Seguir
Capítulos
Compartir
Portada de la novela Te Recuerdo

Te Recuerdo

Bianca Turner vuelve a la conciencia tras nueve meses en coma, pero el impacto que sufrió borró cada rastro de su identidad. Al ser la única persona presente en la escena del incidente, su pérdida de memoria impide que la policía avance en el caso. Inmersa en un entorno lleno de secretos y sospechosos, Bianca se ve obligada a desentrañar su pasado por cuenta propia. ¿Podrá recuperar sus recuerdos para revelar la oscura verdad tras su tragedia?
Capítulos
Compartir

Capítulo 2

No supe el momento exacto en que me sedaron.

Lo siguiente que supe fue cuando desperté de nuevo y estaba en una camilla en movimiento, con el mismo doctor. Esperando, paciente, que me hicieran todos los estudios que debían hacerme, por lo que me explicó el doctor al notar que estaba despierta.

Placas, tomografías...

Escuché nombres tan raros durante mi paseo por el hospital que me rendí de intentar entenderles. Solo me dediqué a cerrar los ojos, buscando de nuevo esa voz que me hacía sentir tanto.

Cuando regresé a la habitación ya no la sentía fría, alguien había abierto la ventana y la luz del sol se colaba en el interior, calentándome.

Un par de enfermeras me ayudaron a acostarme con cuidado en la cama. Las vías regresaron a mis brazos pálidos, provocándome una mueca. Luego el doctor entró, seguido de un carrito de comida que traía un enfermero, sonriéndome con ciertas lágrimas cuando me puso la bandeja en la mesita de la cama.

No sabía el hambre que tenía hasta ese instante, cuando el olor de la sopa en la bandeja llegó a mi nariz y se me hizo agua la boca. Levanté una de mis manos, con algo de dificultad por los temblores que venían a mí por la debilidad, tomé la cuchara con una mueca, pero no pude seguir.

Miré al sujeto con tristeza, desechando mi intento de comer sola, y dejé que el enfermero con el tapabocas, la bata y el gorro del hospital se sentase a mi lado para ayudarme a comer.

— ¿Puedes hablar? — preguntó el doctor sosteniendo una tablilla metálica en sus manos.

El enfermero, con mucho cuidado me ayudó a probar un poco la comida, haciendo que un gemido de satisfacción se me escapara.

Asentí en dirección al doctor luego de saborear otra cucharada y este levantó una ceja esperando que le demostrara que sí podía hacerlo.

— Si puedo, pero duele un poco — respondí con voz rasposa, todavía sintiendo el maltrato del tubo de oxígeno.

— Bien, esto será rápido — aceptó el doctor con un leve asentimiento.

El enfermero tomó una de mis manos, dándome calor y fuerza, y luego me guiñó uno de sus ojos claros antes de llevarme otra cucharada de sopa a la boca. Estaba deliciosa.

— ¿Sabes en qué año estamos? — pregunta el doctor, mirándome.

Negué con la cabeza con una mueca.

Recuerdo que cuando dormí era un año relacionado con dos mil, pero no sé exactamente cuál.

— ¿Sabes tu nombre? — el enfermero me dio de nuevo una cucharada bajo la atenta mirada del doctor que esperaba mi respuesta.

— No — susurre, sintiendo como ardía mi garganta por el maltrato.

Con un movimiento le pedí más al enfermero. Aunque ahora lo sentía un poco triste mientras me miraba. Sus ojos claros estaban apagados, sin mostrar la vida que tenían cuando entró a la habitación, y por un momento quise preguntarle sobre el motivo de su tristeza, pero el doctor me llamó para una nueva pregunta de la que seguramente no tendría respuesta.

— ¿Cuántos años tienes? — Pregunta el hombre, mirándome más serio que antes.

— Cumplí veintiún años hace unos meses — respondí en voz baja, diciendo los pocos datos que sé sobre mí.

— ¿En qué mes?

Bebo un poco más de sopa, frunciendo el ceño, tratando de recordar. Los ojos de ambos me miraban a la expectativa, pero yo no tenía una fecha exacta para darles, mi mente estaba en blanco totalmente.

