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Portada de la novela Te Quiero, Más De Cien Años

Te Quiero, Más De Cien Años

Para salvar a su hermano, ella acepta una fortuna que la obliga a ser quien siempre odió. Se cruza entonces con un magnate implacable y seductor que, pese a sus conquistas, termina obsesionado solo con ella. En medio de una frialdad defensiva y besos que se vuelven adictivos, surge un romance tan arriesgado como inevitable. Atrapados en una conexión profunda y compleja, ninguno de los dos está dispuesto a renunciar a este vínculo compartido.
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Capítulo 3

"Ser gentil", repitió Bobby, a lo que Nina asintió. Este intentó sonreír encantadoramente pero sus ojos seguían vacíos de emoción. "Lo siento pero no puedo".

De repente, se acercó a ella con ojos ardientes y observó su hombro. Luego, olfateó. "Bien, ya no hay rastro de ese perfume empalagoso".

Nina no pudo evitar sentirse incómoda al tenerlo tan cerca. Quería gritarle que se apartara, pero recordó la razón por la que estaba allí. Así que reprimió aquel impulso. Además, no entendía por qué estaba tan malhumorada. Era la primera vez que interactuaba con una persona de clase alta, por lo que no sabía cómo prever sus acciones y pensamientos. Solo era consciente de que no podía provocarlo, no cuando él era la única persona que podía salvar a su hermano.

Probablemente Nina no supiera mucho de sexo, pero al menos sabía que debía ser obediente y dejar que él hiciera lo que quisiera.

Sus únicas referencias sobre el tema eran libros y escenas de películas, la realidad no podría ser tan diferente.

De repente, Nina se dio cuenta de que el alcohol estaba afectando su cerebro. Tenía muy poca tolerancia a la bebida, así que no pudo comprender por qué Bobby la estaba mirando con frialdad.

Estaba confundida. Inconscientemente, frunció el ceño y Bobby se alejó un poco de ella. Nina tenía los nervios a flor de piel, por lo que contuvo la respiración mientras su corazón seguía latiendo fuertemente contra su pecho. Bobby la miró enarcando las cejas y notó la tela color lila debajo de la toalla. "¿Te lo volviste a poner?", preguntó enojado.

Ella se mordió los labios nerviosamente, no sabía qué decir. Había pensado que no iba a necesitarlo pero sin esa prenda no habría tenido el coraje de salir del baño.

"Está mojado. ¿No estás incómoda?".

"No", respondió Nina sonrojándose y cerrando los ojos debido a los nervios.

"Entonces, ¿cuánto te iba a pagar ese hombre?", preguntó él.

"Trescientos mil", dijo ella aún más mareada por la tensión que había en el ambiente. Esperó a la reacción de Bobby pero este solo le sonrió débilmente. Sin embargo, no le dijo qué le parecía gracioso para que sonriera de esa forma. Parecía un niño travieso burlándose de ella.

Él arqueó una ceja y presionó un botón al lado de la cama. Las cortinas empezaron a cerrarse automáticamente y la oscuridad invadió la habitación casi por completo, de no ser por las luces de neón que atravesaban las finas cortinas.

A la mañana siguiente, Nina sintió como si su cabeza se estuviera partiendo por la mitad, estaba segura de que aquello que sentía por todo su cuerpo era de lo peor que había experimentado. Apretó la colcha que la cubría y cerró los ojos con fuerza.

Se había despertado hacía poco pero no se atrevía a abrir los ojos. Ni siquiera podía recordar lo sucedido anoche. Su último recuerdo era beber un sorbo de vino tinto, lo cual era terrible para ella porque tenía una escasa tolerancia al alcohol.

¡Bip! ¡Bip! ¡Bip! Su teléfono comenzó a sonar, por lo que resultó imposible fingir que aún dormía. Rápidamente apartó la colcha y fue a buscarlo dentro de su bolso.

Apagó el despertador y se volvió, avergonzada. No sabía si el ruido había molestado a Bobby. Sin embargo, no había rastro de él en la cama.

Nina se enderezó.

Parpadeó, sintiéndose aliviada. Buscó por toda la habitación para asegurarse de que realmente no estaba allí y volvió a la cama.

'Se fue...'.

No sabía si se sentía decepcionada o aliviada.

Se estaba frotando las sienes adoloridas por el alcohol cuando, de repente, recordó algo. Se apresuró a retirar la colcha una vez más y vio sangre en las sábanas.

Observó la mancha atónita y extendió un dedo para tocarla. Inconscientemente, lágrimas comenzaron a deslizarse por sus mejillas.

"¿Por qué estás llorando? Esta fue tu decisión. Por lo menos es un hombre de alcurnia, ¿verdad?". Nina se secó las lágrimas al recordar la recompensa que le había prometido. Se levantó de nuevo y miró a su alrededor. Esta vez, pudo ver el papel y el bolígrafo sobre la mesita de noche; al inclinarse notó que era un cheque y una tarjeta de presentación. El nombre de Bobby estaba impreso en ella junto con dos palabras escritas a mano: Tu compensación.

Compensación.

Nina se mordió el labio inferior y agarró el cheque. No obstante, los números que aparecían ahí no tenían sentido.

"¿Un millón?".

Se rascó la cabeza y agarró la tarjeta de presentación. Dudo un poco pero tomó su teléfono y envió un mensaje al número de la tarjeta. "Son trescientos mil. Me diste demasiado".

Un minuto después llegó la respuesta. "Tómalo todo".

Nina tuvo que leer tres veces para entender. "Gracias. Eres una buena persona".

Bobby miró el mensaje, confundido. '¿Una buena persona? ¿Está siendo sincera o es puro sarcasmo?'.

Con un suspiro, guardó el teléfono. Luego, tomó el telescopio de alta potencia con manos enguantadas y miró a la distancia. La cortina de la habitación opuesta aún estaba cerrada.

Una leve sonrisa apareció en su rostro. Bobby dejó caer el telescopio, retrocedió unos pasos para abrir la llave del gas y salió de la habitación, dejando atrás dos cadáveres sumidos en un eterno sueño.

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