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Portada de la novela Tentación y Mafia

Tentación y Mafia

Camille llega a Los Ángeles decidida a empezar de cero, pero termina huyendo de peligrosos criminales tras descubrir datos confidenciales de su jefe, el mafioso Jared Corbit. Durante una noche crítica, el fiscal Edward Bronson interviene para salvarla, desatando una conexión inmediata. Camille lidia con un conflicto interno: teme que la justicia de Edward destruya su seguridad. Ambos lucharán por su romance mientras intentan evadir una red de traición.
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Capítulo 3

—¡ Estas hermosa!— dijo Edward mientras se dirigían hasta el auto de él.

— ¡Gracias, eres muy amable! —respondió Camille.

—No es amabilidad, es la realidad—dijo Edward— por cierto, no te pregunté si andabas con alguien, no deseo causar problemas.

— ¡Oh no! — su respuesta fue automática — estoy más sola que la una.

—¡En serio!— exclamó Edward con voz llena de emoción— estoy de suerte entonces.

— ¿Perdón?— dijo ella— no entendí.

— Que estoy contento de que nadie venga a golpearme por andar contigo— dijo él sonriendo.

— ¡Ah ok!— exclamó ella — no nadie te golpeará.

En el pensamiento de ella se dijo"espero".

Allí estaba saliendo en una cita con un fiscal del estado, que pensaría Jared Corbit al verla, de seguro se sentiría alarmado, pensando que ella lo estaba traicionando.

Se sintió algo tensa al imaginar ésto.

Edward lo notó y preguntó:

— ¿Sucede algo? De repente te sentí, tensa.

Ella volteo su rostro hacia él y dijo:

— Solo que recordé lo de anoche y sentí temor— mintió Camille

— Olvida ya ese episodio,— recomendó Edward —esos eran unos tipos locos que solo estaban alborotados de hormonas y buscaban sexo gratis y obligado.

Ella dibujó una media sonrisa, cuán lejos estaba Edward de saber lo que significaba aquella persecución.

— Si debo olvidar eso de una vez—dijo ella.

— Quiero que disfrutemos ésta salida Camille — pidió él— tengo mucho tiempo sin salir con una chica, y quiero dedicarte el resto de la tarde y parte de ésta noche a ti.

— ¡Gracias Edward, eres muy gentil!— dijo Camille— también tenía mucho tiempo sin salir con alguien.

— ¡ No te creo!— exclamó Edward con espontaneidad—¡Eres muy bella, deberías tener muchos admiradores! Y no es gentileza.

— Aunque no lo creas, así es, mi vida es trabajo, trabajo y cero diversión— dijo Camille.

— Entonces está bien el habernos conocido— dijo él, muy reflexivo — ésa es también mi vida, así que hoy nos soltaremos el moño.

Los dos rieron sin poder contenerse, fueron hasta un restaurante muy íntimo en las afueras de la ciudad.

— ¿Sabes bailar?—preguntó Edward de repente.

— Me defiendo— dijo ella.

Él se levantó y le extendió la mano invitando a Camille a una pequeña pista de baile, la música era suave y envolvente y ella se dispuso a disfrutar de ésta salida.

Edward se sentía atraído por ésta chica, jamás se había sentido tan cómodo con una mujer, olía tan suave, le gustaba ésta chica y mucho.

Camille nunca hasta ahora se había sentido atraída por un hombre, y vaya que éste era un hombre, tenía los ojos negros penetrantes cono cuchillos afilados que denotaba una inteligencia nata, cabello castaño oscuro abundante, cuerpo fuerte y musculoso, denotaba que le dedicaba tiempo para mantenerlo tonificado y hermoso.

Le gustaba el hombre, el aroma de su piel era rico, madera y pimienta, envolvía sus sentidos haciéndola sentir cosquilleo que jamás ni siquiera pensó que existían en su cuerpo. Se dejó llevar por la música y los brazos de él que la tenían sujeta por su cintura.

Estuvieron escasos minutos enlazados bailando, pero ya no querían soltarse, les hubiese gustado permanecer en ese estado de embeleso para siempre, fue ella quien recordó quién era éste hombre para así volver a pisar tierra firme.

— ¿Volvemos a sentarnos? Me duelen un poco los pies— dijo Camille como excusa para terminar el baile.

— ¡Por supuesto, vamos!— dijo algo avergonzado Edward— espero no haber abusado.

— Claro que no, solo quiero sentarme un rato —dijo ella.

— ¿Estás incómoda contigo?— preguntó Edward con algo de aprehensión.

