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Portada de la novela Tentación prohibida: Sometida por el tío de mi esposo.

Tentación prohibida: Sometida por el tío de mi esposo.

Adelina Crown acepta un enlace de conveniencia con Nixon, sin imaginar que el tío de su prometido es Kael Romano, el hombre que la cautivó tiempo atrás. Este hallazgo desata una pasión ilícita que pone a prueba la lealtad de ella y los principios de él. En medio de encuentros clandestinos y el temor a la deshonra, la pareja se ve envuelta en una red de secretos y traiciones familiares. Ahora deben elegir entre detener su obsesión o arriesgarse a la ruina total.
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Capítulo 1

En la oficina del director del FBI, Calderón, estaba en la penumbra, iluminada solo por la luz tenue de una lámpara de escritorio. Kael se encontraba de pie frente a él, con los brazos cruzados y una expresión de determinación en su rostro. Se había cansado de perder. Se había cansado de ese sabor a derrota que por primera vez probó y quería dejar atrás.

-Es nuestra única oportunidad para derrocarlos, Kael. Aquí no estamos para decidir si nos gusta o no. Nos atenemos y ya. -dijo Calderón, su voz grave y autoritaria-. No podemos permitirnos fallar. No más.

Kael guardó silencio, consciente de la magnitud de la misión. Había pasado semanas en una prisión, perdió a su equipo, perdió mucho y no estaba dispuesto a perder más. Pero ahora, todo dependía de un solo movimiento.

-Para esa fecha, su cabeza rodará. De eso me encargo yo. -respondió Kael con firmeza.

Calderón lo miró fijamente, evaluando su determinación.

-Hay algo más que debes saber. -lo detuvo. -Hay una pieza clave para desmantelar esta organización. Necesitamos que confíe en tí, aunque sea por un momento. Sabes cómo hacerlo. -deslizó la fotografía sobre la mesa. -Al parecer les gusta ser tratada con indiferencia por tí. Usa eso a nuestro favor.

Estaba dispuesto a todo por recuperar lo que perdió y aunque era una misión "Black op". Nadie más que ellos dos debían saber de ella.

-La niñita de nuevo -exhaló convencido de lo difícil que era lidiar con ella. Él lo sabía. Por lo que no hizo la pregunta principal.

-Adelina Crown será la esposa Nixon Ercil. -elevó la mirada de inmediato. La fotografía en su mano se arrugó ante la fuerza que ejerció.

¡Genial! Ahora la tendría cerca. Tanta mala suerte con un mismo nombre, se dijo.

Apretó el paso. La mención le arruinó la noche completamente. Datos que no necesitaba de ella no eran bienvenidos.

"Las deudas conmigo no funcionan de esa manera."

Maldit@ la hora en la que la conoció. Su humor se había arruinado totalmente con solo recordar su existencia. No soportaba escuchar ese nombre por una simple razón.

Tocó lo que no debía.

La noche estaba cargada de presiones cuando Kael estaba por llegar en el club clandestino al que se acercó. Debía encontrar al único que quedaba en pie de su equipo y ese sitio era el adecuado.

Avanzó sin ningún cuidado hasta llegar a la puerta, sintiendo el golpe en el hombro al pasar golpeando a alguna persona que no veía que ese pasillo no era para quedarse a vivir.

Escuchó algo estrellarse y ni se mosqueó hasta que sintió el empujón que le dieron desde la espalda con la suficiente fuerza como para tener su atención.

-Neardental sin oficio ni beneficio, ¿acaso los ojos los tienes de adorno? -la voz femenina lo hizo detener su impulso por tomar su arma, pero su cuerpo sufrió el golpe titánico al ver ese par de ojos nuevamente. Al reconocer ese rostro que aún no veía el suyo por estar pendiente del celular roto. -Aprende a caminar o a pedir permiso.

Ni siquiera lo estaba viendo a la cara por la diferencia de altura, pero se veía dispuesta a ganar la batalla vocal.

-¿Por qué no me sorprende? -El tono molesto del hombre que reconoció de inmediato causó que Lina elevara el rostro. Esa mirada endurecida y el tono de voz demandante y hastiada, claramente solo la podía tener una persona.

Kael Romano. No podía tener tanta mala suerte.

La única persona que la había hecho perder la compostura algunas veces, anteriormente no podía ir a otro sitio esa noche. Antes le ofreció condescendencia y el imbécil declinó su propuesta. Ahora ¿Qué buscaba?

Ella no odiaba a nadie, pero con el coronel Mayor era otro cuento.

-Entonces es cierto que saliste de la cárcel. -dijo mostrando indiferencia. Aunque en sus ojos se veía que no estaba en su mejor noche.

