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Portada de la novela Te Vuelvo Mi Rey (Saga Las Princesas Malditas I)

Te Vuelvo Mi Rey (Saga Las Princesas Malditas I)

Celia vive bajo la sombra de una maldición impuesta por su padre, un destino trágico que parece inevitable. Pese a las prohibiciones, la joven elige seguir sus sentimientos tras conocer a un enigmático muchacho. Este vínculo prohibido la motiva a rebelarse contra su herencia oscura, pero su decisión desencadena una serie de eventos catastróficos. Con el reino al borde de la ruina, el sacrificio de Celia pone en peligro la estabilidad de todo su mundo.
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Capítulo 2

-¿Qué haces levantada?, deberías estar descansando mi reina-espeto

Ella me mira-Es que tenía sed y fui por un vaso de agua-dice lucía con voz gélida

-Debiste llamar a un lacayo para que te lo traiga, para eso sirven mi reina-reprocho

-Lo sé eduardo y lo siento, no volverá a pasar-asevera, me acerco a ella y la abrazo con cariño, odio verla tan mal y débil; desde que supimos que está embarazada, las enfermedades no tardaron en aparecer y volvían más a menudo cada que la sanaban.

Llegaron al punto de dejarla muy débil y dañada, eso me tiene muy preocupado y muy pensativo de lo que puede estarle pasando porque no es algo normal, una persona no suele enfermarse muy a menudo.

Tengo una sospecha que se trata de magia negra, pero no entiendo, ¿Por qué dañan a mi reina si ella no les hizo nada malo?, y no fue mala con nadie, fue la más amable y caritativa con nuestro pueblo.

A veces no comprendo a las personas que dañan a otras solo por diversión, pero atacan más a las personas más vulnerables y amables.

Si los encuentro, juro que los haré pagar y no tendré piedad como ellos no lo tienen con mi reina, ni siquiera con una embarazada tienen remordimiento, como los odio.

-Me ayudas a acostarme.

-Sí mi reina-la alzo en mis brazos y la acuesto en la cama con delicadeza, me acerco a su barriga y le doy un pequeño beso, poso mi mano sobre la barriga y empiezo a acariciarlo suavemente.

-¿Puedo pedirte una cosa?-siento su mano acariciando mi cabeza con cariño y no puedo evitar sentir tristeza por toda la mala suerte que estamos teniendo.

-Sí mi reina, dime, ¿Qué cosa?-inquiero

-Probablemente no pase, pero por si acaso quiero pedirte que cuides de nuestro bebé si muero en el parto-me sorprendo con lo que dice y la miro con tristeza, ¿Acaso cree que podré vivir sin ella?, espero que esté bromeando porque ella es mi vida y si la pierdo mi vida se derrumbara.

-No digas eso lucía-espeto

-Solo quiero asegurarme de…..-la interrumpo

-Lucía basta, me lastima de solo pensarlo-la miro con seriedad mientras aprieto mis puños con fuerza, ella se incorpora y baja la mirada.

-Lo siento cariño, no era mi intención lastimarte-dice lucía con tono triste

Me acerco más a ella y la tomo del mentón, levanto su mirada y le doy un pequeño beso en los labios.

-Tú no morirás mi reina, yo no pienso perderte, ¿Entiendes?, ya tengo la cura para tu enfermedad y no habrá problemas a la hora del parto-aclaro

-Sí, entiendo cariño, pero ¿Cómo conseguiste la cura?-inquiere con tono sorprendido

No le puedo decir que la conseguí matando a una bruja, me odiara por ello, en esta ocasión tendré que mentirle y será la única y última vez que lo haga.

-Mis caballeros consiguieron una flor que el curandero nos pidió para preparar tu medicina-miento

-Me alivia que no hagas caso a los rumores del pueblo y no le robaras sangre a una bruja-me sonríe, acerca su mano a mi cara y acaricia mi mejilla con cariño.

