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Portada de la novela TE PROHÍBO AMARME HUMANA

TE PROHÍBO AMARME HUMANA

La diosa Isfet ha ejecutado su venganza alterando el tiempo para erradicar todo vestigio de vida. El Alfa Supremo se enfrenta a la desolación total tras perder a su Luna, sus cachorros y a toda su manada. En medio del dolor y la rabia, los guerreros lobo claman contra un destino que parece condenarlos. Ahora, el líder debe emprender una búsqueda desesperada para revertir este destierro cruel y recuperar a su familia de las garras del vacío absoluto.
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Capítulo 1

La oscuridad era absoluta, una densa negrura que parecía devorar incluso el propio paso del tiempo. Isis ignoraba que en esta isla, en esta época del año, los días eran cortos. No había previsto que el autobús del hotel la dejaría sin taxis a la vista, y mucho menos que aceptaría tomar un aventón con un extraño de regreso al hotel, simplemente porque el hombre decía que trabajaba allí.

—¿Qué estaba pensando?— murmuró para sí misma.

Mientras tanto, Isis observó cómo el extraño conducía a una velocidad vertiginosa, sumergiéndose más profundamente en el bosque y en un envolvente manto de oscuridad. La carretera asfaltada dio paso a un camino de tierra, y sólo los faros del coche lograron atravesar la noche omnipresente.

Cuanto más avanzaban, más se adentraban en la inhóspita naturaleza salvaje, dejando atrás cualquier rastro de civilización. A su lado, el extraño al volante se había sumido en un silencio sepulcral, con los ojos fijos en el camino que tenía delante mientras el vehículo surcaba el aire a una velocidad formidable.

—¿Cómo diablos accedí a acompañar a un hombre extraño?— Se reprendió mentalmente, sintiendo que el pánico comenzaba a apoderarse de ella.

Un destello de luz iluminó brevemente la mirada de Jacking dirigida a ella y, por un instante, sus ojos parecieron de un color dorado brillante.

—¿Viste eso? Sus ojos eran dorados...— murmuró una voz en su cabeza, esa voz que le había hablado desde pequeña como si albergara otro ser en su interior.

—Estás viendo cosas—, se amonestó a sí misma, esforzándose por reprimir su voz interior con una lógica forzada.

—¿Pero realmente sabes quién es? —insistió la voz, más inquisitiva esta vez.

—¡Trabaja en el hotel!— Se recordó a sí misma, aferrándose desesperadamente a un hilo de racionalidad.

—¡Ingenua! ¿No ves adónde te lleva? Podría ser un secuestro—, continuó la voz interior sin cesar, evocando escenarios oscuros en su mente.

—¡Suficiente!— Gritó mentalmente, desesperada por restaurar el orden en el caos de sus pensamientos. —¡Déjame pensar!

La tensión entre la necesidad de mantener la compostura y el miedo irracional que amenazaba con engullirla era una batalla con la que Isis estaba muy familiarizada. Pero esta vez, lo que estaba en juego parecía letal.

Jacking conducía con determinación inquebrantable, su mente completamente absorta en idear estrategias para enfrentar a los lobos que se habían atrevido a desafiar a su manada. Su diálogo interno con su lobo, Mat, fue una vorágine de tácticas y reprimendas.

—Mat, necesitamos un plan sólido—, comenzó Jacking, conversando mentalmente con su lobo, sintiendo la tensión de su lobo resonar en su pecho.

—¿Un plan? ¡Lo primero es que no debiste haber expuesto nuestra Luna a este peligro!— La voz de Mat resonó en su cabeza, cargada de actitud protectora y desafiante.

—Lo sé, Mat, pero no había elección. Dejarla atrás no era una opción—, se defendió Jacking, apretando más el volante.

—Entonces mantenla a salvo dentro del auto. No permitiré que ella ponga un pie en este bosque—, ordenó Mat, su tono no admitía discusión.

—Pero si la dejamos aquí y vamos tras los raptores, ella podría...

—¡No!— El gruñido interno fue tan potente que Jacking sintió que le escocían los ojos ante la amenaza de transformación. —¡No abandonaremos nuestra Luna!

Jacking lanzó una mirada fugaz hacia Isis y captó su expresión de asombro. En un instante, desvió la mirada, sabiendo que ella había visto el color dorado de Mat en sus ojos. Podía sentir el miedo de Isis como si fuera suyo, una vibración tangible en la atmósfera cargada del coche. Mientras tanto, el vehículo continuó adentrándose en las sombras de un territorio que sólo él y su manada conocían, y cada metro recorrido marcaba un paso más hacia lo incierto.

 Jacking, sintiendo la urgencia de Mat, luchó por mantener la compostura. La manada se comunicaba a través de aullidos, una sinfonía salvaje que parecía resonar en la noche. La tensión dentro del auto era tangible, un marcado contraste con la tranquilidad del bosque que los rodeaba.

Sin apartar la vista del oscuro y sinuoso camino que conducía a lo más profundo del corazón del bosque, trató de concentrarse en las voces de sus hermanos lobo. Pero la voz temblorosa de Isis lo sacó de su concentración.

—No sabía que había lobos por aquí—, su pregunta fue un mero susurro en la oscuridad.

—Sí, los hay—, respondió Jacking, su tono más duro de lo que pretendía. La preocupación por su manada y por Isis comenzaba a chocar en su mente.

Isis jadeó cuando escuchó otro aullido cerca, y Jacking sintió que el miedo la envolvía como una segunda piel. Quería protegerla, pero también sabía que tenía responsabilidades con su manada.

—No te preocupes, te protegeré—, dijo, aunque su voz sonó más como un intento de convencerse a sí mismo que a ella.

Isis comenzó a contar su pasado y su historia se desarrolló ante Jacking como una película trágica. El flashback de su trauma infantil que involucró a los lobos le permitió a Jacking percibir el miedo profundamente arraigado; comprendió el pánico visceral que ahora la paralizaba.

En el coche, el silencio fue roto por el sonido de la respiración entrecortada de Isis. Sus palabras brotaron en un apresurado murmullo, una cascada de recuerdos que fluían sin control.

—Tengo mucho miedo—, confesó Isis con la voz temblorosa. —Una vez, cuando vivía con mis padres en África, los lobos atacaron nuestro campamento y desde entonces me aterroriza escuchar sus aullidos.

Jacking la escuchó, cada palabra golpeaba su corazón de lobo. La necesidad de protegerla se intensificaba con cada detalle que revelaba.

Retrospectiva:

Isis continuó su historia, llevando a Jacking a ese momento que había marcado de forma indeleble su vida.

Ese año mis padres no habían dejado de viajar de ida y vuelta, siempre conmigo a su lado. Yo sólo tenía cinco años, pero estaba encantada de poder acompañarlos. Fue todo una aventura; descubrir tesoros del pasado y vivir rodeado de naturaleza en lugar de muros de hormigón.

Habíamos llegado a un pequeño pueblo, enclavado entre una exuberante vegetación. Mis padres decidieron acampar cerca del sitio de excavación. Éramos unos cincuenta y yo era el único niño y siempre exploraba la jungla que nos rodeaba.

Por la noche traían comida y la guardaban en la cocina. Estaba durmiendo tranquilamente en la cabaña de mis padres cuando me despertó un dolor agudo en el tobillo y los golpes de mi cabeza al golpear el suelo. Un lobo enorme me arrastraba por un pie; Podía sentir sus colmillos hundiéndose dolorosamente en mi pierna.

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