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Portada de la novela TE PROMETO

TE PROMETO

Katherine Parker ha vivido una serie de tragedias personales, encontrando consuelo únicamente en Mikael Sorokov. Pese a ser el mejor amigo de su prometido, este hombre implacable apodado El Ruso es el único que arriesga todo por protegerla. En un peligroso mundo de mafias y lealtades cruzadas, Mikael se convierte en el pilar fundamental para que ella logre sanar. La conexión entre ambos desafía los vínculos establecidos en una búsqueda de redención.
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Capítulo 3

Nick

Como siempre, fui puntual en mi práctica. Para mí el basquetbol no es un juego, es mi vida. Y si sigo esforzándome es mi pase para irme para siempre de esta ciudad que ya no es suficiente para mis aspiraciones. Creo que ya he cogido con todas las chicas de la escuela y de más allá. Es hora de ampliar mis horizontes.

Pero aún faltan meses para salir de esta pocilga. Mientras, debo buscar nuevas emociones pues me aburro siempre con lo mismo.

Es una molestia enorme llegar con mi equipo, del cual soy el líder y encontrarme a la diminuta muchacha intentando hacer cabriolas. Es la hora de nuestra práctica, no entiendo que hace aquí. Un calor se apodera de mi pecho y estoy a punto de ir a reclamarle cuando el idiota de Stephen tira la pelota intentando encestar pero a última hora se desvía impactando en la cabeza de la intrusa. "Se lo merece por estar donde no debe", me digo a mí mismo para justificar la acción de Stephen. Pero me preocupo cuando pasan los segundos que se acumulan en minutos y ella no reacciona. Está allí , despatarrada, las piernas y brazos abiertos, la cabeza hacia un lado y una parte de su sudadera subida exhibiendo un trozo de piel de su abdomen. Su cabello cubre su cara . No me atrevo a tocarla por miedo a empeorar su cuadro.

—Kathy, Kathy —la llamo.

Y si están preguntando como sé su nombre pues, simplemente lo sé. Conozco a todas las chicas aquí. Solo que yo decido a quienes acercarme. Esta y su grupito de amigas son las "marcadas" para no tocarlas ni con un palo. Aunque mirándola de cerca mientras intento que despierte veo de cerca su cuello perfecto, su piel lisa sin manchas ni marcas allí donde está exhibiendo parte de su anatomía, algo que por supuesto, no haría jamás en su estado consciente. Conozco a las de sus clases, son demasiado tímidas e inseguras de sí mismas por eso llevan... ¿qué diablos tiene puesto?...un pantalón de gimnasia ancho que parece dos o tres tallas más grandes, una sudadera y una campera igual de grandes. ¿Qué intenta ocultar?, me pregunto siempre que veo a estas mojigatas, como si uno no se diera cuenta de lo que hay abajo. Todas tienen lo mismo.

Sigo con el escrutinio, mientras la llamo por su nombre.

—Mikael, tendrás que llamar a emergencias —ordeno al ruso. Él siempre está disponible para realizar cualquier tarea que le encargue. Lo miro y solo asiente clavando sus ojos celestes en la muchacha desvanecida.

—Kathy, si me escuchas, responde —le repito, esta vez intento moverla un poco para que se despierte. Tomo su hombro y lo sacudo levemente. Esto parece estar funcionando. Primero abre un ojo y luego otro.

—Al fin reaccionaste. Estaba por llamar a emergencias —le confieso con cierto alivio pues tendría que dar explicaciones al director acerca de lo que ha ocurrido y eso quitaría tiempo para las prácticas.

Una vez que ella toma sus cosas y sale prácticamente huyendo, nuevamente me dirijo a Mikael.

—Averigua lo que sepas de ella.

Una vez más solo recibo un gruñido y un asentimiento con su cabeza. Definitivamente, Mikael es un tipo de pocas palabras.