«— Ya, dime lo que era tan importante que no podía esperar el inicio del programa — dije con diversión, encerrándonos en uno de los estudios de grabación del estudio.

— ¿Quieres ser mi novia? — preguntó de inmediato, tomando mis manos entre las suyas.

— Yo... Yo... — respondí con una amplia sonrisa, arrojándome a sus brazos — ¡Por supuesto que sí!»

— El 27 de Noviembre — murmuré la única fecha que vino a mi mente con ese recuerdo.

El doctor soltó un suspiro frente a mí, negando con la cabeza ante mi respuesta.

Me sentía como un examen de la preparatoria donde de mi resultado dependía mi alta de este estúpido hospital. Miré al enfermero para pedir un poco más de comida, ya que estaba deliciosa, pero este tenía la mirada gacha y estaba... ¿Llorando?

—Sal, dile a la enfermera Solange que entre — le dice el doctor al joven, mirándolo con lástima.

Los miré confundida con la situación, el doctor se notaba igual de triste que el chico que acaba de salir de la habitación y yo no estaba entendiendo nada de esto. Me sentía un espectador fantasma al que nadie quiere darle las respuestas de lo que está sucediendo a su alrededor.

— Tú nombre es Bianca Turner, y tienes veintidós años, el pasado 4 de enero los cumpliste — explica el doctor, dejando la tablilla metálica en el soporte a los pies de la cama.

Una enfermera de tez morena y cabello rulo entra con una amplia sonrisa, saludándome. Le indica que debe ayudarme a comer y, estuvo a punto de abandonar la habitación con la misma mirada gacha que tuvo al notar mi falta de memoria, pero mi curiosidad pudo conmigo y alcancé a preguntarle:

— ¿Cuánto tiempo estuve en coma?

La tensión en el cuerpo se notó claramente en su espalda, demostrando que lo tomé con la guardia baja con mi pregunta. Sus hombros se movieron con una pequeña rotación para relajarse, mirándome sobre su hombro con una mueca de tristeza en el rostro que me erizó la piel.

— Nueve meses — dice en voz baja.

— ¿Qué...? — Pregunté con labios temblorosos, deteniendo la cuchara de comida que me ofrecía la enfermera.

Mis manos fueron las siguientes en comenzar a temblar, luego las lágrimas regresaron a mi rostro con el gran nudo en mi garganta y estómago, apoyando en este último mi mano mientras mi llanto se desbordaba enfrente de ellos sin que yo lo entendiera en lo absoluto. Murmullos lejanos se escuchaban en mi mente, una conversación con alguien que me animaba a intentarlo.

Pero ¿A intentar qué?

Cerré los ojos con fuerza, llevando mis manos a la cabeza para presionar mi mente y que así me regresara mis recuerdos. La enfermera y el doctor buscaron evitar que yo me hiciera daño, calmando los espasmos del llanto que me cargaron por completo del resto de la habitación.

El plato de comida estaba volcado, toda la sopa se deslizaba por la mesita temblorosa en mis piernas, perdida por completo como el apetito que tenía hace unos momentos.

Quería volver a dormir, volver al coma para recuperar mis recuerdos donde sea que se hayan quedado olvidados. Quiero recuperar mi vida, todos los lazos que hice a lo largo de mi vida con las personas que me importan, no quiero vivir en la ignorancia por culpa de lo que sea que me trajo hasta este hospital.

— Bianca ¡Por favor! — grita el doctor, tomándome de los hombros para sostener mi cuerpo contra la cama y detener así los temblores del llanto.

— ¡Quiero mis recuerdos de vuelta! — Lloré, mirándolo —. Quiero saber quién soy.

— Y lo sabrás nena, lo sabrás — me consuela con un deje ronco en la voz, como si también estuviera aguantando su propio dolor —, pero primero debes recuperarte. Salir de este hospital.

— Me duele — hablé apoyando una de mis manos sobre mí pecho, donde mi corazón latía acelerado con la misma frustración que yo estaba sintiendo.

— Ya pasará, Bianca — me consoló el hombre.

