!

-Es el dueño de la discoteca...

- ¡Me importa una...! ¿Quéééé?

La miro boquiabierta. Ella asiente y responde:

- ¿No viste como los gorilas salieron por patas cuando lo vieron?

Uno de los guardias llega con un sobre en la mano. Me lo entrega y se aleja...

Ay Dios... Me abanico con la mano, sintiendo el sofoco anticipado.

-Ay Nora. Que no sea lo que estoy pensando...

Me entra la risa floja.

¡Ya está! ¡Ya no hay que decir más! La lie parda y estoy despedida.

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