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Portada de la novela Tempesatad. Entre el amor y el odio

Tempesatad. Entre el amor y el odio

Nadir Figueiro y Lianet Limonta viven sumergidos en un conflicto constante donde la pasión y la enemistad colisionan. Rodeados de prejuicios y malentendidos externos, ambos han desarrollado una visión equivocada sobre quién es el otro en realidad. Esta distorsión los sumerge en un vínculo destructivo que confunde el cariño con la aversión. Pese a la lucha por reprimir sus sentimientos, el azar los cruza una y otra vez. ¿Podrá la atracción vencer al rencor acumulado?
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Capítulo 1

“Pasajeros del vuelo con destino Berlín, Alemania que aún no han abordado el avión por favor chequen sus pasajes y aborden el avión, es el último aviso”

“Pasajeros del vuelo con destino Berlín, Alemania que aún no han abordado el avión, por favor chequen sus pasajes y aborden el avión, es el último aviso”

—¡Corre papá, corre! 

Grita una joven corriendo por todo el enorme aeropuerto rumbo a la puerta de embarque, seguida de un hombre que le lleva un bolso y corre detrás de ella.

—Adelántate hija, yo te sigo —le dice al ver que ella puede perder el pasaje—, ¡chequea el pasaje primero!

—¡Ah, sí!

 La chica corre y sin darse cuenta choca con un hombre, pero sigue corriendo, y por un momento se asusta al ver que él tipo corre detrás de ella y le hace señas.

—¡Lo único que me faltaba! ¡El acosador! ¿Qué hace aquí? ¿Me estará siguiendo? Olvídate de ese tipo Lianet, y corre que te vas a quedar sin tu vuelo.

 Sigue corriendo hasta llegar a la ventanilla, sin detenerse ante las voces que le da el chico, que corre a la vez detrás de ella, para ir a parar ambos a donde debe chequear su pasaje, cuando siente que la atrapan por detrás se gira y le da un bofetón al joven.

—¡Deja de seguirme! ¡No me interesas, se lo diré a mi papá! ¡Papá…! ¡Papá…!

—Joven, está confundida… —Trata de hablar el joven, pasando la mano por su adolorido rostro, pero ella sigue gritando como loca llamando a su padre.

—¡Papá...papá...!

—¡Joven…! —Le grita él. —¡Sólo quiero devolverle su pasaporte que se le cayó! ¡Abrase visto a la mujer más loca! ¡Tome!

 Dice entregando el pasaporte y el pasaje a la chica, que se queda con la boca abierta sin saber que decir, mirando como se acerca su padre corriendo todo sofocado. 

—¿Qué pasó hija? ¿Qué quería ese tipo? —pregunta el padre también mirando como se alejaba el joven volteando la cabeza para mirar con rabia a la chica que lo golpeó.

—No es nada padre, solo me confundí —dice ella pensando en lo que acababa de hacer. —Es que estoy muy nerviosa..., espera deja que chequee el pasaje.

 Se gira para la ventanilla y hace todo el proceso. Entregan la maleta, la empleada le explica para donde debe de coger.

—Ya padre, vamos, dice ella que casi están por cerrar la puerta —dice tratando de ver para dónde cogió el joven para pedirle disculpa, aunque no está segura si debe hacerlo ¿Qué le pasa? ¿Por qué lo golpeó así? Se pregunta en lo que escucha a su padre.

—Está bien hija, apúrate —le da un beso y un abrazo— cuídate mucho hija, y no dejes de llamar por favor. 

 —Está bien padre, nunca olvides que te quiero muchísimo  —responde girando de nuevo para correr y abrazarlo, fuerte, lo vuelve a besar y se aleja corriendo antes de que su padre vea las lágrimas en sus ojos.

 —Y yo a ti hija. Recuerda llamar en cuanto llegues. 

 Le dice el padre, también limpiando sus ojos, observando como ella se aleja  y se introduce en el aeropuerto. Se retira apesadumbrado, pensando que ahora estará mucho tiempo sin verla. Por su parte Lianet, se limpia las lágrimas y corre hasta la puerta de embarque donde sube casi de última.

  La aeromoza la ayuda a buscar su puesto. Por suerte le toca junto a una amable señora, que no deja de hablar y de explicarle cosas todo el trayecto, en el que ella no duerme por lo excitada y temerosa que está. Es la primera vez que estará sola en un país extranjero.

 Por fin luego de unas cuantas horas de viaje, el avión aterriza en  Berlín. Se pone de pie acompañada de la amable y parlanchina señora y junto a ella se dirige a recoger el equipaje.

—Vamos primero a pasar por el baño querida —le pide la amable señora—ahora demoran en sacar las maletas.

—Está bien, vamos.

 Se dirigen a un baño cerca y luego de hacer todo en lo que ella está muy nerviosa y no suelta su bolso, sigue a la mujer hasta el lugar donde deberá coger la maleta.

—Es como todos los aeropuertos — le explica la mujer— las maletas salen por allí, luego tienes que enseñar el comprobante allá afuera y ya.

—Muchas gracias. ¡Oh, mi maleta salió de primera! Voy a recogerla. 