La enfermera retiró la mesita de la comida en silencio, de seguro viéndome con lástima por mi estado deplorable. El doctor me acunó en sus brazos mientras lloraba y yo me aferré a él, sintiendo que era mi ancla a esta nueva realidad, a esta nueva vida.

— Vas a recuperar tus recuerdos, ya lo verás — murmura el doctor, mientras me arrulla en sus brazos y una aguja pincha mi brazo, adormeciendo mis movimientos segundo a segundo —. Yo te voy a ayudar a recuperarlos.

— ¿Cómo? — murmuré, comenzando a cerrar mis ojos por el cansancio.

— Pronto sabrás cómo.

Y como en ese recuerdo, los acordes suaves de una guitarra se escucharon en la habitación cuando cerré los ojos, siendo arrullada de nuevo por esa voz.

¿Quién eres?

Eso era lo que quería preguntarle al cantante en mis sueños antes que la oscuridad me reclamara de nuevo. Ese que me mantenía anclada con una luz de esperanza al final del camino.

También te puede gustar

Portada de la novela Amor amargo
9.0
Mateo Vargas fue el asistente y amante clandestino de la poderosa CEO Isabella Rossi, a quien juró lealtad total. Todo colapsa cuando Ricardo Jiménez, ex de Isabella, reaparece y desata una pesadilla. Tras soportar crueles humillaciones públicas y una calumnia de robo que su jefa aceptó como cierta, Mateo huye de Buenos Aires con el corazón destrozado. Sin embargo, el destino forzará un reencuentro inevitable que pondrá a prueba sus heridas.
Portada de la novela Amor Anulado, La Caída de la Mafia: Ella lo Arrasó Todo
8.5
Después de tres años de matrimonio con Leandro Garza, el poderoso jefe de la mafia de Monterrey, Maya enfrenta una amarga traición. Su esposo mantiene un romance público con Valeria, ignorando el embarazo de su mujer. Ante tal humillación, el afecto de Maya se torna en venganza. Ejecutando sus derechos legales, vacía las cuentas, exige el divorcio y se esfuma con una identidad secreta, hundiendo al hombre que amaba en una absoluta ruina emocional.
Portada de la novela ENCUENTROS FURTIVOS
8.9
Bajo una lluvia implacable, Olivia y Carlos coinciden en un restaurante tras un desengaño sentimental. Sin revelar identidades ni detalles de sus vidas privadas, pactan un vínculo secreto definido por la pasión pura y el anonimato total. No existen mensajes ni llamadas; solo encuentros furtivos en una habitación donde el deseo manda. Sin embargo, este idilio perfecto sin nombres se ve amenazado cuando el misterio que ambos guardan empieza a salir a la luz.
Portada de la novela ¡La revancha de la increíble exesposa del CEO!
9.5
Traicionada por Kris Miller y su mejor amiga, Thalassa Thompson sufrió la peor humillación pública. Pese a jurar su inocencia, su esposo la abandonó al desprecio general sin remordimientos. Sin embargo, ella resurge con una determinación feroz para ejecutar una venganza implacable contra quienes la pisotearon. Mientras Kris persiste en su odio, Thalassa lo desafía con audacia, decidida a que todos sus enemigos se arrodillen ante su imparable revancha.
Portada de la novela Las aventuras del Beduino
9.6
Hassim Haram, el sucesor de un vasto imperio petrolero, busca desesperadamente eludir el control de su padre. Para obtener su anhelada libertad, accede a un trato singular: recorrer el globo con la condición de casarse con Rania, la hija de un socio comercial, al finalizar su viaje. Hassim acepta este compromiso consciente del sacrificio, pero su travesía da un giro inesperado cuando conoce a alguien que transformará su existencia para siempre.
Portada de la novela Los labios del pecado
9.1
Virginia Lackander es una abogada de éxito en Nueva York que, a sus veintisiete años, vive entregada a una carrera profesional agotadora. Como mujer independiente, rechaza el compromiso y prefiere relaciones fugaces para proteger su libertad y ambición. Según su lógica, el amor es un obstáculo para triunfar. No obstante, su estricto control se verá amenazado por un joven enigmático que intentará enseñarle que existe algo más profundo que el trabajo y el deseo.