Mikael Sorokov

Estuve a punto de negarme al pedido de Nick porque no sé de donde sacó que soy una especie de esclavo suyo. Le he hecho uno que otro favor en los últimos tiempos ya que nos conocemos desde niños, vivimos en el mismo vecindario y acudimos a las mismas escuelas. Compartimos la pasión por el basquetbol y por las chicas hermosas. Obvio, me encantan las chicas, solo que no soy exagerado ni publico mis hazañas por internet como lo hace Nick, yo no quiero ni necesito demostrar nada a nadie más que a mí mismo. Pero por una milésima de segundo lo pienso mejor. no es mala idea ver hacia donde se dirige la castaña.

Es estúpido, pero en el equipo hemos confeccionado un listado con las chicas "cogibles" y las que están prohibidas para todos. Katherine Parker entra en la segunda columna secundada por sus dos únicas amigas. Es que parece querer ser invisible, vestida como anda. Ahora mismo se ha colocado el abrigo en la cabeza para cubrírsela, es que de sexy no tiene nada.

Lo que no comprendo es porque camina a estas horas por las calles en las que no se ve un alma, todos se fueron a casa hace ya un par de horas. Nosotros nos quedamos a realizar nuestras prácticas en este momento del día porque la cancha está disponible y porque la mayoría tiene otras tareas diarias que realizar y esta es el momento libre del día. Exhalo fuertemente porque he disminuido el paso por tanto pensar y no sé donde mierda está. Unos segundos antes la tenía a mi vista. No pudo ir tan lejos. Apresuro mi caminar observando a todos lados. "Mierda, mierdaaa", voy repitiendo por lo bajo, Nick pensará que soy un tonto por no cumplir bien con lo que me encomendó. Es que a veces nos dedicamos a hacernos favores, para nosotros cuenta eso de hoy por tí mañana por mí. Y bueno, hoy me tocó a mí ser el mandadero.

Al único lugar al que pudo ir es al callejón que está unos pasos más adelante hacia la izquierda. Pero es más raro aun, ¿por qué se metería en un lugar así?...salvo que...

Unos gritos ahogados llegan hasta mí y me doy cuenta que es alguien a quien le han tapado la boca. "Puta madre", me repito mientras sueño con el momento de volver a mi casa y meterme a mi cama. Podría haberlo hecho, por supuesto. ¿Qué mierda me importa a mí lo que le ocurra a una desconocida? Katherine logró burlarse de mí hoy aunque ni siquiera sospeche lo que ocurre a su alrededor, pero mañana retomaré la investigación y voy a escarbar hasta las piedras para conseguir información. Decido pasar de largo por el pasillo pero como la curiosidad es más grande volteo rápidamente solo para ver.

Y la veo...la tienen apretada contra la pared. Una mano con uñas mugrientas le cubre la boca y sus ojos...por Dios, no he visto ese miedo hasta muchos años después, en mi adultez.

"Puta madreee", repito mientras desvío mi andar hasta llegar a ellos. Los malditos son tres, sopeso las opciones que tengo de deshacerme de todos. "Puedo con ellos", me aliento a mí mismo pero prevengo de tomar un gran hierro suelto que se encuentra en un rincón del callejón y llegando hasta ellos grito:

—¡Ey, ustedes! ¡Suéltenla!

Tres pares de ojos voltean casi a la misma vez, como si lo hubieran ensayado, y puedo ver sus sonrisas de sorna. "Me están subestimando", pienso mientras les sonrío. Mejor aun, así los tomaré desprevenidos. De tres movimientos me he deshecho de los malvivientes quienes deciden huir con la cara, la cabeza y el abdomen manchados de sangre que gotea por doquier mientras corren despavoridos.

Miro hacia donde la tenían y ella está agazapada en el suelo, vuelta ovillo, sollozando y con las ropas rasgadas.

—Katherine...—la nombro. Y cuando ella eleva sus ojos color miel es el instante preciso en el que me pierdo para siempre en ellos.

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