 Dice en lo que la atrapa con dificultad, está un poco pesada y se enreda con ella y su bolso que se le olvidó cerrar y está desparramando sus cosas. Una mano sale de pronto y la ayuda, al tiempo que ve como se le caen todos los papeles al piso. Se agacha nerviosa y cuando levanta la cabeza  ¡No lo puede creer! ¡Esto es demasiado! ¿Qué diablos hace aquí!

—¿Usted? —pregunta el hombre y lleva su mano al rostro. —No vaya a volver a pegarme, solo la ayudaba con su maleta.

—¿Me estás siguiendo? —pregunta ella furiosa quitándole la maleta de la mano.

 En lo que el corazón le salta en el pecho del miedo que le provoca el tipo. Está convencida de que debe ser un espía que le puso la odiosa de su madrastra. Lo observa por un instante, y se asombra de ver de quién se trata. ¡Es imposible! Se dice alejándose presurosamente del tipo que se queda observándola como si le recordara a alguien.

 ¿Será el mismo? Se pregunta Lianet mientras se aleja y gira la cabeza varias veces para observarlo recoger su maleta y dirigirse a la salida igual que ella. No, no puede ser el mismo chico con el lleva tanto tiempo soñando. ¡De seguro estoy confundida! Vamos Lianet, apenas lo viste aquella vez, no puede ser él.

—¡Señorita Limonta…. Señorita Limonta…! 

 Escucha la voz de un hombre y se percata de que es el amigo de su padre que la llama. Corre a su encuentro y lo saluda feliz. Luego de montar su maleta en el maletero se monta en el auto, al tiempo que contesta todas las preguntas que le hace aquél de su padre. Arrancan y justo cuando pasan por frente de la puerta, el joven que la obsesiona está detenido y la observa fijamente, haciendo que su corazón salte acelerado. 

 ¡Tiene que ser él! ¡Sus ojos son del mismo color! ¡Oh, Dios! ¿Será acaso uno de los hombres de mi madrastra que me ha estado siguiendo todo el tiempo y yo de tonta me he estado ilusionando y soñando con él? Pero si cree que me va a tomar por tonta está muy equivocado, fue bueno saber que había venido siguiéndome, así me mantendré alerta.

 Por su parte Nadir, observa como se aleja el auto con la chica rubia de trenzas largas en lo que escucha a su amigo Ismael a sus espaldas, reír a todo dar. 

—Ja, ja, ja… ¿No me digas que la loca que te abofeteó también venía para acá? —pregunta al ver a Lianet que los observa desde el auto.

—¡Así mismo! ¡Ojalá jamás la vuelva a ver! ¡Está más loca que una cabra, mira que abofetearme por entregarle su pasaporte! ¡Tenía que haber dejado que perdiera el vuelo! Menos mal que no coincidimos en el avión. —Contesta Nadir, volviendo a acariciar el rostro dónde Lianet le diera la enorme bofetada. —Y tiene la mano pesada, todavía me lo siento. Vamos ahora a tomar un taxi para la universidad.

—Eso te pasa por estar siempre queriendo salvar a damiselas en peligro, ja, ja, ja… —ríe su amigo Ismael— te lo dije que lo dejaras allí, por poco perdemos el vuelo por andar de caballeroso, te mereces el premio que te dieron, ja, ja, ja..

—¡Deja de burlarte! ¡Será una odiosa, pero no se merecía perder sus papeles! Dale, deja de reírte y vamos a tomar el taxi. —Contesta avanzando hacia la cola de los mismos. Sin dejar de ver como el auto en que se va Lianet se aleja. No sabe por qué, pero le parece conocida.

 Así lo hacen, luego de esperar un tiempo al fin logran tomar uno que los lleva a la universidad el gran cartel en la cima del edificio los recibe. Humboldt University of Berlin.

—¿Listo para la nueva batalla, hermano?—pregunta Nadir al bajar y detenerse delante del imponente edificio.

—¡Seguro que sí, tenemos que ser los mejores del curso Nadir! No podemos defraudar a nuestros padres que tanto sacrificio hacen para mandarnos hasta acá.—Contesta Ismael, observando también la universidad.

—Eso es mi hermano. Ahora comienza la aventura —le dice a su amigo— tenemos que esforzarnos para ser los mejores.

 —Así mismo, vamos a ver dónde queda la dirección para reafirmar la matrícula. Se ve que es enorme, nos vamos a perder dentro hasta que la aprendamos.—Dice y pretende entrar.

—Espera, vine preparado, tengo un mapa de la Universidad. —Le dice Nadir, deteniéndose buscando en el bolsillo de su maleta. —Aquí está, vamos, es por allá.

—¡Oye, hombre preparado vale por dos! A mi no se me ocurrió, ja, ja, ja…, bien me dijo tu papá que no me separara de ti o no iba a saber volver, ja, ja, ja…

 Ríen los dos ante las ocurrencias de Ismael, de los dos siempre es el más vivaracho y dado a decir locuras como le dice el serio de su amigo Nadir. Avanzan a la par de una gran cantidad de estudiantes, que como ellos, también llegan ese día para incorporarse a la universidad. Después de la enorme escalinata, doblan a la derecha, por el enorme pasillo que los lleva a donde los están recibiendo. Cuando Nadir siente que chocan con él.

—Perdón, perdón, no lo vi, no lo vi —dice la voz de una chica en alemán, se gira despacio para decirle que no hay problemas. Y no puede creer lo que ven sus ojos.

—¡¿Tú?!

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