Kael vio su cuello y apretó la mandíbula al recordar lo que antes cargaba allí y ahora él conservaba.

-Existen miles de clubes en esta ciudad y tú ¿tenías que venir a este justamente? -Poco le importó el numerito que estaba haciendo.

-Deja la inmadurez, niñita. Si te estás ahogando en tus dilemas no me vengas a arruinar las noches a mí. Jodida suerte la mía. -el irlandés se dio la vuelta, dejando a Lina con el corazón latiendo con fuerza debido a su rabia contra el mundo y más en su contra esa noche.

-Vete al demonio. -murmuró Lina.

-Inmadura. -devolvió Kael. En mala hora Bellucci eligió ese club. -Imbécil es lo que soy por venir a esta porquería.

-Tienes razón. -contestó Lina con simplicidad.

-¿Hablaba contigo? -envió un mensaje de encontrarse en otro lado.

-Los dementes hablan solos. Tú verás. -el ingenio para zafarse de las cosas hastió al irlandés. Dio los pasos que lo separaban de la salida, pero la chica no se movió.

-Muévete. -que le dieran órdenes era un detonante para ella y más cuando iban de él. En cambio, Kael se cuestionó el por qué no moverla a las malas.

Fácil, no quería tener cerca a esa pesadilla andante. Siempre que la tenía cerca, terminaba muy mal.

Como si truenos y oleadas de lava se movieran en su entorno, Adelina, con una sonrisa sarcástica y sus ojos brillando con una chispa de desafío, no bajó el mentón al estar frente al sujeto.

-¿Tanto te gusta estar en mi presencia? -Su voz fue fría y calculadora. Lina sólo se rió de la tontería.

El aire estaba cargado de tensión, y cada palabra parecía resonar con un eco de confrontación.

Esa rivalidad, nacida desde la primera vez que se vieron, no se había desvanecido. Él aún recordaba el momento en que ella lo atropelló. Ella, por su parte, no olvidaba que él la había encerrado en un calabozo. Los incidentes los habían llevado a enfrentarse repetidamente, y en cada ocasión, ese odio latente salía a flote.

-Si tuviera que pasar un minuto más contigo, terminaría destruyéndote sin siquiera tocarte. -aseguró Lina con desprecio, su voz gélida como el hielo.

Kael, con una mirada fría y la mandíbula apretada, sonrió. Sus ojos no podían evitar recorrer el rostro de Lina, como si intentara descifrar cada uno de sus pensamientos.

-No te preocupes. Tal vez ese deseo por tenerme cerca para probar tu teoría logre darse -Ella no bajó la mirada, ni su valentía. El Coronel Mayor solo evocaba las palabras de Calderón.

Lina dio un paso hacia él, su corazón latiendo más rápido, aunque no lo mostró. Podía sentir el calor de su cuerpo, la tensión en el aire casi palpable.

-¿Es una amenaza, Mayor?

-No amenazo. Menos a niñitas con tan poca seriedad como para tomarlas en cuenta. -manifestó con desagrado. Acercándose inconscientemente. -Solo espero que comprendas que es mejor tenerme lejos. No me jodas la existencia de nuevo, porque puedo dejar de ser un caballero y convertirme en tu peor pesadilla.

-No serías ningún problema para mí, Hércules. -le sonrió con la misma prepotencia. Mientras Kael con una simple palabra regresó a esa noche, meses atrás.

-Se te olvida que ya conozco quien eres. -se burló en su cara. -Adivina por quien voy si me jodes la existencia. Si te atrapo no te suelto.

-Mala suerte. Alguien más me atrapó. -jugó con su mente y este de inmediato entendió a qué se refería al ver el anillo en su dedo. -Suerte para la próxima.

-Un anillo tonto no es lo que usaría contigo. -espetó cerca de su rostro.

-¿Qué usarías conmigo? -se atrevió a preguntar con la misión de sacarlo de sus cabales. La consciencia de Kael lo llevó por otros rumbos ante el tono mimado de la niñita de veintitantos.

Ninguno de los dos se dio cuenta de la cercanía que tenían. No tenían control de sus acciones, llegando al roce de sus alientos. Sus instintos los estaban traicionando. Sus ojos conectaron con esa mezcla atrapante.

-Cuanto odio. -susurró Lina.

-Y todo es para tí. -prometió el irlandés con la mandíbula apretada. Su mirada cambió, pero sus ojos seguían fríos.

-Espero no volver a cruzarme contigo. -Lina se alejó primero. No podía permitir que alguien así la descontrolara. Por lo que se dio la vuelta buscando otro sitio donde esperar a Avery.

Mientras Kael sabía que su esperanza sería aplastada. Y ella, al parecer, aún no estaba consciente de ello.

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