Ahora me siento mal por mentirle, ¿Ahora qué hago?, ¿Seguir con la mentira hasta que todos olvidemos el tema de las brujas y su sangre?, eso será fácil, pero el problema es que puede descubrir la desaparición de la única bruja en nuestro pueblo.

Sé que con una mentira será fácil justificar su ausencia, pero tal vez alguien vio a mis caballeros llevarse a la bruja y esa persona nos puede delatar, debimos ser más discretos, pero me quise apresurar como si fuera el último día de la semana, soy un tonto.

-¿En qué tanto piensas cariño?-indaga con tono curioso

-Eh… en nada importante mi reina, solo estoy pensando en todos los problemas que tenemos y eso me estresa-miento

-Descansa un poco cariño y cuando estés más relajado resuelves los problemas que tenemos pendientes-sugiere lucía

-Esta bien cariño-le doy otro pequeño beso en los labios y rodeo la cama, me acuesto a su lado y la abrazo.

Pasaron dos días y el curandero ya tiene la medicina preparada, se lo entrega a mi reina y ella se lo toma todo.

Pasaron 3 días y no hubo problemas con el embarazo de mi esposa, la sangre no provoco ningún aborto ni nada, eso me alivia demasiado y mi reina mejoro, ya no se ve demacrada ni pálida y ya no se ve tan débil, ya puedo estar tranquilo, pero no del todo porque a mi esposa se le rompe la fuente antes de que terminará la semana.

-¡Amor apúrate!, ¡Que no ves que estoy sufriendo por tu culpa!-espeta mientras se queja de dolor

-Amor cálmate, me pones nervioso-dije mientras preparo todo para el parto.

-¡Nunca digas que me calme!-respira hondo y exhala rápidamente.

-Lo siento mi reina, ya debería estar aquí el curandero-me asomo y reviso los dos lados del pasillo.

-¡Dile que se apure y me saqué a este bebé ya o juro que lo mataré!-dice lucía con tono molesto

Veo al curandero correr hacia la habitación y yo dejo de asomarme, él se detiene frente a mí y respira agitadamente.

-Gracias a dios que llegaste, atiende a mi esposa rápido que no para de gritarme-susurro, el curandero se ríe y asiente, entra a la habitación y se acerca mi esposa, la ayuda a tener una cómoda postura, yo rodeo la cama y me quedo del otro lado de la cama sujetando la mano de mi esposa.

El curandero se prepara para recibir al bebé y mi esposa empieza a pujar, siento un fuerte apretón en mi mano y tuve que aguantarme; esta situación no me provoca desmayos porque ya he tenido la oportunidad de presenciar un parto varías veces aunque la primera vez si me desmaye.

Mi esposa seguía pujando durante 3 horas y ya se ve muy agotada, pero no es momento de descansar, ella siguió pujando durante varias horas hasta que al fin escuchamos los chillidos de nuestro bebé.

El curandero le corta el cordón umbilical y se lleva al bebé.

-¿Y mi bebé?-inquiere lucía mientras respira agitadamente

-Se lo llevo el curandero para limpiarlo creo yo-dije no tan seguro

El curandero después de unos minutos regresa a la habitación y le entrega el bebé a mi esposa.

-Felicidades, es una linda niña sus majestades-dice el curandero con una gran sonrisa

Mi esposa y yo quedamos hipnotizados con su belleza y con lo tierna que se ve, tengo ganas de llorar de felicidad, pero no quiero verme tan frágil frente a mi esposa y el curandero, mi esposa si llora de felicidad y me abraza con uno de sus brazos desocupados.

-Seremos los mejores padres para esta pequeña-dice lucía

-¿Y qué nombre le van a poner?-inquiere el curandero con curiosidad, mi esposa y yo nos miramos por unos segundos, regresamos nuestra mirada a la bebé y sonreímos.

-Se llamará celia-responde lucía mientras mira a nuestra hija de manera fugaz

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