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Portada de la novela TE PROHÍBO AMARME HUMANA

TE PROHÍBO AMARME HUMANA

La diosa Isfet ha ejecutado su venganza alterando el tiempo para erradicar todo vestigio de vida. El Alfa Supremo se enfrenta a la desolación total tras perder a su Luna, sus cachorros y a toda su manada. En medio del dolor y la rabia, los guerreros lobo claman contra un destino que parece condenarlos. Ahora, el líder debe emprender una búsqueda desesperada para revertir este destierro cruel y recuperar a su familia de las garras del vacío absoluto.
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Capítulo 3

La oscuridad que rodeaba a Isis comenzó a disiparse lentamente. A medida que su conciencia emergía del abismo del inconsciente, los recuerdos de la noche anterior se entrelazaban con sueños febriles. Imágenes de lobos emergiendo de la oscuridad para atacarla y susurros en un idioma olvidado danzaban en su mente, mezclándose con la realidad de la habitación en la que ahora despertaba.

 Isis no comprendía qué había sucedido. Tras el impacto en su cabeza, la oscuridad se apoderó de todo. Se percató de que estaba recostada en una cama de una suavidad excepcional. Voces indistintas flotaban a su alrededor, irreconocibles y lejanas. Intentó abrir los ojos; sin embargo, una pesadez abrumadora se lo impidió volviendo a dormirse.

 Cuando recuperó de nuevo la conciencia, estaba sola. Con cautela, intentó sentarse,  lentamente para evitar marearse. La sensación de vértigo persistía, pero logró mantenerse erguida. A su alrededor, el silencio era tan profundo que podía oír el latido de su propio corazón.

¿Cómo era posible que se encontrara en una situación como esa, cuando solo una semana atrás su vida transcurría pacíficamente?

 Unos días antes había tomado la decisión más impulsiva y emocionante de su vida: dejarlo todo atrás y viajar en busca de aventuras, de retos que le hicieran sentir viva. Pero nada la había preparado para el giro que habían tomado los acontecimientos.

 La memoria le llegaba a borbotones; recordaba ir de compras, el autobús que partió sin ella y luego... el extraño llamado Jacking. El hombre que se ofreció a llevarla de vuelta al hotel, un hombre cuya presencia era abrumadora. Recordaba haber asentido a su petición para resolver un asunto urgente y luego…, la oscuridad, el bosque, los lobos, el ataque y nada más. Existía un vacío donde deberían estar los recuerdos. ¿Cómo escaparon de la jauría de lobos?

 Por mucho que se esforzaba en recordar, solo llegaba hasta dónde se había avalanzado sobre Jacking, el frenazo... y nada más. Ahora, estaba en un lugar que no reconocía, una habitación que olía a madera fresca y a un toque de algo salvaje e indómito. La cabeza le dolía terriblemente, un recordatorio palpable del golpe que había sufrido.

Se pasó las manos por la frente, sintiendo el contorno de una venda. ¿Qué tan fuerte me golpeé?, se preguntó, pero no había nadie para responder.

Tomando una respiración profunda, decidió explorar. Si había aprendido algo en sus veintitrés años, era que la aventura a veces te encuentra a ti, y cuando lo hace, no hay más opción que seguir adelante.

—Está bien, Isis—, se dijo a sí misma. —Puede que esto no sea lo que esperabas, pero es la aventura que tienes. ¿Por qué tuve que decidir venir a esta extraña isla sin saber que existían lobos? Precisamente los únicos animales a los que les temo.

 Intentó incorporarse, pero un nuevo mareo hizo que volviera a tenderse en la cama, cerrando los ojos. Quería estar ahora mismo en su habitación, en su lujoso y confortable apartamento en París. Quería tener los cuidados amorosos de sus padres y su mejor amiga Antonieta.

Solo habían transcurrido unos pocos días desde que comenzó a sentir la urgencia de desaparecer. De buscar eso que la hacía sentir incompleta. 

—¿Qué voy a hacer ahora? ¿Me habrán raptado?—, se preguntó mientras volvía a recostarse, sintiendo que su mundo se había trastocado de una manera inimaginable. Cerró los ojos como si con ello pudiera evitar hundirse en la profundidad de la inconsciencia.

Se vió de nuevo en su cómoda cama, en su céntrico y lujoso apartamento, un regalo de sus padres en el corazón de París. Aquel día en que tomó la decisión de escapar de todo, se despertó al sonido familiar de su alarma, una melodía elegida por su capacidad de ser lo suficientemente irritante como para sacarla de los brazos del sueño cada mañana.

 Mientras se estiraba, su mente vagaba hacia el día anterior, recordando las risas con sus amigos y las discusiones sobre mitología que siempre parecían seguir a sus padres arqueólogos como una sombra. Pero algo en ese día se sentía diferente; una corazonada le decía que ese día no sería como los demás.

 Pero nada la había preparado para esto. Recuerda que ese día, no tenía idea de que muy pronto sus conversaciones sobre dioses antiguos y criaturas míticas dejarían de ser meras especulaciones para convertirse en su realidad viviente. Suspiró mientras repasaba toda su vida en su mente. ¿Quién era ella realmente? Seguramente ustedes se estarán preguntando eso a estas alturas.

 Su nombre es Isis Mujtar, una chica de veintitrés años recién cumplidos. Según su madre, era la reencarnación de la diosa egipcia Isis, así como lo oyen, esa era la manera en que su madre la veía. Ella es arqueóloga y se la pasa viajando por el mundo abriendo hoyos por todas partes, como suele decirle cariñosamente.

Amanda es su nombre real, aunque su esposo la llama Amonet. Es una morena del Caribe que viajó a Egipto en una expedición cuando tenía dieciocho años por su universidad y ¡plas! ¡Se enamoró de Dakarai Mujtar, su padre, también arqueólogo!

 Según Amanda, desde la primera mirada, supo que ese hombre tenía que ser suyo. Dakarai es alto y bien formado, con ojos negros como el azabache que la miraron y se quedaron prendados de ella. Solo les bastó una semana para enamorarse perdidamente y al mes ya estaban casados.

 Quizás piensen que Isis exagera en la manera de describir a sus queridos padres. Pero no lo hace, su amor fue y es tan apasionado que, incluso ahora, después de veintitrés años, se miran como si fuera la primera vez. Y eso sin contar que pareciera que no quisieran salir nunca de la cama.

Con esos padres, ya queda claro que Isis es una morena de uno setenta y cinco metros de altura, con unas curvas de infarto, según sus amigos. Sus ojos son negros azabache, al igual que los de su padre, y sus labios son rojos y carnosos, como los de su madre. Es una mezcla algo peculiar, pero con un buen resultado. Suele llevar el cabello largo y suelto, lo que le da un aspecto único, con ondas negras.

Debido al trabajo de sus padres, Isis ha viajado prácticamente por todo el mundo y ha vivido en los lugares más increíbles. Sabe hablar y escribir perfectamente siete idiomas, además de un sinfín de dialectos. Tiene amigos y conocidos en todas partes. Su pasión es la lectura, el baile y la música. 

 Aunque es muy feliz de tener esos padres, a veces se siente asfixiada con tanto cuidado. Aunque en estos momentos no le molestaría para nada ver aparecer a los guardias que la siguen a todas partes por orden de su padre.  ¿Por qué tuvo que escapar de la manera que lo hizo de ellos?

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