— ¿Qué te hace suponer eso?— respondió ella con otra pregunta— me siento muy bien.

— Es que a veces te siento tensa e ida, como pensando— dijo él muy sincero.

— No pienses eso, si realmente estoy tensa en algunos momentos, pero es por andar pensando en mis problemas, en lo de anoche— dijo Camille para justificarse.

— Entiendo, pero quería salir contigo para que te relajaras — dijo algo contrariado — parece que fracase.

— ¡No, claro que no!— se disculpó ella— es lindo tener éste día para relajarme, por favor no te sientas así.

— Entonces sigamos divirtiéndonos — sugirió él— ¿Quieres ver una película?

— ¿Iremos al cine?— dijo ella con emoción — me encanta, tengo tanto tiempo sin ver una buena película.

— Se me está ocurriendo una idea— dijo emocionado— ¿Porque no vamos a mi casa? ¡allí vemos varias!

— ¿A tu casa?— se sintió un poco contrariada Camille— mejor en otra oportunidad— hoy vayamos al cine.

— ¡No se diga más!— exclamó Edward— ¡ Vámonos!

La tomó de la mano con naturalidad y se dirigieron al cine más cercano y escogieron la mejor opción para ver esa noche.

Ya eran casi las diez de la noche cuando terminaron de ver la película escogida, ella salió comentando y dando sus impresiones personales acerca de lo visto y disfrutado, el se sentía maravillado con la sencillez de ella, jamás en toda su vida había conocido a una mujer tan fresca, sin poses, tan natural que parecía una especie en extinción.

No podía dejar escapar a ésta chica de su vida, era lo que siempre había anhelado en una mujer y allí la tenía, demasiado increíble para ser cierto, pero se sentía enamorado a primera vista.

— Camille,¿puedo decirte algo?—preguntó con cierta timidez.

— Si, claro— dijo ella.

— ¡Me gustas demasiado!— dijo Edward con sencillez.

Ella parpadeó varias veces ante la sorpresa de lo escuchado, suspiró y le dijo:

— Tú también me gustas Edward— pero apenas nos conocemos.

— Eso lo sé —dijo él — acepta una nueva salida conmigo y así nos vamos conociendo, ¿Estás de acuerdo?

Ella lo miró y asintió con su cabeza de manera afirmativa, aquello era la peor locura, pero quería experimentar lo que su corazón le sugería; vivir.

— Si, vamos a conocernos—dijo ella— tendremos otras salidas.

— Mientras si no es mucho abuso, ¿puedo pedirte un beso?— dijo él aprehensivo.

Ella cabeceó de manera afirmativa y Edward tomó el rostro de ella entre sus manos y le dió un tierno beso en los labios, fue mágico el momento para los dos, ella jamás había experimentado algo tan dulce y sublime y él estaba fascinado con ella, tan inexperta, no podía creer aquello que vivía con Camille.

— ¿Nunca te habían besado, Camille?— preguntó con curiosidad Edward.

Camille enrojeció hasta la raíz de su cabello y dijo avergonzada.

— No, espero no parecer una mojigata— expresó ella.

— ¡No, por favor!— dijo él— es un privilegio para mí tener ese honor, no es muy común conocer a una chica en ésta época que no la hayan besado.

— Lo sé — dijo Camille— soy rara.

— Única, diría yo—le dijo Edward con ternura.

—Tengo dos años viviendo aquí,—explicó ella — viví con mis padres y son bastante ortodoxos en la manera de ver la vida, nunca he tenido un novio, ni una salida, eres mi primera cita y quizás por eso soy algo aburrida.

— ¿Quién te dijo que eras aburrida?— preguntó Edward extrañado — para mí eres genial, única, me encantas Camille Eubank.

— Bueno siempre me considere extraña, rara — dijo Camille—no soy muy sociable, aunque no soy tímida, me gusta bailar, ir al cine, disfrutar de la vida, pero hasta ahora, solo iba de mi casa al trabajo.

Cuándo Camille recordó su trabajo, nuevamente se tensó y Edward lo notó.

—¿En qué trabajas?— preguntó él.

— En una empresa de administración y contabilidad.—dijo ella— Corbit y Co. es la firma para la cual trabajo.

Ella lo dijo con toda la intención, para ver la reacción de él ante el nombre de la empresa, pero Edward Bronson, permaneció sin ningún tipo de alteración.

— Te pregunto porque a veces te tensas — explicó él— pero son tonterías mías.

— Quiero verte mañana también Camille — dijo él besando sus manos.

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